Introducción

La escuela es la    institución responsable por conducir el proceso educativo formal, es    el contexto en el que la cultura actúa como mediadora del desarrollo    socio-cognitivo. En este espacio se desarrolla el proceso de formación    de la persona sobre bases éticas: la educación. “El proceso educativo    es un proceso de construcción de subjetividad, porque se trata de un    proceso en el cual se introduce al sujeto en la cultura, y se lo hace desde    una peculiar cultura: la escolar”(1).

Cada momento histórico    imprime su impronta particular respecto de cuál será la orientación    de los perfiles más adecuados para esta integración, lo que caracteriza    al proceso de socialización en una determinada dirección y con    ciertos contenidos curriculares, considerados valiosos para el logro de los    objetivos. Queda claro que, lo que nunca se abandona, es el marco axiológico;    sin embargo, la educación, desde el punto de vista escolar, es hoy el    objeto de un debate tan intenso como cotidiano. Las certezas respecto del mensaje    que la escuela debe transmitir a las jóvenes generaciones para su socialización,    se encuentran hoy cuestionadas y, esta situación, genera un estado de    crítica, de incertidumbre y desorientación que dificultan el cumplimiento    de su función. A este estado de situación agregase que, además    del cuestionamiento y asociado al mismo, la escuela debe dar respuesta a problemáticas    que tales como la de violencia escolar y el consumo de sustancias, particularmente    ilícitas, han ingresado al ámbito escolar y demandan una postura    y acciones concretas de sus actores. Transitamos una etapa crítica en    la que se experimenta la sensación de desprotección y vulnerabilidad    frente al presente y, de incertidumbre respecto del porvenir, “hay que preocuparse    por las formas que podría tomar la desesperanza de hombres y mujeres,    si sintiesen desde su edad más temprana que, no teniendo nada que ganar,    no tendrían, tampoco, nada que perder”(2).

La realidad de    hoy impone ciertas exigencias que deben ser consideradas a la hora de pensar    en diseños curriculares valiosos ya que, el desarrollo del potencial    de cada ser en particular exige, que los educadores piensen en herramientas    que facilitarán una inserción eficaz en este entramado social    cada vez más demandante y competitivo. La mirada hacia el futuro se ha    limitado en sus alcances; hoy los jóvenes miran el presente buscando,    en la mayoría de los casos, la gratificación inmediata y, así,    la problemática del consumo de sustancias, se presenta como un tema de    urgente solución en la agenda educativa. Este facto remite al concepto    de “intervención eficaz”, como abordaje orientado al logro de objetivos    de salud en el que se puede considerar distintos niveles: desde la toma de conciencia    hasta la decisión de evitar el consumo de sustancias y, el logro máximo,    la recuperación.

La escolarización    de los jóvenes sigue siendo el principal canal para la incorporación    cultural de la población, así como un espacio propicio para trabajar    sobre la problemática social de urgente tratamiento: el consumo de drogas    lícitas e ilícitas.

A partir de la    información obtenida inicialmente de entrevistas informales, investigaciones,    lectura de artículos periodísticos, textos especializados y observaciones    en el terreno, surgió la inquietud respecto de cuáles son las    reales posibilidades con que cuenta la escuela para implementar un modelo de    prevención de la drogodependencia. En este panorama, aparece la figura    del personal directivo de las escuelas como una pieza clave a la hora de brindar    direcciones para la acción educadora.

Así, el    objetivo que orientó este trabajo de investigación fue el de analizar    la concepción de los directivos de escuelas secundarias sobre la disponibilidad    de espacios físicos y psicológicos para la acción preventiva    con respecto al consumo de drogas.

 

Métodos

Seleccionamos a    un grupo – que aceptó contestar el cuestionario – de 15 directores de    escuelas de Nivel Medio pertenecientes al Sistema Educativo Formal, de las jurisdicciones    de provincia de Buenos Aires y Ciudad Autónoma de Buenos Aires, tanto    de gestión pública como privada, como población destinataria    de la indagación sobre el tema, para lo cual respondieron a una encuesta    semi-estructurada que fue remitida y respondida vía e-mail.

Elegimos a la escuela    de nivel medio (secundaria según la Ley de Educación Nacional)    porque en este nivel del sistema educativo nacional asiste la franja de población    comprendida entre los 13 y los 17 años, adolescentes menores de edad    desde la legislación argentina considerada población de riesgo.    Se seleccionó una muestra de directivos porque son ellos quienes posibilitarán    e impulsarán desde su gestión este accionar frente a la problemática    del consumo y, en caso de advertirse dificultades para su implementación,    serán quienes asumirán la responsabilidad de identificar los obstáculos    y buscar las estrategias más adecuadas para la superación de los    mismos. Se considera que el directivo, desde su rol formal, es el responsable    de orientar y gestionar procesos dentro del ámbito escolar; por tal razón,    se trabajó con este sector a fin de evaluar – desde su percepción    – cuál es la posibilidad con que cuenta la escuela (tanto desde la concepción    acerca de la prevención como de la viabilidad de su implementación)    para vincularse con la población de riesgo desde un modelo preventivo.    “Las variables y nuevos escenarios sociales requieren que los roles que tienen    contacto e influencia directa sobre terceros desarrollen competencias para las    que ni originalmente ni curricularmente fueron preparados. Por un lado, están    las ‘nuevas competencias’, que se entrecruzan con las barreras y temores que    hay que atravesar para romper con estereotipos de modos de intervención,    algunos muy rígidos. Por ellos se hace cada vez más importante    para la supervivencia, en un complejo y turbulento panorama social, desarrollar    identidades profesionales flexibles, que se abran al campo de la prevención    de jóvenes en situación de riesgo. No se trata de formar ‘expertos    en drogas o violencia’, sino obtener ‘agentes facilitadores’ que logren evitar    la miopía con la que se desaprovechan las oportunidades de practicar    la prevención, la contención y la derivación a otros servicios    por medio del trabajo en red“(3).

La reflexión    sobre sus respuestas está sustentada en el marco teórico que enriquece    la perspectiva para el análisis del significado de la prevención    en la gestión escolar desde la mirada de sus directivos. El concepto    de salud internacional, así como el de gestión escolar, el pensamiento    de la psicología social y la normativa legal vigente se constituyeron    en orientaciones valiosas a la hora de comprender cómo se percibe el    concepto de drogodependencia y la posibilidad de implementación de un    modelo de prevención en el ámbito escolar.

Este objetivo remite    a dos cuestiones básicas: la referencia a los espacios tanto físicos    como psicológicos disponibles en el ámbito de desempeño    del grupo mencionado; la capacitación sobre prevención de la drogodependencia    con que cuenten para el real aprovechamiento de los mismos. El “Espacio físico”    se refiere a una localización espacial que, para los fines de esta investigación,    debería reunir ciertas condiciones aptas y necesarias para la vinculación    orientada a la prevención entre los adultos responsables y la población    en riesgo, tales como amplitud, luminosidad y privacidad. El “Espacio psicológico”    se refiere a la representación individual que asigna a la confluencia    de espacio y tiempo institucional, la posibilidad de dar cabida a vínculos    adulto-adolescente, orientados a la prevención y que implica contar con    el aval de las autoridades, normativa, saberes legitimados, consenso de la comunidad,    adecuada formación y expectativas favorables respecto al logro de los    objetivos.

El tipo de vinculación    por indagar es aquel orientado al desarrollo de la persona en sus potencialidades,    desde un marco ético, generador de confianza, que busca aportar herramientas    para el crecimiento personal y acompañar ese proceso. El adulto que se    vincula de manera positiva con la franja adolescente, puede convertirse en una    figura de referencia y actuar como promotor de determinados estilos de vida    alternativos al consumo de sustancias. Este hace posible que la prevención    adopte su dimensión comunitaria, esto es, recoge la preocupación    social por el problema de las drogas y actúa con las personas susceptibles    de consumo, consiguiendo dinamizar a la comunidad próxima y a la sociedad    de modo que sea posible la transformación de valores y actitudes positivas    hacia la salud en general y de la prevención de la drogodependencia en    particular.

En este trabajo    de indagación, se remite a un plano jurídico ya que, a la hora    de pensar en la posibilidad de constitución de “espacios físicos    y psicológicos” de prevención de la drogodependencia, el instrumento    legal vigente es una herramienta orientadora del margen de intervención(4-5).    Debido a que se está investigando en el ámbito escolar en Argentina,    la Ley de Educación Nacional N° 26.206, en el Capítulo II,    a la hora de establecer los Fines y Objetivos de la Política Educativa    Nacional, sostiene que es responsabilidad del Estado Nacional, entre otras:    “(…) Promover valores y actitudes que fortalezcan las capacidades de las personas    para prevenir las adicciones y el uso indebido de drogas.”(6), lo    que no limita la posibilidad de consultar a las leyes asociadas por la temática    común que podrían ser incorporadas al análisis. Sin embargo,    en el contexto de este trabajo de investigación, se considera a la legislación    propia del campo educativo, esto es, la referida Ley de Educación Nacional(6).

Se espera que cada    escuela diseñe su Proyecto Educativo y se organice de acuerdo con ciertas    pautas que el Estado Nacional, a través de los organismos pertinentes,    prescribe. Así, en el artículo referido a la responsabilidad del    Consejo Federal de Educación (reunión de ministros de educación    de todas las jurisdicciones), se establece que el mencionado organismo fijará    las disposiciones necesarias para que las instituciones educativas, en consonancia    con lo que dispongan las distintas jurisdicciones, definan su proyecto educativo    con la participación de todos sus integrantes(7).

El marco normativo    vinculado con la temática incluye otras leyes, tales como la Ley 23.358    y su modificatoria, la Ley 25.895 que establecen la inclusión en los    planes de estudio de los niveles de enseñanza primaria y secundaria de    los contenidos necesarios con el fin de establecer una adecuada prevención    de la drogadicción y el rol que cumplirá, al respecto, la Secretaría    para la Prevención de las adicciones(6).

La dimensión    institucional transcurre en las representaciones de las necesidades reales de    las personas que configuran una situación determinada. Así, la    problemática de las drogas emerge como una situación que hay que    incorporar a la escena institucional. Cada espacio resolverá, desde su    matriz de aprendizaje, desde sus representaciones, desde el mandato institucional    y sus mecanismos de elaboración individuales, grupales e institucionales,    de qué manera abordará la situación.

Entonces, “una    concepción de salud como proceso social de construcción que implica    niveles progresivos de conciencia, visualización y resolución    de contradicciones, aprendizaje (…) nos sitúa ante la complejidad de    la problemática de la salud en tanto desoculta la multiplicidad de sus    determinantes económicos, políticos, sociales, institucionales,    culturales”(8).

Desde esta concepción,    el sujeto aparece como una síntesis de sus relaciones sociales y productor    del universo simbólico y material al que se integra y, desde el cual,    se busca comprender las condiciones concretas de existencia, en sus aspectos    explícitos e implícitos. “Pensar en prevención, para quienes    suponen que es la forma de evitar que los hechos sucedan, es hallar las causas    de la enfermedad. Esto sería simple para quienes estiman que dichas causas    son solamente determinantes individuales. Hoy tendemos, sin embargo, a pensar    que una persona se enferma siendo parte de la comunidad donde vive (…). Una    comunidad es parte de la aparición, desarrollo y término del padecer    de una persona, del enfermar y del curar”(8).

 

Resultados

La reflexión    sobre las respuestas obtenidas de los directivos encuestados permite afirmar    que, todos ellos, asumen que la escuela es responsable, junto con otras instituciones,    de colaborar en la prevención de la drogodependencia. Esta respuesta    se completa a la hora de brindar su opinión respecto de la factibilidad    de su implementación, en la que 9 directivos respondieron de modo afirmativo,    explicitando, 3 de ellos, algún tipo de condición.

Existe una concepción    generalizada, entre los directivos encuestados, respecto a la importancia de    contar con personal especializado. En la pregunta relacionada con las condiciones    que deberían darse en la escuela y sus docentes para constituirse en    un ámbito de prevención, del listado de condiciones ofrecido para    su jerarquización, dos Directivos ubicaron en primer lugar de importancia    el “Contar con un equipo de profesionales”, cuatro de ellos ubicaron    esta condición en segundo lugar, uno en tercer lugar y tres en cuarto    lugar. Significa esta información que los directivos asignan a la asistencia    del especialista un lugar de relevancia en la implementación de la prevención    de la drogodependencia en sus escuelas.

La pregunta planteada    acerca de las condiciones necesarias para la implementación de la prevención    de la drogodependencia parecería desvincular a los docentes de su intervención    debido a que se sostiene la necesidad de contar con especialistas. Sin embargo,    si relacionamos esta pregunta con aquella referida a las condiciones personales    y profesionales con que debería contar el educador para participar desde    su rol en la prevención de la drogodependencia, las respuestas obtenidas    conducen a pensar que, efectivamente, existe en los directivos una postura de    involucramiento del educador en esta tarea, desde el nivel de aspiración    mediada por una adecuada capacitación. Sin embargo, se advierte cierta    dispersión en la definición de prioridades de capacitación    que nos lleva a pensar que, aún cuando los directivos consideran que    la capacitación y el acceso a la información son condiciones necesarias    para que la escuela se constituya en un ámbito de prevención,    no se advierte una línea de pensamiento que oriente la gestión    a diseñar una propuesta de trabajo para el colectivo docente. Este aspecto    de la realidad relevada constituye un dato por considerar en la definición    de planes y programas que se prevea la coordinación enunciada en la Ley    de Educación.

Existe una conceptualización    respecto de qué es la droga y cuáles son las consecuencias sobre    el organismo de la persona que consume. Coinciden, además, en la importancia    de conocer los diferentes tipos de droga y sus síntomas, en tanto es    un conocimiento posibilitador de abordajes. Expresan, asimismo, una predisposición    y disponibilidad para el vínculo efectivo con el alumno.

Indagando con más    profundidad en el concepto de espacio psicológico, se advirte que, este    reconocimiento de la importancia del tratamiento de esta problemática    en el ámbito escolar, está incorporado al Proyecto Educativo,    como expectativa en el área de promoción de la salud, en diferentes    niveles de involucramiento. En algunos casos, la preocupación por la    drogodependencia se manifiesta como un objetivo con escasa presencia en su enunciación    como expectativa en el área de la salud en el Proyecto Educativo (cinco    Directivos), mientras que, en otros (cuatro), aparece incorporada en acciones    más concretas tales como su planteó en reuniones de personal (cuatro)    y de padres (cuatro), lo que conduce a reflexionar acerca de los “espacios psicológicos”    que se manifiestan en la posibilidad de convocatoria a la participación.

En la pregunta    referida al conocimiento de algún marco normativo que legisle sobre esta    problemática, del total de directivos encuestados, siete de ellos afirmaron    desconocer si existe alguna, dos respondieron que sí existe normativa    pero la desconocen y solamente uno respondió en forma afirmativa pero    sin aclarar los términos.

Los Directivos    encuestados reconocen, en su definición, condiciones personales y profesionales    con las que los educadores deberían contar para participar en prevención.    Respecto de condiciones personales, priorizan la “Calidez“, “Empatía“    y “Amplitud de criterio“; mientras que, como condiciones profesionales,    destacan los conocimientos de las áreas de “Salud“, “Psicología“,    “Dinámica de Grupos” y “Sociología“.

 

Discusión

Al iniciar este    trabajo se afirmaba que la gestión escolar se había vuelto compleja    y, con ello, la tarea del directivo. La multiplicidad de aspectos que, desde    el Proyecto Educativo, deben ser incorporados exige una sólida capacitación    y criterios adecuados que permitan discernir caminos para conducir a la institución.    Pensar en términos de disponibilidad de espacios escolares para la implementación    de la prevención en drogodependencia implica considerar recursos de toda    índole, comenzando por la capacitación de los recursos humanos    como las estrategias de vinculación con la comunidad educativa que favorezcan    la articulación de esfuerzos en un proceso de comunicación eficaz.

Se observa que,    en todos los casos, los directivos asumen que la problemática de la drogodependencia    debe ser trabajada desde la escuela, en colaboración con otras instituciones.    Del análisis de respuestas realizado, los directivos, en su mayoría    afirman la responsabilidad de la escuela en la implementación de un programa    de prevención de la drogodependencia y destacan la importancia de contar    con especialistas en el tema. El interés por incorporar el tratamiento    de la problemática en las instituciones escolares, con el acompañamiento    de la familia y una adecuada capacitación implica generar las condiciones    y estrategias dirigidas a promover un desarrollo profesional capaz de reflexionar    sobre problemáticas comunes.

Aún cuando    no se observa un conocimiento amplio acerca de la normativa legal vigente, desde    este marco, estarían dadas las condiciones para implementar un proyecto    de prevención en el interior del Proyecto Educativo, lo que estaría    implicando la necesidad de establecer articulaciones con otros organismos y    la participación activa de otros actores escolares en el Proyecto Educativo.    Trabajar en equipo facilitaría la construcción de una propuesta    de formación más completa, con capacidad de respuesta a las demandas    de la comunidad, desde una modalidad de organización flexible y preparada    para intervenir en múltiples direcciones.

Los directivos    advierten el avance de la problemática del consumo al interior de las    escuelas. Sin embargo, aún cuando el tema está, en un 50% de la    muestra, incorporado al Proyecto Educativo, parecería que se aguarda    la asistencia de especialistas para iniciar el proceso.

Desde la Ley de    Educación Nacional se enuncia claramente como tendencia de política    educativa, la prevención de la drogodependencia y, desde otros artículos,    se expresa la orientación hacia una formación integral que atienda    las necesidades de la población destinataria, así como una intervención    pertinente en áreas que lo demanden. Las leyes que rigen el tema en el    ámbito escolar brindarían herramientas para el diseño de    propuestas de trabajo en articulación con otros organismos. No obstante,    a la hora de jerarquizar “saberes”, aparece claramente como opción, aquellos    relacionados con las áreas de salud, psicología, dinámica    de grupos y sociología y enfatizadas como condiciones personales, la    empatía, calidez y amplitud de criterio en la vinculación con    la población escolar.

 

CONCLUSIONES

Estas respuestas    conducen a postular que las escuelas dispondrían de espacios psicológicos    adecuados, en los cuales se destacaría la importancia de los vínculos    y la disponibilidad para el aprendizaje.

El fenómeno    de las drogas es una problemática que debe ser abordada en forma interdisciplinar;    exige, además, una cooperación técnica y financiera importante    entre los países; incluye factores legales, éticos, políticos,    económicos, culturales, religiosos, tecnológicos y sociales que    deben ser considerados desde una actitud de apertura, libre de prejuicios. Se    entiende, desde la psicología social, que la pertenencia a una red social    es una forma de promoción de la salud. Si las personas se sienten parte    de un “entramado” constituido por diversos grupos, estarán menos expuestas    a la posibilidad de enfermarse o, con mayores alternativas de control y superación    de los factores de riesgo.

Resta entonces    asumir que, la complejidad de los tiempos actuales, exigen del directivo una    visión amplia sobre la multiplicidad de situaciones problemáticas    que el vínculo con la población adolescente pone de manifiesto,    así como una sólida formación y criterios adecuados para    la toma de decisiones en su gestión.

 

Agradecimientos

Agradecemos a la    Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas/CICAD de    la Secretaria de Seguridad Multidimensional/SSM de la Organización de    los Estados Americanos/OEA, la Secretaria Nacional de Políticas sobre    Drogas/SENAD do Gabinete de Seguridad Institucional/Brasil, la Escuela de Enfermería    de Ribeirao Preto de la Universidad de Sao Paulo y Centro Colaborador de la    Organización Mundial de la Salud para el Desarrollo de la Investigación    en Enfermería, la población representada en los estudios de investigación,    bien como a las autoridades de las universidades representadas por los participantes    del Programa En-Line de Especialización en Investigación sobre    el Fenómeno de las Drogas, periodos 2006, 2007, 2008 y 2009.

 

Referencias

1. Bixio C. Enseñar    a aprender: Construir un espacio colectivo de enseñanza-aprendizaje.    3ª ed. Rosario: Homo Sapiens; 2002. 130 p.            [ Links ]

2. De Maisonneuve E. La metamorfosis de la violencia. Ensayo sobre la guerra moderna. Buenos Aires: Grupo Editor Latinoamericano; 1998. 268 p. Links  ]

3. Souza C. Cuatro    pilares en la lucha contra la droga. Buenos Aires: La Nacion, 11 de febrero    de 2005. p. 2        [ Links ]

4 º. Smith J, B Brands, Adlaf E, N Giesbrecht, L Simich, Wright MGM, et al. Familiares y conocidos de los consumidores de drogas ilícitas: recorte opiniones sobre leyes y políticas públicas de una comunidad de la Zona Oeste de Río de Janeiro, Brasil. Rev. Latino Am. Enfermería. 2009, 17 (no.spe): 803-9. Links  ]

5. Acaso CAA, Brands B, Adlaf E, Giesbrecht N, Simich L, Wright MGM et al. Políticas e Leis sobre drogas ilícitas no Brasil ea perspectiva de familiar e pessoas proximas a usuarios de drogas: ESTUDI na Cidade de Ribeirão Preto, São Paulo, Brasil. Rev. Latino-Am. Enfermagem. 2009; 17 (no.spe) :810-6. Links  ]

6. Argentina. Ley Nacional de Educación 26.206. Arte N º 11. Pub BO 31062 (Dic. 28, 2006)         [  Links  ]

7. Argentina. Ley Nacional de Educación 26.206. - Título X, Cap. V, Art. N º 123. Pub BO 31062 (Dic. 28, 2006)         [  Links  ]

8. Videla M. Prevención.    Intervención psicológica en salud comunitaria. Buenos Aires: Ediciones    Cinco; 1991.            [ Links ]

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