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Querida hija:

Hace tiempo que pensaba escribirte una carta durante tu estancia ahí. Y no lo hice antes por que dado tu acusado sentido del ridículo, no sabia cual pudiese ser tu reacción. Ha pasado mucho tiempo , y con el , muchas cosas. Verás que te hablo en presente, pues si lo hiciese en pretérito, seria un pretérito tan imperfecto, que ni tu ni yo lo deseariamaos, y tampoco lo entenderia nadie.

 

Sé cuanto has querido a tu Grupo y he tenido muestras de que tal sentimiento ha sido mutuo y reciproco. Por tanto, te escribo a tí y a tu Grupo. Ya que en los lugares donde uno se ha sentido querido y, a la vez, uno ha querido a los demás, es inevitable que algo del que se marcha, quede en lugares y personas. Yo sé que algo tuyo perdura aun por ahí. Por otra parte, tampoco te puedo escribir a ti directamente, pués no sé el código postal del Cielo.
He pensado tanto en tu vida pasada, que me ha venido a la mente el caso de aquel hombre que paseando por el campo, a la orilla del camino, encontró una calavera y dentro de esta habia una florecilla que se marchitaba al crecer. Le dedicó este pensamiento:
¡Oh bella flor!.
Que pronto naciste y que triste fué tu suerte.
que al primer paso que diste te encontraste con la muerte.
Si te dejo es cosa triste, si te corto es cosa fuerte.
Y dejarte con la vida es dejarte con la muerte.
Si, mi niña, no me explico como una florecilla tan endeble como tú, pudo soportar sobre tan frágiles hombros tanta pena, tanto dolor, tanto desprecio, tanta humillación y tantas cosas más…
Después de tu partida he sabido de cosas que me han roto el corazón aun más. Cosas que solo puedo entenderlas vistas desde el ángulo de que tú estabas bajo la influencia de esa BESTIA particular que es la DROGA y que por desgtracia, tantos y tantos llevais dentro. Es por eso, que tu corazón, harto ya de sufrir tanto y de ver que los que te queremos de verdad sufriamos a la par tuya, una madrugada se hizo añicos. Habias dejado de sufrir y por fín fuiste libre. Tu ALMA, hecha paloma, voló hacia el infinito. Oteó el horizonte y ya, segura, voló en sosegado vuelo en dirección a la GLORIA prometida. El BUEN PADRE, en un derroche de su Amor infinito, te juzgó y vió lo que El ya sabia, que siendo una niña habias sufrido mucho más que la mayoria de los adultos. Así que vió el ALMA de una chiquilla asustada ante esa expeienia única de ver al Padre cara a cara. Te perdonó lo que de malo hubieses hecho y te abrió de par en par las puertas de su REINO. “Bienaventurados los que sufren, por que ellos serán consolados”.
Hija mia, esta carta se ha alargado en el tiempo demasiado. Pero he tenido un accidente de tráfico y, entre otras cosas, me rompí unas costillas que aún hoy me dificultan el uso de la mano.
Las heridas del cuerpo se curan, pero las del ALMA son otra cosa. Es como si alguién se empeñase en frotarlas con sal cada dia. Y duelen y duelen hasta el punto de hacerse insoportables. Solo me conforta mi fé en CRISTO que sé que no me abandonará. El, con infinito amor, pone sobre espinas de dolor, rosas de conformidad. Pero de todos modos es muy duro no poder tocarte, abrazarte, besarte y sentir el calor de tu cuerpo como cuando vivias en esta dimensión.
> Tu dormitorio aún está con todas tus ropas tal como tú las dejaste. Allí voy yo a besarlas antes de acostarme. Pero, ya poco a poco, cada vez huelen menos a tí y a ese perfume de niña que tanto te gustaba ponerte.
Rezo oraciones por tu ALMA y me quedo dormido pidiendole a Dios por tí. a la vez que en silencio lloro tu ausencia.
A veces, la mente traicionera me trae recuerdos dolorosos de tu vida. He sabido que en tu última noche te vieron con aspecto inequívoco de que habias consumido. Pero lo que más me ha dolido es saber, por la misma fuente, que caminabas muy triste y cabizbaja. Posiblemente llorabas tu sola, por que los que fueron amigos tuyos no querian nada contigo. Así fué que CRISTO, apiadado de tí, cortó ese sufrimiento dandote una muerte indolora. Y te llevó con El. “Venid a MI los que sufris, que Yo os sanaré”. Y te cambió tu amarga vida por un buen lugar en su GLORIA.
Niña, voy a ir poniendole fin a esta carta. Pero no sin antes decirle algo a tu Grupo en esta epistolar.
Un dia se me cayó el alma a los piés pués leí que si se erradicase de golpe la DROGA del mundo, (en adelante la llamaré “LA BESTIA”) y esara todo el engranaje económico que esta genera los principales bancos no tardarian en cerrar sus puertas. Significativo,¿verad?. Y sin embargo esa BESTIA hace que seais los marginados, los apestados, los indeseables de la sociedad, de los gobiernos, de las instituciones sanitarias y judicialaes. Dandose la paradoja de que para los estamentos de poder ni tan siquiera existis. Solo por que no estais en ninguna estadistica.
Se habla hasta la saciedad de los fallecidos en la carretera y se toman drásticas medidas para que esta cifra baje, lo que está muy bien. Pero os aseguro que el número de los muertos por la BESTIA, no es, ni mucho menos inferior. Las victimas del terrorismo, de la violencia de género (barbaridad donde las haya) y de todo lo que de dañino exsiste y que és mucho…Todos, decia, llevan un lazo de iferente color segun sea el caso.
¿Que lazo y de que color es el de las múltiples victimas de la BESTIA?. Desgraciadamente, ninguno. Nos veremos obligados a llevar el lazo de los que no tienen lazo. Triste, ¿verdad?.
Pensad en lo que os he dicho y también en los consejos de vuestros monitores. Tened el amor propio y la dignidad humana para , en voz alta, decir dentro de vuestras mentes:”Yo no voy a dar mi salud, la de los que me quieren, hipotecar el futuro de mis hijos, perder a la mujer que amo, matar a mis padres a disgustos y convertirme en carne de carcel o cementerio, mientras unos desalmados se dan la gran vida a cambio de lo que yo pierdo”. Y a la vez haced recuento de cuantos amigosy conocidos vuestros han caido en el camino. Yo, personalmente, y sin haber consumido jamás ninguna de esa sustancias, he perdido a un hermano y a la LUZ DE MIS OJOS, que era, és y será MI NIÑA.¡Y por Dios que la quiero tanto…!
Y aqui, Clara Maria, finalizo esta carta, fundiendome en un fuerte abrazo con todos vosotros. Los que os habeis ido y los que estais en el camino.
Hija mia, recibe el más cariñoso de los besos de este tu padre que tanto te quiere y que dia a dia llora tu ausencia. Un beso cariño. Y otro muy fuerte para los demás. Estaré siempre a vuestra disposición para lo que querais de mí. Estareis siempre presentes en mis oraciones. ¡Que Dios os bendiga a todos!.

SANTIAGO. “Carlos” tenía 10 años de edad cuando su primo le dijo que vendiera droga. Hoy tiene 14. “Luis” contaba con 11 años cuando su hermano de 12 lo indujo a probarla y luego comenzó a venderla para su tío; hoy tiene 16. Raúl vivía sus 12 años cuando su padre lo mandó a vender droga; hoy tiene 13.

A la vez que servían de “mula”, algunos robaban a los vecinos y a sus familias. Las ganancias eran para los adultos que los reclutaban, para comprarse ropa o invertirlas en más droga. Un círculo de retorno. Los clientes de Luis eran adultos, quienes iban de madrugada a su casa en Villa Altagracia.

“Ellos empezaban de un viernes a domingo, que son los días de usar polvo, de beber, los fines de semana. Entonces, ellos empezaban a ir de noche, y seguían, seguían, porque esa sustancia le da como una especie, cuando una la prueba, da seguidilla, después que uno está en el efecto uno quiere consumir, consumir, no importa lo que haga”, dice.

Los tres jovencitos, quienes tienen en común una crianza inestable, abandonaron la escuela hace años. Hoy se rehabilitan en Hogar Crea Dominicano para Menores en Santiago.

LUIS:

“Yo amanecía vendiendo droga”

Fue en su casa que Luis, de 11, probó la droga llevada por su hermano, de 12, quien hoy tiene más de seis meses preso en Najayo Menores por robo. Dudó un momento, pero ya conocía ese mundo por su padre consumidor, quien también está en la cárcel. “Yo me crié con mi mamá y mi hermano nada más”, recuerda.

“Yo lo que le dije a él que no, que eso es droga, que eso hace daño”, cuenta Luis que le respondió a su hermano cuando le presentó por primera vez ese polvo. “Pero después me gustó, seguí consumiendo, consumiendo, lo hacía todos los días, no era na’ pa mí. Hasta tres veces yo fumaba, por la mañana, en la tarde, antes de acostarme, pero después, cuando yo empecé a usar cocaína, yo amanecía oliendo a veces”, cuenta a esta redactora mientras mantiene su mirada en un “punto ido”.

“Yo fumaba marihuana, pero después con el tiempo empecé a usar cocaína”, aclara.

Sentado bajo una mata de mango y sintiendo una brisa fresca, el jovencito delgado y de tez oscura que deja ver dos de los tres tatuajes que tiene: uno en la mano y otro en el tobillo, recuerda que se unió a pandillas. Dejó de estudiar el octavo grado hace unos tres años.

Su tío, mayor de edad, lo inició en el negocio del microtráfico. “Él me daba sustancias. Un ejemplo, él me daba 20 gramos y me daba cinco pa’ mí, y 15 pa’ él, a 500 (pesos) el gramo, cosas así, negocios, y yo agarraba, cortaba, sacaba más pa’ mí, paraba consumiendo, yo amanecía vendiendo… Ellos lo venden puro sin cortar en la capital, entonces el tío mío lo llevaba para allá (Villa Altagracia) y de uno hacía dos y así”, explica.

Luis no robaba porque en realidad conseguía mucho dinero y no lo compartía, lo usaba para comprar más droga y “a veces pa’ comprar ropa, quería armas de fuego, un sinnúmero de cosas negativas”.

A los 13 años entró a un Hogar Crea de la capital, pero escapó y volvió a consumir el doble, típico en las recaídas. “Estaba incómodo yo. Me fui, agarré mi ropa y me fui”, dice.

Ahora que volvió a rehabilitación, llevado por su mamá, ha pensado en innumerables ocasiones en por qué no se devuelve el tiempo para no haber vivido así. La desintoxicación no es fácil para el jovencito de 16 años. “Me siento incómodo, me siento mal por dentro, así, ansioso, quiero comer mucha comida para matar la ansiedad”, dice.

Cuando se rehabilite no quiere volver a su casa. Afirma que los menores de Villa Altagracia están perdidos en las pandillas y las drogas.

Raúl:

“Mi papá me puso a vender droga”

La marihuana que vendía Raúl con apenas 12 años, se la suministraba su papá. Su padre, dice, ha estado preso unas tres veces y tenía “un viaje” vendiendo. No solamente lo indujo a ello, sino que ambos llevaban mujeres a su casa en Pantoja, Los Alcarrizos, con quienes sostenían relaciones sexuales. Las de Raúl eran menores. “Yo tenía un negativo en la calle… Un negativo, como estar en la calle, creyéndose que uno es un tíguere, siendo nadie”, dice.

“Yo salía a la calle, yo comencé la calle desde chiquito, comencé a portarme mal primero, a faltarle el respeto a las personas de la comunidad, a mi mamá… Yo no cogía pela, a mí me daban una pela y me importaba que me dieran otra”, recuerda. “Yo mismo me creía que yo era un delincuente”, agrega.

Raúl salía a vender drogas de noche, por las calles oscuras de Pantoja. La relación con su madre, quien se fue a vivir a España, no era buena. “Muchas veces le robaba después dinero a mi mamá… me robé como dos cadenas”, dice. Sin embargo, en los seis meses que tiene rehabilitándose, luego que su padre y su abuela lo llevaran a Hogar Crea para Menores, dice que aprendió a querer a su mamá. “Chacha, después que yo reconocí, vine a quererla”, dice.

Con un semblante tranquilo, ahora Raúl reconoce que estaba mal. “Pero, hay algo que dicen, que uno nunca puede borrar su pasado”, señala.

Cuando vuelva a su casa quiere ser “un buen actor, como estar tranquilo en mi casa, tener mi familia”, concluye.

CARLOS:

“Yo vendía en un día hasta siete fundas”

A sus 10 años Carlos era indoblegable. El cariño de sus abuelos no pudo alinearlo con la crianza que trataban de darle y no le valían consejos de sus vecinos del sector Mendoza, en Santo Domingo Este. Fue en ese ambiente que su primo de 22 años, quien hoy está preso en Najayo, lo empezó a aprovechar como “mula” para vender marihuana, ya que podía ser apresado por tener una ficha en la Policía y el pequeño no. “Algunas veces me querían dar golpe y él (el primo) iba allá y le decía: no, no le den golpe, mejor denme a mí”, cuenta.

Con un movimiento de su cabeza, Carlos responde que no se sentía bien sirviendo de mula. “Ya yo estaba haciendo lo mal hecho”, dice. Sin embargo, su rebeldía era mayor y continuaba en el negocio con el que su primo se hacía de dinero y apenas le daba RD$100 de vez en cuando. “Yo estaba acostumbrado a dárselo todo y quedarme sin na’, porque si me quedaba con algo, cuando viene a ver me ponía a probarla y yo no quería na’ de eso, y se lo daba”, dice.

Lo poco que le daba su pariente se lo entregaba todo a su madre. ¿Por qué? “porque ella me compraba ropa y tenis y yo quería que me comprara muchísimas cosas”, responde con la inocencia infantil que, pese a todo, lleva dentro.

Aunque era un “hombrecito”, dice que se asustaba cada vez que hacía una transacción. “Claro, ¡porque con eso en la mano! Uno se la pasaba así y ellos (los clientes) te daban el dinero. En la calle, ellos salían y yo se las daba. Yo vendía en un día… varias (fundas), como algunas siete por ahí”, dice.

Recuerda que duró cinco meses sirviendo de “mula”. Dejó el negocio y se dedicó a robar hasta que su mamá no soportó más y lo llevó a rehabilitación, proceso en el que lleva más de siete meses y ya habla de retomar el séptimo grado y estudiar soldadura en Infotep cuando sea grande.

Mientras recuerda lo intensamente peligrosa que ha sido su corta vida, dice que tiene miedo de volver al negocio. “Sí, porque sé que cuando viene a ver me matan”, afirma.

“…los mismos padres se descuidan; mira mi papá, nunca se preocupó, solo hizo dos muchachos y los dejó así y nunca jodió con na’, no le importaba na’ “. Luis, 16 años

mamejia@diariolibre.com

Los desafíos de la vida contemporánea, nos enfrentan a una sociedad en la que sólo se ofrece una ideología del éxito fácil, la ley del menor esfuerzo, el individualismo a ultranza y el sálvese quien pueda. Ideología en la que se construye el esquema de creencias y valores típicamente adictivo. En este contexto, el desafío que enfrenta cada escuela y cada familia, es construir sus propios valores y normas internas y defenderlas. Construir su propio universo en donde las cosas sí funcionen. Esto exige una renovación y creatividad por parte de las familias y de los profesionales en las diversas áreas, para poder generar alternativas válidas que promuevan un ambiente favorable para la educación y el crecimiento de una generación de individuos funcionales y productivos para la sociedad y para sí mismos.
Hoy, en países como la Argentina, casi el 50% de los adolescentes prueban drogas y de estos, ¿cuál es el porcentaje que continúan consumiendo? Es incierto. Esto dependerá de algunos factores como las características de personalidad, el contexto familiar y social al que pertenecen.

Promover conductas sanas
La prevención en adicciones clásica dependía casi exclusivamente de la información, tanto para los adolescentes, como para los padres y docentes. Esta información se refería a los tipos de drogas que existían, como se consumían y que efectos producían. Este tipo de prevención concluyó por ser en algunos casos una propaganda más que una estrategia preventiva.
Actualmente el paradigma de la prevención, su filosofía, es la promoción de conductas sanas, objetivo que sólo se puede lograr abordando al individuo desde su más temprana infancia. En esa etapa se forma su sistema de creencia, su sistema de control, sus pautas de interacción, sus valores morales y su socialización. Es en este punto donde las instituciones (como la familia, la escuela etc.,) ocupan un papel preponderante en la formación de un sujeto libre de conductas marginales, sujeto apto para la convivencia en sociedad.
La clave de la prevención es la capacitación de los padres y docentes, es por esto que a continuación enumeraremos algunos mínimos lineamientos para que puedan empezar.

La mejor prevención empieza por casa
Hace poco tiempo las relaciones entre padres e hijos estaban teñidas por una filosofía sumamente Normativa, basada en la puesta de límites, pero muy poco diálogo. Hoy parece que esta generación se ha ido al extremo opuesto. Actualmente la filosofía es sumamente Nutritiva, prepondera lo emocional por sobre lo normativo, tenemos niños pequeños conduciendo los hogares, con todo lo que esto implica.
Por otro lado, el cambio en el lugar de la mujer dentro de la sociedad generó otro enemigo para la educación de nuestros hijos: la culpa de estar afuera de la casa, trabajando. Esta culpa nos hace claudicar a la hora de poner un límite. Hoy encontramos padres excesivamente permisivos que confunden amor con “dejar hacer”.

La pareja, un trabajo en conjunto
Es necesario que nos pongamos de acuerdo. Los lineamientos en casa tienen que ser parejos, no podemos decirles “no” y el otro progenitor al mismo tiempo decir “si”. Los desacuerdos maritales se ven reflejados en el síntoma de un hijo. El pondrá a prueba a la pareja. Desde bebé, el niño detecta las fisuras entre los padres y las aprovecha para poder hacer lo que él quiere. Esto le da el poder de fracturar a la pareja, cuestión que lo deja en la indefensión y el pánico.

Sugerencias para las diferentes etapas
• De 0 a 3 años: El bebé en sus primeros meses de vida depende exclusivamente de nosotros, no sólo para comer, dormir y vestirse, sino para comunicarse. Pasados los primeros tres meses de vida, somos nosotros con nuestras actitudes los que le iremos comunicando al bebé quién determina los tiempos de dormir, de jugar, de comer, etc.
También irá decodificando el tipo de pareja que tienen sus padres, si están integrados o fracturados.
Pongámonos de acuerdo.
Enseñémosle a esperar.
Tantos juguetes, logrará contactarse con alguno?
Esa abuela que lo cuida, ¿continúa con los lineamientos de los padres?
• De 3 a 6 años: Dediquémosle tiempo para jugar y charlar, enseñémosle que es en el seno familiar donde se resuelven las dudas los miedos y las dificultades.
Mostrémosle que él también es responsable de algunas cosas en casa, no esperemos a la adolescencia para que se haga la cama, etc., en ese momento será más difícil.
La escuela, será el lugar en donde este niño empezará a vivir en sociedad. Testeemos cómo lo hace. Es necesario integrar a la escuela en la alianza educativa. No mostremos fracturas con la institución.
Comencemos a informar al niño sobre la diferencia entre lo nutritivo y lo tóxico, comenzando por los alimentos, las golosinas y las actividades en general.
• De 6 a 10 años: En esta etapa comienzan a consolidarse y fijarse las normas de la familia en la psiquis del niño. Seamos lógicos, coherentes y constantes. No es necesario poner límites con violencia. El límite con amor es fundamental y efectivo. Veamos que el balance entre privilegios y responsabilidades sea viable. Si ponemos una penitencia, ¡cumplámosla!.
Es importante familiarizarse con las amistades de nuestros hijos; el contexto social en algunos momentos será definitorio.
La comunicación en esta etapa va cobrando aún mas relevancia. Es importante que nuestro hijo sepa que cuenta con nosotros. Escuchemos, transmitamos mensajes claros, seamos modelos del buen comportamiento, recordemos que la comunicación no es sólo verbal. Pensemos que la hora de cenar o de almorzar son espacios ideales para la comunicación, no los desaprovechemos mirando TV.
• De 13 a 15 años: Muchos jóvenes comienzan en esta época a utilizar drogas. Conozcamos los amigos de nuestros hijos. Contrastemos la influencia del entorno, reforcemos normas y modelos a imitar.
Expliquémosle que el efecto desfavorable de las drogas se ve con el tiempo. El uso de drogas es inmanejable, aunque hoy el mensaje social sea otro. Informémosles que es ilícito y que “no todos lo hacen”.
Enseñémosle a nuestro hijo a decir “no”. Entrenemos situaciones supuestas en las que recibirá este tipo de propuestas y cómo hacer para rechazarlas sin sentirse un “tonto”.
Estemos atentos a sus actitudes: si estas comienzan a cambiar bruscamente, consultemos a un centro de rehabilitación.
Estas actitudes podrían ser: llegadas tarde a casa, cambios de humor repentinos, dormir demasiado, cambiar de amistades, bajo rendimiento escolar, etc.
• De 15 a 18 años: Adelante con los lineamientos. Van a surgir situaciones cada ves mas difíciles, ya que las horas no supervisadas cada vez son mayores. Estimulemos a nuestro hijo para que haga actividades de acción social, deportivas, culturales, es importante reducir el tiempo libre. El ocio debe ser creativo. Comuniquémonos con los padres de sus amigos, para así poder armar una red de contención.
Estemos en comunicación con la escuela y procuremos que la Institución también esté interesada en la prevención del consumo de sustancias.
Si ves a un adolescente que se droga, AYÙDALO.
Si conoces a un vendedor de dogas, DENÙNCIALO.
“NI DROGAS NI TRAFICANTES”.

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