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Problemas familiares

Los adolescentes al vivir una etapa de crisis y al tratar de evadir los problemas, buscan salidas fáciles o formas de olvidarlos, por ejemplo por medio del alcohol y las drogas.

Muchas veces las adicciones surgen por problemas dentro de la familia (incomprensión, falta de comunicación, golpes, maltrato intra-familiar, rechazo, padrastros, abandono, falta de recursos económicos, dificultades escolares, pobreza absoluta y desamor), al sentir que no son queridos en los hogares, los adolescentes tienen la impresión de no ser escuchados o tomados en cuenta.

Caen en un error al tratar de solucionar los conflictos por medio de las drogas, creyendo que sólo van a ingerir una vez la sustancia, pero en realidad se genera la costumbre o la adicción, esto ocasiona que los problemas familiares aumenten, ya que la droga consumida es más fuerte, y al no querer o poder dejarla, a veces los adolescentes optan por abandonar el hogar, convirtiéndose en niños de la calle, en la que se exponen a riesgos de gran magnitud como contraer enfermedades, ser golpeados, soportar abusos, explotación, hambre y abandono.

El tiempo que persista el efecto de la droga en su organismo, es equivalente al del abandono de sus problemas, después, todo vuelve a la realidad, las situaciones preocupantes siguen ahí e incluso aumentan por la adicción generada.

Influencias sociales

También recurren a las drogas cuando se presentan problemas en su alrededor. Por ejemplo: Al no ser aceptado por los amigos o una condición para ingresar a cierto grupo es el ingerir droga, ser como ellos, imitarlos, hacerles creer que “los viajes” son lo máximo, o lo peor, caer en la influencia social. Los adictos pueden hacer los comentarios que quieran sobre la persona que no está dispuesta a entrar en las drogas; los adolescentes deben ser muy conscientes de sí mismos y mantener su postura de decir NO.

Los jóvenes que no quieren consumir la sustancia, deben saber cuidarse de las amistades que manifiestan insistencia, pues su obsesión puede ser tan grande que estarán buscando el momento adecuado para inducirlos, por ejemplo, pueden disolver la droga en su bebida o en sus alimentos. Éstos esperarán el momento en que haga efecto la droga para poder dañarlos. Nunca deben aceptar estas cosas por parte de personas adictas y lo más conveniente es alejarse de ese tipo de grupos, que suelen llamarse “amigos”.

Ser problemático puede ser causa de la influencia de los compañeros, como hacerlos caer en la delincuencia. Ya que los robos que son realizados por adictos, no son primordialmente por cuestiones de hambre, sino por la necesidad de seguir drogándose. Esto ocasiona tener problemas con las autoridades y posteriormente ser sometidos a las cárceles.

Cuando los adictos aún están es sus casas, presentan depresión y aislamiento mental, lo que provoca bajo rendimiento o ausentismo escolar y mala comunicación familiar.

 

Curiosidad

En ocasiones los jóvenes con una curiosidad insana, por observar que algunos adolescentes de su edad imitan el acto de probar y sentir el uso de cualquier droga. Además algunas drogas como los inhalantes, son de fácil acceso para ellos, son autorizadas y vendidas a bajo costo en cualquier abastecimiento, lo que ocasiona ventaja de consumo.

Al aceptar el organismo la tranquilidad y relajación del efecto de la droga, ocasiona que éste exija el consumo nuevamente, pero con la misma dosis ya resulta insuficiente, lo que hace aumentar cada vez más la cantidad para sentir los mismos efectos, dando paso a la adicción. Algunos jóvenes que experimentan el sentir de bienestar o el simple hecho de “andar en un viaje” y que al consumir la droga su organismo los rechaza de una forma brusca, por lo general éstas personas no vuelven a intentarlo

Problemas emocionales

Cuando surgen los problemas en la vida de algunos adolescentes (regaños, golpes, desconfianza, incomprensión, conflictos económicos en la familia, padres adictos o divorciados, dificultad de aprendizaje escolar, etc.), reflejan una gran depresión emocional, en la que pueden sentirse llenos de rencor, ira y vergüenza, por el comportamiento de los padres, amigos o conocidos. Estos jóvenes buscan la manera

de que no les afecte gravemente en su estado emocional y utilizan una forma de salir de ellos con ayuda de una adición.

Los problemas generalmente ocasionan en los adolescentes depresión, sentimiento de culpa, autoestima baja, evasión de la realidad, desamparo y prepotencia, ellos piensan que son los causantes del daño y posteriormente con el uso de las drogas (incluyendo alcohol y tabaco) creen librarse de las dificultades, aunque no siempre recurren a las drogas, sino también se presenta en otro tipo de adicciones como:

- Comer demasiado
- Pasar mucho tiempo en los videojuegos
- Escuchar música
- Jugar y apostar
- Bailar
- Ver televisión
- Realizar colecciones de manera obsesiva, entre otros.

Estos últimos, generan una adicción por el uso frecuente en que recurren a ellos; aunque no son tan dañinos para la salud, son tomados para salir de las broncas, como una forma de tranquilizar su cólera.

Los desafíos de la vida contemporánea, nos enfrentan a una sociedad en la que sólo se ofrece una ideología del éxito fácil, la ley del menor esfuerzo, el individualismo a ultranza y el sálvese quien pueda. Ideología en la que se construye el esquema de creencias y valores típicamente adictivo. En este contexto, el desafío que enfrenta cada escuela y cada familia, es construir sus propios valores y normas internas y defenderlas. Construir su propio universo en donde las cosas sí funcionen. Esto exige una renovación y creatividad por parte de las familias y de los profesionales en las diversas áreas, para poder generar alternativas válidas que promuevan un ambiente favorable para la educación y el crecimiento de una generación de individuos funcionales y productivos para la sociedad y para sí mismos.
Hoy, en países como la Argentina, casi el 50% de los adolescentes prueban drogas y de estos, ¿cuál es el porcentaje que continúan consumiendo? Es incierto. Esto dependerá de algunos factores como las características de personalidad, el contexto familiar y social al que pertenecen.

Promover conductas sanas
La prevención en adicciones clásica dependía casi exclusivamente de la información, tanto para los adolescentes, como para los padres y docentes. Esta información se refería a los tipos de drogas que existían, como se consumían y que efectos producían. Este tipo de prevención concluyó por ser en algunos casos una propaganda más que una estrategia preventiva.
Actualmente el paradigma de la prevención, su filosofía, es la promoción de conductas sanas, objetivo que sólo se puede lograr abordando al individuo desde su más temprana infancia. En esa etapa se forma su sistema de creencia, su sistema de control, sus pautas de interacción, sus valores morales y su socialización. Es en este punto donde las instituciones (como la familia, la escuela etc.,) ocupan un papel preponderante en la formación de un sujeto libre de conductas marginales, sujeto apto para la convivencia en sociedad.
La clave de la prevención es la capacitación de los padres y docentes, es por esto que a continuación enumeraremos algunos mínimos lineamientos para que puedan empezar.

La mejor prevención empieza por casa
Hace poco tiempo las relaciones entre padres e hijos estaban teñidas por una filosofía sumamente Normativa, basada en la puesta de límites, pero muy poco diálogo. Hoy parece que esta generación se ha ido al extremo opuesto. Actualmente la filosofía es sumamente Nutritiva, prepondera lo emocional por sobre lo normativo, tenemos niños pequeños conduciendo los hogares, con todo lo que esto implica.
Por otro lado, el cambio en el lugar de la mujer dentro de la sociedad generó otro enemigo para la educación de nuestros hijos: la culpa de estar afuera de la casa, trabajando. Esta culpa nos hace claudicar a la hora de poner un límite. Hoy encontramos padres excesivamente permisivos que confunden amor con “dejar hacer”.

La pareja, un trabajo en conjunto
Es necesario que nos pongamos de acuerdo. Los lineamientos en casa tienen que ser parejos, no podemos decirles “no” y el otro progenitor al mismo tiempo decir “si”. Los desacuerdos maritales se ven reflejados en el síntoma de un hijo. El pondrá a prueba a la pareja. Desde bebé, el niño detecta las fisuras entre los padres y las aprovecha para poder hacer lo que él quiere. Esto le da el poder de fracturar a la pareja, cuestión que lo deja en la indefensión y el pánico.

Sugerencias para las diferentes etapas
• De 0 a 3 años: El bebé en sus primeros meses de vida depende exclusivamente de nosotros, no sólo para comer, dormir y vestirse, sino para comunicarse. Pasados los primeros tres meses de vida, somos nosotros con nuestras actitudes los que le iremos comunicando al bebé quién determina los tiempos de dormir, de jugar, de comer, etc.
También irá decodificando el tipo de pareja que tienen sus padres, si están integrados o fracturados.
Pongámonos de acuerdo.
Enseñémosle a esperar.
Tantos juguetes, logrará contactarse con alguno?
Esa abuela que lo cuida, ¿continúa con los lineamientos de los padres?
• De 3 a 6 años: Dediquémosle tiempo para jugar y charlar, enseñémosle que es en el seno familiar donde se resuelven las dudas los miedos y las dificultades.
Mostrémosle que él también es responsable de algunas cosas en casa, no esperemos a la adolescencia para que se haga la cama, etc., en ese momento será más difícil.
La escuela, será el lugar en donde este niño empezará a vivir en sociedad. Testeemos cómo lo hace. Es necesario integrar a la escuela en la alianza educativa. No mostremos fracturas con la institución.
Comencemos a informar al niño sobre la diferencia entre lo nutritivo y lo tóxico, comenzando por los alimentos, las golosinas y las actividades en general.
• De 6 a 10 años: En esta etapa comienzan a consolidarse y fijarse las normas de la familia en la psiquis del niño. Seamos lógicos, coherentes y constantes. No es necesario poner límites con violencia. El límite con amor es fundamental y efectivo. Veamos que el balance entre privilegios y responsabilidades sea viable. Si ponemos una penitencia, ¡cumplámosla!.
Es importante familiarizarse con las amistades de nuestros hijos; el contexto social en algunos momentos será definitorio.
La comunicación en esta etapa va cobrando aún mas relevancia. Es importante que nuestro hijo sepa que cuenta con nosotros. Escuchemos, transmitamos mensajes claros, seamos modelos del buen comportamiento, recordemos que la comunicación no es sólo verbal. Pensemos que la hora de cenar o de almorzar son espacios ideales para la comunicación, no los desaprovechemos mirando TV.
• De 13 a 15 años: Muchos jóvenes comienzan en esta época a utilizar drogas. Conozcamos los amigos de nuestros hijos. Contrastemos la influencia del entorno, reforcemos normas y modelos a imitar.
Expliquémosle que el efecto desfavorable de las drogas se ve con el tiempo. El uso de drogas es inmanejable, aunque hoy el mensaje social sea otro. Informémosles que es ilícito y que “no todos lo hacen”.
Enseñémosle a nuestro hijo a decir “no”. Entrenemos situaciones supuestas en las que recibirá este tipo de propuestas y cómo hacer para rechazarlas sin sentirse un “tonto”.
Estemos atentos a sus actitudes: si estas comienzan a cambiar bruscamente, consultemos a un centro de rehabilitación.
Estas actitudes podrían ser: llegadas tarde a casa, cambios de humor repentinos, dormir demasiado, cambiar de amistades, bajo rendimiento escolar, etc.
• De 15 a 18 años: Adelante con los lineamientos. Van a surgir situaciones cada ves mas difíciles, ya que las horas no supervisadas cada vez son mayores. Estimulemos a nuestro hijo para que haga actividades de acción social, deportivas, culturales, es importante reducir el tiempo libre. El ocio debe ser creativo. Comuniquémonos con los padres de sus amigos, para así poder armar una red de contención.
Estemos en comunicación con la escuela y procuremos que la Institución también esté interesada en la prevención del consumo de sustancias.
Si ves a un adolescente que se droga, AYÙDALO.
Si conoces a un vendedor de dogas, DENÙNCIALO.
“NI DROGAS NI TRAFICANTES”.

La prevención no es un arma mágica que erradica completamente el abuso de drogas, pero su realización es fundamental para disminuirlo. Consiste en conseguir que la mayoría de las personas adapte una calidad de vida y un estilo de conducta contrario al aquél generado por las adicciones. La prevención debe promover una sociedad moderna libre de adicciones, y para ello, debe apuntar a la educación, la ocupación, la sanidad, la lucha contra el narcotráfico, la cultura, y el empleo de tiempo libre en actividades recreativas sanas.

En Estados Unidos, luego de comprobarse el altísimo costo que provocaba en la sociedad el consumo de tabaco, alcohol y otras drogas, se impuso como una necesidad primordial la realización de una política seria y conciente de prevención de las adicciones. Según los datos obtenidos, ese costo ascendía a unos cuatrocientos billones de dólares. El Center for Substance Abuse Prevention (CSAP) define la prevención como el conjunto de las acciones que permiten a los ciudadanos una vida sana, productiva y segura. Este centro desarrolla una serie de medidas preventivas que se materializan a través de los ámbitos educativos, en la búsqueda de diferentes actividades, en la realización de programas destinados a la comunidad en los cuales se informa adecuadamente. Aunque en realidad, quien efectúa el mayor esfuerzo son las asociaciones de carácter privado ya que se manejan con fondos provenientes de donaciones privadas o subvenciones públicas, o de los mismos miembros voluntarios que las constituyen.

Por otra parte, el gobierno se dedica más a programas de tipo escolar, brinda servicios informativos al público, o alternativas de tratamientos. Los datos muestran un declive en la curva de consumo de alcohol, tabaco y drogas ilegales en los últimos años, demostrando la eficacia de la prevención. En el grupo de adolescentes de 12 a 17 años, desde el año 1983 el índice bajó un 11%. En el grupo de 18 a 25 años, 1 de cada 3 adolescentes consumía drogas ilegales ese mismo año, pero la proporción disminuyó a 1 de cada 7 hacia el año 1995.

Se ha comprobado que los jóvenes son los más propensos a consumir tabaco, alcohol y drogas ilegales (teniendo la mayor proporción de muertes por ingesta de sobredosis, cuadros de intoxicación severa a raíz del alcohol, violencia por el uso del alcohol y el consumo de drogas ilegales). En grupos de adultos mayores de 26 años, se manifiesta un alto consumo de alcohol y tabaco, en tanto que el índice arrojado por consumo de drogas ilegales es el más bajo.
En otras palabras, los menores de 25 años tienen más probabilidades de iniciarse en el consumo de estos tres elementos, en tanto que los mayores lo hacen con alcohol o drogas de prescripción médica. Es por eso que se focalizan los esfuerzos en los más jóvenes, por tratarse del grupo de mayor riesgo.

En los Estados Unidos se conoció como la “guerra contra las drogas” al esfuerzo que hizo el gobierno para disminuir la demanda de drogas ilegales en el país, la cual se extendió durante varios años, alcanzando su máxima intensidad durante la administración de Reagan. La misma se implementó a través de la acción de los medios, diarios, revistas, emisoras de televisión, y tenía como destinatario a toda la comunidad. Pero no sólo se limitó el gobierno a la campaña de la prevención, sino que extendió su acción a la detención del comercio de drogas, en vista de la cantidad de jóvenes que utilizaban drogas alucinógenas y LSD, creando a tal fin el National Institute on Drugs Abuse (NIDA). Según los datos recogidos se supo que el uso de drogas ilegales había aumentado con los años y que el público tenía muy poco conocimiento de los riesgos. Así fue que se organizó la campaña “Just Say No”, cuyos afiches, en prueba de su eficacia, aún estaban a la vista siete años más tarde.

Un estudio en profundidad del NIDA, brindó datos escalofriantes en cuanto a la cantidad de personas que había probado cocaína alguna vez en su vida, la que la había consumido en el último año y la que la consumió en el último mes. Además, mostraba el incremento de los casos de urgencias médicas debidos al consumo de esta droga (inclusive también muertes por su abuso). Por ello, se implementó una campaña específica avalada por testimonios de adictos famosos llevados al fracaso por su adicción. Sin embargo, el conocimiento de la gente aumentó proporcionalmente al uso de la cocaína. Hubo que luchar contra una mentalidad bastante arraigada, que promovía su uso como algo “recreativo”, que creía que no generaba adicción, y contra toda la publicidad a favor que brindaban las películas,  las canciones y la televisión. La cocaína parecía el elixir de los años 80.

En 1985, una encuesta mostró que unos 70 millones de americanos habían probado alguna de las drogas ilegales al menos una vez en su vida. Ya se sabía que los jóvenes adultos eran los más propensos a utilizar cocaína, aunque también los sectores más jóvenes comenzaron a utilizarla. Se resolvió efectuar una fuerte campaña para ellos, pero surgió el inconveniente de que los usuarios creían conocer todo sobre el tema y se consideraban independientes. Hacían hincapié en los supuestos efectos positivos del uso de la droga, ignorando los  efectos negativos reales. El NIDA tuvo que encontrar las razones más convincentes para hacerles desistir del uso de la cocaína, y para ello, se conectó con una organización voluntaria constituida por agencias de publicidad, medios gráficos y una serie de organizaciones de tipo humanitario, llamada Ad Council solicitándole colaboración. Durante tres meses trabajaron juntos los integrantes de ambos sectores, y en 1986, salió el primer anuncio de la campaña denominada “Cocaine The Big Lie” (Cocaína, la gran mentira). El objetivo era distribuir información puntual: que se trataba de una droga en extremo adictiva, que causaba serios conflictos de orden social, psíquico y de salud. Con estos datos trataba de desterrarse la noción de la cocaína imaginada como elixir y las falsas expectativas que se gestaban a su alrededor.

La campaña comenzó con apoyo de ex adictos pertenecientes a todos los estratos sociales, quienes a través de los medios difundieron los efectos negativos que su adicción había causado en su vida, su familia y su trabajo, siendo sus destinatarios los jóvenes ubicados entre los 18 y los 35 años. También difundían la importancia de buscar ayuda profesional y encarar un tratamiento serio a fin de poder superar la adicción. Durante el transcurso de ese año, se solicitó también la colaboración de deportistas famosos -no usuarios- para que instaran a los adictos a aceptar apoyo, y a los que aún no habían caído en la tentación de la droga, a evitarla. El éxito de la campaña fue evidente no sólo gracias a la gran calidad que los anuncios poseían, sino también a la polémica que produjo la muerte de un astro del deporte, Len Bias, por la utilización de cocaína en sus actividades deportivas. Esto hizo que la campaña fuera acogida con mayor receptividad ya que el tema estaba en plena controversia. Fue enorme la cantidad de personas que llamó a los teléfonos habilitados solicitando información y ayuda. Esto fue un indicio fundamental del triunfo de la campaña.

La segunda campaña, lanzada en 1988, apuntó a los jóvenes que cursaban la escuela superior y colegios mayores, dirigiéndose también a las familias y a los amigos de aquellos que eran adictos. Los métodos utilizados fueron los siguientes: se recrearon situaciones similares a las que se producen entre los adictos, como si se estuviera frente a un escenario: una pareja discutiendo el tema, un joven incitando a los demás a tomar droga, sosteniendo sus beneficios y su inocuidad, seguido por otro que arrojaba el frasco a la basura afirmando que todo era una gran mentira, de manera tal que con estas representaciones, los jóvenes usuarios de drogas, se sintieran identificados con los momentos que ellos mismos atravesaban.

El presupuesto utilizado en la campaña no fue difundido exactamente. Lo que se supo fue que el gobierno federal asignaba a la guerra contra las drogas unos 12 billones y medio de dólares, pero que solamente una parte había sido empleada en la campaña, y que en general se utilizaba mucho más dinero en los tratamientos contra la droga que en los métodos de prevención. Los resultados de la campaña fueron alentadores: un gran porcentaje de jóvenes se concientizó del riesgo de consumir cocaína, pero la edad de iniciación en la droga bajó en dos años un l%, siendo esta cifra un índice desfavorable. La realidad ineludible es que el flagelo de la droga es tremendo y las estadísticas arrojan datos alarmantes. Al parecer, un millón de jóvenes adolescentes usa droga una vez por mes, unos cuatro millones consumen alcohol y cerca de dos millones fuma. Si bien se sabe que entre los mayores el índice de consumo de drogas ha descendido, ha sucedido lo contrario en los más jóvenes, que utilizan marihuana, crack, LSD, alucinógenos, cocaína. Esta es la razón por la que este grupo más joven será el objetivo de ataque de las próximas campañas.

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