INTRODUCCIÓN

El índice de suicidios en Uruguay está entre los más altos del mundo y va en aumento.

Las cifras de suicidios vienen subiendo casi ininterrumpidamente desde 1990. En apenas un lustro, entre 1999 y 2003, el número de casos registrados aumentó un 35%, pasando de 474 a 640 al año, según las estadísticas que lleva el Ministerio del Interior; siendo 932 en 2001 y saltando a 1119 en 2002 hasta llegar a 1244 en 2003.

Hoy este fenómeno cobra más vidas que los accidentes de tránsito, considerados la tercera causa de muerte en el país.

Cada vez se matan más uruguayos. La crisis del 2002 provocó la mayor ola de suicidios de la historia. Uruguay está entre los países de más autoeliminaciones del mundo. Pero el tema es ignorado y no hay políticas de prevención y eso es en realidad lo más preocupante.

Las cifras de suicidio que hoy se registran en Uruguay son las más altas de toda América del Sur.

Los expertos señalan que las dificultades económicas y laborales son sólo uno de los múltiples factores que llevan cada año a cientos de uruguayos a optar por la autoeliminación. Según las estadísticas oficiales, la mayoría de los casos ocurren en el interior del país y sobre todo en Colonia y Canelones.

Por eso hoy, el tema nos es de vital preocupación y trataremos de analizarlo y comprenderlo, teniendo entonces que estudiarlo desde un panorama general para luego insertar esta información en el plano nacional. Estudiaremos cuales son las principales causas, factores, síntomas, estados, etc, a los que el suicida esté expuesto para encontrar entonces las políticas de prevención y encauzarlo.

Fundamentación.

Ética y Religiosa.

A lo largo de la historia ha variado la actitud de la sociedad hacia el acto del suicidio, sus formas y su frecuencia.
En la Europa Antigua, sobre todo en el Imperio Romano, el suicidio estaba consentido y hasta era considerado como un acto honroso; por esta razón los antiguos romanos admitían muchas razones legítimas para su práctica. Después, varios de los primeros concilios de la Iglesia Cristiana decretaron que aquellos que cometieran suicidio, no se les podría aplicar los rituales de la iglesia tras su muerte. En la edad media, la Iglesia Católica Romana consideró expresamente esta práctica y lo tomó como un pecado. En las legislaciones medievales se ordenaba la confiscación de todas las propiedades del suicida y el cadáver sufría todo tipo de humillaciones.

En la actualidad, desde el punto de vista religioso el suicidio es considerado como una mala acción, debido a que el ser humano no tiene derecho a quitarse la vida que Dios le ha dado, y está condenado por el Cristianismo, Judaísmo e Islamismo. Desde el punto de vista jurídico y de los derechos humanos hoy el suicidio, se considera por muchos como un derecho.
En 1897 Durkheim postuló que el suicidio era un fenómeno sociológico más que un puro acto de individualismo, porque la sociedad lleva al individuo a ello.

La tendencia actual considera al suicidio desde el punto de vista psicológico en lugar de una perspectiva moral.

 Hipótesis:

Si el suicidio puede plantearse bajo una situación de crisis económica, social y hasta bajo condiciones climáticas, entonces podemos concluir, que también está influida por aspectos personales, es decir, como impactan esos factores en el individuo. Además, si éste fuera un fenómeno externo al individuo, entonces, existirían síntomas y señales que el mismo suicida puede manifestar y por lo tanto se podrían aplicar políticas preventivas que lo eviten y estamos dispuestas a encontrarlas.

Objetivos del grupo:

Mediante el presente trabajo pretendemos dar a conocer las principales características del fenómeno del suicidio. Para los más destacados científicos, filósofos y psicoanalistas ha sido un desafío importante profundizar acerca de los orígenes del trastorno mental referente al suicidio.

Nuestros objetivos principalmente son estudiar, investigar, descubrir, analizar, descifrar y observar un fenómeno que crece cada año para transmitirlo a los demás. Para ello analizaremos el tema tratando de esclarecer a los lectores toda la situación externa e interna que rodea al suicida tratando de determinar principalmente sus síntomas y encontrar su prevención; de este modo obtendremos sugerencias metodológicas consistentes que lo eviten.

Cabe destacar que como objetivo fundamental y que con ansias trataremos de lograr es que al leer nuestro trabajo las personas se informen y así evitemos este fenómeno que tanto aqueja a la sociedad actual y particularmente la uruguaya; por esto es que nuestra preocupación es aún mayor.

DESARROLLO GENERAL DEL TEMA

Comenzaremos por hacer un detallado desarrollo del argumento del tema, en un principio estábamos realmente indecisas en cuanto al tema que queríamos desarrollar pero nos decidimos por éste al darnos cuenta de que podríamos ayudar a nuestros congéneres a tomar conciencia sobre el tema. Nos planteamos la posibilidad de hacer un tema “menos trágico” que el suicidio, que es además un acto impulsivo (aunque teníamos un concepto erróneo en cuanto a esto), no muy bien pensado y por lo tanto muy difícil de evitar y de tratar para nosotras ya que para trabajar en base al suicidio los que están realmente capacitados son los psicólogos y psiquiatras; pero llegamos a la conclusión de que aprender a cuidar la única vida que tenemos los seres humanos es una condición que debe ser estimulada desde la más temprana edad y aprendiendo a amarse se podrá incrementar la capacidad de amar a otros; respetarnos hará que seamos más respetados y para eso no necesitamos de ningún título universitario. Lo que necesitamos es enfrentar los problemas de la vida con soluciones no suicidas para mejorar nuestra calidad de vida.

Creemos también que leer material científico sobre el comportamiento suicida y su prevención no sólo es útil para ayudarnos a nosotros mismos sino también a padres y profesores que estarían más capacitados para detectar prematuramente a aquellos candidatos a la realización de un acto suicida para evitar que ocurra. Además se contribuye a interpretar el suicidio como un suceso que tiene su historia y que contrariamente a lo que se piensa no ocurre por impulso sino que es más bien una decisión largamente pensada, analizada, desechada y retomada en múltiples ocasiones, no sólo de manera consiente sino también inconscientemente, para poner fin a una vida.

“EL SUICIDIO ES EL ÚLTIMO SÍNTOMA DE UNA EXISTENCIA INFELIZ”.

Es necesario a continuación presentar el tema como tal, el vocablo suicidio tiene su raíz etimológica en el latín y se compone de dos términos: sui, de si mismo y caedere, matar; lo que significa “matarse a si mismo”. Si buscamos la palabra en un diccionario encontraremos: “acción de quitarse la vida de forma voluntaria”. Pero sabemos que el suicidio es más que eso ya que puede ser visto desde muchas perspectivas aunque sólo nos podrá dar una definición contundente quién lo haya vivido de cerca ya que comprende la gran carga significativa de su acción. Debemos destacar que el suicidio aparece en todas las sociedades desde los tiempos más remotos. Sin embargo, a lo largo de la historia, ha variado la actitud de la sociedad hacia este acto, sus formas y su frecuencia.

Para abarcar este tema desde una clara perspectiva será preciso conocer el concepto de suicidio a partir de definiciones formuladas por expertos en la materia: -Emilio Dukheim, “toda muerte que resulta mediata o inmediatamente, de un aspecto positivo o negativo, realizado por la víctima misma”. Este sociólogo analizó el fenómeno del suicidio en profundidad y reflejó sus conclusiones en el libro, “El suicidio”, obra que es una de las más reconocidas en cuanto al tema.

-León Gringberg, “acto constituido por la tendencia auto destructiva más extrema”. Este psicoanalista, ex vicepresidente de la Asociación Psicoanalítica Internacional, planteó al suicidio como la consecuencia extrema de un estado depresivo y autodestructivo del individuo, idea que postula en su estudio llamado Culpa y depresión.

En cuanto al suicidio a través de las diferentes épocas y sociedades las posturas variaron de una a otra. Estudiaremos las posturas acerca del suicidio en relación a su contexto histórico. Si nos remontamos a la Europa Antigua, en la época dominante del Imperio Romano, el suicidio era consentido y hasta llegaba considerarse un acto honroso y los estoicos admitían razones legítimas para que el suicidio se consumara, un ejemplo de esta ideología era la del filósofo romano Séneca que consideraba que el suicidio era el acto último de una persona libre. Sin embargo al verse Europa bajo la gran influencia de la Iglesia Cristiana se condenó esta práctica y se decretó que a aquellas personas que cometieran suicidio no se les daría santa sepultura, además se confiscaban los bienes del suicida y el cadáver sufría todo tipo de humillaciones. Esta práctica se basa en la postura de que el ser humano no tiene derecho a quitarse la vida que Dios le regaló. En oposición a esto desde el punto de vista jurídico y el de los Derechos Humanos, el suicidio es considerado como otro derecho humano como el derecho a la vida la libertad de expresión, religión, etc.

Como hemos visto hasta ahora existen dos posturas extremistas frente al suicidio, por un lado se condena fuertemente por la sociedad y la iglesia, hasta llega a ser ilegal en algunos países, especialmente esto se da en países con mayoría católica. En el otro extremo junto con los estoicos encontramos a las sociedades que honran ciertos tipos de suicidio. En tiempos pasados los japoneses respetaban el harakiri, que se utilizaba cuando una persona por sentirse avergonzada compensaba su fallo o incumplimiento de un deber clavándose una daga. Siguiendo con la sociedad japonesa, durante la II Guerra Mundial, los pilotos kamikazes japoneses realizaban misiones suicidas de bombardeo estrellando sus aviones contra el objetivo enemigo. El suicidio también fue utilizado en Japón como una forma extrema de protesta contra las injusticias. El último ejemplo a citar de las sociedades que honraban el suicidio es el de India, país en el que hasta fines del siglo XIX, se llevaba a cabo el sutte que consistía en que la viuda del fallecido se inhumara en la pira funeraria de su marido. Sin embargo el suicidio en la actualidad ha sido catalogado como una irresponsabilidad por parte del suicida hacia la familia que le sobrevive.

Pero ¿qué origen tiene el suicidio cuando no se consuma por un acto patriótico, de protesta o por tradición? Se origina en el estado de depresión, es la sensación de sentirse triste, decaído emocionalmente, y perder interés en las cosas que antes disfrutaba. Se debe saber que la depresión es una enfermedad como puede ser la diabetes o la artritis, y no es sólo una sensación de tristeza o de desánimo. Esta enfermedad progresa cada día afectando pensamientos, sentimientos, salud física, y comportamiento. La depresión no es culpa de la persona que la padece, como tampoco es una debilidad de la personalidad. Es una enfermedad médica que es muy frecuente y puede afectar a cualquier persona. Todos hemos experimentado estados de ánimo que implican depresión o alegría en algún momento de nuestras vidas. La depresión es una de las condiciones diagnosticadas en forma frecuente en la población, la depresión no respeta posición socioeconómica y es mucho más común entre las mujeres que entre los hombres. Actualmente la depresión es un síntoma psíquico muy usual relacionado con el tipo de vida que llevamos, nuestras relaciones familiares, el ámbito académico o laboral y otros. Las personas deprimidas se consideran desgraciadas, frustradas, humilladas, rechazadas o castigadas y se caracterizan por mirar el futuro sin esperanza. Los individuos deprimidos muestran: una consideración negativa de sí mismo. La persona deprimida muestra una marcada tendencia a considerarse como deficiente, inadecuada e inútil y atribuye sus experiencias desagradables a un defecto físico, moral o mental. Tiende a rechazarse a sí misma, ya que cree que los demás la rechazarán. Tienen una consideración negativa del mundo por lo que se sienten derrotados socialmente. Consideran al mundo como obstáculos que se interfieren con el logro de los objetivos de su vida. Tienen también una consideración negativa del futuro. El deprimido prevé que sus problemas y experiencias comunes continuarán indefinidamente y que se le amontonarán otras mucho peores en su vida. Tienden a deformar sus experiencias, malinterpretan acontecimientos concretos e irrelevantes tomándolos como fracaso, privación o rechazo personal. Exageran o generalizan excesivamente cualquier situación por más sencilla que sea. Todo siempre va a ir contra sí mismo, acentuando lo negativo hasta casi excluir los hechos positivos.
Las personas que padecen de depresión tienen ciertos síntomas característicos que les afectan casi todos los días por lo menos por un período de dos semanas.
De estos síntomas los más característicos son (que constituyen además algunos de los síntomas suicidas):

  • Perder interés en las cosas que antes disfrutaba.
  • Sentirse triste, decaído emocionalmente o cabizbajo.

Y se asocian los siguiente síntomas secundarios:

  • Sentir que no tiene energía, cansado, o al contrario, sentirse inquieto y sin poder quedarse tranquilo.
  • Sentir como que no vale nada o sentirse culpable.
  • Que le aumente o disminuya el apetito o el peso.
  • Tener pensamientos sobre la muerte o el suicidio.
  • Tener problemas para concentrarse, pensar, recordar, o tomar decisiones.
  • No poder dormir, o dormir demasiado.

Además se asocian otros síntomas de tipo físico o psicológico, como pueden ser:

  • Dolores de cabeza.
  • Dolores generales por todas las partes del cuerpo.
  • Problemas digestivos o gástricos .
  • Problemas sexuales.
  • Sentirse pesimista.
  • Sentirse ansioso o preocupado.

El Episodio Depresivo que puede desembocar muchas veces en el suicidio que lo que nos importa abarca 5 o más de los siguientes síntomas:

  • Estado de ánimo depresivo la mayor parte del día.
  • Disminución importante del interés o de la capacidad para el placer (disfrutar la vida) en todas o casi todas las actividades.
  • Pérdida importante de peso (sin haber realizado dieta) o aumento significativo de peso, o disminución o aumento del apetito casi cada día.
  • Insomnio o hipersomnia (sueño durante el día).
  • Agitación o retardación psicomotora.
  • Fatiga o pérdida de la energía.
  • Sentimientos de inutilidad o de culpa excesivos o inapropiados.
  • Disminución de la autoestima y de la confianza en sí mismo.
  • Disminución de la capacidad para pensar, tomar decisiones o concentrarse.
  • Visión pesimista, poco promisoria o “negra” del futuro.
  • Pensamientos recurrentes de muerte, ideación suicida recurrente sin un plan específico o una tentativa de suicidio o un plan específico para suicidarse.

Estos síntomas persisten por lo menos dos semanas y producen un malestar muy significativo que altera la vida familiar, social, laboral y otras áreas.
El trastorno depresivo puede empezar a cualquier edad, y la edad promedio de inicio es alrededor de los 35 años. El trastorno depresivo, tanto en adolescentes como en adultos, es dos veces más frecuente en mujeres que en varones

Para culminar con el tema de depresión pasaremos a analizar un caso típico de depresión anónimo:
“Para María cada día es una nueva batalla para lograr seguir adelante. Muchos días no tiene ánimo suficiente ni siquiera para levantarse de la cama y cuando su marido vuelve a casa por la noche la encuentra todavía en pijama y con la cena sin preparar. Llora muy a menudo y hasta sus momentos de mejor humor se ven continuamente interrumpidos por ideas de fracaso e inutilidad. Tareas tan insignificantes como vestirse o hacer las compras le resultan muy difíciles y el menor obstáculo le parece una barrera infranqueable. Cuando se le recuerda que todavía es una mujer atractiva y se le sugiere que salga a comprar un vestido nuevo, contesta, “esto es demasiado difícil para mí, tendría que atravesar la ciudad en autobús y probablemente me perdería, además ya no soy atractiva”.
Su forma de hablar y de andar es lenta y su rostro tiene un aspecto triste. Antes era una mujer vivaz y activa, colaboraba en asuntos sociales de su barrio, le gustaba leer, pintar y era una anfitriona encantadora. Entonces ocurrieron dos cosas: Su hijo empezó a ir a la escuela y su marido fue ascendido a un puesto de gran responsabilidad que lo obligaba a permanecer demasiado tiempo fuera de casa.
Ahora ella se debilita pensando si merece la pena vivir y ha jugado con la idea de tomarse todo el frasco de sus píldoras antidepresivas de una sola vez.”

Suicidio.

La mayor parte de los que tienen ideas suicidas están como ya mencionamos, además, deprimidos. Ante la depresión y las ideas suicidas que de ella derivan sólo puede resultar eficaz una terapia que ayude a recuperar el control y la esperanza. Rechazan por simples todas las opciones que se les ofrecen para resolver su problema, hasta que parece que no hay solución posible. Interiorizan una tristeza persistente y angustiosa que, como la muerte súbita del padre o de la madre, produce un dolor que dura semanas, meses e incluso años. Empiezan a creer que nada los puede aliviar y que su dolor no va a acabarse nunca. ¡Puede que la única solución sea la muerte! El suicidio no soluciona nada, lo único que hace es adelantar el final sin haber encontrado la solución. No se puede decir que el suicidio sea una opción, ya que “opción” quiere decir “posibilidad de optar o elegir”, y el suicido nos arrebata para siempre lo uno y lo otro. La muerte es un acontecimiento irreversible que, no sólo no elimina el dolor, sino que lo transmite a quienes nos rodean. También transmiten su dolor las personas que viven en la más absoluta soledad y se quitan la vida. Se lo transmiten a aquellos miembros de la sociedad a quienes les importa y les preocupa. Algunas personas pueden ser genéticamente propensas a la depresión y el suicidio, padecer un desequilibrio químico, o haber pasado muchas desgracias a lo largo de su vida: algo que, en suma, las conduzca a ello. Hay personas que “llaman a la depresión a gritos”: son las que aspiran en la vida a objetivos inalcanzables. Sea cual sea la causa de la depresión, cualquier persona puede verse asaltada por intensas ideas de suicidio cuando el futuro se muestra desesperanzador.
No hay ninguna clase o tipo específico de persona que pueda tener la seguridad de no albergar jamás pensamientos suicidas. Los médicos, los terapeutas y los adolescentes ocupan los primeros puestos en las estadísticas de suicidios consumados; si bien parece que en personas con firmes convicciones religiosas es más infrecuente el intento de suicidio.
La enfermedad psiquiátrica con más riesgo de suicidio es la depresión. Los momentos de la enfermedad con más riesgo son cuando disminuye la inhibición y la melancolía (empiezan a mejorar) o cuando se inicia la depresión.

Hablaremos ahora de los factores de riesgo que inciden en la conducta suicida:

  • Mujeres menores de 35 años, hombres mayores de 40.
  • Separación, divorcio o muerte del cónyuge.
  • Pérdida inminente de un ser querido.
  • La soledad y el aislamiento social.
  • Problemas económicos, paro, reciente o jubilación.
  • Mala salud.
  • Ocupación de alto estatus.
  • Depresión.
  • Enfermedad terminal.
  • Problemas con alcohol y drogas.
  • Anteriores intentos de suicidio.
  • Historia previa de trastornos afectivos.
  • Historia familiar de trastornos afectivos, suicidio, alcoholismo.
  • Indicios suicidas (avisos o conversaciones suicidas).
  • Preparativos (hacer testamento, seguros, nota suicida).

   Comportamiento suicida.

El comportamiento suicida o conducta suicida abarca las siguientes manifestaciones:
1- El deseo de morir. Representa la inconformidad e insatisfacción del sujeto con su modo de vivir en el momento presente y que puede manifestar en frases como: “la vida no merece la pena vivirla”, “lo que quisiera es morirme”, “para vivir de esta manera lo mejor es estar muerto” y otras expresiones similares.

2- La representación suicida. Constituida por imágenes mentales del suicidio del propio individuo, que también puede expresarse manifestando que se ha imaginado ahorcado o que se ha pensado ahorcado.

3- Las ideas suicidas. Consisten en pensamientos de terminar con la propia existencia y que pueden adoptar las siguientes formas de presentación: –Idea suicida sin un método específico, pues el sujeto tiene deseos de matarse pero al preguntarle cómo lo va a llevar a efecto, responde: “no sé cómo, pero lo voy a hacer”.
–Idea suicida con un método inespecífico o indeterminado en la que el individuo expone sus deseos de matarse y al preguntarle cómo ha de hacerlo, usualmente responde: “De cualquier forma, ahorcándome, quemándome, pegándome un balazo.”
–Idea suicida con un método específico no planificado, en la cual el sujeto desea suicidarse y ha elegido un método determinado para llevarlo a cabo, pero aún no ha ideado cuándo lo va a ejecutar, en qué preciso lugar, ni tampoco ha tenido en consideración las debidas precauciones que ha de tomar para no ser descubierto y cumplir con sus propósitos de autodestruirse.
–El plan suicida o idea suicida planificada, en la que el individuo desea suicidarse, ha elegido un método habitualmente mortal, un lugar donde lo realizará, el momento oportuno para no ser descubierto, los motivos que sustentan dicha decisión que ha de realizar con el propósito de morir.

4- La amenaza suicida. Consiste en la insinuación o afirmación verbal de las intenciones suicidas, expresada por lo general ante personas estrechamente vinculadas al sujeto y que harán lo posible por impedirlo. Debe considerarse como una petición de ayuda al que deberíamos atender.

5- El gesto suicida. Es el ademán de realizar un acto suicida. Mientras la amenaza es verbal, el gesto suicida incluye el acto, que por lo general no conlleva lesiones de relevancia para el sujeto, pero que hay que considerar muy seriamente.

6- El intento suicida, también denominado parasuicidio, tentativa de suicidio, intento de autoeliminación (IAE) o autolesión intencionada. Es aquel acto sin resultado de muerte en el cual un individuo deliberadamente, se hace daño a sí mismo.

7- El suicidio frustrado. Es aquel acto suicida que, de no mediar situaciones fortuitas, no esperadas, casuales, hubiera terminado en la muerte.

8- El suicidio accidental. El realizado con un método del cual se desconocía su verdadero efecto o con un método conocido, pero que no se pensó que el desenlace fuera la muerte, no deseada por el sujeto al llevar a cabo el acto. También se incluyen los casos en los que no se previeron las complicaciones posibles, como sucede en la población penal, que se autoagrede sin propósitos de morir, pero las complicaciones derivadas del acto le privan de la vida (inyección de petróleo en la pared abdominal, introducción de alambres hasta el estómago o por la uretra, etc.).

9- Suicidio intencional. Es cualquier lesión auto infligida deliberadamente realizada por el sujeto con el propósito de morir y cuyo resultado es la muerte. En la actualidad aún se debate si es necesario que el individuo desee morir o no, pues en este último caso estaríamos ante un suicidio accidental, en el que no existen deseos de morir, aunque el resultado haya sido la muerte.

De todos los componentes del comportamiento suicida, los más frecuentes son las ideas suicidas, los intentos de suicidio y el suicidio consumado, sea accidental o intencional.

Suicidio en los adolescentes.

Es de relevante importancia para nosotros hablar sobre el suicidio en los adolescentes ya que nos encontramos en una etapa en la que necesitamos herramientas para defendernos y ayudarnos mutuamente. Los adolescentes experimentamos fuertes sentimientos de estrés, confusión, dudas sobre nosotros mismos, presión para lograr éxito, inquietudes financieras y otros miedos. Para algunos adolescentes, el divorcio, la formación de una nueva familia con padrastros y hermanastros, o las mudanzas a otras nuevas comunidades pueden perturbarlos e intensificarles las dudas acerca de sí mismos. En algunos casos, el suicidio aparenta ser una “solución.” La depresión y las tendencias suicidas son desórdenes mentales que se pueden tratar.

Las ideas suicidas son muy frecuentes en la adolescencia sin que ello constituya un peligro inminente para la vida, si no se planifica o se asocia a otros factores, llamados de riesgo, en cuyo caso adquieren carácter mórbido y pueden desembocar en la realización de un acto suicida.

Factores de riesgo relacionados a la conducta suicida.

Los adolescentes que intentan el suicidio o se suicidarán se caracterizan por tener diversos factores de riesgo para esta conducta, entre los que se encuentran:
–Provenir de medios familiares con desventaja social y pobreza educacional
–Estar más expuestos a situaciones familiares adversas que condicionan una niñez infeliz.
–Presentar mayor psicopatología, incluyendo depresión, abuso de sustancias y conducta disocial así como baja autoestima, impulsividad, desesperanza y rigidez cognitiva.
–Mayor exposición a situaciones de riesgo suicida o eventos vitales suicidógenos como las relaciones humanas tumultuosas, los amores contrariados o problemas con las autoridades policiales.
El intento de suicidio es muy común entre los adolescentes con predisposición para esta conducta y se considera que por cada adolescente que comete suicidio, lo intentan cerca de trescientos.

Factores de riesgo en la niñez. Pasaremos ahora a enunciar los factores de riesgo suicida en la niñez que contribuyen a que se desarrolle la conducta suicida en la adolescencia. Como es conocido, se considera que por debajo de los 5 ó 6 años, los niños tienen un concepto muy rudimentario de lo que es la muerte o el morir, por lo que resulta prácticamente improbable que se participe activamente de la muerte. En la infancia, como es lógico suponer, los factores de riesgo suicida deben ser detectados principalmente en el medio familiar. Por lo general, el clima emocional familiar es caótico, pues no hay un adecuado funcionamiento de sus integrantes y no se respetan los roles ni las fronteras de sus respectivos miembros. Los padres, cuando conviven juntos se enrolan en constantes querellas, llegando a la violencia física entre ellos o dirigiéndolas a los integrantes más vulnerables, en este caso los más jóvenes, niños y niñas y los más viejos, ancianos y ancianas. Es frecuente que los progenitores padezcan alguna enfermedad mental, entre las que se citan por su frecuencia, el alcoholismo paterno y la depresión materna. La depresión materna, además del peligro suicida que conlleva se convierte en un estímulo para el pesimismo, la desesperanza, la sensación de soledad y la falta de motivación. A ello se añaden las situaciones de maltrato por no poder la madre, en estas condiciones, satisfacer las necesidades emocionales y de cuidados del niño o la niña.
Otro factor de riesgo suicida de importancia en la niñez es la presencia de conducta suicida en alguno de los progenitores. Aunque no está demostrado que el suicidio esté determinado genéticamente. Otras veces lo que se transmite es la predisposición genética, no para el suicidio, sino más bien para alguna de las enfermedades en las que este síntoma es frecuente (depresión). Las relaciones entre los progenitores y sus hijos pueden convertirse en un factor de riesgo de suicidio cuando están matizadas por situaciones de maltrato infantil y de abuso sexual, físico o psicológico. 

Crisis suicida infantil.

Los motivos que pueden desencadenar una crisis suicida infantil son variados y no específicos, pues también se presentan en otros niños que nunca intentarán contra su vida. Entre los más frecuentes se encuentran:
1- Presenciar acontecimientos dolorosos como el divorcio de los padres, la muerte de seres queridos, de figuras significativas, el abandono, etc.
2- Problemas en las relaciones con los progenitores en los que predomine el maltrato físico, la negligencia, el abuso emocional y el abuso sexual.
3- Problemas escolares, sea por dificultades del aprendizaje o disciplinarios.
4- Llamadas de atención de carácter humillante por parte de padres, madres, tutores, maestros o cualquier otra figura significativa, sea en público o en privado.
5- Búsqueda de atención al no ser escuchadas las peticiones de ayuda en otras formas expresivas.
6- Para agredir a otros con los que se mantienen relaciones disfuncionales, generalmente las madres y los padres.
7- Para reunirse con un ser querido recientemente fallecido y que constituía el principal soporte emocional del niño o la niña.

Plan de tratamiento.

Hay que reconocer y diagnosticar la presencia de esas condiciones tanto en niños como en adolescentes y se debe desarrollar un plan de tratamiento. Cuando los padres sospechan que el niño o el joven puede tener un problema serio, un examen psiquiátrico puede ser de gran ayuda. Muchos de los síntomas de las tendencias suicidas son similares a los de la depresión. Los padres deben de estar conscientes de las siguientes señales que pueden indicar que el adolescente está contemplando el suicidio.

Los psiquiatras de niños y adolescentes recomiendan que si el joven presenta uno o más de estos síntomas, los padres tienen que hablar con su hijo sobre su preocupación y deben buscar ayuda profesional si los síntomas persisten.

  • Cambios en los hábitos de dormir y de comer.
  • Retraimiento de sus amigos, de su familia o de sus actividades habituales.
  • Actuaciones violentas, comportamiento rebelde o el escaparse de la casa.
  • Uso de drogas o del alcohol.
  • Abandono poco usual en su apariencia personal.
  • Cambios pronunciados en su personalidad.
  • Aburrimiento persistente, dificultad para concentrarse, o deterioro en la calidad de su trabajo escolar.
  • Quejas frecuentes de dolores físicos tales como los dolores de cabeza, de estómago y fatiga, que están por lo general asociados con el estado emocional del joven.
  • Pérdida de interés en sus pasatiempos y otras distracciones.
  • Poca tolerancia de los elogios o los premios.

El adolescente que está contemplando el suicidio también puede:

  • Quejarse de ser “malo” o de sentirse “abominable.”
  • Lanzar indirectas como: “no les seguiré siendo un problema”, “nada me importa”, “para qué molestarse” o “no te veré otra vez.”
  • Poner en orden sus asuntos; por ejemplo, regalar sus posesiones favoritas, limpiar su cuarto, botar papeles o cosas importantes, etc.
  • Ponerse muy contento después de un período de depresión.

En general los pacientes suicidas incluidos también los adolescentes están dispuestos a hablar de sus intenciones y para algunos la necesidad de desahogarse con alguien que les toma en serio es terapéuticamente positivo. Cuando existe la posibilidad de suicidio se le debe animar a que hable de ello y procurar emplear tiempo en el futuro para seguir hablando del tema con lo cual se puede facilitar el ingreso temporal en una unidad psiquiátrica o proporcionar la ayuda necesaria para atenuar las circunstancias que provocan el intento suicida.

Si el niño o adolescente dice, “Yo me quiero matar” o “Yo me voy a suicidar”, se debe tomar muy en serio y llevarlo a un psiquiatra de niños y adolescentes o a otro médico para que evalúe la situación. A la gente no le gusta hablar de la muerte. Sin embargo, puede ser muy útil el preguntarle al joven si está deprimido o pensando en el suicidio. Esto no ha de “ponerle ideas en la cabeza”; por el contrario, esto le indicará que hay alguien que se preocupa por él y que le da la oportunidad de hablar acerca de sus problemas. En aquellos cuadros depresivos asociados a una manifiesta histeria, en pleno período de estado, hay anuncios e intentos suicidas. Pero, hay casi siempre “anuncios más o menos melodramáticos”. El hecho suele producirse, efectivamente, ante público. Por lo general, no es serio, es decir, no busca lograr la muerte. No se arroja al vacío, ni se dispara un tiro, ni piensa en tirarse a las vías. Se elige el corte en el antebrazo, tomar fármacos comunes, etc. El objeto es llamar la atención. Es un intento “utilitario” en el sentido de conseguir algún objetivo en el entorno.
En cambio los intentos suicidas del deprimido severo, son serios. Suele planearse, generalmente en cierto secreto y el cuidado que pone en su ejecución hace que casi siempre culmine en muerte. En su comienzo, el sujeto suele manifestar a quienes le rodean que “es mejor terminar con todo, así no se puede vivir, esto no tiene arreglo, es mejor desaparecer”. Es decir explicita su idea autodestructiva. Pero hasta aquí hay ambivalencia: se piensa en el suicidio, pero se resiste a la idea. Sin embargo, el riesgo aumenta, cuando el individuo parece tranquilizarse. Como antes dijimos, cesa la ambivalencia, desaparece la disyuntiva y la lucha interior; generalmente la resolución ha sido tomada y ahora se elabora la ejecución del acto. La idea suicida no es un razonamiento, sino un sentimiento.
Por ello el deprimido grave con alta tendencia suicida debe ser internado con urgencia. La aproximación psicoterápica, en el momento culminante, debe ser de apoyo, y así debe continuar hasta cesado el cuadro. Se debe insistir en luchar contra las ideas de culpa, ruina, indignidad, pesimismo. Es preciso desvalorizar estos sentimientos, quitarles vigor, minimizándolos.

Presentar su porvenir aceptable es imprescindible.

INVESTIGACIÓN:

Cifras estadísticas en nuestro país.

Uruguay tiene desde hace décadas importantes tasas de suicidio. Según un estudio realizado por el sociólogo Leonardo Calicchio para el servicio de Paz y Justicia en base a estadísticas oficiales, entre 1952 y 2002 el promedio por década siempre superó los diez casos cada 100.000 habitantes. Pero desde 1997 la tasa de suicidios comenzó a aumentar en forma considerable. En 1998 fue de 16 por cada 100.000 habitantes, y tras caer a 13,8 en 1999 trepó a 17 en 2000; en 2001 volvió a caer a 15,1 pero en 2002 llegó a 21,7, la mayor tasa registrada en la historia del país. Esta cifra ubicaría a Uruguay dentro del grupo de países con mayor tasa de suicidios, según la clasificación de la Organización Mundial para la Salud (OMS), que incluye en esa categoría a todos los que superan los 20 casos cada 100.000.

Estadísticas oficiales de suicidios en Uruguay:

 

AÑO PROMEDIO CADA 100.000 hab.
1998 16
1999 13.8
2000 17
2001 15.1
2002 21.7

Los especialistas coinciden en que se trata de un problema complejo y urgente hasta ahora ignorado por las autoridades.

Una de las personas que más se ha esforzado por torcer ese silencio es el psiquiatra Federico Dajas, jefe del departamento de Neuroquímica del Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable. A través de un procedimiento denominado “autopsia psicológica” (un cuestionario planteado a allegados de las víctimas), Dajas constató:

Cabe destacar que si se suman los suicidios que tiene origen en problemas económicos con los provocados por la pérdida de empleo, se llega a un porcentaje de 24% superior a todas las demás causas.

El estudio reveló también que en el 90% de los suicidas presentaban síntomas de problemas psiquiátricos, y el 67% tenían trastornos psiquiátricos definidos.

Incluso las condiciones meteorológicas podrían tener que ver con el alto índice de autoeliminaciones en el país, según Bustelo.” El clima de Uruguay influye en el estado de ánimo y en la forma de ser de los uruguayos más propensos a estados depresivos que causan suicidio”, afirmó

Todos los especialistas consultados coinciden en que desde 1999 hasta hoy la magnitud de la crisis económica que se instaló en el país provocó un aumento en los suicidios.

Otros datos.

Estadísticas de suicidios según el Ministerio de Salud Pública:

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 Tentativas de suicidio según el Ministerio del Interior:

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Suicidios registrados en Colonia y Canelones en relación con los registrados en el interior y en todo el país:

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SALIDA DE CAMPO.

Entrevista realizada al Psicólogo Daniel Miranda.

1) ¿Cuáles son los motivos que llevan a una persona al suicidio?

Es difícil determinar cuales fueron los motivos que llevan a una persona a tomar esta brutal decisión y puedo afirmar que éstos son particulares en cada ser.

Esto lo explicamos de la siguiente manera: si tomamos el caso de un individuo que se quita la vida a causa de una desilusión amorosa, podemos decir que no todas las personas que sufren esto, cometen suicidio. El fundamento de ésto es que cada persona se organiza psicológicamente de diferentes formas. A veces esta organización psicológica de la persona resulta patológica y esto es lo que en definitiva facilita la toma de esta decisión, dicho en otras palabras: esta organización psicológica patológica de la persona es la que la predispone muchas veces al suicidio. Tomando el ejemplo dado: aquellas personas que tienen una organización patológica, son aquellos que ante una desilusión amorosa como en este caso, tendrán mayor disposición a cometer suicidio.

El suicidio es una decisión que tiene que ver con la patología.

2) ¿Una vez que alguien se encuentra al borde del suicidio, siempre seguirá con esa idea?

No necesariamente. Pueden mantener esa tendencia por un período de tiempo limitado, superar esa crisis con ayuda tanto de su entorno como profesional “considero que ante una confesión de este tipo durante una terapia es necesaria la ayuda inmediata” pero sin embargo existen casos en que la idea nunca se abandona totalmente y pueden repetir los intentos hasta que lo logren. Existen casos además de adolescentes con intentos de autoeliminación (IAE) que luego maduran, superan esa crisis y desempeñan una vida adulta normal.; también encontramos los casos en que luego de varios años de superado el asunto se vuelve a caer en una depresión por ejemplo y que como consecuencia se atente nuevamente contra la vida.

3) ¿Si alguien ha intentado suicidarse alguna vez, hay menos probabilidad de que intenten de nuevo?

Es una pregunta que ya ha sido hablada con anterioridad pero cabe destacar lo siguiente: cuando una persona tiene IAE, muchas veces estos pueden ser con el simple fin de llamar la atención, o con la mera intención de quitarse la vida. Si hablamos del primer caso, y el entorno escucha este llamado de atención y se logra buscar ayuda, se cambia en función de este llamado, entonces esa intención puede cambiarse, invertirse. Lo que sucede con estos “llamados de atención” es que muchas veces suelen pasarse, es decir, una persona planea únicamente llamar la atención pero termina quitándose la vida. En definitiva esto es algo que nunca en realidad podremos saber. Otro de los casos que jamás quedan totalmente claros son aquellos que denominamos como “intentos encubiertos” que lógicamente no logran entrar en las estadísticas a partir de las cuales se basan los diferentes estudios. Un ejemplo de estos intentos encubiertos es en el caso de una persona que es atropellada por un ómnibus al cruzar la calle y dice a todos: “Yo no lo vi” nunca podremos estar totalmente seguros si en realidad no lo vió o se tiró a propósito.

4) ¿Está claro que los suicidas desean morir?

Esta es otra pregunta ya conversada anteriormente. Como dijimos anteriormente no resulta totalmente claro si el suicida desea morir por ejemplo o simplemente su intento fue demasiado fuerte. A pesar de ello sabemos que los suicidas no soportan la realidad o no tiene la fuerza suficiente para superar determinadas cosas y como ya hemos mencionado es algo que depende de la organización psicológica de cada persona.

5) ¿Es una idea equivocada preguntar a las personas si piensan en el suicidio. El hablar del suicidio puede darles la idea de que deben hacerlo?

Esto es algo que depende de la manera en como se le hable al supuesto suicida y de quien lo haga. Claro está que si el suicida lo plantea abierta y sinceramente, es necesario seguir hablando de ello ya que éste encontró en nosotros la confianza necesaria como para transmitir esta decisión. En aquellos casos en que en una terapia el tema sale (la mayoría de las veces suele tratarse el tema) el profesional tratante deberá saber como manejar eso. Lo que si es claro en estos casos es que si de una persona nace el transmitir esta decisión seriamente a los demás es porque ya ha pensado en el suicidio como una salida y que además puede planearlo hacerlo en un futuro no tan lejano. Lo que nunca sabremos en realidad es que si al hablar de ello con una persona que no ha dado señales claras de haber pensado en el suicidio, es si en definitiva le estaríamos dando la idea o no.

6) ¿Si una persona deprimida o a punto del suicidio se encontrara mejor, esto generalmente quiere decir que el problema se ha solucionado?

Esto resulta relativo pues pueden existir muchas veces recaídas sobre todo en los casos de depresión incluso cuando hayan pasado ya muchos años. Existen además (y esto ya ha sido mencionado) casos de adolescentes que han intentado suicidarse pero que de adultos jamás lo han repetido ni han mantenido esa idea.

7) ¿Corren mayor riesgo de quitarse la vida los chicos jóvenes?

Esto no es obligatoriamente necesario lo que si ocurre es que son los jóvenes los que pueden tener mayor predisposición en la medida en que están mucho menos entrenados que los adultos a sufrir, a elaborar duelos, a sobrepasar situaciones límite, etc. Lo que suele suceder con los jóvenes es que ellos muchas veces toman determinadas cosas como el centro único de sus vidas y al moverse esto no encuentran el sentido a su vida y la única salida que encuentran es la muerte. El adulto es más experimentado y por este motivo tiende a ser más fuerte; aunque debemos destacar nuevamente que esto no suele ser así en todos los casos pues depende de si la organización psicológica del individuo es o no patológica.

8) ¿Las personas que hablan de ello tienen menor probabilidad?

No es preciso determinarlo lo que podemos decir es que aquellos que dicen: “Me voy a matar” están dando muchas veces un llamado de atención menos drástico que un intento de suicidio. Hay otras personas que en cambio, lo piensan pero no lo dicen y terminan muchas veces quitándose la vida. Lo ideal sería tomar todos los casos a tiempo y saber descifrar los mensajes del suicida. En muchos casos los llamados no son tan evidentes sino que vienen descifrados; muchas veces no son verbales sino que corresponden a actitudes, desalineos, alejamientos, etc.

CONCLUSIÓN.

Al concluir nuestra investigación logramos ampliar nuestros conocimientos respecto al fenómeno del suicidio, sus factores de riesgo el fenómeno de la depresión, sus síntomas y las formas de prevenirlo y lo relacionamos con las cifras de suicidio a nivel nacional. En definitiva podemos decir que cumplimos con cada uno de los objetivos del grupo.

En lo que respecta al suicidio debemos entenderlo como una acción voluntaria cuyo único fin consiste en quitarse la vida o permitir que la muerte suceda; tal como expresó Durkheim, “toda muerte, mediata o inmediata, de un acto positivo o negativo ejecutada por la misma persona se considera suicidio”.
El acto del suicidio se ha dado a lo largo de la historia de la humanidad de distintas maneras y contempla diversas causas: sociales, culturales, psicológicas, físicas, genéticas y aquellas derivadas de la influencia de los Medios Masivos de Comunicación.
A lo largo de este informe hemos logrado investigar que el suicidio se considera muchas veces como una forma de comunicación. Esta posee mucho sentido y gran importancia y es clasificada según su forma, si es directa o indirecta, según la sustancia o el contenido, el objeto de la comunicación y la finalidad de la misma. Esto constituye lo que anteriormente denominamos como “llamados de atención” que en definitiva buscan algún cambio, es decir, son una forma de comunicarse.
Podemos enunciar a modo de conclusión del tema que las características del fenómeno al cual estamos refiriendo son las siguientes: destrucción total, mutilación, amenazas, indicaciones verbales de la intención del suicida, desesperación, depresión, infelicidad, consuelo, imposibilidad de hacer frente a los problemas, culpa, etc.

En lo que respecta al control del suicidio podemos destacar que este puede llevarse a cabo tanto de forma interna como externa.
Las personas vinculadas estrechamente con la víctima suelen tener diversas reacciones, tales como sentimientos de pérdida, tristeza, rabia, culpa, vergüenza o confusión, responsabilidad por la muerte, fracaso, asombro, duda, repulsión, etc. También hay casos en que han expresado sentir alivio por quedar libres de molestias.

A modo de conclusión general podemos decir que cumplimos con todos los objetivos planteados con anterioridad y que el ayudar a terminar con este fenómeno, que constituye uno de los objetivos principales de nuestra investigación, se cumplirá en cuanto este proyecto sea difundido.

Cabe destacar que la forma de prevención del suicidio más adecuada según ésta investigación es la búsqueda de ayuda profesional (terapias, psicoanálisis, etc.) ante la detección de los síntomas más evidentes del suicidio y depresión. También según lo expresado por el psicólogo entrevistado, muchas veces la mejor forma de combatir este fenómeno es hablando del tema con aquellas personas de mayor confianza del suicida y hasta un profesional que tome seriamente el asunto.

Valoraciones personales:

María Noel Beretta: “Desde un primer momento me interesó el tema para desentrañarlo ya que no es muy difundido y es realmente interesante, viéndolo tanto desde una perspectiva actual como desde una histórica. Espero sea útil para todo aquel que lo lea ya que en nuestra sociedad necesita mucha información y prevención en cuanto al suicidio.”

Malena Autino: “Me pareció un tema muy importante y además muy interesante, porque a través de el pude entender y aprender diferentes posturas y casos en cuanto al tema. Además hacer este tipo de trabajo me parece muy bueno para que a través de el, la sociedad tome conciencia en cuanto al fenómeno del suicidio”

Evangelina Torres: “El tema tratado en el informe me pareció realmente importante tanto para mi como para todos. A través de éste pude informarme acerca del fenómeno del suicidio, sus síntomas, factores de riesgo, la depresión y demás aspectos tratados en el ensayo. Pero lo que me resultó más instructivo aún fue el aprender que hablar del asunto con aquellos que lo plantean podría (si se hace correctamente) cambiar el parecer de esa persona y así evitar que tome esta decisión. En definitiva así pudimos encontrar las formas de prevención para este fenómeno que es para mí lo más importante además de que la investigación se difunda”.

Victoria Boccagni: “Desde mi punto de vista me pareció un tópico muy atractivo, ya que este tema afecta a todo la sociedad uruguaya y a todo el mundo. Con esta monografía tratamos de informar a toda la población que esté interesada en tomar conciencia sobre este problema”

Valeria Ferrer: “En lo que a mi concierne el tema es de vital importancia porque el suicidio es un acto evitable en cuanto se detecten a tiempo los síntomas que pueden derivar en suicidio y conocerlos nos ayudará a ayudarnos a nosotros mismos y a los demás.”

ANEXOS:

1) Entrevista realizada a:

Una socia del SMU. Revista del Sindicato Médico Ed. 34. Abril 2000

Último recurso: Una respuesta desde la comunidad.

En Uruguay se suicida más de una persona por día. Un dato angustiante. En una sociedad acostumbrada al «silencio» hay informaciones que pueden ser urticantes. Los gobiernos y las instituciones del mundo no divulgan las cifras supuestamente por temor al contagio. Pero ¿y la prevención?, ¿y la información?

La psiquiatra Silvia Peláez es directora de la única institución que en Uruguay trabaja en prevención del suicidio. Un tema que teme ser reconocido y sobre el que tratamos de no hablar demasiado, porque suele desconcertar.

Casi nadie sabe que hay de dos a tres uruguayos que se suicidan por día. Son más de 400 suicidios al año. La mayoría que se suicidó visitó antes consultorios médicos y dio señales que no fueron leídas porque no hay una preparación en los médicos y además el suicida puede ser no demasiado directo.

Habría por parte del cuerpo médico una falta de «lectura» del tema.

Claro, me parece importante que los médicos empiecen a pensar que entre las personas que los consultan puede haber riesgo suicida.

Muchas veces nos manejamos con el estereotipo del suicida. Como un tipo encerrado, que no comunica, que no se puede prever. ¿Esto cuestiona el consultorio médico como lugar de referencia para atender esos casos?

No es que sea cuestionado pero sí parecería que no hay la suficiente formación ni interés ya que los médicos somos atravesados por los mismos mitos que la población general, como el que dice que el que se quiere matar no avisa, por ejemplo, que es un mito. O que el que se va a matar igual se mata, se haga lo que se haga, que el suicidio no es evitable, mitos que también atraviesan al médico, sin embargo éste podría ser referencia y detectar los casos. Así como un tumor en una mama palpado a tiempo podría no ser nada maligno o un neoplasma en forma precoz, también debería avizorar las señales a partir de las cuales estar más atento. Pero para empezar debería darle importancia al tema y promoverse una sensibilización.

¿Cómo aborda Último recurso la prevención del suicidio?

El suicidio es evitable, si hay alguien que escucha no hay suicidio. Con redes sociales de sostén que colaboren con el profesional, el suicidio es evitable. Y los primeros auxilios psicológicos los puede y los debe dar cualquiera: un sacerdote, un policía, un médico, un vecino.

Todos podemos aprender, siendo más sensibles y con una escucha menos obturada a lo que es el dolor. Mucha gente piensa que es ridículo llamar a la ONG y pedir ayuda, como que se disculpan porque dicen que vieron a tal familiar en tal situación. Tienen miedo a hacer el ridículo si plantean algo que después no va a pasar.

Llevado a un plano médico, ¿cómo piensa que debería operar el cuerpo médico en este caso, cuáles son los elementos que como profesional o como ser humano pueden contribuir?

Donde se ve agravada la responsabilidad. Para empezar hay un plano que ya es político y general, y es que la consulta debería durar un poco más. Poder jerarquizar lo que llamamos el médico de cabecera, en el vínculo con el paciente como referencia a los temas que no solo son de la salud física sino de un sentirse bien o mal y de una situación social que muchas veces es la desencadenante del suicidio. Una de las cosas que podría ayudar es que en la ficha médica se pregunte si hay antecedentes familiares de suicidio, antecedentes personales de intento de suicidio, que se detectara la depresión, si la persona está o no desocupada , ya que el desempleo en los varones de mediana edad es un desencadenante, la jubilación compulsiva y la situación afectiva, que se pregunte como parte del interrogatorio médico.

¿Cómo está conformada la ONG y cómo trabaja?

La ONG está formada por siquiatras, psicólogos, estudiantes de psicología, asistentes sociales, estudiantes de enfermería, y trabajamos con un contacto que primero es telefónico, que no se queda allí porque no estamos de acuerdo en la asistencia telefónica.

Eso es importante porque si no, se distorsiona toda la clínica, sea orgánica o sea mental. Que sea el gancho para una entrevista personal, con un colega o con nosotros, pero siempre tiene que haber una entrevista personal. En lo que llamamos puerta de entrada son dos profesionales que atienden.

Se hace un promedio de dos a cuatro entrevistas donde se aborda la situación de riesgo suicida, lo que llamamos terapia de crisis y luego, de acuerdo a cada situación, se hace un tratamiento más largo. Recordar que, por ejemplo, el primer año después de un intento de suicidio es el de más riesgo. En Cuba, por ejemplo, el paciente tiene que ver al psiquiatra una vez por semana un año entero.

Y si no lo ve, el médico manzanero le golpea y le dice ¿qué le pasó que faltó?

Usted habla de ciertas peculiaridades que se dan en cuanto a las características de la tipología del posible suicida. Una lectura bastante insuficiente maneja el suicidio como una agresión.

Nadie está libre de pasar por la situación de riesgo suicida, en la que todos podemos entrar y salir. No se puede ver al suicida como una persona que esté maldita, que nos quiere llamar la atención, nos quiere agredir, y puede ser, pero porque se siente mal. Hay que darle atención hasta que aprenda a llamar la atención de un modo más sano.

Desde la psiquiatría social decimos que si el suicidio es algo que se comete en soledad, el suicida lo que estaría haciendo es ser el portavoz del grupo del cual es emergente y además el grupo es emergente de la colectividad toda, por lo tanto sería un problema de todos, porque de alguna manera estaría representando a los de su grupo y ese sería un argumento más que nos responsabilizaría a actuar. Si no queda él como depositario de la locura, de la agresividad, de la problemática, sabiendo que siempre se vuelve una causal multifactorial.

¿Qué hacen con los casos que llegan a la ONG?

Al paciente se le da tratamiento individual. Casi todos los pacientes llegan en crisis y no están en condiciones para ir a un tratamiento grupal. Lo que se puede hacer en grupo es trabajar con poblaciones de riesgo que no están pasando la situación de riesgo suicida para hacer trabajo operativo, pero no con el consultante porque está en un estado muy regresivo y centrado en lo que le pasa a él. Entonces es mejor ayudarlo a cuidarse para que después pueda relacionarse. Hay cada día más suicidas en la población adulta mayor.

¿Es un tema de género, también?

En la organización nos movemos con perspectivas de género. Se suicidan más los varones y lo intentan más las mujeres. El varón es una persona con más dificultad para expresar los sentimientos y con más facilidad para tomar métodos agresivos. Se vive a lo hombre y se muere a lo hombre. Los varones consultan por un tema de pérdida del poder y las mujeres por pérdida de los afectos.

Eso da una variable de género interesante que debe tenerse en cuenta en el abordaje.

¿Hay una visualización por opciones sexuales?

Dentro de la homosexualidad masculina se suicidaban más en Inglaterra hasta que fue más aceptada a nivel social. No era un problema interno, sino de aceptación.

Porque un elemento para condenar la homosexualidad es que la soledad lo lleva a suicidarse.

No. Fijate qué pasa con muchos varones con una construcción de género muy machista que se matan en medio del campo. Y el tema central del suicidio en la homosexualidad es el rechazo por la sociedad.

¿La existencia del sida ha afectado?

Hemos tenido consultas de posibles portadores que manifiestan que si son seropositivos se matan. Y otro momento de riesgo es cuando se deja de ser HIV positivo y se pasa a ser enfermo. Después se estabiliza, sobre todo en las personas que están con grupos de apoyo.

Hay una especie de lugar común que dice que «el que quiere suicidarse se suicida» para desvalorizar el intento frustrado o la amenaza.

Eso es un mito. Cuantos más intentos de suicidio, hay más riesgo de que la persona se mate. O porque no más se mate o porque al descalificar lo que hizo no se sintió comprendida. Ese intento es una oportunidad para que se interprete lo que se quiere decir. Porque en realidad, el que se quiere suicidar no se quiere morir sino que quiere dejar de vivir de esa forma.

Ese acto y hasta el suicidio mismo tienen un significado: a veces pasar a ser importante en la vida de alguien. Quedar como congelado narcisísticamente, marcar un enojo con alguien o salir de una situación que uno no puede manejar, como manera de huir de eso, como en el caso de la violencia doméstica. Pero no dejar de vivir en el sentido orgánico.

Si yo en lugar de decodificar lo que la persona me quiere decir, lo obturo, estoy aumentando la probabilidad. Los que se han matado tienen intentos atrás y no han sido interpretados. Es una buena oportunidad para intentar decodificar lo que se quiere decir.

Además, si es algo «para llamar la atención» a veces hay problemas con las dosis y lo que una vez no le hizo mal, puede luego dañarlo. Es una ruleta rusa de alguien que además está sufriendo.

¿Qué pasa con la persona en riesgo suicida?

Se fomenta la inserción en otros grupos que tienen que ver con ellos, ya sean gremiales, políticos, culturales, religiosos y además vemos que una de las fichas dice inserción social y que ella es muy baja y en la medida en que se va mejorando, eso cambia. Por ejemplo en la relación social que tiene con los compañeros de trabajo, que no tiene vínculos íntimos, y la mejoría está en que empieza a tener vínculos familiares heredados pero no conquistados. El abandono de la pareja le resulta muy doloroso.

Uno de los rescates es solicitar ayuda a la comunidad, al vecino, al tío y al compañero de trabajo, y le imponemos algunos vínculos pero que los recibe muy bien porque vale esa pequeña invasión.

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