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Los Estados Unidos es una nación de adictos. Según una encuesta de 2001 dirigida por the Substance Abuse and Mental Health Services Administration (SAMHSA), hay 16 millones drogadictos, 13 millones de bebedores empedernidos y 66 millones de fumadores en los Estados Unidos. Eso no incluye a personas que comen excesivamente, jugadores de apuestas, personas que se ejercitan de manera compulsiva y personas obsesionadas con el sexo. Sin embargo la mayoría de la gente es capaz de comer, beber y ejercitarse sin volverse adicto a esas actividades. ¿Por Qué?

Definiendo la Adicción

Los neurocientíficos definen la adicción en términos médicos como “una enfermedad cerebral   crónica, con recaídas.” La adicción es considerada una enfermedad cerebral porque altera al cerebro de maneras fundamentales y duraderas. Eso no es sorprendente cuando considera que el cerebro cambia constantemente en respuesta a nuestras experiencias diarias. Por ejemplo, cuando un estudiante aprende que los Peregrinos desembarcaron en 1620, el cerebro se afecta sólo por esa pequeña pieza de información. Imagine los cambios más dramáticos producidos por sustancias poderosas como ¡el alcohol y la heroína!

Hay 3 etapas relacionadas en la adicción:

  • Etapa 1: Efecto Agudo de la Droga
    • En esta etapa temprana, el individuo experimenta los efectos gratificantes de la droga adictiva. La dopamina es el químico cerebral clave implicado en esta etapa.
  • Etapa 2: Transición a la Adicción
    • En esta etapa, las transiciones individuales del uso recreacional a la adicción real. La glutamina es el químico cerebral clave implicado en esta etapa.
  • Etapa 3: Fin de la Etapa de Adicción: En la etapa final, el individuo
    • Experimenta un fuerte impulso por tener la droga adictiva
    • Pierde el control por el deseo de buscar la droga
    • Experimenta una disminución en el placer después de usar la droga adictiva

 

Los científicos han trabajado las dos rutas principales en el cerebro responsables de la adicción. Primero, hay una ruta mesolímbica mediada por la dopamina. Segundo, la corteza prefrontal, el centro de toma de decisiones, es responsable de controlar cualquier respuesta de recompensa inapropiada. Se ha demostrado claramente que la adicción a la droga puede llevar a cambios físicos en estas rutas.

Las técnicas de imágenes neuronales como tomografía por emisión de positrones y imágenes por resonancia magnética han documentado cambios reales en el tamaño y forma de las neuronas en los cerebros de los adictos. Las redes de neuronas determinan nuestros sentimientos y comportamiento. Las drogas influyen en el comportamiento transformando la manera en que estas redes funcionan, según el Dr. Stephen Hyman, exdirector del National Institute of Mental Health.

La Conexión de la Dopamina

El vínculo biológico entre todas las adicciones es la dopamina. Este químico cerebral se libera durante las actividades placenteras que varían desde el sexo y la alimentación hasta comportamientos más perjudiciales tales como beber y consumir drogas. “Si una droga o una actividad produce un fuerte repunte en la dopamina, existe una enorme posibilidad de que a la gente le gustará, lo experimentarán como agradable y será adictivo,” dice Alan Leshner, PhD, del National Institute on Drug Abuse.

Una droga poderosa como un crack de cocaína eleva los niveles de dopamina mucho más rápido que las actividades placenteras normales. Crea los clásicos sentimientos inducidos por la droga de sensación estimulante y poder. En un experimento destacado de 1950, los científicos estimularon cerebros de roedores y encontraron que los animales siguieron regresando al lugar donde recibieron la estimulación.

Volviéndose y Permaneciendo Adicto

Caer en las drogas causado por una disminución en los niveles de dopamina. Si fuerza a las neuronas a producir dopamina excesiva de manera regular, se estresan y producen menos dopamina. Con el tiempo, los adictos se deprimen y necesitan drogas sólo para estimular la dopamina a niveles normales. Se quedan atrapados en un ciclo de ansias y adicción para evitar los síntomas de abstinencia y depresión.

Leshner cree que una vez que una persona cruza la línea de usuario a adicto, el cerebro está tan cambiado que ya no puede controlar su comportamiento. ” . . . La verdad es que la adicción no es un comportamiento voluntario. En realidad es un estado diferente,” él explica. “Es difícil para la gente entender eso, pero si consume drogas hasta el punto de adicción, funcionalmente se mueve a un estado diferente. Un estado de abuso de drogas compulsivo, incontrolable.”

Esta transformación ayuda a explicar por qué es tan difícil acabar con una adicción. “No hay un motivador más poderoso que el ansia por drogas y la necesidad de ellas,” dice Leshner. Las ansias son más importantes que el retraimiento físico al mantener a un adicto enganchado. Las drogas como la cocaína y la metanfetamina, distintas de la heroína y el alcohol, no producen síntomas de abstinencia física intensa, pero sí producen ansias irresistibles. Estas ansias pueden despertarse por estímulos externos o internos que son tan inocuos como caminar por un bar o sentirse tristes, según Patricia Owen, PhD, directora de Research and Development de the Hazelden Foundation en Minnesota.

¿Una Personalidad Adictiva?

Aunque los investigadores han intentado determinar el tipo de persona que se vuelve adicta, han fallado en identificar una “personalidad adictiva,” según Owen. Sólo después de que la gente se vuelve adicta es que surgen ciertos rasgos comunes de personalidad, como “dificultad de gratificación dilatoria, egocentrismo, falta de concentración e impaciencia,” dice Owen.

Sol, un ex alcohólico y drogadicto se volvió orientador de adicción y administrador en una instalación de tratamiento muy importante, cree que usar un término como personalidad adictiva “describe una imagen desesperada. Algunas personas son muy compulsivas, pero pueden cambiar,” él dice. Es más, de acuerdo con Owen, el 60% de los adictos usan tanto alcohol como drogas y el 80% de los alcohólicos también fuman.

Muchos profesionales de la adicción creen que la adicción se origina de una combinación de factores biológicos, psicológicos y ambientales. “‘El Gran Libro’ de Alcohólicos Anónimos describe al alcoholismo como una enfermedad física, emocional y espiritual. Sabían los efectos fisiológicos antes de que fueran capaces de hacer las tomografía por emisión de positrones para observar realmente los cambios,” dice Owen.

La evolución a la adicción puede desarrollarse de esta manera: Sue podría tener una predisposición genética o biológica a una adicción. Si ella crece en una familia y ambiente sin adicción o estrés, nunca podría comenzar el uso casual. Sin embargo, si Sue crece en un familia estresada o en un ambiente donde el abuso de sustancias es común y se tropieza con más tensiones como adulta con el tiempo, podría pasar del uso casual a regular para la adicción verdadera.

Sabemos que los hijos de alcohólicos tienen cuatro veces mayor riesgo de volverse alcohólicos que los hijos de los no alcohólicos. Los científicos también están estudiando si los adictos nacen con endorfinas inadecuadas, los químicos cerebrales que regulan el estrés.

Dejándolo

Ser un adicto significa que la adicción ha abrumado su existencia total. “Cuando habla con los drogadictos sobre sus experiencias, le dirán que no hay nada en su vida excepto las drogas,” dice Leshner. Así que acabar con una adicción a menudo implica cambios del estilo de vida importantes. Para Sol, significó perder a la mayoría de sus amigos que también eran adictos. También tuvo que lidiar con sentimientos que había contenido por años con las drogas. “Usar drogas lo previene de aprender a cómo manejar las emociones. Usted no experimenta el proceso de maduración,” él explica.

La fuerza de voluntad no es un factor para dejar la adicción debido a que la adicción también daña esa facultad. Es por eso que Leshner lo llama una “enfermedad de recaídas.” La mayoría de los adictos que buscan tratamiento recaen varias veces antes de dejar el hábito.

Tratamientos Nuevos

Durante años, las adicciones a la heroína y narcóticos han sido tratadas exitosamente con metadona, la cual mitiga los síntomas de abstinencia y bloquea el efecto de la droga. La naltrexona es otro fármaco comúnmente usado para la adicción de alcohol y narcóticos.

Un fármaco nuevo, bunenorfina, ha mostrado resultados prometedores al tratar a los adictos narcóticos. Útil para la desintoxicación, la bunenorfina (normalmente combinada con la naltrexona) también puede usarse para terapia de mantenimiento. La bunenorfina tiene menos “efecto de altura” en relación con la metadona y puede recetarse por psiquiatras y otros médicos que han recibido capacitación especial breve. En contraste, la metadona, sólo puede prepararse en una clínica autorizada especialmente. Por otro lado, los científicos están trabajando en una “vacuna” contra la cocaína, la cual podría usarse para inocular a los adictos que recaen.

Sin embargo, es poco probable que una píldora mágica alguna vez sea encontrada para “curar” la adicción. “Sin importar lo que hace con el medicamento, creo que siempre necesitará tratamiento psicológico para proporcionar apoyo y controlar el comportamiento,” dice Jan Kaufman, Director de Substance Abuse Treatment en the North Charles Foundation en Cambridge, Massachusetts.

Por otro lado, el ejercicio aeróbico ofrece una manera simple y natural de ayudar a combatir la adicción. Durante el ejercicio aeróbico, los niveles de dopamina se incrementan en las áreas del cerebro involucradas con la adicción y los sentimientos de depresión y ansiedad disminuyen.

Diagnosticando la Adicción

Los problemas de drogas y de alcohol pueden afectar a cualquiera de nosotros sin importar edad, sexo, raza, estado civil, lugar de residencia, nivel de ingreso o estilo de vida.

Podría tener un problema con las drogas o el alcohol, si:

  • Si no puede predecir si usará o no drogas o se emborrachará.
  • Cree que necesita beber y/o usar drogas para divertirse.
  • Recurre al alcohol y/o drogas después de una confrontación o discusión o para aliviar sentimientos incómodos.
  • Necesita beber más o usar más drogas para obtener el mismo efecto como lo tuvo previamente.
  • Bebe y/o usa drogas solo.
  • Tiene periodos de pérdida de memoria.
  • Tiene problemas en el trabajo, en la escuela o en sus relaciones personales por beber o usar drogas.
  • Se hace promesas o a otros de que dejará de emborracharse o de usar drogas pero es incapaz de cumplirlas.
  • Se siente solo, atemorizado, triste y deprimido.

 

Adaptado de “Just the Facts” publicado por la US Substance Abuse and Mental Health Services Administration.

En el número de Diciembre de la revista Nature Neuroscience Reviews Volkow y Li (Volkow & Li, 2004) revisan diferentes avances sobre la neurobiología de las adicciones, y las implicaciones para la comprensión de dichos trastornos.

Volkow y Li son dos investigadores que trabajan para dos instituciones estadounidenses (Volkow trabaja en el National Institute on Drug Abuse(1), y Li en el National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism(2)) dedicadas al abordaje de las diferentes problemáticas en relación con el abuso de sustancias. Lo cual pasa por la mejora de los tratamientos (principal preocupación que compartimos los clínicos), pero también del fomento del estudio de la etiología, el desarrollo de estrategias de prevención a nivel social, la mejora de las leyes, la percepción social de las personas con adicciones o la implicación de las compañías farmacéuticas en el desarrollo de nuevos fármacos para el tratamiento de las adicciones.

En su revisión de los nuevos avances de la neurobiología de las adicciones, inevitablemente están presentes todos estos intereses, y el trabajo pretende una concienciación a distintos niveles, profesional, institucional y social de una perspectiva médica de las adicciones, para que pasen a ser vistas como enfermedades cerebrales crónicas. Presentan para ello una actualización de los conocimientos neurobiológicos de las adicciones, planteando que tras el uso crónico de sustancias se producen unas modificaciones a nivel cerebral de larga duración que explicarían gran parte de las conductas asociadas a la adicción, como la compulsividad en el consumo, o la concentración del interés en torno al consumo con abandono de otras áreas.

Voy a resumir los principales datos que exponen en su trabajo en cuanto a los mecanismos subyacentes en el mantenimiento de las adicciones (el eje central de su trabajo), dejando de lado algunos apartados como los dedicados a la prevención (lo más precoz posible en la adolescencia, programas educativos sobre riesgos, combinados con desarrollo de actividades alternativas, todo ello adaptado según el contexto sociocultural), tratamiento (abordaje multidisciplinar combinando el tratamiento farmacológico con abordaje psicoterapéutico no sólo limitado al abordaje de síntomas diana sino que pueda contemplar implementar funciones deficitarias o no existentes) por ser de menor novedad, o los de política sanitaria.

Fundamentos para la revisión de esta área de conocimiento

Por una parte, estudios recientes han mostrado que el uso repetido de drogas produce cambios en el cerebro que permanecen durante largos períodos y limitan el control voluntario. Esto unido a los nuevos conocimientos sobre el modo en que los factores ambientales, genéticos y evolutivos contribuyen a la adicción, proporcionan una base según los autores como para modificar el abordaje de la prevención y el tratamiento de las drogadicciones.

A lo largo de todo el trabajo, Volkow y Li se refieren a la “adicción a drogas”, que definen como un intenso deseo por la droga con una capacidad reducida para controlar el ansia de consumir dicha sustancia, incluso al precio de consecuencias adversas serias. El uso de este término, pretende evitar confusiones con la dependencia física que aparecería en la “dependencia a drogas”, tal y como se define el trastorno en el DSM-IV(3).

Las manifestaciones conductuales aberrantes que ocurren durante la adicción han sido entendidas por muchos como “elecciones” del individuo adicto, pero estudios de neuroimagen cerebral recientes han revelado una disrupción subyacente en regiones que son importantes para los procesos de motivación, recompensa y control inhibitorio. Esto plantearía la adicción a las drogas como una enfermedad cerebral, y el comportamiento anormal asociado sería resultado de la disfunción del tejido cerebral. Así, aunque inicialmente la experimentación y el uso recreativo de la droga es voluntario, una vez se establece la adicción este control se ve afectado notablemente. No obstante, no todos los adictos experimentan estos cambios a nivel cerebral lo que plantea la necesidad de más investigación en este campo.

 Para que se desarrolle la adicción, se requiere la exposición crónica a la sustancia, e implica interacciones complejas entre los factores biológicos y ambientales. Esto quizás explique el porqué unos individuos se vuelven adictos y otros no, y el fracaso de modelos puramente biológicos o puramente ambientales a la hora de intentar comprender estos trastornos.

 Recientemente se han producido importantes descubrimientos sobre el modo en que las drogas afectan a la expresión genética(4), a los productos proteicos y a los circuitos neuronales, y sobre cómo dichos factores biológicos pueden afectar al comportamiento humano.

 La adicción: un trastorno del desarrollo.

Diversas conductas normales durante la adolescencia (etapa en la que suelen iniciarse las adicciones) -como la toma de riesgos, la búsqueda de novedades o la respuesta a la presión del grupo- incrementa la propensión a experimentar con drogas legales e ilegales, lo que pudiera ser un reflejo de un desarrollo incompleto de determinadas áreas cerebrales (por ejemplo, mielinización de algunas regiones del lóbulo frontal), implicadas en los procesos de control ejecutivo y motivación. Además, los estudios indican que la exposición a las drogas durante la adolescencia puede producir efectos funcionales y estructurales diferentes a si la misma exposición se produce en adultos. Por ejemplo, en roedores se ha observado que la exposición a la nicotina en la etapa equivalente a la adolescencia produce un incremento del valor de refuerzo de la nicotina en etapas ulteriores de la vida, amén de múltiples cambios en los receptores celulares. Se requieren más trabajos para determinar si es esta la razón por la que los adolescentes parecen hacerse adictos a la nicotina con menos exposición que los adultos. Igualmente sería interesante conocer si neuroadaptaciones similares ocurren con el uso del alcohol en la adolescencia, que pudieran explicar la mayor vulnerabilidad al alcoholismo en individuos que empezaron a tomar alcohol a una edad temprana.

 Neurobiología de las drogas de abuso.

Diversos neurotransmisores se han implicado en los efectos de las drogas de abuso (GABA, glutamato, acetilcolina, dopamina, serotonina, o las endorfinas). De estos, la dopamina se ha asociado de forma consistente con el efecto de refuerzo de la mayoría de las drogas de abuso. Estas aumentan las concentraciones de dopamina extracelular en regiones límbicas, incluyendo el núcleo accumbens. Específicamente, dichos efectos de refuerzo parecen deberse a su capacidad para sobrepasar la magnitud y la duración de los incrementos rápidos de dopamina que desencadenan los refuerzos naturales como la comida o el sexo. Dichas diferencias cuantitativas y cualitativas con respecto al incremento de dopamina que las drogas inducen explicarían porqué los refuerzos naturales no conducirían a la adicción (5).

El efecto sobre la dopamina es directo en algunas drogas (cocaína, anfetamina, éxtasis), mientras que otras sustancias afectan a neurotransmisores implicados en la regulación de la dopamina (nicotina, alcohol, opiáceos o marihuana).

Según parece, y a diferencia de lo que se creía hasta ahora, los incrementos de dopamina no se relacionan directamente con la recompensa, sino con la predicción de recompensa y con la “relevancia”. La relevancia se refiere a la capacidad de ciertos estímulos o cambios ambientales para producir una activación o desencadenar un cambio atencional-conductual. La relevancia, que añadida a la recompensa, se aplica a los estímulos aversivos, nuevos e inesperados, afecta a la motivación para buscar la anticipada recompensa y facilita el aprendizaje condicionado. Esto proporciona una perspectiva diferente de las drogas, ya que implica que los incrementos de dopamina inducidos por las drogas motivarán inherentemente la búsqueda de más droga, independientemente de si los efectos de la droga son conscientemente percibidos como placenteros o no.

Los incrementos de dopamina inducidos por las drogas facilitan asimismo el aprendizaje condicionado, de manera que los estímulos neutros que se asocian con la droga quedan condicionados (por ejemplo encuentros con cierta gente, ciertos lugares como discotecas, etc.). Una vez condicionados, pueden por sí mismos aumentar la dopamina y desencadenar el deseo de consumir. Esto puede explicar el riesgo de las personas con una adicción de recaer cuando se exponen a un entorno en el que previamente se ha consumido la droga, y englobaría parte de lo que Ingelmo y cols. han denominado el “contexto drogado” (Ingelmo y cols., 2000).

Neurobiología de la adicción a las drogas

La adicción es probablemente el resultado de los cambios neurobiológicos asociados con alteraciones crónicas e intermitentes a niveles suprafisiológicos de los sistemas dopaminérgicos. Volkow y cols. (Volkow y cols., 2004) han postulado que las adaptaciones en estos circuitos dopaminérgicos hacen al adicto más sensible a los picos (incrementos rápidos) de dopamina que se producen con las drogas de abuso, y menos sensibles a los incrementos fisiológicos producidos por los refuerzos naturales (comida y sexo). Estas adaptaciones ocurren tanto a nivel de la fisiología celular (alteración de factores de transcripción, que regulan la expresión de determinados genes, algunos en particular implicados en plasticidad de las sinapsis), como a nivel morfológico en los circuitos cerebrales regulados por la dopamina. Por ejemplo, la administración crónica de cocaína o anfetaminas a roedores produce un aumento de la densidad tanto de dendritas como de espinas sinápticas en el núcleo accumbens y en la corteza prefrontal. Este cambio morfológico se cree que facilita un incremento de la valencia motivacional de la droga.

 Igualmente, hay cambios a nivel de los neurotransmisores, no sólo para dopamina, sino también para el glutamato, el GABA, la serotonina o los opiáceos. Estos cambios determinan un funcionamiento alterado de determinados circuitos cerebrales, algunos de los cuales están implicados en la asignación de relevancia o el control de la inhibición; alteración que se asocia a conducta compulsiva (corteza orbitofrontal) y desinhibición (circunvolución anterior del cíngulo). Dichas anomalías en estas regiones frontales del cerebro pudieran estar tras la naturaleza compulsiva de la administración de la droga en los adictos o en su incapacidad para controlar las ansias de consumir cuando se encuentran expuestos a la droga. En adictos a cocaína, los estudios de neuroimagen muestran un descenso de la actividad dopaminérgica (estimada por la densidad de receptores D2) en la corteza orbitofrontal y en la región anterior de la circunvolución del cíngulo. La dopamina tiene una función inhibitoria, que al perderse podría redundar en un exceso de actividad en dichas áreas. Asimismo, parecen existir cambios a nivel de circuitos dopaminérgicos mesocorticales (6).

Vulnerabilidad a la adicción

 Factores genéticos: Se estima que entre el 40-60% de la vulnerabilidad a la adicción se explica por factores genéticos. Existen datos sobre numerosas regiones cromosómicas asociadas al abuso de drogas pero sólo unos cuantos genes en humanos que presentan un polimorfismo donde la presencia de un alelo bien predispone o protege frente a la adicción entre otras, al alcohol, la nicotina o la codeína. No obstante, la mayoría de los estudios genéticos están pendientes de ser corroborados mediante la replicación de los mismos.

Factores ambientales: Se ha asociado la propensión a auto-administrarse drogas el bajo nivel socioeconómico, el apoyo parental pobre y la disponibilidad de la droga. El estrés puede ser un factor común en numerosos factores ambientales que incrementan el riesgo de abusar de drogas, si bien los mecanismos últimos a través de los cuales ejercería el estrés su influencia no se conocen en detalle.

 Existen algunos datos procedentes de estudios de neuroimagen en animales, donde factores ambientales modifican el cerebro y estos cambios a su vez, alteran las respuestas conductuales a las drogas de abuso. Por ejemplo, en primates el estatus social afecta a la expresión de receptores dopaminérgicos (D2) a nivel cerebral, lo que a su vez modifica la propensión a la auto-administración de cocaína. Así los animales con un rol dominante tienen una alta densidad de receptores D2 y son reacios a administrarse cocaína, y lo contrario en los de rol sumiso. En estudios con animales, se ha demostrado que el incremento de receptores D2 en el núcleo accumbens disminuye marcadamente el consumo de drogas. Este mecanismo se postula como una posible explicación del modo en que los estresores podrían modificar el riesgo de consumir drogas.

Comorbilidad con enfermedades mentales: El riesgo de abuso de sustancias y de adicción es mayor en pacientes con enfermedades mentales, lo que probablemente refleja una superposición de factores genéticos, ambientales y neurobiológicos comunes. Es probable no obstante que se den diferentes factores neurobiológicos dependiendo del curso temporal. En algunos casos la adicción a drogas y los trastornos mentales parecen suceder de forma independiente, pero en ocasiones puede ocurrir una dependencia secuencial (7). Si la dependencia es lo que ocurre primero, esto podría representar que alguno de los cambios neurobiológicos inducidos por el consumo crónico puede predisponer a la dependencia.

 Comentario final
 Hechas las salvedades sobre las posibles motivaciones subyacentes en los autores, existen algunos datos que empiezan a ser relevantes de cara a nuestra práctica clínica.
En el plano teórico, se apunta un posible sustrato neurobiológico a la valencia motivacional de las interpretaciones: los incrementos de dopamina en las áreas cerebrales mencionadas. Para ahondar en esta idea podríamos realizar la siguiente hipótesis: una intervención terapéutica gestada a partir de recoger los deseos, sistemas defensivos y ansiedades prevalentes en los distintos sistemas motivacionales amén de la interacción entre ellos en un momento dado del tratamiento, si tiene una alta valencia motivacional, la misma podría traducirse en el sustrato neurobiológico en un incremento de dopamina en el núcleo accumbens.
Esta hipótesis, no más allá de una especulación, encierra un gran valor intrínseco. La posibilidad de encontrar en un futuro un método externo al psicoanálisis para revalidar la bondad de las intervenciones terapéuticas. De ser así serían no obstante, necesarias ambas validaciones, las propias del psicoanálisis en cuanto a la bondad de una intervención junto con las provenientes de la neurociencia, a fin de descartar la fuerza motivacional que la mera gratificación de los deseos del paciente pueda tener.
En cuanto a la técnica en sí en el trabajo con las adicciones, destacan a mi modo de ver dos puntos:

- Por un lado, un descenso en el énfasis en el placer de la droga, en la medida que estímulos asociados desencadenan tanto o incluso más el consumo que la propia percepción consciente del placer derivado del mismo.

- Por otro, la importancia de la reexperimentación, lo más vívidas posible de las circunstancias alrededor del consumo, dado que las mismas actúan como determinantes del ansia de consumir en muchos casos, y que nos abre la posibilidad a partir del acoplamiento experiencial(8), de introducir nuevas asociaciones a dichos estímulos.

Igualmente, es necesario mencionar aquellos aspectos que los autores dejan fuera. La revisión se centra en los factores que perpetúan la adicción, sin atender a los que la inician, ni a los que la ponen fin. De cara a una comprensión de la neurobiología de las adicciones existen dos grandes grupos de sujetos cuyo estudio es de particular interés: los consumidores no adictos y los ex-adictos.

 En el primer caso, por los factores de resistencia a la adicción (que al menos intuitivamente van más allá del polimorfismo genético en los enzimas que metabolizan las drogas), y la compleja interacción entre factores ambientales y genéticos, inmersos además en el contexto del desarrollo psicobiológico.
En el segundo, porque los ex –adictos suponen un agujero a esta hipótesis médica, de enfermedades crónicas cerebrales, teniendo en cuenta la abundante casuística de pacientes que pueden abandonar el consumo de drogas sin que existan tratamientos farmacológicos específicos, especialmente en el caso de la cocaína [incluso los que están en estudio (Topiramato, Gabapentina, Tiagabina...) ejercen su acción de forma indirecta en sistemas de neurotransmisión ampliamente distribuidos a nivel cerebral, no directamente sobre la dopamina ni específicamente en las áreas implicadas]. En estos pacientes ¿Persisten estas alteraciones al margen del abandono del consumo? ¿Se corrigen a través del acoplamiento de experiencias o por otros mecanismos?

Igualmente, el análisis de las características neurobiológicas parece aún englobar grupos demasiado heterogéneos. Se hace difícil pensar en un mismo sustrato neurobiológico en pacientes con una adicción cuyo deseo sea evitar el displacer, que aquellos donde se obtiene un placer consciente con el consumo. O las diferentes codificaciones de la adicción, las diferentes representaciones del self, etc. en último extremo suponen variaciones importantes aún no consideradas. En esta circunstancia, la finura del análisis del deseo y su codificación por el individuo que el psicoanálisis puede aportar, puede suponer un aporte para hacer avanzar en especificidad estos estudios biológicos.

Finalmente, se ha de estar alerta sobre la implícita pasivización y el sesgo farmacológico que pueden acarrear estas hipótesis, lo que a su vez puede incidir negativamente sobre la motivación de muchas personas para abandonar el consumo de drogas; modelo que, en el momento presente, está alejado del consenso generalizado sobre el tratamiento de las drogodependencias: abordaje multidisciplinar donde se complementen un abordaje psicoterapéutico, con un tratamiento psicofarmacológico y el manejo de los conflictos en el contexto social del individuo.

BIBLIOGRAFÍA

 

Bleichmar, H. (2001) El cambio terapéutico a la luz de los conocimientos actuales sobre la memoria y los múltiples procesamientos inconscientes. Aperturas Psicoanalíticas, 9.

Ingelmo, J., Ramos, M.I., Méndez, J.A., González, E. (2000) El enfoque Modular-Transformacional de la psicopatología: su aplicación al problema de la dependencia de drogas. Aperturas Psicoanalíticas, 5.

Volkow, N.D., Ting-Kai, L. (2004) Drug addiction: the neurobiology of behaviour gone awry. Nature Neuroscience Reviews, vol 5: 963-970.

Volkow, N.D. y cols. (2004) Dopamine in drug abuse and addiction: results from imaging studies and treatment implications. Mol. Psychiatry, vol 9: 557-569.

La historia de las adicciones va unida a la historia del hombre. Fumar cigarrillos, beber alcohol, mascar hojas de coca, esnifar preparados psicoactivos, beber pócimas, fumar marihuana, utilizar el opio para el dolor, etc., son ejemplos bien conocidos de algunas de las sustancias que el hombre ha utilizado a lo largo de la historia y sigue utilizando. Más actualmente, junto a las anteriores, y sus derivados industriales o químicos, destacan las nuevas adicciones, unas derivadas de sustancias, como es el caso de la heroína, la cocaína, las drogas de diseño, el LSD, entre las más importantes, y otras adicciones comportamentales sin sustancia, como resultado de nuestra sociedad tecnológica, como la adicción al Internet, a los juego de azar, al teléfono móvil, a los teléfonos eróticos, al sexo, a las compras, y a un amplio etcétera de conductas que pueden llegar a ser adictivas (Becoña, 1998b).

Una característica central a las conductas adictivas es la pérdida de control. La persona con una conducta adictiva no tiene control sobre esa conducta, aparte de que la misma le produce dependencia, tolerancia, síndrome de abstinencia y una incidencia negativa muy importante en su vida, que va a ser en muchos casos la causa de que acuda en busca de tratamiento o le fuerzen a buscarlo. Gossop (1989) definió como elementos característicos de una adicción: 1) un fuerte deseo o un sentimiento de compulsión por llevar a cabo la conducta particular (especialmente cuando la oportunidad de llevar a cabo tal conducta no está disponible); 2) la capacidad deteriorada para controlar la conducta (especialmente, en términos de controlar su comienzo, mantenimiento o nivel en el que ocurre); 3) malestar y estado de ánimo alterado cuando la conducta es impedida o la deja de hacer; y 4) persistir en la conducta a pesar de la clara evidencia de que le está produciendo graves consecuencias al individuo. En la misma línea, Echeburúa (1999) considera como características principales de las conductas adictivas la pérdida de control, la fuerte dependencia psicológica, la pérdida de interés por otras actividades gratificantes y la interferencia grave en la vida cotidiana.

Si tuviésemos que hablar de diferencias entre las adicciones del pasado y las actuales, nosotros consideramos que hay tres diferencias fundamentales entre unas y otras. Estas son:

1. La disponibilidad y comercialización (sea de tipo legal o ilegal), a lo largo de todo el planeta, de sustancias o productos que producen adicciones en los individuos.

2. La pérdida del sentido simbólico y del valor cultural que tenían en el pasado muchas de las adicciones actuales, que en aquel contexto se consumían controladamente de un modo mormativizado y ritualizado.

3. El cambio social que facilita el individualismo, la búsqueda del placer inmediato y la satisfacción de todas las necesidades que el individuo piensa le son imprescindibles facilitando, con ello, caer en las adicciones.

Respecto a la primera, hoy es indudable que la disponibilidad de sustancias y conductas con poder adictivo es enorme. Además, las sustancias se han miniaturizado, en el sentido comercial y físico, consiguiéndose con ello una posibilidad de transporte de las mismas fácil y casi ilimitado en cantidad (Westermeyer, 1998). Por ejemplo, no es igual el número de dosis para el consumo que obtenemos de una tonelada de hoja de coca que de una tonelada de cocaína. La segunda permite multiplicar el número de dosis para el consumo por varias cifras respecto a la primera.

El mayor problema que tienen las adicciones no son habitualmente los efectos que producen a corto plazo. El problema está en los efectos que produce a medio y a largo plazo. Así, muchos fumadores de cigarrillos morirán, años después de fumar ininterrumpidamente, de cáncer de pulmón o de enfermedades cardiovasculares (Becoña y Vázquez, 1998); muchos bebedores excesivos de alcohol, o alcohólicos, morirán de enfermedades hepáticas o de accidentes; muchas personas dependientes de la heroína o de la cocaína morirán de enfermedades causadas por estas, como ha ocurrido y está ocurriendo con el SIDA, la hepatitis, infecciones, etc., aparte de los problemas sociales que causan en forma de robo, extorsión, problemas legales, familiares, etc. Lo mismo podemos decir de las otras adicciones, donde en muchos casos la ruina económica es un paso previo al resto de los problemas legales, familiares, físicos, etc.

Estado actual

Hoy día, el primer elemento relevante en las adicciones es delimitar qué entendemos por adicción. A pesar de que hay criterios específicos para los distintos trastornos, como la dependencia de sustancias psicoactivas, el juego patológico, etc., todos parten de los criterios de dependencia de sustancias psicoactivas, dado que, además, en las adicciones, sean con o sin sustancia, se dan los fenómenos de pérdida de control, tolerancia, síndrome de abstinencia, etc. En esta línea, para el DSM-IV (American Psychiatric Association, 1994) la dependencia de sustancias psicoactivas se caracteriza por un patrón desadaptativo de consumo de la sustancia que conlleva un deterioro o malestar clínicamente significativos, expresado por tres o más de los síntomas que indicamos a continuación, y durante un período continuado de 12 meses. Estos síntomas son los siguientes:

1. Tolerancia, definida por cualquiear de los siguientes ítems: a) una necesidad de cantidades marcadamente crecientes de la sustancia para conseguir la intoxicación o el efecto deseado; b) el efecto de las mismas cantidades de sustancia disminuye claramente con su consumo continuado.

2. Abstinencia, definida por cualquiera de los siguientes ítems: a) el síndrome de abstinencia característico para la sustancia; b) se toma la misma sustancia (o una muy parecida) para aliviar o evitar los síntomas de abstinencia.

3. La sustancia es tomada con frecuencia en cantidades mayores o durante un período más largo de lo que inicialmente se pretendía.

4. Existe un deseo persistente o esfuerzos infructuosos de controlar o interrumpir el consumo de la sustancia.

5. Se emplea mucho tiempo en actividades relacionadas con la obtención de la sustancia (por ej., visitar a varios médicos o desplazarse largas distancias), en el consumo de la sustancia (por ej., fumar un pitillo tras otro) o en la recuperación de los efectos de la sustancia.

6. Reducción de importantes actividades sociales, laborales o recreativas, debido al consumo de la sustancia, y

7. Se continúa tomando la sustancia a pesar de tener conciencia de problemas psicológicos o físicos recidivantes o persistentes, que parecen causados o exacerbados por el consumo (por ej., consumo de la cocaína a pesar de saber que provoca depresión, o continuada ingesta de alcohol a pesar de que empeora una úlcera).

El DSM-IV también considera el abuso de sustancias una condición menos grave que la dependencia.

En el caso de la dependencia de sustancias, cuando nos referimos a conductas sin sustancia, el diagnóstico sería el mismo sustituyendo sencillamente la palabra sustancia por “específica” conducta adictiva (ej., juego, sexo, etc.), con los matices para esa específica conducta (Echeburúa, 1999).

Técnicas de tratamiento para las adicciones y aplicaciones

Objetivos a conseguir en el tratamiento de una conducta adictiva

Son muchas las distintas sustancias y conductas a las que las personas pueden adquirir dependencia. En cualquier intervención terapéutica con una persona con una adicción hay varios objetivos a conseguir en el proceso de tratamiento. Estos van graduados en función de la propia dependencia; es decir, poco se puede hacer con una intervención psicológica si la persona está intoxicada cuando acude a consulta; o, poco se puede hacer para intentar que mejore su estilo de vida saludable si no conoce medidas adecuadas para hacerlo.

El primer objetivo del tratamiento es que la persona con una adicción asuma que precisa tratamiento. Tanto en las drogas legales como en las ilegales hay un proceso de negación de muchos de los adictos a las mismas (Becoña, 1998a). La drogas les producen placer, bienestar, satisfacción (reforzamiento positivo) y, al tiempo, la propia droga les permite evitar el síndrome de abstinencia (reforzamiento negativo) cuando no consumen o no tienen suficiente dosis. Por ello, la dependencia se mantiene en el tiempo y el proceso de reforzamiento hace que las graves consecuencias que suelen acompañarle impidan, al principio, asumir el problema. Aparte, por los procesos de cambio, se sabe que la persona tiene que pasar por distintas fases antes de asumir que tiene que hacer un cambio.

Una vez que la persona ha asumido que tiene que cambiar va a solicitar distintos tipos de ayuda. Y es entonces de gran importancia hacerle ver claramente que precisa ayuda, que tiene que cambiar su conducta por las graves y evidentes consecuencias que le están produciendo, pero que la persona no ve en ese momento (por ejemplo, le han despedido del trabajo, ha tenido que abandonar los estudios, tiene conflictos familiares, le ha detenido la policía, tiene que ingresar en prisión, sus relaciones sociales han cambiado y ahora se relaciona sólo con amigos consumidores, etc.).

Superada la fase de negación del problema o minimización del mismo, hay que delimitar claramente el problema por el que acude, factores relacionados y otros problemas que ha causado la dependencia. Esta es la fase de evaluación.

Una vez dentro del tratamiento, éste se va a orientar inicialmente a que la persona consiga la abstinencia. Aquí va a variar el abordaje según se trate de una persona dependiente del alcohol, la nicotina, la heroína, cocaína o el juego o internet, pero dentro de más aspectos comunes que distintos en lo que atañe a las técnicas de tratamiento que utilizaremos con unos o con otros. Hoy existen, especialmente en el tratamiento de la dependencia de la heroína, junto a los programas orientados a la abstinencia, programas de reducción de daños, fundamentalmente los de mantenimiento de metadona.

En el caso de la heroína, la desintoxicación cobra una gran relevancia, por estar presente en las personas dependientes a la misma tanto la dependencia física como la psicológica. Para la primera, se desintoxica al organismo mediante una interrupción brusca o paulatina de la sustancia. En la cocaína y drogas de síntesis, como en el juego patológico y casi todas las adicciones comportamentales, lo más importante es la dependencia psicológica, de ahí que la deshabituación psicológica se convierte en el aspecto esencial en ellas.

Conseguida la desintoxicación, o lo que es lo mismo que la persona deje de consumir la sustancia, se pasa al proceso de deshabituación psicológica. Este es el proceso más largo y complejo del proceso adictivo, con la excepción de cuando la persona está en un programa de mantenimiento con metadona, en cuyo caso ambos procesos van en paralelo.

La deshabituación psicológica pretende conseguir que la persona dependiente de una sustancia psicoactiva o de una conducta adictiva sea capaz de afrontar la abstinencia. Por ello, en el caso de la dependencia de la heroína y de otras sustancias, se le entrena mediante distintas técnicas en afrontar la vida sin drogas, en poder evitarlas, en rechazarlas y en reorganizar su ambiente de modo que pueda estar sin ellas (Becoña y Vázquez, 2001). Esta es una de las partes más complejas de todo el proceso dado que las personas que acuden a tratamiento en ocasiones llevan un buen número de años consumiendo. Además, muchos han descubierto que cuando se encuentran mal pueden ponerse mejor rápidamente consumiendo drogas. De ahí la relevancia que tiene el entrenamiento en estrategias de afrontamiento ante las situaciones de riesgo para el consumo. Las drogas producen efectos inmediatos. Entre el consumo y su efecto pasan pocos segundos. Hay también una gran disponibilidad de ellas y la persona sabe como acceder a las mismas. Entrenarlo adecuadamente en que adquiera habilidades para vivir sin drogas, que se encuentre bien subjetiva y anímicamente y que tenga apoyo en su ambiente, son algunas de las claves del éxito de un tratamiento. No se debe olvidar que las drogas consiguen no solo un efecto inmediato, sino que por el consumo previo se han hecho claramente reforzantes. Hay que buscar alternativas de refuerzo para el individuo y para que pueda contraponer las consecuencias negativas del consumo (ya que, cuando es adicto, solo ve las positivas) a las ventajas que tiene no consumir a nivel personal, familiar, social, etc.

Finalmente, si la persona cambia su estilo de vida anterior por un estilo de vida saludable, es más probable que mantenga la abstinencia a largo plazo. Aunque ello es hoy claro, la realidad nos muestra que un cambio en el estilo de vida no siempre es fácil, especialmente en los adictos a opiáceos, y va a depender de múltiples circunstancia, tanto del sujeto como de la familia y del medio social, oportunidades, madurez, etc. Cuando conseguimos un cambio en el estilo de vida relacionado con la abstinencia, entonces es más probable y fácil conseguir mantener la abstinencia tanto a corto como a largo plazo. El análisis de la comorbilidad, relacionado con el cambio en el estilo de vida, cobra una gran relevancia. Hacer un seguimiento de ella y poder intervenir en los problemas asociados al consumo de drogas puede ser uno de los factores que facilitan el mantenimiento de la abstinencia.

El proceso de tratamiento de las adicciones: modelo general

A continuación exponemos un modelo general para el tratamiento de cualquier adicción. Con ello se puede ver también que las comunalidades entre las mismas permiten partir de un modelo general de tratamiento, aunque hay alguna técnica específica para adicciones concretas como veremos en un punto posterior.

Las fases de un tratamiento para una persona con una adicción consta de las etapas de demanda del tratamiento, evaluación, tratamiento y seguimiento. A su vez, dentro del tratamiento, se distinguen seis fases: desintoxicación o mantenimiento; deshabituación psicológica o consecución de la abstinencia de la sustancia o dejar de hacer la conducta; normalización, cambio de estilo de vida anterior y búsqueda de nuevas metas alternativas a la adicción; prevención de recaídas; programa de mantenimiento o programa de apoyo a corto, medio y largo plazo; y, cuando sea necesario, programa de juego controlado o programas de reducción de daños (ej., en la dependencia de la heroína). Además, en éste como en otros trastornos, y por los problemas asociados al mismo, el psicólogo tiene que poner en marcha todos los recursos terapéuticos disponibles que nuestra ciencia nos proporciona.

En la tabla 1 se exponen con detalle dichas fases, el objetivo básico a conseguir en cada una de ellas, los elementos que debemos considerar y los procedimientos técnicos necesarios. Se exponen también, las técnicas de tratamiento más importantes que se utilizan, prestando una atención especial a los aspectos motivacionales antes del tratamiento, a la prevención de la recaída y al mantenimiento a largo plazo. Las aplicaciones de este tratamiento pueden verse en Becoña (1996a, 1998a, 2001) y Becoña y Vázquez (2001).

Tabla 1 Esquema general para el tratamiento de una conducta adictiva

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1. Demanda de tratamiento

Objetivo básico: analizar la demanda y retener al paciente en tratamiento.

Elementos a considerar: motivación para el cambio, estadios de cambio, recursos disponibles, apoyo de su medio, tratamientos previos, conocimientos de los tratamientos disponibles, tratamiento que desea, analizar quién está implicado en la demanda, por qué, etc.

Procedimientos técnicos: entrevista motivacional, escalas para evaluar aspectos motivacionales y estadios de cambio.

2. Evaluación y análisis funcional

Objetivo básico: conocer las áreas donde es más necesario e inmediato realizar cambios; conocer las áreas donde hay que realizar cambios a medio plazo; conocer las áreas donde los cambios a través del tratamiento y la reinserción social le pueden llevar a una vida normalizada. Con toda esa información disponible se realizará el análisis funcional de la conducta de juego y otras conductas asociadas al problema o problemas relacionados.

Elementos a considerar: evaluación individual, familiar, social, etc.

Procedimientos técnicos: entrevista clínica, autoinformes, cuestionarios, medidas psicofisiológicas, etc.

3. Tratamiento

Fase I. Desintoxicación o mantenimiento (ej., en el caso de la dependencia de la heroína)

Objetivo básico: desintoxicación física de la sustancia.

Elementos a considerar: tipo de desintoxicación en función de su petición, posibilidades asistenciales, recursos, etc., desde la ambulatoria a la hospitalaria.

Procedimientos técnicos: intervención médica frente a la hospitalaria para la consecución de la desintoxicación sin sufrir los síntomas del síndrome de abstinencia de los opiáceos.

Fase II. Deshabituación psicológica o consecución de la abstinencia de la sustancia o dejar de realizar la conducta

Objetivo básico: lograr la completa deshabituación psicológica a los indicios que conducen al paciente al consumo de la droga o a la realización de la conducta adictiva.

Elementos a considerar: adherencia al tratamiento, fase del tratamiento, aceptación del tratamiento propuesto, etc.

Procedimientos técnicos: técnicas conductuales y cognitivas para la consecución de la abstinencia (por ejemplo, exposición con prevención de la respuesta, control de estímulos, entrenamiento en solución de problemas, entrenamiento en reducción del estrés, relajación, entrenamiento en habilidades sociales, técnicas de afrontamiento, reestructuración cognitiva, etc.). Se utilizará terapia individual, grupal y familiar.

Fase III. Normalización, cambio del estilo de vida anterior y búsqueda de nuevas metas alternativas a su conducta adictiva.

Objetivo básico: normalización en el sentido de ir adquiriendo más responsabilidades en el trabajo, en los estudios, en la familia, con los amigos, con la pareja, etc.; pago de las deudas; búsqueda de trabajo si no lo tiene, etc.

Elementos a considerar: grado de deterioro, si trabaja o no, si está o no separado, si padece enfermedades físicas (ej., SIDA, hepatitis), etc.

Procedimientos técnicos: planificación de metas y objetivos, entrenarlo en adquirir nuevas habilidades, entrenamiento en asertividad, programa psicoeducativo, entrenamiento en solución de problemas, etc.

Fase IV. Prevención de recaídas

Objetivo básico: entrenarlo en técnicas de prevención de la recaída para que se mantenga abstinente a lo largo del tiempo.

Elementos a considerar: superación de las fases anteriores, mantenimiento de la abstinencia, efecto de la violación de la abstinencia.

Procedimientos técnicos: técnicas de prevención de recaídas (por ejemplo, autoinstrucciones, entrenamiento en solución de problemas, etc.).

Fase V. Programa de mantenimiento o programa de apoyo a corto, medio y largo plazo

Objetivo básico: entrenarlo en estrategias de mantenimiento de la abstinencia a largo plazo y en cómo mejorar su calidad de vida.

Elementos a considerar: apoyo familiar, visitas de seguimiento a largo plazo, asistir a asociaciones de autoayuda, etc.

Procedimientos técnicos: entrenamiento en relajación, programación de actividades, procedimientos de manejo de estrés, etc.

Fase VI. Cuando sea necesario: programa de reducción de daños, programa de juego controlado, etc.

Objetivo básico: en el caso de la dependencia de la heroína reducir la prevalencia de VIH y mejorar los problemas causados por las drogas; en el juego patológico reducir la conducta de juego a un nivel donde no le acarree graves problemas.

Elementos a considerar: grado de deterioro de la persona, falta de adherencia al tratamiento psicológico, problemas psiquiátricos asociados, aceptación de este tipo de programa.

Procedimientos técnicos: intervención mínima, programa psicoeducativo, educación para la salud y prácticas de seguridad ante la transmisión de enfermedades (SIDA, hepatitis, etc.), técnica de control de estímulos, educación sobre el juego y las leyes de la probabilidad, educación a nivel familiar, laboral y de tiempo libre.

4. Seguimiento

Objetivo básico: conocer la evolución de la persona después del alta terapéutica.

Elementos a considerar: modo de realizarlo (personalmente, en su casa, teléfono).

Procedimientos técnicos: entrevista, autoinforme, urionoanálisis, etc.

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Queda claro, inicialmente, que lo que se pretende es que la persona consiga la abstinencia. Este sigue siendo hoy el objetivo básico, aunque no se debe descartar una mejora en las condiciones de vida del individuo manteniendo la realización de la conducta a niveles bajos (ej., en el juego controlado o en los programas de reducción de daños o de sustitutivos opiáceos, como pasa con la metadona), pudiendo ser una meta desde el principio del tratamiento. De este modo se logra retener a la persona en tratamiento, reducir o eliminar su conducta problema y mejorar su funcionamiento cotidiano.

A continuación se exponen las distintas técnicas para los objetivos anteriores.

Incremento de la motivación para el cambio

Hoy se sabe de la importancia que tiene la motivación para el cambio. En las conductas adictivas es frecuente que muchos de los pacientes no acudan a tratamiento. De los que acuden una parte lo abandona después de la primera o primeras sesiones y, de los que acuden, no siempre siguen las instrucciones que se les dan. De ahí que, en los últimos años, este aspecto se haya convertido en un elemento terapéutico más, bajo la denominación de entrevista motivacional (Miller y Rollnick, 1999).

La entrevista motivacional, que se lleva a cabo en los primeros contactos entre el terapeuta y el paciente, es el modo más idóneo para incrementar la motivación para el cambio. No hay que olvidar que no todas las personas con una adicción acuden la primera vez voluntariamente a tratamiento; más bien esto es la excepción. En ocasiones acuden por causas externas, bien sean de tipo familiar o legal. En otros casos para buscar una ayuda puntual. Retener al sujeto en tratamiento, o más bien retenerlo al principio para que luego inicie un tratamiento, es una cuestión fundamental.

Muchas personas que acuden por primera vez a tratamiento piensan que no tienen un problema, que el problema es superficial o que aún no alcanzó el suficiente nivel de gravedad como para que haya que tratarlo. El objetivo de la primera entrevista, si ocurre esto, es convencerle de que sí tiene un problema, o de que alguien cercano a él lo tiene, y de que se le puede ayudar. Además, de poco sirve incluir a una persona en tratamiento si no quiere realizarlo o no está motivado para llevarlo a cabo. De hacerlo, probablemente el tratamiento va a ser inútil, lo va a abandonar a lo largo del mismo o no va a acudir a las siguientes sesiones.

La entrevista motivacional permite abordar la cuestión de la falta de motivación en aquellos sujetos en las fases de precontemplación (cuando no tienen ningún interés en cambiar su conducta) o contemplación (cuando tienen algún interés en cambiar su conducta pero no en este momento, sino en un futuro cercano). En ella se utilizan varias estrategias motivacionales, que han demostrado que son muy eficaces para motivar al paciente a cambiar su conducta. Estas serían ocho: dar información y aconsejar, eliminar obstáculos, dar diversas opciones al paciente para que pueda elegir, disminuir los factores que hacen que la conducta de consumo sea deseable, promover la empatía, dar retroalimentación, clarificar objetivos y proporcionarle ayuda activa. Con la entrevista motivacional podemos no sólo motivar al sujeto para que lleve a cabo el tratamiento sino a derribar las barreras y comenzar efectivamente el proceso de cambio.

Exposición con prevención de la respuesta

La técnica de exposición con prevención de la respuesta es una técnica esencial en el tratamiento de los jugadores patológicos que acuden a tratamiento en España (Becoña, 1996b; Fernández-Montalvo y Echeburúa, 1997; González, Jiménez y Aymamí, 1999; Labrador y Fernández-Alba, 1998). Dado que el juego por el que acuden básicamente es por la adicción a las máquinas tragamonedas o el bingo, esta técnica se convierte en central para que consiga dejar de jugar. Pero también es una técnica esencial en las otras adicciones (ej., dependencia de la heroína, adicción al sexo, etc.). Como un ejemplo indicamos a continuación como se aplica a la adicción a las máquinas tragaperras.

El objetivo de la exposición es, valga la redundancia, exponer al jugador a la máquina tragamonedas para que, mediante la presencia de los indicios que se han ido asociando a lo largo del tiempo con la máquina, note las sensaciones molestas que, sin prevención de la respuesta, o con dinero, le llevarían al juego. La prevención de la respuesta tiene como objetivo la imposibilidad de consumar su conducta, en este caso su conducta de jugar.

Los indicios más frecuentemente asociados a la conducta de juego de una persona con dependencia del juego en máquinas tragamonedas es estar presente en el bar, mirar a la máquina, notar como las luces de colores de la máquina van cambiando en sentido hacia arriba, ver como otra persona introduce dinero en la máquina, comprobar como a un jugador le ha tocado un premio, cómo otras personas se fijan en esa persona y comentan algo sobre ello, etc.

La exposición tiene que realizarse en vivo, bien acompañado por el terapeuta, un coterapeuta, o bien, el propio jugador realizar la autoexposición. En este caso es conveniente que lo acompañe un familiar o persona de confianza. Cuando esto último no es posible tendría que autoexponerse por él mismo. Sin duda alguna, si se puede realizar exposición con el terapeuta podemos controlar mejor dicho proceso, aunque es más costoso como procedimiento terapéutico.

En los últimos años, a partir del programa de Ladouceur (ver Ladouceur, 1993; Ladouceur y Walker, 1998a, 1998b), se ha introducido también, junto a la exposición con prevención de la respuesta, el procedimiento de pensar en voz alta y la reestructuración cognitiva cuando la persona está jugando. Con ello se pretende no solo que la persona se exponga a la conducta de juego y no juege sino que con ello cambie sus pensamientos y creencias irracionales por otros racionales, lo que le facilitaría a largo plazo no jugar y mantener, así, más fácilmente la abstinencia.

Control de estímulos

Una técnica que se utiliza con frecuencia es la de control de estímulos que, en el caso del juego patológico es esencial para el tratamiento del individuo (Becoña, 1996b). En este caso, con ella restringimos el acceso a aquellos lugares en donde la probabilidad de jugar es mayor (calles donde hay ciertos bares con máquinas, calles donde hay bingos), u horas de mayor riesgo o de consumir una sustancia (ej., en la zona donde se expende droga). Esto lo hacemos entrenando a la persona en la búsqueda de alternativas a sus anteriores costumbre o a que lo acompañe alguien en las situaciones que son de mayor riesgo para acudir a jugar o a comprar heroína.

Es determinante, en este caso, el control del dinero. Dado que el dinero es uno de los estímulos más importantes para que la persona juegue o compre droga, si no tiene dinero su probabilidad de jugar o comprar droga disminuye radicalmente. En este caso tiene el jugador que transferir todo su dinero a un familiar o a una persona cercana para que se lo controle y para que le dé solo el dinero que precisa para cada día. Además, debe justificar todos los días, a poder ser con tiquetes o facturas, en que lo ha gastado para que no utilice parte de ese dinero para jugar (Fernández-Montalvo y Echeburúa, 1997; Labrador y Fernández-Alba, 1998).

En el caso de la dependencia a opiáceos esta técnica es muy útil en las primeras fases del tratamiento. Algunos de los estímulos más relevantes asociados al consumo son la conducta de búsqueda de drogas, amigos consumidores, lugares habituales de consumo, indicios ambientales, material para el consumo etc. Junto a esta restricción, es importante que la persona sea capaz de generalizar dicho control para que en el futuro no recaiga.

Entrenamiento en solución de problemas

Es un procedimiento por el que se entrena a las personas a reconocer sus problemas, buscar soluciones adecuadas a los mismos e implantar la mejor solución en la situación donde ocurre el problema. Este entrenamiento consta de cinco fases: 1) orientación general hacia el problema; 2) definición y formulación del problema; 3) generación de soluciones alternativas; 4) toma de decisiones; y 5) puesta en práctica y verificación de la solución (D´Zurilla, 1986). En el entrenamiento en solución de problemas, para pasar de una fase a otra, hay que superar previamente la anterior. Cuando no hay suficiente información en una fase concreta, se ha infravalorado o saltado una fase previa, se está en una fase de entrenamiento, o la solución elegida no resulta la adecuada, hay que volver a la fase o fases previas para que una vez haya sido realizada correctamente podamos continuar con las siguientes.

Terapia cognitiva

La terapia cognitiva parte de la premisa de que los trastornos se producen y mantienen debido a una serie de cogniciones subyacentes distorsionadas y a distintos errores en el procesamiento de la información. El tratamiento se orienta a corregir tanto esas premisas distorsionadas como los errores cognitivos (Beck, Wright, Newman y Liese, 1993). La importancia de las creencias y las urgencias son muy relevantes en la terapia cognitiva. Para Beck, a partir del patrón cognitivo desadaptativo, ocurre la conducta (ej., el consumo) y lo biológico (ej., síndrome de abstinencia). Lo que la terapia cognitiva va a hacer es modificar los pensamientos y creencias erróneas del individuo y enseñarle técnicas de autocontrol. Aunque el planteamiento de la terapia cognitiva pueda parecer reduccionista, en la práctica no lo es. Junto al peso que se le da a la parte cognitiva de la persona, como causa de la explicación del consumo de sustancias, también se consideran como aspectos esenciales sus actuales problemas vitales, evolución desde la infancia, supuestos, estrategias compensatorias, elementos de vulnerabilidad, conducta, etc. De modo semejante, el tratamiento se va a centrar en varios de los aspectos que se relacionan con el problema (ver Beck et al., 1993). Se da gran relevancia a la relación terapéutica dentro del tratamiento y utilizan técnicas cognitivas como el diálogo socrático, la reatribución, las tareas para casa, identificar y modificar las creencias relacionadas con las drogas, relajación, solución de problemas, etc. Conforme avanza el tratamiento, junto al control de las urgencias y creencias asociadas a las mismas, cobra más relevancia la práctica de la activación de creencias de control, los otros problemas asociados a los problemas de consumo y la prevención de la recaída.

Entrenamiento en reducción de la ansiedad y del estrés

Uno de los problemas asociados a la abstinencia del consumo de sustancias, como en el juego patológico, y otras adicciones, es la ansiedad y el estrés asociados a dicho estado. Por ello, es necesario evaluar esta problemática y aplicar técnicas para su control. Los programas específicos pretenden alterar la percepción del grado de amenaza que se le atribuye al estresor, su estilo de vida para reducir tanto la frecuencia como la severidad de los estresores externos y capacitarles para usar estrategias de afrontamiento activas que inhiban o reemplacen las respuestas de estrés incapacitantes.

Como técnica de intervención general se puede utilizar cualquiera de las existentes para este problema, como por ejemplo: el entrenamiento en manejo del estrés y las técnicas de relajación, las técnicas cognitivas, la biblioterapia, el cambio del estilo de vida, etc. En la práctica el entrenamiento en relajación es una técnica ampliamente utilizada junto a las de tipo cognitivo, para cambiar las creencias erróneas sobre las causas de la ansiedad o de los elementos estresantes. Cuando padece un trastorno de ansiedad específico (por ejemplo, ataques de pánico) es necesario aplicar aquellas técnicas específicas que son eficaces para el tratamiento del mismo.

Entrenamiento en habilidades sociales. Muchas personas con dependencia de distintas drogas y en otras adicciones comportamentales se les proporciona entrenamiento en habilidades sociales para mejorar su competencia social. Cuando carecen de habilidades interpersonales e intrapersonales adecuadas, de habilidades para controlar su estado emocional sin acudir a jugar o a consumir la sustancia y de habilidades para manejar su relación de pareja, con los hijos, en el trabajo, etc., este entrenamiento es imprescindible. El entrenamiento en habilidades sociales se convierte de este modo en una parte importante del tratamiento cuando hay un déficit en las mismas (Monti, Rohsenow, Colby et al., 1995). Además, con ello se conseguirá disponer de una estrategia de prevención de la recaída para el futuro. Las situaciones de recaída se dan cuando existe frustración e incapacidad de expresar ira, incapacidad de resistir la presión social, estado emocional negativo intrapersonal, incapacidad de resistir la tentación intrapersonal, entre otras.

La potencial relación entre las pobres habilidades sociales y las actividades de juego o consumo es discutida con los pacientes. Es importante reconocer que las personas con adicciones pueden necesitar más que las habituales habilidades sociales para afrontar sus conflictos relacionales. Por ejemplo, algunos jugadores necesitan entrenamiento en asertividad para mejorar su habilidad para rechazar las invitaciones para jugar con sus amigos. El juego de roles puede ser utilizado para mejorar las habilidades de comunicación. Este entrenamiento se focaliza sobre las consecuencias negativas de jugar y cómo la carencia de adecuadas habilidades sociales es un factor que contribuye a ello.

Control de la ira y de la agresividad

En ocasiones, la persona con dependencia de sustancias tiene problemas asociados de ira y agresividad. Los mismos, a su vez, le acarrean distintos problemas en su medio familiar, social o policial. Si esto ocurre pueden incrementar aún más su problema inicial de dependencia o mantenerse su dependencia en el tiempo por no tener un modo de solucionar el otro problema. También, tanto la ira como la agresividad, están asociadas a la caída y a la recaída, como estados emocionales negativos (Marlatt, Barrett y Daley, 1999).

Cuando este es el caso es necesario utilizar estrategias de control de la ira y de la agresividad tal como la técnica de inoculación de estrés, juego de roles, entrenamiento asertivo, entrenamiento en relajación, solución de problema o reestructuración cognitiva.

Manejo de contingencias

El consumo de drogas se mantiene por el reforzamiento positivo que la sustancia produce en la persona (por ej., euforia, placer) y por el reforzamiento negativo (consumo para evitar las consecuencias negativas del síndrome de abstinencia). El consumo de drogas, por tanto, está influenciado por el aprendizaje y por el condicionamiento. También, mediante los principios del aprendizaje y del condicionamiento podemos cambiar esta conducta desadaptada por otra adaptada sin consumo de drogas. Esto se hace mediante los principios básicos del manejo de contingencias, el reforzamiento positivo y negativo, el castigo positivo y negativo y las distintas técnicas derivadas de los mismos (por ej., extinción o control de estímulos) (Graña, 1994).

Desde la perspectiva operante se sabe que el desarrollo de un trastorno por abuso o dependencia de sustancias se debe tanto al poder reforzante de la droga como de otros factores, como los biológicos, ambientales y variables conductuales (Becoña, 1999). Pero, sin negar esto, de cara al tratamiento, se propone un mecanismo de intervención, la alteración de las contingencias conductuales, que es independiente de los factores etiológicos específicos.

Técnicas como la aplicación de estímulos aversivos, reforzar conductas alternativas incompatibles con consumir drogas, extinción o varias de las anteriores al mismo tiempo, facilitan el cambio de la conducta de consumo. Otra extensión de las mismas son los contratos de contingencias o las estrategias de prevención de recaídas. La utilización de técnicas de manejo de contingencias, muchas veces, junto a otras técnicas, nos permite tener un abordaje útil y eficaz para muchos pacientes que acuden a tratamiento.

Especialmente, para que una persona lleve a cabo conductas alternativas al consumo de drogas, el manejo de contingencias a veces es la técnica principal para que la persona mantenga su abstinencia. Alguna técnica ya vista, como la de control de estímulos, son técnicas de control de contingencias que tienen una gran relevancia tanto para el tratamiento de las personas con dependencia de la heroína como del resto de las conductas adictivas.

Técnicas de autocontrol

Una de las estrategias en el tratamiento de las distintas adicciones, tanto en un programa orientado a la abstinencia como al jugar controlado o a la reducción de daños es entrenarlos en técnicas de autocontrol (Hester, 1995). Esto puede hacerse una vez la persona ha aceptado participar en un tratamiento orientado a la abstinencia, cuando tiene dificultades en conseguirla o cuando su objetivo es el juego controlado o la reducción de daños. En ocasiones el autocontrol se pone en marcha en la parte media del tratamiento cuando ya se han conseguido los objetivos mínimos para que mantenga la adherencia al tratamiento.

Las técnicas de autocontrol se orientan a que la persona conozca su conducta problema y sea capaz de afrontar la misma mediante técnicas que ha aprendido sin llevarla a la práctica. Con el autocontrol se enseña a la persona estrategias para controlar o modificar su propia conducta a través de distintas situaciones, con el propósito de alcanzar metas a largo plazo. Para ello, se entrena a la persona en distintas técnicas para que no realice la conducta o, en caso de que se produzca la conducta, que lo haga de un modo poco problemático, y con la idea de poder llegar a conseguir la abstinencia total de la misma.

El terapeuta le ayuda a establecer condiciones favorables para el cambio, le entrena en técnicas para conseguirlo y le refuerza por los avances conseguidos. También le entrena en la aplicación de autorrefuerzos, en buscar apoyo en otras personas para mantener las ganancias conseguidas y que las personas de su ambiente le refuercen su abstinencia. Existen una serie de técnicas que se utilizan sistemáticamente cuando se aplica un programa de autocontrol (ej., autorregistros, cambio de estímulos discriminativos, técnicas encubiertas). Para el buen diseño del mismo hay que hacer una evaluación conductual adecuada del problema que tiene la persona y adaptar el tratamiento a los avances que se van produciendo a lo largo del mismo y a la consecución de los objetivos iniciales e intermedios. También, las técnicas de autocontrol dan una gran importancia al mantenimiento de los cambios, especialmente a través de la utilización del autorrefuerzo, cuando la conducta la realiza en la dirección esperada, y el autocastigo, cuando se lleva a cabo la conducta indeseada.

Finalmente, cada vez cobran más importancia los procedimientos cognitivos dentro del autocontrol, especialmente por las ideas, creencias, pensamientos o atribuciones erróneas que la persona tiene sobre su juego y su ambiente, así como sobre el resultado del mismo.

El tratamiento de los problemas de comorbilidad

Aproximadamente el 90% de las personas con dependencia de opiáceos tiene un diagnóstico psiquiátrico adicional y el 15% intentan suicidarse al menos una vez. No menos de un 25% de las personas jugadoras patológicas van a tener un problema de depresión mayor, y de un 15 a un 20% problemas de dependencia al alcohol. También, otros problemas como trastornos de ansiedad, trastornos de personalidad, u otros, pueden estar presentes (Grant y Dawson, 1999). De ahí que diagnosticar y tratar estos trastornos asociados es una parte integral del tratamiento.

Cuando se detectan este tipo de problemas, se abordarán con intervenciones específicas de tipo cognitivo-conductual, farmacológico o una combinación de ambas modalidades, para cada uno de los trastornos y adaptadas a las necesidades específicas del paciente. Unos de los problemas que van a surgir entonces son: si los tratamientos se realizarán de forma integrada por un mismo equipo terapéutico (modelo integracionista), si se debe iniciar el tratamiento de un trastorno y posteriormente el del otro (modelo secuencial) o si, por el contrario, se deben abordar a la vez. En los últimos años se ha hecho hincapié en que, para el tratamiento de los trastornos duales, se debe adoptar un modelo integracionista. Esto significa que los tratamientos de ambos trastornos se deben hacer de modo simultáneo y por el mismo equipo terapéutico.

El tratamiento de los problemas maritales y familiares: terapia de pareja y terapia familiar

Las conductas adictivas inciden de modo muy acusado en la vida de la persona en su familia o pareja. Esta es una de las áreas más afectadas, encontrándose, en ocasiones, sus personas más queridas “presas” de su proceso adictivo. Si éste se ha mantenido en el tiempo ellos han sufrido directamente el desapego, el deterioro físico, los problemas con sus amigos, con la justicia, etc., de ese miembro de la familia o pareja.

Una vez ha entrado en tratamiento, es necesario intervenir en la pareja, si es el caso, con terapia de pareja. Y, si la familia nuclear o más extensa es la afectada, mediante terapia familiar (Heath y Stanton, 1998). La terapia de pareja es un tipo de terapia específica que pretende incrementar la comunicación entre ambos, conseguir un incremento en el intercambio de refuerzos entre los dos miembros de la pareja y solucionar entre ellos los problemas que les vayan surgiendo, entrenándoles en técnicas de solución de problemas. También es necesario entrenarlos en aquellos otros aspectos que les inciden en dicha relación (por ejemplo, manejo de los hijos, problemas sexuales de uno de los miembros, etc.).

La terapia familiar tiene su aplicación cuando hay una afectación de toda la familia ante un miembro problema (la persona con adicción) y por las relaciones peculiares que se establecen entre el adicto y uno o más miembros de la familia. Es aplicable cuando el adicto suele ser joven y vive con su familia. La terapia familiar suele partir, mayoritariamente, del concepto de sistema, entendiendo que las experiencias y conductas de una persona están asociadas y dependen de la conducta de otros miembros de la familia. Esto es, la conducta de un miembro no se puede entender aislada de la de los demás. Cada familia desarrolla patrones de comunicación y secuencias de conductas para mantener el equilibrio entre sus miembros. La terapia familiar conductual, busca entrenar a los miembros de la familia en técnicas de manejo de contingencias (por ejemplo, contratos conductuales), entrenamiento en habilidades de solución de problemas y de comunicación, intercambio de conductas, observación de la propia conducta y la de los demás, intercambio de refuerzos entre los distintos miembros de la familia, cambio de expectativas y atribuciones negativas, reducir los estados emocionales negativos.

Especialmente, cuando la persona consigue la abstinencia, o deja de hacer la conducta adictiva, hay que estar atento a posibles cambios en la estructura relacional de la familia que puede facilitar la recaída del mismo. Tener comprometida a la familia en el tratamiento puede evitar lo anterior, junto a un adecuado manejo de los conflictos subyacentes o manifiestos en la familia y disponer de adecuadas habilidades de comunicación y de solución de problemas. Los problemas que hay que manejar adecuadamente para poder lograr todo lo anterior son tener unas claras normas de convivencia, de jerarquía y de comunicación dentro de la familia y que el padre se implique en la familia y en el problema que tiene su hijo y no deje todo el peso en la madre, desentendiéndose del problema. De ahí que, en algunos casos, la intervención se hace más amplia y compleja de lo que puede parecer en un principio cuando otros miembros distintos al individuo, como es en este caso la familia, facilitan o pueden mantener en parte su problema. Por ello, en ocasiones, la terapia familiar se lleva a cabo sólo con los padres, o en grupos de padres, para entrenar a éstos en el manejo adecuado de sus hijos y para que tengan una adecuada implicación emocional con ellos y un comportamiento que facilite la recuperación de su hijo o hija.

Terapia de grupo

La terapia de grupo es una modalidad terapéutica que se utiliza con frecuencia para el tratamiento de las personas con distintas adicciones (Galanter, Castañeda y Franco, 1998). Junto al tratamiento individual, y las otras intervenciones que pueda estar llevando a cabo, la terapia de grupo es de gran relevancia en varios de los tratamientos específicos para las adicciones, especialmente quizás en las personas que acuden a los centros de drogodependencias y a las asociaciones de autoayuda, en donde la misma es una parte esencial del tratamiento.

El objetivo que se pretende con la terapia de grupo es el mismo que el que se pretende con la terapia individual pero en un formato de grupo y con las dinámicas propias que se van desarrollando dentro de cada grupo. Le permite al paciente compararse con otros, tener apoyo, aprender estrategias y técnicas de control, adquirir habilidades y asumir normas de funcionamiento del grupo. Los objetivos centrales del mismo son solucionar problemas y realizar tareas que le lleven a la abstinencia o le permita mantener la misma para, finalmente, poder cambiar su estilo de vida.

Prevención de la recaída

El primer consumo de la sustancia o tener un episodio de juego después de dejarlo no tiene porque representar una recaída, puede ser sólo una caída o un desliz puntual. Para Marlatt y Gordon (1985), la recaída se define como cualquier retorno al comportamiento adictivo o problemático o al estilo de vida anterior, después de un período inicial de abstinencia y de cambio en el estilo de vida. Una caída es un retorno breve a la conducta adictiva en un momento concreto del tiempo, es decir, una pérdida de control puntual sobre la conducta, que puede llevar al sujeto a realizar algún consumo esporádico. La recaída en las adicciones se puede manifestar de distintas formas: volver al estilo de vida anterior, consumir drogas sustitutivas, realizar actividades de azar y riesgo o sexualidad compulsiva, etc. En el caso del juego, la forma más común de manifestarse es volver a jugar de forma regular. Lo mismo ocurre en el caso de las sustancias psicoactivas.

Un concepto fundamental para comprender el proceso de recaída es el llamado efecto de violación de la abstinencia. Este efecto se compone de dos elementos cognitivos clave: la disonancia cognitiva (conflicto y culpa) y un efecto de atribución personal (culparse a uno mismo como causa de la recaída), así como algunas veces la anticipación de los efectos positivos en relación a la droga o al juego. La combinación de estos tres componentes predisponen al paciente a una recaída total.

El modelo de prevención de la recaída considera a las adicciones como un hábito adquirido que puede cambiarse aplicando los principios del condicionamiento clásico, operante y vicario. Además da una gran importancia a los factores cognitivos implicados en la recaída. Las estrategias de prevención de la recaída se orientan a anticipar y prevenir la ocurrencia de recaídas después del tratamiento y a cómo ayudar a los pacientes a afrontar la recaída si se produce. Es un programa de autocontrol donde se enseña a los pacientes a anticipar y a afrontar eficazmente los problemas que aparezcan después del tratamiento o en el seguimiento. Por ello, la prevención de la recaída se puede aplicar como estrategia de mantenimiento, para prevenir la recaída, o con un enfoque más general para cambiar el estilo de vida.

Las causas principales de la recaída en las adicciones son los estados emocionales negativos, conflicto interpersonal y presión social (ej., Marlatt y Gordon, 1985). Los estados emocionales negativos son situaciones en las que los sujetos experimentan un estado emocional, estado de ánimo o sentimientos negativos, como frustración, ira, ansiedad, depresión, aburrimiento, etc., antes o al mismo tiempo que la ocurrencia de la primera caída. Los conflictos interpersonales son situaciones que incluyen un conflicto actual o relativamente reciente, asociado con cualquier relación interpersonal, como el matrimonio, los miembros de la familia, relaciones en el trabajo, etc. La presión social se refiere a situaciones en las que el paciente responde a la influencia de otra u otras personas que ejercen presión para involucrarlo de nuevo en el consumo de sustancias.

Si la persona es capaz de ejecutar una respuesta de afrontamiento eficaz en una situación de alto riesgo, la probabilidad de recaída disminuye. Al afrontar exitosamente una situación de alto riesgo es probable que la persona experimente una sensación de dominio y percepción de control, generándose una expectativa de ser capaz de afrontar eficazmente otras situaciones de riesgo que se le vayan presentando (autoeficacia). Si esto se repite adquirirá una mayor percepción de control y disminuirá la probabilidad de recaída. Si, en cambio, no es capaz de afrontar con eficacia una situación de alto riesgo, y si tiene una expectativa positiva de volver a consumir la droga o de volver a realizar la conducta adictiva, aumenta la probabilidad de recaída.

Hay tres principales estrategias para utilizar en los procesos de prevención de la recaída: la aproximación de apoyo social; la aproximación de cambio de estilo de vida y la aproximación cognitiva conductual. Las técnicas cognitivo-conductuales para la prevención de la recaída son las más eficaces. Se orientan a aumentar la autoeficacia, mejorar el control de impulsos, favorecer la reestructuración cognitiva y mejorar las estrategias de toma de decisiones. Las estrategias dirigidas al cambio en el estilo de vida están dirigidas a fortalecer la capacidad global de afrontamiento del paciente y a reducir la frecuencia e intensidad de los impulsos y deseos irresistibles de jugar que a menudo son el producto de un estilo de vida desequilibrado. Dentro de las técnicas de prevención de la recaída que se aplican están los programas de reestructuración cognitiva, el entrenamiento en identificación y control de estímulos, exposición a estímulos en vivo (reales) o a nivel imaginado, detención del pensamiento, condicionamiento encubierto, programas de refuerzo externo, etc. Si en una situación de alto riesgo el paciente anticipa lo que le puede ocurrir (por ejemplo, cuando pasa por delante del bar en el que habitualmente jugaba o ante el barrio en el que adquiría la sustancia) y tiene una sensación extraña semejante a cuando entraba y jugaba o consumía la droga, puede poner en marcha distintas estrategias para afrontarla, especialmente cuando tiene urgencias, para así poder hacerle frente y no caer o recaer de nuevo en su problema adictivo.

Perspectivas

Las conductas adictivas se han convertido en estos años en un grupo de trastornos de gran relevancia. Tal relevancia viene motivada por su alta prevalencia en las personas, tanto sean adultas, como adolescentes. El número de personas con dependencia de la nicotina y del alcohol, solamente, nos lleva a contar el número de personas en un país como el nuestro en millones (Becoña y Vázquez, 1998). Otras, aunque lo son en menor grado, como la adicción a drogas ilegales, ocupan un lugar nada despreciable, especialmente por los problemas asociados que acarrea su consumo en los últimos años en la esfera física, aparte de la gran alarma social que han producido en las últimas décadas el consumo de drogas como la heroína, la cocaína y la marihuana, y todavía sigue produciendo en esta y en nuevas sustancias (ej., drogas de síntesis). Otras adicciones, las comportamentales, como el juego patológico, las compras compulsivas, el sexo compulsivo, la adicción a internet, entre otras, son adicciones que van en paralelo al desarrollo de las sociedades industrializadas, al ocio y tiempo libre (Calafat et al., 2001) y a una nueva forma de vida, en comparación a lo que ocurría hace no más de 50 años.

El tratamiento de las adicciones ha cobrado una enorme relevancia en las últimas décadas. Con la interrupción de las drogas ilegales, especialmente heroína y cocaína, en los países desarrollados, desde los años 70 hasta el momento presente, la demanda de tratamiento no ha dejado de crecer y los problemas causados por las mismas son hoy de una gran relevancia. Además, con el surgimiento del VIH unido a las mismas, se ha producido un vuelco inesperado a esta problemática y a un incremento del interés, de los medios y de los recursos para atajar tanto la epidemia del SIDA como los problemas de drogadicción. Todo ello ha producido el surgimiento de una nueva área de trabajo e investigación que no ha dejado de crecer. El problema está en que el problema se mantiene en un nivel estable, o en fase de crecimiento en algunos países, cada vez más tenemos que hablar de un trastorno crónico o caracterizado por las frecuentes recaídas, lo que lleva a tener que plantear programas de tratamiento complejos y a largo plazo (Becoña y Vázquez, 2001). Realmente, el mejor modo de atajar este problema es a través de la prevención (Becoña, 1999), pero en nuestra sociedad no hay una idea preventiva bien asentada y los recursos suelen proporcionarse al tratamiento y a la rehabilitación, una vez el problema existe. El incidir en actividades de tipo preventivo, como caracteriza a la psicología de la salud es un adecuado abordaje para este problema (Oblitas y Becoña, 2000).

El éxito del abordaje psicológico de las adicciones ha estado en que el mecanismo explicativo es primeramente social, en segundo lugar psicológico y en menor grado biológico (Becoña, 1999). Esto no significa que unos elementos sean menos relevantes que otros, pero sí que esta es su graduación. Como sobre el elemento social es difícil intervenir, porque corresponde al desarrollo natural de las sociedades, modulado por su sistema cultural previo, económico y político actual, la intervención sobre la conducta, sobre la conducta del individuo en su contexto más cercano, se ha convertido en el campo de trabajo más relevante para ayudar especialmente a las personas que tienen problemas de adicción a sustancias y de adicción a conductas.

Además, en el caso de la adicción a conductas, la mejor explicación es la psicológica, aunque, insistimos, desde una explicación macro, el entorno social, la cultura y el tipo de vida actual en muchas ocasiones están en la base del trastorno. Aunque es indudable que el componente biológico existe y que sin él no habría adicciones, la evolución del individuo a lo largo de la historia evolutiva y genética, nos permite a la mayoría de nosotros ser capaces de afrontar adecuadamente las distintas adicciones y superarlas, aun en caso de que tuviésemos contacto con ellas. De ahí que tener en cuenta una visión comprensiva y global de este tipo de conductas es muy importante para poder ayudar más efectivamente a las personas que acuden a nosotros en busca de ayuda y para que les podamos ayudar de modo adecuado y eficaz (Becoña, 1999).

Por suerte, en los últimos años se han hecho grandes esfuerzos y buen número de investigaciones para conocer mejor este tipo de conductas, bien de modo general (adicciones), o específicamente para cada una de ellas (ej., alcoholismo, tabaquismo, dependencia de la heroína, juego, etc.). Ello ha favorecido el campo del tratamiento, en donde también se han dado pasos muy importantes en las últimas décadas. Asimismo, ha permitido y favorecido el que hayan surgido, o se hayan aplicado, distintos tratamientos psicológicos y/o farmacológicos, muchos de ellos con una buena evaluación y eficacia (Labrador, Echeburúa y Becoña, 2000). Dentro de los tratamientos psicológicos han destacado los tratamientos cognitivo-conductuales, que son el tratamiento de elección para las distintas conductas adictivas, bien en exclusiva (ej., en el tratamiento del juego patológico, adicción al sexo o internet, cocaína, etc.) o como una parte básica del mismo (ej., dependencia de la heroína, alcoholismo, etc.). Y esto ha sido debido tanto por la eficacia del tratamiento psicológico de tipo cognitivo-conductual como por su racionalidad y escaso tiempo de intervención, en comparación con otros abordajes terapéuticos. Pero aun así, hay que saber que en ocasiones el tratamiento puede ser largo y lleno de avatares, porque la recaída es una de sus características definitorias. Y, de lo que no tenemos hoy dudas es que las conductas adictivas, como hemos insistido (Becoña, 1998b), van a mantenerse en el futuro, siendo opitmistas, o lo más probable es que el actual nivel de prevalencia se incremente aún más. De ahí, la necesidad de disponer cada vez más de abordajes terapéuticos efectivos que estén disponibles para los afectados y convencerles que acudan a tratamiento lo antes posible para evitar la cronificación del trastorno y para evitar que cuando acudan a tratamiento el abordaje terapéutico sea más complejo y la recuperación más difícil.

Finalmente, como afirmábamos en otro lugar (Becoña, 1998b), consideramos que las conductas adictivas serán el mayor problema del siglo XXI, a nivel cuantitativo, porque los datos que tenemos a nivel epidemiológico de personas dependientes del alcohol, del tabaco, de las drogas ilegales, y de las adicciones comportamentales, nos muestran que un porcentaje muy significativo de la población, que puede ser a veces de un tercio o un cuarto de la misma, tenga, según los criterios diagnósticos actuales, un problema de dependencia o adicción (ej., el porcentaje de personas dependientes de la nicotina y del alcohol en nuestro país). El que no sea más relevante este problema y no se dediquen más medios al mismo está en los intereses, los enormes intereses económicos, que subyacen a la mayoría de estas conductas adictivas, que mueven diariamente muchos cientos de millones de dólares.

Conclusiones

Las conductas adictivas, sean con sustancia o comportamentales, constituyen actualmente un problema de gran relevancia social y clínica en las sociedades desarrolladas. Apenas existentes hace unas décadas, en la actualidad tienen un nivel de prevalencia muy alto en la población. Ello ha llevado al desarrollo de técnicas específicas de tratamiento para ellas, interés por parte de los profesionales, y disponer de recursos importantes para el tratamiento. En los próximos años este interés se mantendrá y puede que se incremente por la cronificación del trastornos en muchas de las personas que lo padecen, por las consecuencias colaterales que puede producir (ej., SIDA) y por la necesidad de atajar un problema que es epidemiológicamente desde la perspectiva clínica el más relevante que tenemos hoy en día. Por suerte, disponemos de adecuados tratamientos para estos trastornos, aunque es necesario seguir perfeccionándolos para que de ese modo podamos ayudar más efectivamente a este tipo de personas.

Referencias

American Psychiatric Association (1994). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (4th ed.). Washington, D.C.: American Psychiatric Association.

  • Explicación de este fenómeno      vía la noción de la adaptación      darvinista y el entendimiento de la ciencia      epigenética
  • Los      mecanismos que explican de cómo sustancias y      actividades placenteras se abusan y se convierten en      adicciones
  • En      breve, revisemos la importancia del núcleo accumbens,      parte del cuerpo estriado, como ya hemos estudiado en otras      lecciones
  • Aplicaciones al entendimiento de esta      tesis
  • El rol      del hipotálamo
  • Estructuras cerebrales subsidiarias que      participan en el proceso de la recompensa
  • La      dopamina
  • GABA
  • Los      opiatos endógenos: las encefalinas y      endorfinas
  • Centros de acción de las drogas de      abuso
  • Las      implicaciones terapéuticas del entendimiento de las      actividades del sistema de la recompensa      cerebral
  • En      resumen
  • Bibliografía

“Cuando muera, quiero que se diga de  mí que soy la mujer más flaca que yace en el  cementerio…” (Linda, paciente bulímica, nativa  de Kentucky) en FEFL RUMINATION: ITS SIGNIFICANCE IN ADULTS  WITH BULIMIA NERVOSA Psychosomatics

¿Por qué razón el uso  de ciertas sustancias y actividades que proporcionan placer  resultan, en algunos individuos, en el abuso o en la  adicción a las mismas? y ¿Por cuáles  mecanismos, tales las sustancias, causan la  dependencia?

Centro de recompensas cerebral

La causa de este fenómeno se  comprende mejor si se entienden los mecanismos que rigen la  epigénesis, donde claramente, pulsiones instintivas  encuentran su expresión sin cambios en la estructura del  ADN.

Las respuestas a estas preguntas, hasta  donde el estado actual de nuestros conocimientos nos permite,  está comprendida asimismo en las actividades  fisiológicas de un mecanismo cerebral que, cuando  estimulado por drogas u otras acciones que alteran la mente,  despiertan el placer inmediato, y últimamente — si se  practican, reforzando la sensación de regodeo — resultan  en la adicción.

Los conocimientos que la epigénesis  y su estudio nos prometen albergan portentos enormes

Este mecanismo de gratificación,  constituido por estructuras de los sistemas nerviosos centrales,  actuando en sincronía con los mecanismos de ciertos  neurotransmisores endógenos, se ha designado como el  “sistema de la recompensa cerebral”. Sistema, que se supone  evolucionara como medida de adaptación, para promover  actividades que son esenciales para la supervivencia de nuestra  especie y las de otros animales.

Cerebro humano

Explicación de este fenómeno  vía la noción de la adaptación darvinista y  el entendimiento de la ciencia  epigenética

Una posible comparación existe,  desde el punto de vista de la teoría de Darwin, entre el  mecanismo sugerido del abuso de las sustancias con la actividad  de ciertos virus. Algunos agentes infecciosos (como hemos visto  en otros artículos) se han adaptado para poder entrar en  las células de ciertos animales, donde se alojan,  penetrándolas. Y más adelante, usando los  mecanismos vitales, que en las células existen, los  explotan para replicarse, controlando sus funciones y,  últimamente, terminan secuestrando sus comportamientos  para promover su propia supervivencia.

A medida que los microorganismos invasores  infectan un mayor número de células,  controlándolas, el cuerpo afectado, finalmente sucumbe,  siendo despojado por los organismos patógenos.

De modo similar, las sustancias que nos  causan placer y que pueden volverse adictivas, se “aprovechan” de  los sujetos donde se alojan de manera afín. Y tal como  hacen los virus cuando éstos se apoderan de un  huésped, las drogas o sustancias de placer, finalmente  controlan totalmente el individuo afectado  sojuzgando psiquis  y soma.

En otras palabras que las drogas y  elementos recreativos de abuso, siguiendo el ejemplo de los  microbios, se apoderan de las funciones celulares del  encéfalo humano resultando en modificaciones de  comportamiento. Estas sustancias, como en otras lecciones hemos  vistos operando en algunos gérmenes, maniobran sus  actividades para lograr acceso, directa o indirectamente, del  sistema de recompensa de este último órgano para  asegurar que su uso sea continuado.

Y, del mismo modo que la supervivencia de  toda célula depende en la integridad de sus mecanismos  inmunes para su defensa, asimismo resulta que la supervivencia de  todo organismo depende de la existencia de un sistema de  recompensas eficiente.

Reiteramos que: las sustancias y  actividades de abuso, siempre placenteras, a pesar de ser nocivas  para el organismo, logran apoderarse de centros del cerebro, por  medio del placer, para asegurar el hábito mantenido de las  mismas.

Dependiente de muchos factores y de las  propias características genéticas algunas personas  tienden a ser más propensas a las adicciones que otras,  como asimismo algunas personas son más susceptibles al  ataque por patógenos que las demás.

Ciertos microbios son tan ubicuos,  quiescentes, u ocurren con tanta frecuencia que casi todos  estamos expuestos a ellos sin dificultades asociadas. Entonces,  solamente aquellas personas quienes heredan inmunodeficiencias en  sus genes o que están debilitados por alguna razón  son las susceptibles a caer víctimas de sus  ataques.

De manera similar, individuos que adquieren  predisposiciones hereditarias pueden ser más vulnerables a  cualquier forma de dependencia química o vicio.

Los mecanismos  que explican de cómo sustancias y actividades placenteras  se abusan y se convierten en adicciones

Como antes dijéramos, las  actividades hedonistas y las sustancias de abuso afectan el  cerebro a través del acceso provisto por el sistema de la  recompensa, el cual está constituido por neuronas que  descargan sustancias químicas, o neurotransmisores, cuando  son estimuladas.

Esta estimulación resulta en la  sensación subjetiva de deleite. Lo que confirma la  teoría de que este sistema evolucionó para promover  actividades que soportan la supervivencia de las especies, como  son las conductas humanas heterosexuales y las de la  alimentación.

Posición del núcleo  accumbens

Obviamente, acciones que activan el sistema  de la recompensa se asocian con sentimientos de goce marcado. Por  ejemplo, el coito sexual estimula la descarga de agentes  químicos que producen esa sensación de bienestar  tan deleitable e imprescindible, llamada el orgasmo, para la  reproducción en nuestro género de no ser  así, se estima que muy pocas mujeres saldrían  embarazadas si no fuera por la esperanza de experimentar un  placer que puede que sea inalcanzable para algunas.

Entonces, conjeturamos, que este sistema de  gratificación, sirve el propósito de la  supervivencia de ciertas especies por medio de la recompensa y  refuerzo de comportamientos necesarios para la persistencia de  las mismas.

Reiteramos que las drogas y las actividades  de abuso estimulan el cerebro en su sistema de la recompensa  produciendo los elementos necesarios para que quienes las  practican experimenten sensaciones de éxtasis o “high”,  cuando en éstas se abandonan. Pero, cuando sustancias de  abuso se usan repetidamente, éstas pueden secuestrar el  sistema de la recompensa cerebral excluyendo todas otras  actividades, incluso las adaptivas. De esta manera tan simple,  las adicciones pueden explicarse como el efecto de las drogas en  este sistema común, en el cual el uso de las substancias  estimulantes provoca adicionalmente el uso repetitivo y la  búsqueda de las mismas.

Cerebro adicto

Las estructuras básicas del sistema  de recompensas del cerebro están localizadas en el sistema  límbico, como hemos visto en otras lecciones.

Esencialmente se ha establecido que las  funciones del sistema límbico son las de monitorear la  homeostasis interna, mediar memorias, participar en el  aprendizaje, y modular emociones.

Este sistema, que, asimismo, controla  aspectos importantes del comportamiento sexual, también lo  hace con la motivación y con las actividades involucradas  en los dinamismos del comer.

Los núcleos básicos  componentes de este sistema incluyen el hipotálamo, la  amígdala, el hipocampo, los núcleos del septo y el  giro cingulado anterior. De importancia singular en estos  mecanismos son el núcleo accumbens, el núcleo  caudado ventral, y el putamen.

En breve,  revisemos la importancia del núcleo accumbens, parte del  cuerpo estriado, como ya hemos estudiado en otras  lecciones

El núcleo accumbens es un grupo de  neuronas del encéfalo, localizadas en el lugar donde el  núcleo caudado y la porción anterior del putamen  confluyen lateralmente con respecto al septum pellucidum. Este  núcleo se puede dividir en dos estructuras: la zona  central y la corteza. Estas distribuciones tienen diferente  morfología y función. El núcleo accumbens y  el bulbo olfatorio forman colectivamente la parte ventral del  cuerpo estriado, que a su vez forma parte de los ganglios  basales. Se piensa que este núcleo juega un papel  importante en la recompensa, la risa, el placer, la  adicción y la aversión.

Hipotálamo

El grupo principal de neuronas que se  encuentran en el núcleo accumbens son las neuronas de  proyección espinosa media. El neurotransmisor producido  por esas neuronas es el GABA (ácido gama  aminobutírico), que es uno de los principales inhibidores  del sistema nervioso central. Estas células especializadas  además constituyen las de mayor actividad del nucleus  accumbens. Aunque este último tipo celular constituye el  95% de las células en este núcleo, también  se pueden encontrar otras como las interneuronas  colinérgicas, grandes, no espinosas.

Las neuronas eferentes del núcleo  accumbens proyectan sus axones hacia sus análogas de la  parte ventral del globus pallidus (interior pálido del  núcleo lenticular). Éste a su vez proyecta  conexiones hacia el núcleo medio dorsal del núcleo  dorsal del tálamo, y hacia la corteza prefrontal. Entre  otras ramificaciones del núcleo accumbens se incluyen las  conexiones con la substancia nigra y la formación pontina  reticular. Las principales aferencias del núcleo accumbens  son las cortezas pre frontales asociativas, la amígdala, y  las neuronas dopaminérgicas localizadas en el área  ventral tegmental, que se conectan a través de la  vía mesolímbica. Así pues se describe  frecuentemente al núcleo accumbens como parte del eje  córtico-estriado-tálamo-cortical.

Se piensa que los impulsos  dopaminérgicos del área ventral tegmental modulan  la actividad de las neuronas del núcleo accumbens. Estas  terminales dopaminérgicas provenientes del área  ventral tegmental son el sitio de acción de drogas  altamente adictivas como la cocaína y la anfetamina, las  cuales provocan un aumento en la liberación de dopamina en  el núcleo accumbens. Además de la cocaína y  la anfetamina, se ha visto que casi todas las drogas de uso  recreativo (heroína, morfina, nicotina) son capaces de  incrementar, por diversos mecanismos, los niveles de dopamina en  el núcleo accumbens.

Auto-estimulación  experimental

Aplicaciones al  entendimiento de esta tesis

En los años 50s Olds y Milner  implantaron electrodos en el área septal de unas ratas y  encontraron que éstas elegían presionar la palanca  que las estimulaba en lugar de la que les proporcionaba alimento.  Demostrando que esta preferencia era superior a la necesidad de  comer o beber. Esto estableció que ésta área  es donde reside el “centro del placer” del cerebro.

Aunque se ha estudiado tradicionalmente el  nucleus accumbens por su papel en la adicción, esta  estructura desempeña un rol similar en otras actividades  placenteras como son los de la alimentación, el sexo y los  videojuegos. Un estudio reciente encontró que está  implicado en las emociones inducidas por la música,  quizás en consecuencia de su papel mediador de la  liberación de la dopamina.

Además de las estructuras ya  descritas, otros sistemas adicionales poseen una influencia en el  sistema de recompensas cerebral. El sistema endocrino y el  sistema nervioso autonómico interaccionan con éste  vía el hipotálamo y la glándula pituitaria.  Estas últimas estructuras modulan igualmente el sistema de  recompensa.

El rol del  hipotálamo

El hipotálamo está  involucrado en todos los aspectos de las funciones endocrinas,  viscerales, y funciones autonómicas; como asimismo  interviene en las actividades de comer, la sexual, la de la  evasión, y la del placer.

Por este medio, los estímulos del  entorno pueden afectar el cerebro por medio de este eje  neuroendocrino.

¿Qué sucede cuando se excita  eléctricamente el sistema de recompensa  cerebral?

Entonces, tenemos que, en el laboratorio,  si un electrodo se implanta en una estructura perteneciente al  sistema de la recompensa, que, si la estimulación  provocada resulta ser placentera — que, a continuación  la auto-estimulación recreativa sigue como  corolario.

En modelos de adicción, animales  hambrientos, bajo la influencia del placer despertado demuestran  una predilección por la estimulación auto-inducida,  ignorando comida y agua hasta el punto de la muerte.

Este paradigma experimental explica  cómo las drogas de abuso o experiencias placenteras pueden  apropiarse de este sistema, volviéndose más  gratificantes que los mismos comportamientos que la  evolución les indicó que reforzara.

Estructuras  cerebrales subsidiarias que participan en el proceso de la  recompensa

Existen otras estructuras que participan en  las actividades del sistema de recompensa cerebral. La más  importante entre ellas es el sistema de activación  reticular (SAR).

Sito en el tronco cerebral, el SAR controla  la atención y la excitación, provenientes del  entorno, distribuyéndolas a varias regiones del  encéfalo para mediar la producción de respuestas de  índoles motivacionales y emocionales. En conjunto con el  SAR, el sistema de la recompensa interactúa con los  ganglios basales y el cerebelo para monitorear y modificar las  actividades motrices.

Todas las actividades descritas son de  complejidad extraordinaria y dependen de la función del  hipotálamo, cuyas actividades continuaremos estudiando de  inmediato.

El hipotálamo es centro de control  del sistema nervioso autonómico, actuando como un circuito  integrador entre los sistemas endocrino y nervioso.

Sinapsis

Los componentes hipotalámicos  monitorean los nutrientes contenidos en la sangre tanto como lo  hacen con las actividades de otros sistemas para mantener la  homeostasis. Este sistema igualmente promueve comportamientos  adaptivos como son la obtención de agua, y la actividad  sexual. Por medio de la glándula pituitaria, el mismo  mecanismo, facilita la producción de hormonas que  interactúan con el sistema de recompensa.

En consecuencia, el hipotálamo  establece y controla los nexos que existen entre los  estímulos del medio ambiente y el sistema de recompensa  como si fuera el director de una filarmónica.

A continuación  estudiaremos los mecanismos responsables por el relapso de  quienes abusan sustancias u otras actividades placenteras cuando  el estrés interviene

La razón del relapso reside en los  dinamismos neurofisiológicos del cerebro y de la  interacción de este órgano con los estímulos  del entorno. Tales conexiones entre el sistema  hipotalámico-hipofisario y el sistema de la recompensa se  han establecido por medio de la experimentación. Por  ejemplo, los nexos entre los estímulos estresantes  provenientes del entorno aumentan la auto-administración  de drogas y el consumo de ciertas comidas, lo que corrobora que  los factores del entorno son de la mayor importancia en las  recaídas.

Serotonina en el cerebro

Cuando drogas de abuso incitan el sistema  de la recompensa, los comportamientos que conducen a la  búsqueda de drogas asimismo se intensifican.

Ahora dirigimos nuestra atención a  la fisiología molecular del sistema de la  recompensa

El neurotransmisor principal del sistema de  la recompensa es la dopamina. Y, a pesar de que sustancias de  abuso pueden actuar usando mecanismos diferentes y en varias  localizaciones fuera de este sistema, todas convergen en un  factor común: que todas elevan los niveles de la  dopamina en el sistema de recompensa cerebral.

La  dopamina

Las sustancias de abuso son reconocidas por  sus efectos en el incremento de los neurotransmisores en el  sistema de recompensa. Por consecuencia, puede ser dicho, en  términos generales, que fármacos que no se abusan  carecen de efectos en las concentraciones cerebrales de  dopamina.

Los mecanismos mejor conocidos que  contribuyen al incremento de este neurotransmisor incluyen el  bloqueo de la reabsorción de la misma y la  estimulación de su liberación.

Es cierto que, aunque el aumento de los  niveles de la dopamina en el sistema de recompensa del cerebro,  se considera como la ruta final de las propiedades reforzadoras  de las drogas, se ha establecido que otros neurotransmisores  están igualmente involucrados. Por ejemplo, la serotonina  está íntimamente relacionada con la  modulación de factores de motivación y con la  cantidad de esfuerzos que un individuo está dispuesto a  realizar para obtener cualquier droga.

Opiaceos endógenos

GABA

Éste es otro neurotransmisor  envuelto en la modulación de los sistemas de  modulación de la dopamina del sistema de recompensa  cerebral es el GABA. Éste agente inhibidor está  localizado de manera difusa en el cerebro. Drogas de abuso  actúan en los receptores del GABA para  híper-polarizar las neuronas. Cuando una neurona se  híper-polariza, ésta se inhibe en sus actividades,  resultando en la desinhibición de las neuronas que  contienen dopamina haciendo que las mismas descarguen de manera  más rápida, de ese modo terminan emitiendo mayores  cantidades de esta sustancia en el sistema de recompensa — lo  que incrementa los sentimientos de éctasis y euforia en el  individuo.

Los efectos ulteriores de la  inhibición de los sistemas GABA difusos son la  reducción de la ansiedad, la desinhibición del  comportamiento, la sedación y la euforia.

Los opiatos  endógenos: las encefalinas y endorfinas

De igual modo que las estructuras del  sistema de recompense del cerebro estimulan comportamientos  adaptivos como resultan ser la procuración de comida y la  oportunidad de tener relaciones sexuales, proteínas  endógenas conocidas como las endorfinas asimismo motivan  muchas conductas. Las endorfinas se unen a los mismos receptores  a que se adhieren los opiatos exógenos. Por mecanismos  idénticos ambos incrementan los niveles de dopamina  existentes en el sistema de la recompensa cerebral.

Centros de  acción de las drogas de abuso

Se entiende que drogas de abuso  actúan de modo específico en ciertas partes del  cerebro.

El núcleo accumbens (NA) es el lugar  primario de acción de las anfetaminas, la cocaína,  los opiatos, el THC, la fenciclidina, la ketamina y la nicotina.  Mientras que los opiatos, el alcohol, los barbitúricos y  las benzodiacepinas estimulan neuronas en el área  tegmental ventral (ATV). Pero, el pasaje final de acción  para la mayoría de las drogas recreacionales es la que  provee el sistema de recompensa incrementando producción  de la dopamina.

Veamos el comportamiento de otras  sustancias

El alcohol

En breve, el alcohol se sabe que excita  neuronas dopaminérgicas en el ATV en conjunto con las del  NA.

Otros neurotransmisores, además de  la dopamina, están involucrados en la dependencia del  alcohol, como asimismo actúan otros reforzadores como son  la comida, el azúcar, el agua y algunas drogas de  abuso.

Los opiatos

Estas son sustancias que influyen en los  niveles de dopamina cerebral de manera indirecta inhibiendo las  neuronas GABA en el ATV, resultando en descargas más  abundantes de dopamina.

Los estimulantes

Sustancias tales como son la  cocaína, las anfetaminas y la nicotina, todas estimulan el  sistema de recompensa a través de mecanismos un poco  diferentes a los descritos, asimismo aumentando la dopamina  existente pero en cantidades menores. Además de esto,  sabemos que las rutas de administración utilizadas  influyen en la intensidad de los efectos obtenidos con las  drogas. La vía intravenosa y la transpulmonar (fumando)  son más eficientes que la nasal (“snorting”) y la  oral.

La  cocaína

Esta droga, como lo hacen las otras drogas  de abuso, aumenta los niveles de dopamina en el sistema de la  recompensa.

Este aumento de dopamina es dependiente en  la dosis de cocaína ya que tiende a acumularse en las  áreas receptoras. De hecho, los adictos a la  cocaína describen su experiencia como “hambre”, “deleite”  o “éxtasis sexual”.

Se reconoce que los efectos de la  cocaína sobre-controlan otros refuerzos gratificantes:  dinero, seguridad, el amor por los seres más queridos, la  moralidad y aún la supervivencia pueden tornarse de menor  importancia al adicto que la obligación de obtener la  droga.

Los efectos primarios de la cocaína  son resultado de la habilidad de esta sustancia para prevenir la  reabsorción de la dopamina al nivel de la sinapsis, de  esta manera aumentando su presencia en el sistema de la  recompensa.

Las anfetaminas

Asimismo estimulan el sistema de la  recompensa por aumento de las concentraciones de dopamina. Las  anfetaminas actúan disminuyendo la reabsorción de  la dopamina, mientras que a la vez, provocan la descarga de este  neurotransmisor.

La nicotina

Se cree que esta sustancia, de tanto uso  por todo el mundo, afecta el sistema de la recompensa  incrementando las concentraciones de dopamina por vía de  su interacción con receptores nicotínicos y  acetilcolínicos que se han demostrado que imitan el  neurotransmisor acetilcolínico endógeno.

La acción principal de la nicotina  se efectúa a nivel del NA.

La  cafeína

La cafeína es la sustancia  psicoactiva de mayor uso en el mundo. Su acción interfiere  con la actividad inhibidora de la adenosina.

Las implicaciones  terapéuticas del entendimiento de las actividades del  sistema de la recompensa cerebral

Operando por medio de mecanismos variados,  las drogas y sustancias de abuso poseen un derrotero común  en el cerebro por medio del cual éstas aumentan las  concentraciones de dopamina en las estructuras básicas del  llamado “sistema de la recompensa cerebral”. En este sistema, un  balance humoral existe entre los efectos de una droga y los  sentimientos placenteros asociados con la estimulación del  centro de la recompensa cerebral determinando si un individuo  disfrutará del uso continuado de la sustancia psicoactiva  o no. Lo que nos traslada al desarrollo de estrategias para  interrumpir su abuso

El tratamiento  farmacológico de las adicciones

El mayor interes se ha dirigido a  métodos farmacológicos para tratar las adicciones,  pero los resultados obtenidos han sido variables. Todos  éstos métodos se basan en tratar de modificar las  funciones del sistema de la recompensa cerebral, mientras que su  enfoque se concentra en la prevención de los relapsos —  técnica que nosotros aplicamos a nuestros sistemas para  tratar las disorexias, o enfermedades del comer.

Para el control de las adicciones los  sistemas de intervención farmacológica se  concentran en tres procedimientos: la creación  química y artificialmente inducida de aversión en  los pacientes hacia ciertas drogas — lo que logran, o acoplando  aversión a las sustancias indeseadas con el uso de los  agentes repelentes, o modificando la actividad de los  neurotransmisores para limitar la ingestión de las drogas  o, finalmente, por sustitución a largo plazo con otro  fármaco de acción similar, pero de potencia menos  adictiva.

Neurona

Condicionamiento por  aversión

La más conocida de las drogas usadas  para el tratamiento del alcoholismo es el disulfiram (Antabuse)  — aunque otras existen, cuyas aplicaciones están fuera  del ámbito de esta comunicación.

Manipulación de  neurotransmisores

El uso de drogas antagonistas o de drogas que bloquean  los efectos adictivos de las drogas abusadas en el sistema de  recompensas dopamínico

Estos métodos hasta la fecha, no han demostrado  mucha eficacia en el ser humano.

Sustitución  farmacológica

Por medio de la sustitución de una sustancia  adictiva por otra que sea menos adictiva, se puede lograr una  reducción en la tendencia a las recaídas de las  adicciones. La metadona es la droga modelo en este método  seguida por los tradicionales técnicas de reemplazo de la  nicotina.

Adicción al internet

En  resumen

En los últimos años y desde que avanzaran  las ciencias de la fisiología molecular y de las  neurociencias, los campos de las dependencias y de las adicciones  se han expandido enormemente.

Hoy, consideramos que los seres humanos modernos,  habitantes del planeta tierra y beneficiarios de los avances  más espectaculares de todas las ciencias, han, asimismo  caído víctimas del hibris de  Ícaro.

Teniendo acceso a mayores oportunidades de vivir vidas  más luengas y abarrotadas de posesiones y de placeres; el  consumo de ostentación (famosa frase que Thorstein Veblen  acuñara) nos conduce a que hagamos un máximo  esfuerzo a tratar de lograr todos los placeres que nos  sean disponibles.

El sistema de la recompensa del cerebro, con todos sus  mecanismos que nos aseguraban la supervivencia cuando  existiéramos como individuos semi-salvajes, hoy ha sido  secuestrado y puesto al servicio de mecanismos que son meramente  hedonistas.

No sólo existen las drogas, cuyos efectos  físicos actúan directamente en el cerebro sino que  también tenemos actividades como son la pasividad de ver  la televisión en lugar de ejercitarnos, por muchos  asociados con la obesidad. Asimismo gozamos de los juegos de  galería, el internet, la pornografíay otros  comportamientos de mayor complejidad como hemos descrito en el  estudio de los aspectos adictivos de algunas formas y variedades  de las disorexias.

Consumo de ostentación

Prosiguiendo en este modo de conceptualizar  un problema de magnitud progresiva, ya visto en otras lecciones,  entendemos que un sinnúmero de actividades tan dispares  como son las relaciones interpersonales, hasta las conversaciones  interminables en los teléfonos celulares se pueden  considerar adictivas, ya que comparten algunas de las  características que poseen las dependencias a las drogas y  a la comida — esta última cuando actúa como  vehículo del placer y no para el de la supervivencia  necesariamente.

A medida que los mecanismos que afectan el  sistema de recompensa son mejor entendidos, las aplicaciones de  estos conocimientos pueden expandirse a investigar el desarrollo  de nuevas terapias que modifiquen los comportamientos y los  agentes que lo impactan.

Por razones obvias, puede anticiparse que  estas técnicas futuras podrán encontrar  aplicaciones en el tratamiento de las enfermedades del comer,  donde, a menudo el placer deriva de actitudes que, a la gran  mayoría resultarían repugnantes y a otros,  claramente detestables, como sería el hambre estoica, que  gozan con deleite ostensible, muchas víctimas de la  anorexia nervosa. O el placer de la rumia en la boca de que Linda  gozara hasta la misma muerte. (Véase mi artículo,  La Bulimia Centrante).

Bibliografía

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  • 2. Larocca, F. E. F: (2008) La      ciencia epigenética, el embarazo “normal” y la      obesidad: una parábola en tres actos (en proceso      de publicación)

  • 3. Larocca, F. E. F: (2007) La      bulimia centrante en psikis.cl y en      monografías.com

  • 4. Larocca, F. E. F: (2007)      Anorgasmia: Desde el punto de vista Darvinista, la mujer      siempre gana… en      monografías.com

  • 5. Larocca, F. E. F: (2007) La      Ley Natural y los principios básicos de nuestras      actividades lógicas y emotivas en      monografías.com

  • 6. Larocca, F. E. F: (2007) La      sinergia de los principios del equilibrio mental en el      tratamiento de la obesidad en      monografías.com

  • 7. Larocca, F. E. F: (2007) El      orgasmo de la mujer y la neurociencia en      monografías.com

  • 8. Larocca, F. E. F: (2007) La      obesidad como comportamiento adictivo en      monografías.com

  • 9. Larocca, F. E. F: (2007) El      payaso triste: Un oxímoron de la personalidad muy poco      estudiado en monografías.com

  • 10. Larocca, F. E. F: (2007)      Los efectos extraños de las endorfinas en      monografías.com

  • 11. Larocca, F. E. F: (2007)      Comer y saber comer en      monografías.com

  • 12. Larocca, F. E. F: (2007)      El amor como paradigma de los sentimientos humanos      en monografías.com

  • 13. Larocca, F. E. F: (2007)      El nacimiento del ser humano: Diseño      erróneo de la Naturaleza en      monografías.com

  • 14. Larocca, F. E. F: (2007)      Nuestras percepciones en      monografías.com

  • 15. Larocca, F. E. F: (2007)      El conflicto de las Pascuas en      monografías.com

  • 16. Larocca, F. E. F: (2007)      La oxitocina: La hormona del amor en      monografías.com

  • 17. Larocca, F. E. F: (2007)      De la terapia cognitiva de los trastornos depresivos      en monografías.com

  • 18. Larocca, F. E. F: (2008)      Trastorno disfórico premenstrual (TDPM) en      monografías.com

  • 19. Larocca, F. E. F: (2007)      Qué, cuándo y cómo hablar del      sexo en monografías.com

  • 20. Larocca, F. E. F: (2008)      La anorexia nervosa en      monografías.com

  • 21. Larocca, F. E. F: (2007)      Lección 21 en      monografías.com

  • 22. Larocca, F. E. F: (2007)      Guerra contra las drogas en      monografías.com

  • 23. Larocca, F. E. F: (2007)      Donde se aprende de la Personalidad      Histriónica en monografías.com

  • 24. Larocca, F.E.F. and      Della-Ferra, M.A: (1986)RUMINATION: ITS SIGNIFICANCE IN      ADULTS WITH BULIMIA NERVOSA Psychosomatics Vol. 27, No.      3, pp. 209-12

  • 25. Schwienbacher I, Fendt M,      Richardson R, Schnitzler HU: (2004) Temporary      inactivation of the nucleus accumbens disrupts acquisition      and expression of fear-potentiated startle in rats Brain      Res. 1027 (1-2): 87–93

  • 26. Kurlan, Roger: (2004)      Handbook of Tourette’s Syndrome and Related Tic and      Behavioral Disorders, pg. 256, Informa Health      Care

  • 27. Olds J, Milner P: (1954)      Positive reinforcement produced by electrical stimulation      of septal area and other regions of rat brain J Comp Physiol      Psychol 47 (6): 419-27

  • 28. Menon, Vinod & Levitin,      Daniel J: (2005) The rewards of music listening: Response      and physiological connectivity of themesolimbic system.”      NeuroImage 28(1), pp. 175-84

  • 29. Lowinson, J; Ruiz, P; Millman,      R; Langrod, J: (1997)  Substance Abuse: A      comprehensive Textbook 3rd Edition. Williams &      Wilkins

  • 30. Niesink, R; Jaspers, R;      Kornet, L; van Ree, J: (1999) Drugs of Abuse and      Addiction: Neurobehavioral Toxicology. CRC      Press

La adicción a las drogas ha sido un problema que nos ha preocupado, en una u otra forma, por miles de años. Pero es muy reciente que los científicos han podido comenzar a entender claramente una de las razones por qué existe y aún persiste:

La razón que los científicos actualmente invocan para explicar las adicciones, es que las sustancias que las producen, causan cambios en las funciones cerebrales que son difíciles de revertir.

Esto significa que en el mundo existen muchos cerebros adictos, alterados por las drogas, como, en seguida, veremos.

En los Estados Unidos, solamente, podemos contar, casi 2 millones de adictos a la cocaína y a la heroína, quizás 15 millones de alcohólicos, y decenas de millones de fumadores de cigarrillos — sin esperanza de soluciones tempranas. Porque aún no entendemos, con precisión o certidumbre, los mecanismos cerebrales de la adicción.

Nos preguntamos, ¿por qué el cerebro prefiere el opio a las comidas puras y simples?

La respuesta a esta cuestión no es tan simple, ya que involucra las actividades del núcleo accumbens, ese manojo de células nerviosas que está localizado debajo de los dos hemisferios cerebrales.

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Adicto al tabaco

Veamos

Cuando un ser humano u otro animal ejecutan una acción que satisface una necesidad o sacia un deseo, el neurotransmisor, dopamina, se descarga dentro de este núcleo, produciendo una sensación de placer. Esta descarga actúa como señal de que la actividad que la desencadenó promueve la supervivencia y la reproducción, directa o indirectamente. El grupo celular que la produce se llama el sistema del placer. Cuando nosotros activamos este sistema, el cerebro hace un récord de la experiencia y almacena esta nueva memoria para procurarla de nuevo.

En la Naturaleza, las recompensas usualmente, nos llegan luego de mucho esfuerzo y con alguna dilación. Las drogas adictivas nos proporcionan un atajo para lograr el placer. Cada una de ellas, a su manera, desencadena los mecanismos biológicos que inundan el núcleo accumbens con dopamina. Esta acción no sirve los propósitos de reproducción o supervivencia, por ello la evolución no había programado para esta responder a esta imprevista inundación — como tampoco lo había hecho para manejar las “jarturas” que abarrotan el cuerpo con calorías que engordan.

En la persona que se vuelve adicta, el uso repetido de las drogas requiere una cesación del “ataque” químico que estas sustancias representan. La capacidad natural de producir dopamina dentro del sistema de recompensa, se atenúa, mientras que el deseo persiste, la droga siendo la única manera de satisfacerlo. Para lograrlo los adictos requerirán constantemente dosis mayores de la substancia y medios de envío más rápidos para que éstas lleguen al cerebro.

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Serotonina y cerebro

Ellos desean más drogas, aún si, a veces, las mismas no proporcionan el placer que al principio proporcionaran.

Los cambios en los circuitos cerebrales del sistema de recompensa no pueden, por sí solos, explicar las razones por las que las adicciones persisten. Los adictos también pueden ser víctimas de condicionamiento en sus comportamientos. El uso de las drogas se asocia con circunstancias accesorias que pueden reactivar los reflejos dormidos. Personas, lugares, situaciones especiales, o la droga misma pueden actuar como detonadores de la recidiva.

Es el primer trago el que te emborracha” como dicen en AA.

Los estreses, tanto internos como internos, participan activamente en este mecanismo. Cuando tensiones se acumulan, el núcleo accumbens envía señales a la amígdala y al hipocampo cerebral, los que registran y consolidan memorias que evocan sentimientos poderosos. Los niveles de la hormona liberadora de la corticotropina (CRH), la sustancia cerebral que regula la actividad del sistema endocrino del estrés, a menudo se eleva en los adictos, inmediatamente antes del relapso, cuando la amígdala se vuelve más activa.

¿Por qué, entonces, no todos somos adictos?

La susceptibilidad a la adicción no nos afecta a todos de igual manera. Existen personas que son más vulnerables que otras. Lo que se cree que responda a algún factor hereditario. Estudios de gemelos tienden a soportar esta última especulación.

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Alimentos ricos en carbohidratos

Los individuos tienden a diferir entre sí en la capacidad de aplicar el uso del buen juicio para inhibir los impulsos, cuando esta respuesta resultaría ser la más conveniente — como no pudo hacerlo Ricitos de Oro. Parece ser que en este respecto la actividad de los lóbulos prefrontales son factores de importancia.

Ronald K. Siegel en su substancial contribución al campo de las adicciones, en su libro Intoxication: Life in Pursuit of the Artificial Paradise, nos aconseja, el uso y la adicción a las drogas componen lo que él denomina la “cuarta pulsión” que acompaña a las recompensas de la comida, la sed y el sexo. Pulsión que existe tanto en las aves y los insectos, como en algunos vertebrados superiores.

Las investigaciones recientes nos iluminan con el conocimiento de que el cerebro de quienes caen víctimas de las adicciones — cualesquiera que estas sean — son víctimas de un serio problema que, afectando de manera profunda la fisiología de este órgano, representa algo más que una simple metáfora.

Unas palabras acerca de la genética

El papel que la herencia posee en el origen de las adicciones, aunque controversial y no bien establecido, tiene su lugar esperado en el futuro entendimiento de estas condiciones.

Adicción a la comida merendando: en la serotonina. La neurobiología del anhelo por los carbohidratos

Hacen unos veinte años que los investigadores de MIT, Judith y Richard Wurtman reportaron (en Scientific American) el hallazgo que sigue:

Nosotros nos preguntamos si el consumo de cantidades excesivas de carbohidratos presentes en las comidas que habitualmente consumimos, conduciendo a la obesidad severa, no son en efecto, equivalentes químicos al abuso de las drogas. Ya que muchos los consumen por sus efectos calmantes y antidepresivos — a un costo sustancial para quienes los abusan“.

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Precursores de la serotonina que engordan

En el caso de ciertas personas que anhelaban los carbohidratos, como si éstos fueran drogas, ellos descubrieron que el triptófano dietario estaba convirtiéndose en serotonina en cantidades concentradas, actuando como adyuvante afectivo, actuando como si fuera una medicina.

Los esposos investigadores, habían detectado algo de gran importancia. Las personas que tienden a las comelonas nocturnas, repletas de carbohidratos, especialmente azúcares simples, como el helado, experimentaban una estimulación energética y del afecto que actuaba como droga en su capacidad estimulante. En la situación experimental, estas personas, específicamente, seleccionaban las comidas más ricas en los compuestos que proporcionaban más serotonina al organismo.

Para los Wurtman, estos efectos pueden proveer la explicación por la razón por la cual los adictos durante la fase de recuperación, los que anhelan carbohidratos y los que sufren del síndrome pre-menstrual, tienden a ingerir excesivas cantidades de comidas azucaradas. Quizás algunos adictos descubren, temprano en la vida, que las comidas ricas en carbohidratos simples, como el azúcar refinado, son su droga preferida.

 

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Pastillas de dieta

 

La dopamina, asimismo, puede estar involucrada en comportamientos de comer. Los investigadores determinaron que las anfetaminas y la cocaína aumentan el nivel de la dopamina por medio de un mecanismo que normalmente se activa durante la ingestión de alimento. Actuando de esta manera, la descarga de la dopamina durante esta acción, puede ser un factor en la adicción a la comida.

La idea de una conexión entre las adicciones y el control del apetito no es nueva. La controversia del azúcar como “droga” adictiva es muy vieja. Los adictos a la heroína, los alcohólicos, los fumadores de tabaco, cuando los privan de su droga favorita, a menudo consumen grandes cantidades de azúcar, lo que sugiere una adicción sustitutiva. La expresión vernácula de referir a las ansias por droga como “hambre por las drogas” puede que no esté muy lejos de la realidad.

Es necesario, aquí considerar que no todos quienes comen en exceso son adictos en abstinencia. La obesidad, como adicción, se presenta en una variedad de guisas, y es asimismo, afectada por factores genéticos y del entorno.

Pero, si engordar constituye, o no, una adicción, es algo que aún no se ha determinado.

Lo que, sí es cierto, es que el obeso, impulsado por fuerzas que no puede controlar, desafía los factores que gravitan en contra de su condición, mientras que continúa comiendo, a pesar de los peligros envueltos.

La serotonina, como hemos visto, es la responsable por mucho de este estado tan desdichado como poco placentero.

Como ya hemos visto, la ingestión de sustancias que elevan la serotonina, poseen el efecto de elevar las depresiones. Un bono inestimable para quienes lo necesitan.

Volviendo al asunto polemizado del desayuno

La producción de la serotonina, está asimismo bajo el control de la luz solar, por medio de las actividades de la glándula pineal (como ya hemos visto). La que se activa al anochecer y mengua en sus actividades con la alboreada.

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Icono moderno

Esta elevación fisiológica de la serotonina, persistiendo durante horas de la mañana, hace que para muchos les resulte difícil apetecer el desayuno. Lo que está de acuerdo al plan de la Naturaleza para el ser humano. A medida que pasa el día, la serotonina disminuye, y deseamos comer la comida que procuráramos en nuestras exploraciones cotidianas cuando fuéramos esencialmente un ser primitivo tribal.

Pero, cuando la comida se nos presenta a todas horas, sin tener que trabajar para buscarla, y ésta, además, sabe muy rica, cargada de carbohidratos en exceso, el deseo se vuelve incontenible, con la resultante gordura.

Pero, antes de proseguir, veamos la razón por qué al cerebro no sólo le “deleitan” los dulces…

Parece ser que el sabor dulce del azúcar no es el único factor que entra en acción durante el proceso metabólico de la dopamina en los centros de la recompensa cerebrales.

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Síndrome de la Eosinofilia-mialgia

Un artículo reciente en la revista Neuron, demuestra que ratas privadas de la capacidad de percibir el dulzor de la comida, aún preferían las comidas azucaradas a otras que habían sido adulteradas, para saber dulce, por medio de sustitutos del azúcar utilizando productos comerciales sin contenido calórico.

Los investigadores determinaron que es la densidad calórica, que siendo mayor en las comidas azucaradas, la que resulta siendo el factor determinante por la selección de éstas, con la elevación concomitante de la dopamina.

Esta hipótesis, aun en sus fases de ser confirmada añade un elemento de certidumbre al asunto de la posición que hemos mantenido por muchos años, de que las dietas engordan — porque el cerebro, bajo la dirección de su director de orquesta — el hipotálamo — es así como lo decreta.

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¿Decadencia o deporte?

El caso de Scott

Scott era obeso. Hijo único, que a los dieciséis años se había destacado con mucha simpleza, por haber ganado un torneo de comer el mayor número de hamburguesas en su colegio — este logro se justificó porque con el dinero acumulado su clase pensaba hacer “algo” para combatir la diabetes juvenil. Acerca de esto último, un proverbio que data desde hace unos mil años antes del nacimiento de Cristo nos dice: “El camino al infierno está empedrado con buenas intenciones“. Además de comer en exceso, para combatir una enfermedad debida al comer en exceso, Scott también gozaría del dudoso honor de haber sido seleccionado todas las pascuas para ser Santa Claus en la velada tradicional, y de haber sido votado, anual y unánimemente, como “la persona más gorda de la comarca”.

Como es de imaginarse, sus padres devotos no escatimaron dinero para que Scott tratara todas las dietas y spas disponibles en los Estados Unidos, y en algunos países europeos para que fuera delgado, algo que el joven opusiera enfáticamente, replicando “a mí ser gordo no me molesta para nada“. Los resultados serían frustrantes, ya que Scott, con su actitud, continuaba ganado de peso progresiva e inconteniblemente.

Sus problemas adquirieron un turno casi fatal cuando una dietista decidiría que lo que Scott necesitaba era algo que le “regulara la serotonina” recetándole suplementos de L-triptófano.

Lo que comenzó con síntomas de una gripe inocente evolucionó a presentar el cuadro diagnóstico del Síndrome de la Eosinofilia-Mialgia, una condición neurológica, en este caso, iatrogénica, que puede tener desenlace fatal. (Véase mi artículo: Los dietistas, quienes los siguen y el pensamiento del satírico romano Juvenal, en monografías.com).

En resumen

En esta tesis hemos revisado el cerebro como el órgano donde se negocian todas las operaciones neurales que subyacen el problema de todas las adicciones.

Sin haberlo explícitamente establecido, para conducir nuestras reflexiones al respecto, hemos optado por adoptar y seguir el modelo reconocido y heurístico que utiliza el sistema tripartito para explicar el arraigo de los problemas emocionales.

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Partimos desde el campo fértil del entendimiento de la comida, utilizando para hacerlo, un análisis sistemático de sus muchas metamorfosis, en todos los aspectos de nuestra existencia, en los que este importante instrumento de nuestro bienestar y supervivencia impacta.

Hemos analizado los aspectos hedónicos de las sustancias y actividades que estimulan el placer, siguiendo los senderos neurales que los neurotransmisores recorren en sus actividades para lograr sus efectos fisiológicos y patológicos.

Hemos revisado literaturas pertinentes al tema que nos hacen accesibles los cambios característicos del “cerebro adicto”.

Hemos asimismo adaptado muchos de los conocimientos derivados en nuestras búsquedas por materiales relevantes a nuestros propósitos, concluyendo de la siguiente manera:

  • Las adicciones, aunque todavía no hayan sido explicadas en su totalidad, se comportan como reacciones a sustancias químicas que producen en el cerebro, de quienes son sus víctimas, reacciones placenteras, que deben de ser repetidas

  • Que la repetición de estas experiencias de goce, necesitan gradualmente mayor número de estímulos y mayor cantidad de la sustancia adictiva para lograr sus efectos.

  • Que ciertas actividades placenteras, sin el uso de sustancias químicas, pueden evocar las respuestas debidas de los centros del placer para que puedan considerarse como adicciones verdaderas.

  • Que la comida, en una gran parte de los casos, juega un importante papel en el desarrollo, mantenimiento y evolución de los problemas de adicción.

  • Que la dopamina y la serotonina, neurotransmisores que son altamente susceptibles a ser afectados por nuestra dieta, por el efecto que ejercen sobre nuestros estados de ánimo y autoestima, son de importancia mayor para las investigaciones futuras en lo que respecta a causalidad y terapia.

  • Que los parámetros de los efectos del entorno asimismo afectan las funciones y respuestas cerebrales, como asimismo lo hacen los factores genéticos y epigenéticos.

  • Que la constitución individual actuando como si fue una forma de conformidad somática, determinará quiénes serán adictos y quiénes no.

  • Que sería gesto de la mayor sensibilidad técnica, aplicar todos los conocimientos que hemos adquirido acerca de las adicciones a las personas que son sus víctimas, considerando cada caso de manera individualizada y no como una etiqueta diagnostica para la que una cura pre-establecida ya existe.

  • Que la obesidad, en muchos casos, aunque no aparente, puede comportarse como una verdadera adicción en su resistencia a ser curada y en su tendencia a las recidivas.

Finalmente, y ya que vivimos en sociedades que se conducen como sistemas esencialmente moralistas, que evitemos seguir el sendero señalado desde tiempos inmemorables por personas que deciden arbitrariamente – y sin suficiente fondo moral para hacerlo — quiénes son los “pecadores impíos” y quiénes no.

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Yo no sé lo que es el hambre, ya que nunca la he sentido…

Censurar a quienes usan ciertas “drogas” como si cometieran actos criminales contra los demás, mientras que permiten el uso, claramente impune, de otras sustancias cuyos potenciales nocivos, son iguales o aún peores que las criminalizadas, sólo confunde al inocente y fomenta la disrupción socioeconómica que promueven los carteles, que operan sus imperios por medio de la coerción y la violencia.

Criminalizar la ingestión de una hamburguesa, con todas sus guarniciones, a todos, nos parecería insólito, aunque claramente justificable, si es que hemos entendido los conceptos esenciales contenidos este trabajo.

Las estadísticas demuestran que de entre aquellos quienes contraen el hábito de comer, muy pocos sobreviven…” George Bernard Shaw

Autor:  Dr. F. E. Larocca.

Eric J. Nestler y Robert C. Malenka

 

Eric J. Nestler y Robert C. Malenka estudian las bases moleculares de la drogadicción. Profesor y director del departamento de psiquiatría de la fa­cultad de medicina de la Universidad de Texas en Dallas, Nestier ingresó en el Instituto de Medicina en 1998. Ma­lenka enseña psiquiatría en la Univer­sidad de Stanford. Anteriormente había dirigido el centro de neurobiología de la drogadicción adscrito a la Universi­dad de California en San Francisco.

 

 El consumo de drogas produce trastornos duraderos en el circuito de recompensa del cerebro.La comprensión de las bases moleculares de dichas alteraciones ofrece nuevos enfoques para tratar el comportamiento compulsivo del adicto.

 

 

 Rayas blancas sobre el espejo. Una aguja y una cuchara. Sólo con ver la droga o cual­quiera de los utensilios que la suelen acom­pañar, el toxicómano empieza a estremecerse. Anticipa el placer. Luego, vaciada la jeringa, llega la euforia real: calor, claridad, visión, alivio, sensación de ocupar el centro del universo. Durante unos ins­tantes, todo parece hermoso. Pero algo ocurre tras el consumo repetido de una droga, sea ésta heroína, co­caína, whisky, anfetamina o nicotina.

La dosis que antes producía euforia empieza a re­sultar insuficiente. Pincharse o aspirar el humo se convierten en una necesidad. Sin la droga, se hunde en la depresión y, a menudo, enferma. Empieza a dro­garse de forma compulsiva. Se ha hecho adicto. Pierde el control sobre el narcótico y sufre el síndrome de abstinencia. La adicción mina su salud, su bolsillo y su relación con los demás.

Por tratarse de sustancias químicas que intensifican el sistema cerebral de recompensa, las drogas produ­cen sensación de euforia. Dicho sistema está formado por un complejo circuito de neuronas que ha evolu­cionado para proporcionarnos el placer de la mesa y del sexo, actividades necesarias para sobrevivir y trans­mitir nuestros genes. Al menos inicialmente, la exci­tación de este sistema nos aporta bienestar y nos anima a repetir cualquier actividad que nos produzca placer.

De acuerdo con la investigación reciente, el con­sumo repetido de drogas induce cambios en la estruc­tura y la función de las neuronas del sistema de re­compensa que persisten semanas, meses o incluso años tras la última dosis. En un mecanismo perverso, esta adaptación del cerebro suprime los efectos pla­centeros que el adicto busca en las sustancias psico­activas. El deseo vehemente y compulsivo de droga le atrapa en una espiral de consumo, a la vez que fomen­ta el absentismo laboral y el abandono del hogar. Una mayor comprensión de estas alteraciones neuronales debería contribuir al desarrollo de nuevos tratamien­tos de la adicción que ayudaran a recuperar el cere­bro y la vida del drogadicto.

Comportamiento compulsivo

Estudios con animales de laboratorio, iniciados hace ya unos cuarenta años, han permitido comprobar que va­rias drogas siguen una misma trayectoria cerebral en su progreso del consumo a la adicción. Si se les brinda la oportunidad, ratas, ratones y primates no humanos se autoadministrarán las mismas substancias con las que se droga el hombre. En estos experimentos, los anima­les se conectan a una vía de inyección intravenosa. Aprenden a apretar tres palancas: una para recibir una infusión intravenosa de droga, otra para inyectarse una solución salina inocua y una tercera para alcanzar el alimento. En pocos días, los animales se han habituado: se autoadministran con toda facilidad cocaína, heroína. anfetamina, nicotina y otras.

Aún más, acaban presentando comportamientos típicos de la adicción. Para drogarse, son capaces de renunciar a la comida y el sueño; algunos incluso llegan a morir por agotamiento o malnutrición. En el caso de las sustancias más adictivas, como la co­caína, los animales pasarán la mayor parte del tiempo en vigilia, afanán­dose por conseguir otra dosis, aun cuando eso signifique tener que pre­sionar la palanca cientos de veces para obtenerla.

Igual que los adictos humanos, a los que cualquier referencia a la droga (sea el lugar de con­sumo o los útiles de su aplicación) les provoca una intensa ansiedad por conseguir una dosis, los animales ter­minan por preferir un entorno rela­cionado con el estimulante (la zona de la jaula donde se halla la palanca que les proporciona bienestar).

Cuando se les quita la sustancia, los animales pronto abandonan ese afán por la compensación química. Pero no olvidan el placer. Una rata que haya permanecido “limpia”, in­cluso durante meses, volverá a pre­sionar de forma compulsiva la pa­lanca si se le deja probar cocaína o se le encierra en una jaula que ella asocia con su consumo. De modo parecido. las señales que puedan convertirse en indicado­res del suministro de droga, como una descarga eléctrica en la pata, provocarán que la rata vuelva a la droga. Los mismos tipos de es­tímulos, exposición a dosis ba­jas o signos vinculados al estupe­faciente despiertan el deseo y provocan la recaída en el adicto humano.

Apoyándose en tales experimen­tos de autoadministración, se han cartografiado las regiones del cere­bro que participan en el comporta­miento adictivo y se ha descubierto la función principal del sistema de recompensa. Las drogas se hacen con el control del sistema y esti­mulan su actividad con una energía y persistencia superiores a cualquier recompensa natural.

Un componente clave del circuito de recompensa es el sistema me­solímbico de la dopamina: un con­junto de células nerviosas que tie­nen su origen en el área tegmental ventral (ATV, cerca de la base del cerebro) y dirigen sus proyeccio­nes hacia determinadas regiones del prosencéfalo, muy en particular hacia el nucleus accumbens. Esas neuronas del ATV se comunican en­viando dopamina (un neurotrans­misor) desde los extremos de sus axones hasta los receptores aloja­dos en las neuronas del nucleus ac­cumbens. La vía de la dopamina desde el ATV hasta el nucleus ac­cumbens resulta decisiva para la adicción: los animales que sufren una lesión de esas regiones no vuel­ven a mostrar interés alguno por las sustancias adictivas.

Evaluación de la recompensa

Las vías de la recompensa poseen una larga historia evolutiva. El pro­pio Caenorhabditis elegans, un gu­sano muy elemental, presenta una versión, rudimentaria, del sistema. En estos organismos, la inactivación de las neuronas dopaminérgicas clave, entre cuatro y ocho, provoca que pasen de largo, sin prestarle la menor atención, ante un tapiz de bacterias, su alimento favorito.

En los mamíferos, el circuito de recompensa reviste mayor comple­jidad. Opera con otras regiones del cerebro para conferir emotividad a una experiencia y dirigir la respuesta del individuo ante los estímulos de recompensa, incluidos el alimento, el sexo y la interacción social. La amígdala, por ejemplo, ayuda a va­lorar si una vivencia resulta agra­dable o repulsiva, si debería repe­tirse o evitarse; contribuye también a entablar conexiones entre una y otros indicios de referencia. El hi­pocampo participa en el registro de recuerdos de un hecho: dónde, cuándo y con quién ocurrió. Por fin, las regiones frontales de la corteza cerebral coordinan y procesan toda esta información y determinan el comportamiento ulterior del indivi­duo.

 

La vía ATV-accumbens, mien­tras tanto, “indica” a los otros cen­tros del cerebro cuán satisfactoria es una actividad. Cuanto más nos satisfaga, tanto más probable es que el organismo la recuerde e in­tente repetirla.

Aunque buena parte de nuestro conocimiento sobre el sistema ce­rebral de recompensa lo hemos ad­quirido a través de modelos ani­males, la investigación llevada a cabo en el último decenio mediante técnicas de formación de imáge­nes ha corroborado en el hombre la existencia de vías equivalentes relativas al control de la recom­pensa natural y de la mediada por drogas. El recurso de la resonancia magnética funcional o tomografía de emisión de positrones (técnicas que miden cambios de flujo san­guíneo relacionados con la activi­dad neuronal) nos ha permitido observar la excitación del nucleus accumbens de un cocainómano cuando se le ofrece una “raya”.

Si a ese mismo drogadicto se le mues­tra un vídeo en que aparece una persona consumiendo cocaína o una fotografía de rayas blancas so­bre un espejo, su nucleus accum­bens responde de forma semejante, junto con la amígdala y ciertas áreas de la corteza. Las mismas regio­nes se excitan en los ludópatas cuando contemplan imágenes de máquinas tragamonedas, lo que su­giere que la vía ATV-accumbens desempeña también un papel crí­tico en adicciones no relacionadas con las drogas.

 

1. ¿Qué es una droga y que efectos causa su consumo?

Con el nombre de droga se designa en sentido genérico a toda sustancia mineral, vegetal o animal que se utiliza en la industria o en la medicina y que posee efectos estimulantes, depresores o narcóticos o, como establece la Organización Mundial de la Salud (OMS), a cualquier sustancia que, introducida en un organismo vivo, puede modificar una o varias de sus funciones. A efectos penales, el concepto de droga (a pesar de las diferentes formas de actuación en el organismo) engloba también las sustancias estupefacientes y psicotrópicas, naturales o sintéticas, cuyo consumo reiterado provoca la dependencia física u orgánica, así como el deseo irrefrenable de seguir consumiéndolas en mayores dosis a fin de evitar el síndrome de abstinencia. La OMS menciona entre los estupefacientes el Cannabis y sus resinas, las hojas de coca y cocaína, heroína, metadona, morfina, opio y codeína; y como psicotrópicos, los barbitúricos, las anfetaminas y los ampliadores de la conciencia, como el ácido lisérgico, la mescalina o la psilocibina.

Las características propias de las drogas hacen de ellas sustancias sumamente peligrosas. Los efectos que producen en el organismo no son siempre iguales y cambian según la clase de droga, por ejemplo, unas son estimulantes y otras, depresoras. También varían de acuerdo con la dosis pues la misma droga puede causar efectos diferentes según sea la cantidad consumida.

Dichos efectos se relacionan con las características psicofísicas de cada persona y con las particularidades del medio en que se produce el consumo. Por estas razones, nunca existe certeza sino probabilidad de que la droga produzca el efecto buscado.

Adicción es la necesidad imperiosa de consumir droga regularmente (no ser capaz de moderar el consumo o suprimirlo). Viene determinada por fenómenos psíquicos y físicos.

Taquifilaxia es la necesidad de consumir dosis cada vez mayores para conseguir los mismos efectos. La presentan muchos fármacos porque el organismo potencia sus mecanismos de degradación de la sustancia, pero a las drogas se añade un fenómeno de ‘tolerancia’ psicológica.

Los cuadros de abstinencia siempre son psicológicos y, en el caso de algunas drogas, son además síndromes físicos que pueden resultar mortales. Pueden controlarse con medidas terapéuticas sintomáticas o substitutivas (sustancias menos nocivas, de efectos parecidos, que se retiran progresivamente).

2. ¿Qué tipos de drogas existen y cuales son las de uso más común?

Existen diferentes clasificaciones para los tipos de droga, la que mejor las agrupa es la siguiente:

Depresoras del Sistema Nervioso Central (SNC)

  • Alcohol
  • Sedantes: Benzodiazepinas (Valium, Emotival)
  • Hipnóticos: Barbitúricos (Luminal, Seconal)
  • Tranquilizantes
  • Opiáceos: (Morfina, Heroína, Demerol, Codeína, Bromexina)

Estimulantes del SNC (Psicoanalépticas)

  • Xantinas: (Cafeína, teína, mateína; Anfetaminas; Cocaína, Tabaco)

Alucinógenos (Psicodislépticas)

  • THC: (Marihuana, Hashish, Bang)
  • LSD (ácido lisérgico)
  • PCP (polvo de ángel)
  • Mescalina

Inhalantes o inhalables

  • Pegamentos
  • Colas
  • Solventes volátiles
  • Naftas
  • Pinturas
  • Aerosoles de uso doméstico

Las de uso mas común son los inhalantes y estimulantes.

3. ¿Cuáles son las sustancias que más consumen los jóvenes? ¿Producen adicción? ¿Cómo se produce la misma?

La sustancia que más consumen los jóvenes es el alcohol, seguida de cerca por el tabaco y, en menor proporción, las sustancias ilegales (como marihuana o cocaína) y por ultimo se encuentran los medicamentos psicoactivos (anfetaminas, tranquilizantes e hipnóticos), que muchas veces sobrepasan en el nivel de consumo a las anteriores ya que se los puede conseguir sin prescripción medica, ni control alguno. Todas estas sustancias sin excepción, producen adicción y dependencia.

La adicción no es un proceso que se da de la noche a la mañana, es un camino muy largo que comienza con el llamado de la droga, es decir cuando una persona que se siente muy presionada ya sea por sus familiares o por sus mismos pares, sumado a esto la oferta en todos los lugares, estimula al consumo y sobre todo la propia crisis de crecimiento; a esta etapa le sigue la llamada aprendiendo el cambio en la cual el joven experimenta, prueba de todo, logra los cambios buscados, se siente bien y cambia levemente su conducta, mintiendo a veces; luego viene la etapa de buscar el cambio, agrega pastillas, prueba sustancias cada vez más fuertes y aunque llega a la excitación siente excitación y culpa, compra directamente, no espera que le conviden, tiene amigos nuevos, cambia de humor y vestimenta o apariencia, aumenta la frecuencia de consumo; entra mas tarde en la etapa en la que se encuentra preocupado por el cambio, consume cocaína habitualmente, se inyecta, compra y vende, hay graves mentiras, delitos, hay mas sensaciones de culpa y vergüenza, deja a los viejos amigos, deja los estudios o el trabajo, consume diariamente y se encuentra solo; la ultima etapa se llama usando droga, el joven ya esta en la adicción, se droga con cualquier cosa, tiene una conducta asocial, es violento, sufre culpa, vergüenza o depresión, a veces se sobrepasa en las dosis, tiene problemas judiciales o policiales, pone en riesgo su salud, se droga varias veces al día, está solo.

4. ¿Qué es el trafico de drogas?

El tráfico de drogas es un delito consistente en facilitar o promocionar el consumo ilícito de determinadas sustancias estupefacientes y adictivas que atentan contra la salud pública con fines lucrativos, aunque esta definición puede variar según las distintas legislaciones penales de cada Estado.

Por tráfico de drogas se entiende no sólo cualquier acto aislado de transmisión del producto estupefaciente, sino también el transporte e incluso toda tenencia que, aun no implicando transmisión, suponga una cantidad que exceda de forma considerable las necesidades del propio consumo, ya que entonces se entiende que la tenencia tiene como finalidad promover, favorecer o facilitar el consumo ilícito (entendiéndose como ilícito todo consumo ajeno). En algunas legislaciones se considera delito solamente el tráfico, pero no la tenencia de drogas en cantidades reducidas a las necesidades personales del consumidor, mientras que otras tipifican como conductas delictivas tanto el tráfico como la tenencia.

5. ¿Qué riesgo tiene el consumo de sustancias psicoactivas en los jóvenes?

El uso de drogas comprometen y vulneran las actividades y/o metas de una sociedad. El consumo de drogas amenaza el proyecto de vida y la salud física y mental del que la consume, y tremendas angustias e incertidumbres en sus familiares y amigos. El descubrimiento del uso de drogas toma desprevenidos a los padres o adultos de la familia y entre las primeras reacciones de desconsuelo, se encuentra la de preguntarse que fue lo que hicieron para que algo así ocurriese.

En nuestros tiempos el contacto con la droga a edad temprana, es cada vez más usual o sea dejo ya de ser un acontecimiento raro. Esta posibilidad es hoy mas grande que hace 20 o 30 años atrás, esto se debe al gran cambio en la población de las costumbres, actitudes y comportamientos.

6. ¿Qué es el síndrome de abstinencia?

El síndrome de abstinencia es un conjunto de síntomas, malestares, dolores, trastornos mas o menos graves, que sufre un drogadicto si deja bruscamente de tomar la droga a la que esta habituado. El síndrome de abstinencia se presenta cuando la persona tiene dependencia física de la droga. La dependencia psíquica no causa malestares en el organismo.

El síndrome de abstinencia no tiene los mismos síntomas en todas las drogas que producen dependencia física. Los trastornos producidos en una persona alcoholizada al dejar de consumir alcohol, son gravísimos. Este síndrome puede causar el “delirium tremens”: este trastorno esta determinado por los ataques que suelen durar por lo general de tres a seis días y se caracterizan por alucinaciones terroríficas y temblores violentos. El paciente está desorientado y por lo general incoherente. Desde el punto de vista físico los temblores son tan extenuantes que este estado puede ser mortal, incluso con tratamiento.

7. Marihuana: ¿Qué es y que efectos causa su consumo?

La marihuana es una mezcla de hojas, tallos y flores de la planta del cáñamo, Cannabis sativa. Esta droga se fuma o se mastica. El ingrediente psicoactivo de la marihuana, el THC, se concentra en el centro de las flores. Ésta crece en las regiones templadas, obteniéndose las mejores variedades en las zonas secas, altas y calientes. El cultivo de la marihuana es ilegal en la mayoría de los países.

La marihuana se conocía en Asia Central y en China desde el año 3000 a.C., donde se utilizaba en la medicina. En 1900 comenzó su consumo como droga. En las décadas de 1960 y 1970 se extendió su uso entre la juventud de la época. La marihuana no produce adicción física y su abandono no produce síndrome de abstinencia, pero produce dependencia psicológica. Sus consumidores describen dos fases en los efectos: primero estimulación, mareo y euforia, y después sedación y tranquilidad placentera. Los cambios de humor a menudo se acompañan de alteración en las percepciones de tiempo, espacio y dimensiones del propio cuerpo. Muchos consumidores refieren aumento del apetito, aumento de la percepción sensorial y sensación de placer. Los efectos negativos incluyen confusión, ataques de ansiedad, miedo, sensación de desamparo y pérdida de autocontrol. Se ha ensayado el uso de la droga como tratamiento sintomático del glaucoma y de las náuseas producidas por la radioterapia. Un cigarrillo de marihuana se fabrica con las partículas secas de la planta, siendo la cantidad de THC la que determina la intensidad de sus efectos.

Entre las consecuencias inmediatas del consumo de marihuana figuran siguientes: aceleración de los latidos del corazón, y el pulso, enrojecimiento de los ojos, y sequedad en boca y garganta. La marihuana provoca alteraciones en los espermatozoides y es 7 veces más cancerígena que el tabaco.

8. ¿Qué son los inhalantes y que efectos causan?

Los inhalantes son, por lo general, sustancias químicas utilizadas industrialmente, que al inhalarse llegan rápidamente al torrente sanguíneo y al cerebro, provocando estados de intoxicación que se traducen en momentánea euforia.

Dentro de la categoría de los inhalantes se encuentran ciertas sustancias que también son consideradas drogas aunque básicamente no lo sean, como el pegamento, los disolventes y los aerosoles (productos de limpieza, por ejemplo). La mayoría de las sustancias inhaladas (esnifadas) con intención de conseguir un efecto psicológico tienen una acción depresora sobre el sistema nervioso central. En dosis bajas pueden tener un leve efecto euforizante, pero en dosis superiores el consumidor pierde el control o la conciencia.

Los efectos aparecen en el acto y pueden permanecer hasta 45 minutos. El dolor de cabeza, náuseas y mareo vienen a continuación. La inhalación de estas sustancias es nociva para la visión, el pensamiento y el control de los músculos y de los reflejos. A veces se producen lesiones permanentes y algunos aerosoles concentrados pueden producir la muerte. Aunque no es probable que se desarrolle dependencia física, sí aparece tolerancia en ocasiones. La inhalación prolongada de estas sustancias puede lesionar el sistema circulatorio y tener efectos nocivos relacionados con ese sistema.

9. ¿Cuál es la mejor manera de luchar contra las drogas?

La mejor manera de luchar contra las drogas seria legalizarlas, ya que de esa manera les seria más difícil a los traficantes vender las drogas a un precio elevado, es decir que el negocio de la droga habría perdido la rentabilidad.

Pero para acabar con la droga deberían iniciarse campañas exhaustivas de prevención informando a los padres de su responsabilidad en la vida de sus hijos.

10. ¿Qué es la drogadependencia?

Hay un grupo especial de drogas que causan dependencia o adicción, son aquellas que pueden producir al organismo un estado de dependencia física, psíquica o de ambos tipos, por esta razón se utiliza el termino drogadependencia para designar al problema; depender es estar al servicio de algo (en este caso de la droga).

La drogadependencia es conocida también con el nombre de drogadicción.

En otro tiempo se utilizo el termino toxicomanía que es incorrecto porque la “manía de los tóxicos” que se mencionaba a principios de siglo, no tiene hoy ningún fundamento.

11. ¿Qué motivaciones tiene un drogadicto? ¿Qué tratamientos hay para curarlo?

Las motivaciones son varias: curiosidad, aceptación por parte de los pares, búsqueda de placer, desafío de autoridad, para sentirse más seguro o para “ser más hombre” o “más mujer“.

Es normal que frente a un dolor físico, la angustia de una situación difícil o a un estado de temor o inseguridad se apele a algún recurso para eliminarlos, pero muchas veces ese recurso suele estar dado por medicamentos que se consumen por decisión propia, sin prescripción medica. Influyen en esta conducta diversos factores: el consejo de familiares o amigos, la costumbre de probar remedios, la inseguridad ante los problemas de la vida.

Para curar a un drogadicto se procede a desintoxicarlo con un procedimiento terapéutico destinado a eliminar los efectos de una intoxicación aguda o crónica.

Dos principios básicos deben preceder cualquier programa de desintoxicación. Primero, el paciente debe estar convencido realmente de lo pernicioso de la adicción y debe querer rehabilitarse y estar dispuesto a esforzarse y sacrificarse para conseguirlo; el médico y el entorno familiar y social deben influirle en este sentido, pero la decisión firme y constante es estrictamente personal. Segundo, las toxicomanías son problemas crónicos, recidivantes, en los que la experiencia de millones de casos en todo el mundo ha demostrado la elevada frecuencia de la recaída y la necesidad de volver a iniciar la terapia; lo menos frecuente es la curación definitiva, por lo que se debe evitar desánimos, rechazos y decepciones en el entorno del toxicómano o alcohólico.

Existen muchas modalidades terapéuticas, con importantes similitudes para las distintas sustancias. Siempre deben incluir dos facetas: el rechazo a la sustancia y el apoyo personal y al entorno. Se debe conseguir y mantener un potente rechazo y aversión hacia la sustancia nociva mediante estímulos psicológicos de muy distinta índole, tanto en el caso del paciente ambulatorio como el ingresado, y utilizando a veces sustancias de apoyo (antagonistas, como el disulfiram para el alcohol y la naltrexona para los opiáceos, o agonistas, como la metadona para los opiáceos). El apoyo para desarrollar una vida nueva, totalmente desligada de los anteriores círculos y costumbres, debe incluir las facetas personal (existencial), laboral, familiar, sexual y social (amistades).

12. Reflexiones sobre la familia

La única garantía para una vida digna, útil y feliz, es conservar la salud física y mental y aferrarse a la realidad, aunque esta no siempre sea como uno desea.

El primer ambiente de un individuo, es la familia, esta le proporciona el afecto, la seguridad, los valores y los límites para que pueda desarrollarse como persona. Esta obra es continuada por el colegio, que trata de que los niños y adolescentes desarrollen sus posibilidades y descubran su vocación.

La influencia de los amigos también es importante, a través de ellos aprende a relacionarse con otras personas ajenas a la familia.

Finalmente tenemos a la sociedad en la cual cada individuo desarrolla su actividad y contribuye al bien común y solidario.

Los factores que integran el contexto, pueden actuar negativamente y contribuir a la aparición de la drogadependencia.

Si en el hogar falta afecto, generosidad, dialogo y respeto, si no brinda la oportunidad de ejercitar la responsabilidad y permitir la toma de decisiones, si no existen en el la firmeza y los limites, si no enseña a enfrentar la realidad ya tolerar y superar las dificultades, el contexto familiar no es el apropiado para el desarrollo psicofísico y espiritual de un joven. Se agrega a esto una sociedad que tiende a fomentar el facilismo, a estimular la búsqueda de la felicidad en el hecho de querer tenerlo todo a cualquier precio, por lo cual el contexto social es el elemento que se agrega a la personalidad de riesgo y a la droga, dando origen al problema de la drogadependencia.

QUÉ HACER FRENTE A UNA SITUACIÓN DE CONSUMO DE DROGAS EN LA FAMILIA

Es muy importante tomar en cuenta que el consumo de drogas se puede producir por muy diferentes causas y motivaciones. El deseo de evadir un problema, de experimentar nuevas sensaciones, de sentirse aceptado por otros, de sobresalir, de ser distinto, como manifestación de rebeldía, etc.

Son múltiples las formas en que se manifiestan los problemas relacionados con el consumo de drogas. Más importante que saber cómo detectarlos es saber cómo nos estamos relacionando con nuestros seres queridos, expresando y demostrando cariño, física y verbalmente, prestándole atención, mostrando interés por sus preocupaciones, no ridiculizándolos, ni descalificándolos, no comparándolos con otros, valorándolos, reconociendo lo que hacen y lo que son, diciéndoles abiertamente lo que nos gusta de ellos, enfatizando lo positivo sobre lo negativo, respetándolos, tomando en cuenta sus opiniones y gustos, guardando sus secretos, haciéndoles sentirse seguros, dando apoyo incondicional, siendo consistentes en las normas y límites.

QUÉ HACER SI UN AMIGO, UN FAMILIAR O CUALQUIER PERSONA QUERIDA TIENE PROBLEMAS CON LAS DROGAS

Éstas son algunas orientaciones para enfrentar situaciones de consumo de drogas en un ser querido:

1. Ante un problema de consumo de drogas lo importante es enfrentar y averiguar la gravedad del asunto. Recuerde que el iniciarse en el consumo de drogas constituye un riesgo y es importante actuar a tiempo.

  1. No buscar culpables o reprochar, ello sólo contribuye a que la persona se cierre y no quiera comunicar cuál es su situación.
  2. Es importante no compadecer, sino demostrar comprensión, apoyo, escuchar y saber cuánto es el compromiso con el problema.

QUÉ HACER SI UN AMIGO O FAMILIAR ES ADICTO

Las siguientes son algunas recomendaciones y cosas que debe tener presente, si se requiere ayuda especializada:

  • Es importante apoyar y hacer todo lo posible para que el afectado recurra a ayuda especializada.
  • Se debe conversar tranquilamente del asunto y dar espacio para que el otro se abra a la comunicación.
  • Ayudarlo a reconocer qué problemas ha tenido producto del uso de drogas (si ha bajado su rendimiento escolar o laboral, si ha dejado de hacer cosas importantes por consumir, si ha tenido problemas con la familia u otros seres queridos)
  • Es importante estimularlo o ayudarlo a buscar orientación especializada:

1. Es indispensable el compromiso tanto del consumidor como de la familia en cualquier proceso de tratamiento que se intente, ya que el problema no involucra sólo a la persona, sino también a su entorno.

2. Antes de acudir a cualquier centro de tratamiento, es recomendable tomar un primer contacto telefónico, de manera de asegurar la atención.

3. Existen dos modalidades de tratamiento: residencial (o con internación) y ambulatorio (o sin internación)

4. Hay muchos centros que realizan tratamiento por consumo de drogas, están los consultorios municipales, comunidades terapéuticas, programas especiales de las municipalidades, clínicas privadas, etc.

5. Algunos centros son pagados, otros solicitan una colaboración por parte del usuario y otros son gratuitos.

6. Es necesario que, mediante una evaluación, se determine en conjunto con los especialistas el mejor método de intervención para la persona: no todos requieren internación, muchas veces es recomendable un tratamiento de tipo ambulatorio.

7. No existe una fórmula única: para cada persona existe un tratamiento útil.

8. No todos los consumidores de drogas requieren tratamiento en un centro especializado, muchas veces un buen manejo de la situación al interior de la familia puede resultar mejor que cualquier tratamiento, lo importante es saber determinar cuándo es necesaria la ayuda externa.

9. Si a los en primeros intentos se falla. Como es un problema complejo es probable que algunos adictos presenten deserciones, resistencia y recaídas durante el tratamiento.

¿CÓMO SABER SI UN AMIGO O FAMILIAR ESTÁ CONSUMIENDO DROGAS DE UNA MANERA PROBLEMÁTICA?

Responda estas preguntas:

1. ¿Pasa mucho tiempo encerrado en su pieza, baño u otro lugar, aparentemente haciendo nada?

2. ¿Ha tendido últimamente a aislarse de la familia?

3. ¿Ha cambiado bruscamente sus gustos o intereses?

4. ¿Ha decaído su interés o dedicación en el colegio, trabajo, por sus amigos o la casa?

5. ¿Ha bajado notoriamente su rendimiento en el colegio o tenido problemas en el trabajo?

6. ¿Ha tenido frecuentes problemas de conducta durante el último tiempo?

7. ¿Ha notado cambios bruscos en su estado de ánimo, más irritable, más impulsivo o aislado?

8. ¿Parece estar menos contento o feliz en comparación a como era antes?

9. ¿Se ha puesto más egoísta, menos preocupado por los demás o más peleador con sus familiares y amigos cercanos?

10. ¿Se ha visto excesivamente confundido o distraído?

11. ¿Lo ha notado más descuidado con sus responsabilidades en la casa o en el colegio?

12. ¿Ha desaparecido últimamente en la casa algún objeto valioso, ropa o dinero?

13. ¿Ha cambiado repentinamente sus antiguos amigos por otros mayores?

14. ¿Evitan sus actuales amigos visitarlo en su casa?

15. ¿Ha cambiado su presentación personal o forma de vestir, se ve más descuidado o desaseado?

16. ¿Ha inventado con cierta frecuencia coartadas o excusas por no estar donde debiera haber estado?

17. ¿Siente que ha perdido la comunicación con esta persona?

18. ¿Ha mentido para encubrir pérdidas de dinero o cosas?

Una respuesta “SI” a cualquiera de estas preguntas puede no indicar mucho, pero varias podrían ser una alerta. Es preciso poner atención a cualquiera de estas señales, ya que, aunque no signifiquen necesariamente problemas por consumo de drogas, pueden estar reflejando algún otro conflicto o molestia.

Lo principal, es mantener una buena comunicación dentro de la familia y entre los amigos, promover la conversación, afrontar juntos los conflictos y crear un ambiente de confianza, de manera que si se presenta un problema de este tipo, todos se sientan con la libertad y el apoyo suficiente para expresarlo.

¿POR QUÉ DECIR QUE NO PARA UN ADULTO?

· Todas las drogas tienen efectos secundarios;

· Porque no la necesitas para pasarlo bien o para evitar tus problemas;

· Puede afectar las relaciones con tus familiares y amigos;

· Puede dañar tu salud;

· Afecta tus capacidades físicas e intelectuales;

· Disminuye tu rendimiento;

· Disminuye tu capacidad de sentir y disfrutar;

· Puede ser difícil controlar el consumo;

· No puedes estar seguro de la toxicidad de lo que consumes;

· Todas las drogas implican riesgo de adicción.

TESTIMONIOS

Rodrigo Abortiz: ex integrante de “la ley

Rodrigo Ignacio Abortiz Domínguez, 35 años, casado, dos hijos. Pertenece al signo Piscis. Es músico y ex tecladista del grupo La Ley. Le gusta el color negro y los porotos. Su frustración reconocida es no haber sido piloto y su sueño, sentirse tranquilo. Realizó su proceso de rehabilitación en la Clínica ADC Cantu, en Cuernavaca, México, y ahora en Chile participa en grupos de autoayuda. Tiempo de limpieza: dos años.

TESTIMONIO

Cuando empiezo a tener uso de razón, yo era un niño bien apegado a mi mamá. Fui el quinto de seis hermanos y me sentía muy distinto a ellos. Era un niño hipersensible, como muy pa’dentro, y todavía lo soy.

Esto contrastaba con la personalidad de mi papá y de algunos de mis hermanos que eran requete sociables. Existe una diferencia muy grande de edad en la familia: había cuatro hermanos mayores seguidos con un año de diferencia y después venimos los dos menores, con tres años de diferencia.

Eso marcó mucho el mundo entre los grandes y los chicos. Cuando pendejo, la relación con mi padre era distante, no lo veía nunca porque trabajaba mucho. Con mi mamá, la relación era amplia, y yo era como su apéndice, estaba siempre apegado a ella. Pero esta diferencia, entre grandes y chicos, hizo que a los menores se nos tomara menos en cuenta.

A los diez años probé por primera vez el alcohol. Mi familia es de sangre española, vasca. Existía una marcada cultura etílica y yo me lo tomé todo. Una vez con un tío que venía de España fuimos a Curacaví, tomamos chicha y me emborraché como loco.

El alcohol me gustó al tiro, esa sensación de irme, de no estar y ponerme una máscara frente a toda una realidad que me molestaba porque no me sentía conforme. Me sentía distinto, ¿cachai?

Tres años después, probé la marihuana y me puse a fumar harto. Luego probé la cocaína y el ácido. Me quedé pegado con el alcohol y la cocaína, básicamente porque era un niño con déficit atencional, situación que no he superado como adulto.

La cocaína me ayudaba mucho en esa huevada, me ayudaba a concentrarme y a estar despierto. La cocaína fue mi droga de elección.

En un principio fue la raja, porque con las drogas me sentía muy bien, podía evadirme y estar en el mundo que siempre había soñado. Creía pertenecer a un mundo en el que no tenía ninguna responsabilidad, podía pasarlo bien con tan solo estar ahí.

Fueron 20 años de consumo al chancho. Igual estudié música y clases de piano con un profesor particular. Mis estudios eran un año muy buenos y otro año, pésimos. Los años buenos tenían lugar cuando dejaba de consumir drogas, y gracias a eso sé lo que sé de música. De lo que me arrepiento y me siento frustrado es de no haber aprendido más. Hay una época para aprender, después puedes seguir aprendiendo, pero no tienes la misma capacidad, el mismo tiempo. Empecé a los 18 años en un grupo de jazz rock llamado Ojo de Orus, y tocábamos en “El Jardín”, un local famoso entonces.

Al comienzo nos fue bien. Con los mismos integrantes del grupo fundamos después la banda Aparato Raro y nos fue bastante mejor, como que firmamos contrato con un productor y un distribuidor. Nuestras canciones empezaron a salir en la radio e hicimos dos discos. Luego, apareció el grupo La Ley y fui su tecladista. Mi consumo de drogas en esa época fue cada vez mayor, estaba muy metido.

Mi madre murió y emocionalmente me quedó la cagada. Me puse a consumir como huevón, dejé cagada tras cagada. Tuve muchas pérdidas y mi papá no sabía qué hacer conmigo. Me metió a trabajar a una de sus empresas, aunque al fin y al cabo nunca dio lucro mi cero aporte en el laburo. Llegar tarde, drogado y con tufo a alcohol, determinó que perdiera la pega. Fue todo un desastre.

Volví nuevamente al grupo La Ley, cuando tras la muerte en un accidente de moto de Andrés, uno de los músicos, me invitaron a integrarme. Nos fuimos de gira.

Yo había parado de consumir durante tres años por susto, porque en un momento me pillaron por contrabando de cocaína. Yo no estaba contrabandeando, pero me pillaron en la casa de un traficante de gran nivel que sí estaba vendiendo. Quedé libre de pura cueva, y del susto que me llevé paré en seco el consumo de droga. Sólo continué chupando.

Cuando nos fuimos con La Ley de gira a México, donde triunfamos en el mercado musical, la cosa fue cada vez más fuerte. Conseguía droga en cualquier lado y consumía todos los días, sufriendo siempre grandes depresiones. Comencé a desaparecerme de la casa y del trabajo. Empecé a darme cuenta de que tenía una cagada en la vida, pero siempre pensando falsamente en que yo mismo la podía solucionar.

Decidí acudir a un siquiatra y tomar una pastilla mágica, como si fuera posible quitar la adicción con un remedio; lógicamente eso era una mentira. En ese entonces yo no cachaba el proceso adictivo. El siquiatra hacía lo que podía, pero yo estaba en un nivel de adicción muy avanzado. Seguía consumiendo y prometiendo que iba a parar. Manipulaba como loco a todo el mundo, incluido el siquiatra.

Llegó un momento en que la huevada estalló. Con La Ley tuvimos que ir a New York a grabar en un estudio. Me desaparecí una semana y no hice mi trabajo. Cuando aparecí en el hotel, ya nadie me quería ver. Hablé con mi mujer y con mi manager, y ellos me ayudaron a decidir a internarme en un centro de rehabilitación. Estuve internado un mes y medio en la clínica ADC Cantu, en Cuernavaca, fuera de Ciudad de México. Luego asistí ambulatoriamente a terapias de seguimiento y a grupos de autoayuda.

Ese fue mi hogar, mi casa, ahí nací yo nuevamente. Tuve mi proceso de conciencia, descubrí que era enfermo y que tengo una enfermedad que debo acarrear toda mi vida: la adicción. Aprendí que el único remedio son los grupos de autoayuda para dejar de consumir y crecer como persona. La enfermedad no es el consumo, porque el consumo es sólo un síntoma. Ahora trabajo todos los días por mi recuperación. Llevo dos años limpio.

ENTREVISTA

-¿Cómo define la adicción?

-Es una enfermedad que se manifiesta en el consumo y que se origina por una disfunción en el sistema límbico. Es un problema cerebral de comunicación con nuestras emociones.

-¿Qué perdió con las drogas?

-Trabajo, salud, respeto, perdí claridad y auto aceptación.

-¿Qué ha ganado con la rehabilitación?

-He ganado claridad y tranquilidad. He ganado el respeto a mí mismo y he empezado a quererme como nunca antes.

-¿Cómo logra su equilibrio?

-Siguiendo las reglas y siendo obediente. Debo ir a un médico cada cierto tiempo y asistir a mis grupos de autoayuda el máximo posible. Tengo que tener ganas de cambiar.

-¿Cuáles son las herramientas para no recaer?

-Seguir las indicaciones, asistir a las reuniones de los grupos y tener constancia.

-¿Cuál es el gran dolor que le produjo la droga?

-El gran dolor fue haberme creado un mundo falso, que yo creía que existía, pero que no existe. La huevada más penca que me hizo la droga fue sacarme de la realidad e impedir que me diera cuenta de que debía cambiar.

-¿Cuál es hoy su mayor felicidad?

-Tener esperanza.

-¿Cómo se logra ser feliz sin droga?

-Aprendiendo a ver la felicidad en millones de cosas: los hijos, la mujer, el trabajo, el esfuerzo, el respeto por los demás y hacia uno mismo. Así, la realidad dura mucho más. Son tantas las huevadas que a uno lo hacen feliz…

-¿A qué le tiene miedo?

-A la droga. Todos los adictos rehabilitados sabemos que no estamos libres de recaer, porque nos puede venir el “piensa chueco”, que es la manifestación de la enfermedad misma.

-¿Cuáles son los defectos de carácter de un adicto?

-El adicto es impulsivo, prepotente, lujurioso, etc..

-¿Y las virtudes de un rehabilitado?

-La paciencia, la humildad y la fe.

-¿Qué les diría hoy a los integrantes de La Ley?

-Les diría que puedo entender por lo que ellos también pasaron. Uno hace sufrir a mucha gente con esta huevada. Si tomaron en ese momento la decisión de echarme, era porque yo estaba muy mal. Ahora los puedo entender.

-¿Hay resentimiento hacia ellos?

-Sí. Hay resentimiento porque los entiendo, pero, por otra parte, igual me sentí solo, y me dejaron solo. Nunca más me fueron a ver, nunca más supe de ellos. Esa huevada sí la tengo resentida. Quizás las cosas se pudieron haber hecho de otra manera, aunque igual los vi y me reconcilié.

-¿Tiene un mensaje para los adictos que están arriba de la pelota?.

-Lo primero que les diría es que se bajen de la pelota, sabiendo que sí cuesta bajarse. Les diría que, cuando uno está empezando en la huevada, se produce una situación como que no vemos las pérdidas. Las pérdidas son el signo para darte cuenta de cuán enfermo estás. No hay pérdidas más grandes o más chicas, son todas iguales: las pérdidas son pérdidas. Uno minimiza tanto las pérdidas que, cuando está a punto de morirse, trata de cambiar. Les diría que no esperen estar a punto de la muerte para internarse en una clínica o entrar a grupos de autoayuda. ¡Huevones, dense una oportunidad para ser felices!

Anatolio Muñoz: médico adictólogo

Editorial Grijalbo.

Anatolio Muñoz Jofré, 58 años, casado, dos hijos, médico adictólogo. Signo Leo, le gusta el verde y el tenis. Admite que su frustración es trabajar mucho y que su sueño es tener una clínica de adicciones más grande y con mejores recursos. Es propietario de la Clínica Flor de Maipo, en Buin, y un destacado siquiatra especializado en el tratamiento de la adicción. Tiempo de limpieza: toda la vida.

TESTIMONIO

Sin ser adicto ni alcohólico, desde que comencé a trabajar en alcoholismo y drogadicción, estoy abstemio completo hace 17 años: no bebo ni fumo. Viví en Estados Unidos y tuve clínicas de rehabilitación. He viajado mucho a México, dando asesorías, charlas y participando en congresos sobre adicciones. Actualmente, dirijo en Buin la clínica Flor de Maipo, realizando terapias con adictos. Soy especialista en el tratamiento de enfermedades adictivas, certificado por “American Board” de Medicina Interna y Sociedad Americana del Alcoholismo, Cocainismo y otras Adicciones.

Decidí dedicarme a la rehabilitación por un designio del destino, pero también por un interés social. Yo tengo una historia de alcoholismo familiar muy grande: el 70 u 80 por ciento de mis parientes son alcohólicos. Por otra parte, cuando yo tenía seis años, recuerdo que mi padre hablaba maravillas de unos médicos que trabajaban en alcoholismo, de modo que probablemente eso influyó para que siempre pensara en ser médico en adicciones. Al comienzo no me atrevía, hasta que finalmente me atreví, en una época en que la adicción era mal mirada. Me puse a trabajar en esto y me gustó hasta el día de hoy.

Considero que un Centro Integral de Rehabilitación debe atender dos aspectos, porque existen formas de tratamiento secuencial, es decir, primero, la parte siquiátrica y después la parte físico-adictiva. En esto debe trabajar gente que entienda el aspecto psiquiátrico de la adicción.

La diferencia de mi centro de rehabilitación con otros que existen en Chile es que seguimos la filosofía de los Doce Pasos, que es el corazón del tratamiento, aunque está mal traducido al español, porque en realidad se llama los Doce Peldaños. Hacemos hincapié en la participación intensa de la familia, del perro y del gato. Lo importante es que todos se involucren para salir adelante y crecer interiormente. Buscamos lo mejor de cada modalidad de tratamiento para hacer un todo efectivo.

No creo que la rehabilitación sea un negocio rentable. Yo tengo invertido bastante dinero, pero si trabajara en Santiago exclusivamente en una oficina, ganaría más, y más todavía si trabajara como internista. Lo que sí sé es que darle alegría a la gente que se está recuperando no tiene precio. Así soy feliz.

Si se lograra descubrir un medicamento que curara la adicción, la mayoría de los adictos y alcohólicos que se han recuperado bien no lo tomaría. El problema no es sólo tomar un medicamento y ya, sino lograr un cambio en el estilo de vida, cambiar los defectos de carácter. El tratamiento no es una píldora, nunca va a ser una píldora.

ENTREVISTA

-¿Qué es la adicción para usted?

-Para mí es una enfermedad que tiene muchos componentes, uno de los cuales es el genético, aunque no todos los adictos y alcohólicos son genéticos. Las adicciones se

originan por herencia y por factores de ambiente familiar.

-¿Qué se pierde con la droga?

-La espiritualidad y la identificación.

-¿Qué se gana con la rehabilitación?

-Fundamentalmente: espiritualidad, que es la relación que tenemos con nosotros mismos, con otros seres humanos y con un Poder Superior, que algunos llaman Dios.

-¿Cómo se logra el equilibrio en sanidad?

-El equilibrio comienza con la abstinencia de drogas y de ahí viene un crecimiento espiritual. Creo a ojos cerrados en las fases de los Doce Pasos de Alcohólicos Anónimos (AA). Esto cubre todos los aspectos sicológicos y psiquiátricos que han sido afectados por la adicción.

-¿Cuáles son las herramientas para no recaer?

-Las herramientas básicas son una vida familiar, espiritual, intensa, conocer su adicción bien, saber qué son las recaídas y cómo evitarlas.

-¿Cuál es el gran dolor de un drogadicto?

-Me gustaría decir la autoestima, pero muchos comenzaron con poca autoestima. El dolor es saber que algo los controla, no poder evitarlo y haber perdido la relación consigo mismo, el amor por la vida. La vida de los adictos se transforma en un desastre.

-¿A qué le tiene miedo un adicto usando?

-No le tiene miedo a casi nada. Sólo tiene miedo de perder lo poco que le queda.

-¿Cuáles son los rasgos de carácter de un adicto?

-Falta de espiritualidad, deshonestidad, ira más que rabia, soledad, falta de empatía, poca comunicación o ninguna.

-¿Y las virtudes de un rehabilitado?

-Las virtudes son enormes, comienza por rendirse y por un contacto gigantesco con él mismo. Las virtudes de un rehabilitado son mucho mayores que las de una persona que nunca ha estado en tratamiento.

-¿Qué hay que hacer para paliar el problema de la droga en el mundo?

-Existen muchos aspectos: el legal, la prohibición, meter preso al que trafique. Todos son problemas serios, pero debería comenzarse con la educación en las escuelas, con los niños y con los hijos de los adictos o de matrimonios disfuncionales.

-¿Está de acuerdo con legalizar las drogas?

-Completamente en desacuerdo, porque sería peor.

-¿Qué es más importante: prevención, control o rehabilitación?

-Es difícil responder. Hay prevención primaria, secundaria, terciaria. La terciaria es la rehabilitación. Las tres tienen que ir de la mano, pero ojalá fuera suficiente sólo con la prevención.

-¿Quiénes son más eficaces como terapeutas, los adictos rehabilitados o los profesionales puros?

-La experiencia de Estados Unidos dice que se debe tener mitad y mitad. El rehabilitado, aun cuando tenga muchos conocimientos sicológicos y científicos, es incapaz de mantener al adicto sin usar. Ahí debe entrar entonces gente que tiene mayores conocimientos: los médicos y los siquiatras.

-¿Cuál es el error del Estado en el tema de las drogas?

-Creo que se les pasó el tiempo. Hubo un momento en que pudieron haber hecho algo. En Chile tenemos un problema serio, porque este es un país de alcohólicos, de gente que toma tranquilizantes, pepas, y fuma marihuana en cantidades enormes. Están todas las condiciones para ser un país con serios problemas y los tenemos. En Chile se consume quetamina y la heroína ya llegó, aunque por suerte el consumo no ha cundido mucho. Debiéramos habernos dado cuenta hace 50 años del problema que venía. La verdad es que no sé como parar el problema de la droga.

-En esta materia, ¿qué tipo de cultura tenemos en Chile?

-Aquí tenemos una cultura etílica, una cultura de Valium, de pastillas para adelgazar o para engordar.

-¿Qué importancia le atribuye a los padres en el proceso de rehabilitación de los adictos?

-Un papel fundamental. Nosotros hicimos un estudio en Estados Unidos en que tratamos primero a los padres que a sus hijos adictos durante un mes. Un 40 por ciento de los pacientes adolescentes dejó de ir a las terapias, pero, al cambiar los padres, cambiaron los hijos y se estabilizó la convivencia familiar. La familia, el entorno, es lo más importante para salir adelante

-Despídase con un mensaje para los adictos que están sufriendo.

-El mejor mensaje para ellos es: un día a la vez. Que se levanten en la mañana y hagan un propósito para el día: no usar, no beber. A pesar de que ese día puede ser horrible, será maravilloso porque no han bebido, ni se han drogado. No habrán días peores que los del pasado, pero minuto a minuto, hora a hora, lograrán crecer y ser felices.

María Cristina Navarrete: 19 años, en rehabilitación

María Cristina Navarrete Suárez, 19 años, cursó hasta Tercero Medio. Es del signo Virgo y su color favorito es el rojo. Le gustan los tomates rellenos y escribir. Frustración reconocida: haber perdido de los 15 a los 18 años de edad en tonterías. Su sueño es capacitarse como terapeuta y ayudar a quienes buscan salir de las drogas. Sigue su proceso de rehabilitación en Hogares Crem y ha logrado permanecer 18 meses sin consumir sustancias.

TESTIMONIO

En mi familia somos cuatro: papá, mamá, mi hermana menor y yo. Mis familiares por parte de mamá viven en Chillán y tenemos muy poco contacto, mientras que con la familia de mi papá hay cero contacto. Mi papá es obrero y fue el único que salió del hoyo de la pobreza. De chica fui muy introvertida, y me gustó siempre escribir cuentos, pintar, dibujar. Me gustaba todo lo que tiene que ver con el arte, el cine, etc. A los siete años, mi mamá llevó a una colega y a su hijo a vivir a nuestra casa. El hijo tenía trastornos mentales y abusaba sexualmente de mí. Yo era muy tímida y nunca hablé de los ultrajes. Mi mamá parece que no se daba cuenta…

Mi papá estuvo siempre ausente -trabajaba fuera de Santiago- lo que me afectó bastante, porque yo sentía mucho la necesidad de tenerlo; no tengo ahora una relación física con él, pero la relación emocional es muy fuerte.

Las drogas las probé por curiosidad a los 12 años. Mi primera experiencia fue con la marihuana, en el colegio, que era muy alternativo y al que incluso se podía ir con ropa de calle. Me pillaron, pero me dejaron condicional, sólo porque era excelente alumna; ellos no le dieron mucha importancia, y yo tampoco. A los 15 años probé el alcohol. Ahí me fui a pique. Consumía cualquier cosa que viniera y que me hiciera salir de la realidad: tonariles, neoprén, jarabes, cualquier cosa que me dejara en un estado que no me importara nada. A los 16 años tuve una gran depresión y cambios severos de personalidad.

Por mi timidez, me refugié en las drogas. Yo era muy testaruda y mi mamá no sabía cómo controlarme. Luego me metí a punk. Estuve dos años viviendo en la calle, y a veces llegaba a mi casa solamente a comer y ducharme. Mi mamá estaba histérica yendo al siquiatra, mientras mi hermana menor aperraba sola. Yo estaba en mi mundo de Bilz y Pap.

Ser punk tiene mucho que ver con ir contra la sociedad. Me junté con gente que asaltaba, que tenían lugares específicos donde se juntaban. En ese mundo comencé a conocer más drogas. Me identifiqué mucho con los punk, porque estaba como rebelada, tenía mucha rabia por muchas cosas. Siempre había sido la niña perfecta y me aburrí de eso, de esa pantalla. Con las drogas me liberé y fue como un castigo para mi familia. Les dije: “Déjenme tranquila, soy lo que soy”. Tenía ganas de morirme, de desaparecer.

A los 16 años conocí a un amigo, que después fue mi pololo, y llegué a estar más reventada que él. La onda punk es súper absorbente. Se maneja toda una imagen: bototos de milico, pelos de colores, chaquetas de cuero, escuchando música agresiva. En las tocatas, lo único que hacíamos era pegarnos: “pegar, pegar, que el mundo se va a acabar”.

Pero ya me sentía súper mal. Sentía que la gente con la que estaba no me apoyaba en nada, aunque siempre dentro de todas mis voladas tuve algún momento de lucidez en que me decía que ese trajín no era lo mío. Me metí en un mundo del cual no podía salir. Para un Año Nuevo me desaparecí cuatro días. Anduve por todos lados, y mi mamá, desesperada, salió a buscarme con los pacos. Una noche, en que incluso me habían pegado en la calle, llegué de madrugada a mi casa, entré por la ventana de mi pieza y me acosté en mi cama, como si nada. Entró mi mamá a la pieza, me vio y dijo: ¡Basta, esto no puede seguir!. De inmediato ella hizo contactos con comunidades terapéuticas y clínicas, que no podíamos pagar.

Un día, a las nueve de la mañana, mi mamá me despertó y me dijo que íbamos a ir a un lugar donde me ayudarían a salir de la droga. Fui para no hacer más atado, porque igual no estaba ni ahí con ir. Me llevó a Hogares CREM, donde me dijeron que, si seguía así, terminaría en la cárcel, en un hospital o muerta. Lo pensé y dije: ¡Tienen razón, yo quiero seguir viviendo!. En el fondo de mi corazón quería salvarme, y me quedé.

Al día siguiente no hubiera vuelto: era ¡ahora o nunca!. Tenía una angustia terrible, pensé que no iba poder. Ahora llevo 18 meses limpia y deseo ser terapeuta.

ENTREVISTA

-¿Qué es la adicción para ti?

-Esencialmente es un escape para poder aliviar problemas. Es lo más fácil y se supone que lo pasai la raja. No se toma en cuenta que después viene el bajón, la depresión. La droga es el escape más fácil.

-¿Qué perdiste con las drogas?

-Perdí a mi familia. Yo afortunadamente no perdí tantas cosas exteriores. Lo que más perdí fue mi dignidad, las ganas de vivir, el valor de la vida. Eso fue lo que más me atormentaba.

-¿Qué ganaste con la rehabilitación?

-Gané todo lo que había perdido, gané a mi familia. Ahora me siento orgullosa de lo que soy. Me siento con la frente en alto y nadie me puede venir a decir ¡eres una drogadicta tal por cual!.

-¿Qué hay que hacer para abandonar la droga?

-Un tratamiento. De este hoyo cuesta mucho salir sola.

-¿Se puede ser feliz sin drogas?

-Sí, de hecho una es mucho más feliz sin drogas. Igual pasas por problemas, pero somos capaces de resolverlos. Ahora me siento feliz, porque conozco gente que nunca pensé que conocería, y los adoro, los quiero. Son mi segunda familia.

-¿Cuál sería tu mensaje para los adictos activos?

-¡Qué difícil! Creo que el primer paso es darse cuenta de que estás enfermo, que estás mal. Lo penca es que el drogadicto dice: “No, yo lo dejo cuando quiero”, “No, sólo son unos años de carrete y luego lo voy a dejar”. Pero uno sabe que eso no funciona. Hay que ser perseverante y sacarse la cresta para cumplir las normas. La voluntad es lo más importante, y el drogadicto carece de voluntad. El adicto se refugia, se esconde, se escapa, y por eso yo le preguntaría al adicto: ¿hasta cuándo vas a escapar?, ¿quieres morirte a los 25 o a los 30 años, siendo infeliz? Piénsalo. Con droga somos la última mierda del mundo.

Norma Butcher: madre de un adicto rehabilitado

Testimonio extraído del libro “Cuerpos Limpios” de León Pascal.

Editorial Grijalbo.

Norma Butcher Skármeta, 54 años, tiene tres hijos y un nieto. Estudió cinco años de sicología. Pertenece al signo Sagitario y le gusta el color verde, comer guisos, los trabajos manuales y la decoración. Es dueña de la Corporación Terapéutica Internacional Procambio (Curacaví). Su mayor frustración derivó de la adicción que padeció su hijo Alejandro. Sueña con instalar un Centro Abierto de acogida para adictos enfermos de Sida y adictas adolescentes con embarazo precoz.

TESTIMONIO

Viví lo que le sucede a muchas mamás, esa tendencia innata a confiar. Si una no confía en sus hijos, ¿en quién puede confiar? Cuando se piensa que la libertad de los hijos es importante para su desarrollo, simplemente les damos oportunidades. A veces, las mamás somos poco objetivas, no sabemos que los hijos tienen problemas y somos ciegas por el lazo afectivo. El mundo exterior -fuera de la casa, de las amistades conocidas y del entorno familiar- es muy frío, indiferente. Si un muchacho empieza a incursionar en la droga nadie va a pensar que se puede dañar, cambiar su realidad y dañar a su familia. El joven sabe que eso es indebido, que está haciendo algo escondido, pero uno no lo alcanza a identificar.

Se ven cambios, pero como son jóvenes, como madre lo atribuyes a cosas de la edad, que es flojito por la adolescencia, que come más por el crecimiento, que no está siendo ordenado porque se identifica con ídolos desordenados, etc. El muchacho es social, conoce a tanta gente, por aquí y por allá. Uno peca de ingenuidad, hasta que comienzan a aparecer los llamados condoritos, la farra, el mal rendimiento en el colegio, las mentiritas cuando dice que va a un lado y no va. Todo es ambiguo.

Empiezas a darte cuenta de que tu hijo está cambiando mucho, que ya no es el mismo, que la comunicación espontánea, de persona a persona, comienza a dañarse. Hay como un velo entre medio que no deja que eso sea expedito, cercano, tibio.

En el caso nuestro, llegó un momento en que Alejandro empezó con el trago, la marihuana, una especie de espiral sin fin. Cuando nosotros nos dimos cuenta fue como un chancacazo. Un día encontramos en el escritorio del papá una carta en la que nos decía que se iba por dos o tres días con una niña fuera de la ciudad. Era algo que nunca había hecho, y menos en esa forma, y que podía haberlo comunicado personalmente. Nos dimos cuenta de que algo no funcionaba, que algo no encajaba. Era inaudito que nos hiciera eso e inmediatamente me puse en movimiento. Llamé a fulanito y menganito. Descubrí que todos lo tapaban, lo encubrían, pero un amigo fue más blando, me vio desesperada y yo fui incluso amenazante con él. Me dio un teléfono. Llamé y casualmente contestó mi hijo Alejandro en muy mal estado. Le dije que se viniera inmediatamente a la casa.

Llegó en condiciones deplorables, muy mal, e inmediatamente hice lo que los padres estiman correcto. Con mi marido consultamos a un siquiatra, quien nos dijo que había un problema de comunicación. Nunca habíamos tenido problemas de comunicación, porque, como familia, somos espontáneos, muy de compartir. Yo le dije: ¡Doctor, ese no es el problema: el problema es la droga. Mi hijo ha cambiado por la droga!. Con todo el dolor de mi alma, le dije también: “Es posible que mi hijo haya hecho una adicción con la droga”.

Apenas salimos de la oficina del siquiatra llamó a un reeducado, un ex adicto, quien a los cinco minutos estaba en la casa. Habló a solas con Alejandro y bastaron 20 minutos para que mi hijo decidiera someterse a tratamiento. Estuvo dos años en rehabilitación y ha cumplido ya tres años y medio limpio, sin consumir drogas.

Me entregué absolutamente a él, al saber que mi hijo tenía problemas de poli-abuso: marihuana, alcohol, pepas, etc. Durante el tratamiento observé un cambio tajante, claro, enternecedor. Alejandro empezó a crecer como persona, a tener talento y estabilidad. Maduró emocionalmente.

Por mi parte, viví un proceso personal muy interesante. Comencé a descubrir un mundo desconocido. Empecé a preocuparme del problema, a saber más, a no quedarme solamente con lo que sentía. Fui más allá y me involucré mucho en la comunidad.

Fueron dos años de un proceso personal muy lindo. Me fui transformando poco a poco en una terapeuta. Venían mamás nuevas y yo las acogía, las ayudaba a hacer este doloroso camino. Me puse la camiseta y adquirí un compromiso muy grande: rehabilitar. Así, instalé este centro, Procambio. Sigo creciendo, sigo trabajando con los padres que llegan angustiados, frustrados, desesperados. porque no saben cómo manejar esto y no soportan lo que sienten internamente. En ese diálogo de padre a padre, yo les trato de dar paz. Trato de abrirles una puerta y darles un poquito de optimismo dentro de todo ese desastre que sienten. Les muestro que yo pasé por eso y que tengo a mi hijo sano. Alejandro trabaja ahora conmigo y ha llegado a convertirse en modelo para los hijos de muchos padres. He fundado otras comunidades pequeñas, he asesorado clínicas, hasta que hicimos realidad esta comunidad, muy grande, muy digna, muy integral.

ENTREVISTA

-¿Cómo definiría la adicción? ¿Cómo se manifiesta?

-La adicción es una enfermedad crónica, muy difícil de manejar. La persona que la padece tiene que armarse de nuevo y construir mecanismos o herramientas para ser preventivo consigo mismo el resto de su vida. Es una enfermedad que se manifiesta de muchas maneras. Lo primero que ataca es la estructura de personalidad, porque la droga desorganiza las estructuras internas y externas. Potencia todo lo malo. Los síntomas son infinitos: la inmediatez, la impulsividad, la irreflexión, la frialdad, la callosidad afectiva, etc.

-¿Qué se pierde con la droga?

-Principalmente, la identidad. No hay un enlace entre como Žramos antes y como somos ahora. Existe pérdida de transparencia, de humildad, de la capacidad de sentir y amar. Se pierde la capacidad de experimentar sensaciones naturales y no químicas.

-¿Qué ha significado para usted tener un hijo drogadicto?

-Un dolor y un desafío muy grandes. Mi primer sentimiento fue preguntar ¿por qué a mí? Después de hacer este largo camino, puedo decir que amo más que nunca a mi hijo. Él ha crecido como persona, porque quien ha sufrido tiene después una capacidad de generosidad muy grande. La gente crece a través del dolor. Los adictos son pioneros generosos.

-¿Qué es lo más importante durante la rehabilitación?

-Creo que aparte de la abstinencia, saber trabajar con uno mismo, interiorizarse, saber identificar por qué se siente eso y poder modificarlo. Así se logra la estabilización y se evita la descompensación.

-¿Cómo es posible salir de la droga? ¿Con dinero?

-No, no. Se puede salir de la droga en una choza o en una infraestructura esplendorosa. Importante es el proceso que tiene que vivir la persona que padece la enfermedad, para encararla y lograr descubrir lo que no quiere descubrir. La droga daña terriblemente la autoestima.

-¿Cuánto tiempo piensa que estará limpio su hijo?

-Como es una enfermedad crónica, va a estar limpio todo el tiempo que él esté en sintonía, renueve su compromiso todos los días y cada día sea capaz de quererse, de cuidarse. Él mismo debe ser el preventivo.

-¿Qué es más importante, prevención o rehabilitación?

-Ambas cosas son importantes. Si no hay prevención, debe haber m’as rehabilitación.

-¿Qué les diría a sus madres?

-Que sean fuertes y consistentes.

-¿Qué perdió usted con la drogadicción de su hijo?

-¿Qué perdí yo? Importante pregunta. Perdí la ingenuidad.

-¿Qué ha ganado con el proceso de sanidad de su hijo?

-Fortaleza.

-¿Qué papel puede cumplir la madre para sacar adelante a un hijo adicto?

-Un papel incomparable, muy grande. Somos manos amigas que sacamos a nuestros hijos del pantano para que crucen por un puente al valle fructífero de la vida.

-¿También tocan fondos los familiares de adictos?

-Sí, tocan fondo emocional, afectivo, porque es como un terremoto interno, pero cuando se logra reconstruir, puedes hacer las cosas mejor que antes. Se puede construir más sólido, más bonito, más permanente y consistente.

-¿Qué efectividad ofrece este centro de rehabilitación?

-Somos muy buenos. Siempre existe un porcentaje de personas que no termina la rehabilitación, pero los que sí continúan el tratamiento y hacen el seguimiento salen adelante. Somos un centro integral de primera. Las personas quedan preparadas para enfrentar la vida afuera.

-¿Qué pasará con el consumo de drogas en el próximo milenio?

-Esto crece y crece, lamentablemente.

-¿A qué le tiene miedo?

-Tengo miedo de que la humanidad no tenga conciencia de todo el daño que se puede hacer la gente a sí misma.

-Despídase con un mensaje para los adictos activos.

-Sean fuertes, humildes. Entréguense. Sean capaces de pedir ayuda. Al adicto no se le rechaza como persona, se le rechaza por sus actitudes y si esas actitudes cambian, a través del tiempo, siempre van a ser queridos y aceptados.

Raimundo García: publicista

Raimundo García Mujica, 44 años, tres hijas. Publicista. Es un Libra. Su hobbie preferido es ver televisión. Le gusta la carne y el color azul. Tiene dos años y medio limpio.

TESTIMONIO

-Soy el menor de cuatro hermanos. Con mi hermana tengo ocho años de diferencia y tuve una infancia grata hasta los diez años. Después comenzaron los quiebres familiares, las crisis económicas. Mi hermano mayor desarrolló esquizofrenia, y eso produjo un descalabro familiar.

Cuando mi padre anciano dejó de ser proveedor, mi mamá, con 22 años de diferencia con él, tomó las riendas monetarias del hogar. Ella, a los 40 años, floreció como ama de casa, periodista, pintora. Participó en el primer programa literario de la televisión chilena. Hubo un giro interno en todo el quehacer hogareño.

Mi primer contacto con la droga fue con el alcohol. A los siete años, en una reunión social que hubo en la casa, me tomé los conchos de los vasos de los invitados y me emborraché como piojo. Siempre contaban la anécdota como algo divertido. A los diez años bebía con un vecino amigo, y en una oportunidad entre los dos nos tomamon una botella de whisky. Me saqué la cresta, me rompí el hocico y se produjo un gran escándalo con mis papás. “¡Este niñito no tiene arreglo!”, dijo mi padre.

A los 15 años me dí cuenta del efecto que me producía el alcohol: se me ponían las patas como lana, sentía un gran relajo y una gran soltura de personalidad. En público me sentía muy participativo. Comencé a excederme en los consumos. Con un amigo mayor tomaba cerveza después de almuerzo en una fuente de soda, era una picada que teníamos.

En el colegio, en el Liceo 11, tuve mi primera patota de amigos y experimenté una realidad nueva. Antes había estudiado en un colegio privado, que era una cúpula de cristal. En el liceo, en cambio, descubrí el mundo, la realidad de la calle, tenía amigos de todos los estratos sociales. Tuve una vida tremendamente liberal, pasábamos en paro, sin clases. Eran los años 70 con Salvador Allende como Presidente.

Con un amigo que bailaba en “Música Libre” probé mi primer cigarrillo de marihuana, me volé y me dio mucha rabia. Boté el paquetito al canal San Carlos. “¡Huevón, esta huevada no puede ser, nos vamos a destruir la cabeza!”, le dije a mi amigo. Pasó un buen tiempo antes de volver a fumar pitos. Con la patota nos juntábamos los sábados después de almuerzo. Ahí nos conseguíamos los ritalines, el pisco y la marihuana. Cada uno llegaba con los datos de las fiestas. Al principio, establecimos la regla de oro: siempre uno del grupo se tenía que mantener sano para manejar el auto y llevar al resto. Eso funcionó un poco al comienzo, porque después estábamos todos arriba de la pelota. Empezó a ser un consumo frecuente, entre semana y fines de semana, en el colegio, en el patio, en el parque, en todos lados. Fumábamos “zepelines”. Andaba muy entretenido, a doble filo, me desconectaba del mundo y me cagaba de la risa.

En 1973, a lo 17 años, yo no tenía plata. A través de mi hermana me contacté con un periodista, un corresponsal extranjero, y comencé a trabajar como camarógrafo. Las filmaciones eran súper estresantes. Me contacté con otra realidad fuerte: las manifestaciones, los tiroteos, las tomas de terreno, Patria y Libertad y sus amenazas. Me asusté mucho. Ganaba buen billete, en dólares, y me sentí grande con tanta plata. Ayudaba a la familia de un amigo y daba plata en mi casa. Ahí empezó un consumo fuerte de alcohol. Después de trabajar, nos íbamos a chupar al “Chancho con Chaleco”.

Vino el golpe de Estado. Tenía 18 años y decidí irme a vivir a Argentina, arrancarme por seguridad, aunque no pertenecía a ningún partido político. En el avión lo primero que hice fue tomarme un copete. Sentía una sensación de desolación. ¿Por qué tenía que irme del país? Yo no tenía nada que ver con lo que pasaba, sólo era un testigo que registraba hechos con mi cámara. Llegué a Argentina. Compartíamos una casa con una prostituta, pero nunca me acosté con ella; éramos sólo amigos y algunas veces salimos a beber. Pude volver a Chile gracias a una movida familiar. Fui al Diego Portales a pedir mi credencial de corresponsal extranjero, pero me dijeron que estaba en una lista negra y que nunca me darían autorización para trabajar. Eso duró hasta el último día de la dictadura. Trabajé clandestinamente con unos alemanes, a quienes vendí imágenes de los presos en el Estadio Nacional, imágenes exclusivas: fui de los primeros camarógrafos en filmar hechos como esos.

A los 23 años me casé. Tuve tres hijas preciosas. Mi mujer comenzó a llamarme la atención de que tomaba mucho, que tenía tufo, y no deseaba tener relaciones sexuales. Una etapa muy dolorosa y sufrida fue, por otra parte, la muerte de mi hermano mayor que padecía de esquizofrenia. Un viernes llegó a mi casa, reclamando por su situación de enfermo y diciendo que lo marginaba la sociedad. Había dejado de tomar sus remedios. Le dije en broma que, si no era capaz de integrarse en la sociedad, que mejor se matara. Nos tomamos una botella de pisco juntos. El domingo siguiente se suicidó, tirándose desde un cuarto piso. Eso me generó un complejo de culpabilidad, me sentí responsable de su suicidio, aunque yo no era culpable de su locura.

Al mes, mi hermana se realizó una operación muy simple; le dio un paro respiratorio, quedó en estado de coma y a los tres días murió. Con todo esto, mi madre se descompuso, y cayó con un cáncer fulminante; se entregó a la muerte y falleció. A los cuatro meses, mi padre, ya viejito, murió de pena. En un año perdí cuatro familiares. Esto me dejó una huella muy grande. Yo no lloré nunca a mis muertos. La situación emocional me condujo a un mayor consumo de cocaína y alcohol.

¡A la mierda con todo, voy a dedicarme a morir!, me propuse.

Vino el caos. Una de mis tocadas de fondo fue obligar a mi mujer a tener relaciones sexuales, lo que de hecho fue una violación. Seguí consumiendo y consumiendo. La drogadicción ya era un hábito; empecé a engordar. Pasaron varios años, gané más plata, tuve poder y mucha inmadurez. Todos los días tomaba: en la casa, en la oficina, en los bares.

Comenzó la crisis matrimonial, no existía comunicación. La relación con mi mujer se puso negra. Ella me dijo “¡No quiero más guerra, separémonos!”. Me echaron de la casa. Lloré como loco. Tomé la decisión de fuga geográfica. En Chile me estaba muriendo. Terminé viviendo durante cuatro años en Colombia. A los dos años de vivir allá me dí cuenta de que empezaba a chupar a las 10 de la mañana, acostado en la cama. Estaba en un estado de locura, pensaba en cómo suicidarme y dejar un seguro de vida para mis hijas. Tenía un estado sicótico profundo. Existía cero contacto con la realidad. Vivía encerrado en el departamento con mucha paranoia. Me emparejé con una mina. Juntos consumíamos éxtasis y ácidos. Cada vez tenía un dolor más grande. Dolor, dolor, dolor. Me dí cuenta de que estaba loco y le dije a mi pareja que pensaba meterme a los grupos de Narcóticos Anónimos. Ella se subió al carro, y me dijo que también necesitaba ayuda. Así llegamos, un lunes a las seis de la mañana, a un grupo de N.A. que se llamaba “Pájaros Madrugadores”. Luego volvimos a Chile y actualmente continuamos asistiendo a reuniones de Narcóticos Anónimos.

ENTREVISTA

-¿Cómo enfrenta cotidianamente su enfermedad?

-Mirándome al espejo, recordándome que soy adicto.

-¿Qué hace para no llegar a consumir drogas en casos de ansiedad extrema?

-Al declararme y aceptarme adicto, ya tengo la rendición final. Se produjo una sensación de libertad tan grande, que hasta el día de hoy no siento compulsión por consumir drogas ni alcohol.

-¿Teme que sus hijas caigan en lo mismo? ¿Qué hace para evitarlo?

-Las llevé a conocer el programa de Narcóticos Anónimos. Pensé que eso era una vacuna suficiente de conciencia y que mis hijas iban a quedar liberadas de este cuento. Sin embargo, luego de mi ausencia de tantos años, me dí cuenta de que ya habían probado la marihuana, el cigarrillo y el alcohol. Una de mis hijas tiene actualmente problemas con drogas y está internada. Me costó aceptar que tengo una hija adicta, igual que yo. Estoy pegado al lado de ella, ayudándola a salir adelante, y sé que la voy a sacar de este rollo.

-No se recomienda la relación entre adictos. ¿Cómo es su relación de pareja, siendo ambos adictos en rehabilitación?

-Compleja. La relación entre personas no adictas es normal, pero entre adictos todo es anormal, se magnifican los problemas. Es muy difícil romper los códigos de la manipulación que usaba en la época de adicción activa.

-¿Cuál fue el sentimiento durante su peor tocada de fondo?

-Mucha pena. Un dolor enorme y un sentimiento de injusticia muy grande. No quería seguir sufriendo, pero ya no podía salir adelante. Andaba duro como ladrillo.

-¿Cuáles son sus mayores defectos?

-Mi genio.

-¿Y sus virtudes?

-Mi sabiduría de la vida luego de todo lo que me ha pasado. Tengo un conocimiento del género humano bastante bueno, amplio y asertivo.

-¿Qué le diría al adicto que sufre?

-Que siga sufriendo hasta que llegue el momento en que tome la decisión de salir adelante. El adicto que sufre es porque tiene la opción de la muerte, y yo le diría que elija la opción de la vida y se llene de esperanza.

-¿Cómo solucionaría el problema de la drogadicción?

-Principalmente con prevención. Como Estado no gastaría ni un puto peso en rehabilitación. Invertiría todo el presupuesto en educación. Las próximas generaciones deberían venir con el lavado de cabeza de que la droga es mala y mata.

-¿Es realmente feliz?

-Tengo momentos de felicidad, gracias a la lucidez que he logrado.

-¿Cuándo fue la última vez que lloró y por qué?

-Hace un mes. Salí con mis tres hijas y mi ex mujer a la playa. En el camino, cuando iba manejando el auto, me llené de pena, rabia y alegría.

-¿Tiene un lema espiritual?

-La respuesta la tiene uno.

Clara María Romero

 

 

Qué significa cocodrilo y es la droga que está causando los estragos que se pueden ver en la fotografía. Es como si la heroína se convirtiera en un abyecto cocodrilo, esta sustancia está devorando a los jóvenes adictos de Rusia. 

El Krokodil es una desomorfina, un opiáceo sintético mucho más poderoso que la heroína creado a través de una serie de mezclas y reacciones químicas que los propios usuarios realizan varias veces al día de memoria.
El nombre de cocodrilo le viene por el color de unas escamas de color verdoso que van apareciendo en la piel del adicto.
Mientras que la heroína cuesta en Rusia alrededor de 40 dólares la dosis, la desomorfina puede ser elaborada en cualquier laboratorio doméstico o cocina. Mezclándola con analgésicos basados en la codeína cuyo precio es de 4 dólares el paquete y el resto de las sustancias son caseras y de muy bajo coste y siempre están disponibles en los supermercados.
Además de la codeína, se mezcla con gasolina, acido clorhídrico, yodo y fósforo rojo. Los consumidores suelen morir dentro de los primeros tres años de su consumo constante, pero antes del fallecimiento, el adicto ve como lentamente la carne de su cuerpo se pudre.
Así  que debido a su bajo precio  y a la situación económica que existe en Rusia, no es de extrañar que muchos heroinómanos acaben entrando en la boca del “cocodrilo”.
Aunque a los pobres no les salen del todo las cuentas (al pobre adicto nunca le salen las cuentas). Ya que mientras el efecto de la heroína es de varias horas; el efecto del krokodil dura no más de dos horas (por lo general unos 90 minutos). Teniendo en cuenta que el proceso de “cocinado” dura una media hora; resulta que el adicto a esta sustancia ha de dedicarle todo su tiempo.
Se calcula que en Rusia hay unos dos millones de heroinómanos, ya que es la droga mas consumida en este país.
Circunstancia a la que, en su día, no fue ajena la administración norteamericana ni su brazo ejecutor, la C.I.A. que fue quien adiestró a Bin Laden para que en plena guerra fría introdujera heroína en la antigua Unión Sovietica procedente de Afganistán que seguida de Birmania son los principales productores de heroína del mundo.
La idea era tan sencilla como eficaz; a un país al que se le destruye la juventud, es un país sin futuro. Así fue que basándose en este planteamiento, fue un objetivo primordial de los E.E.U.U. destrozar a la juventud de la Unión Soviética abasteciéndola de heroína de bajo precio.
Se calcula que en la actualidad hay en Rusia unos cien mil consumidores o adictos a la desomorfina.
La droga toma su nombre reptiliano de los venenosos ingredientes que la componen y que  rápidamente vuelven la piel “escamosa” y poco después empieza a carcomerla teniéndose que llegar a la amputación del miembro afectado.
He de reconocer que no poseo mucha información sobre el proceso desintegrador de los tejidos. Cuando esté más documentado aportaré información.
Siempre digo que lo malo no tarda demasiado  en llegar. Esperemos que esta droga no llegue nunca a nuestro país. Pero la advertencia está hecha y la imagen  no deja lugar a dudas.
Sé que la imagen es muy dura, pero la droga y sus consecuencias los son mucho más.
Solo decir:
Si ves a un adolescente que se droga: AYÙDALO.
Si conoces a un vendedor de drogas: DENÙNCIALO.

(*) Presidente de la asociación contra la droga “CLARA MARIA” de Priego y aldeas  

 Efectos del Krokodil. (Foto: Cedida)
Efectos del Krokodil. (Foto: Cedida) 
 

Problemas familiares

Los adolescentes al vivir una etapa de crisis y al tratar de evadir los problemas, buscan salidas fáciles o formas de olvidarlos, por ejemplo por medio del alcohol y las drogas.

Muchas veces las adicciones surgen por problemas dentro de la familia (incomprensión, falta de comunicación, golpes, maltrato intra-familiar, rechazo, padrastros, abandono, falta de recursos económicos, dificultades escolares, pobreza absoluta y desamor), al sentir que no son queridos en los hogares, los adolescentes tienen la impresión de no ser escuchados o tomados en cuenta.

Caen en un error al tratar de solucionar los conflictos por medio de las drogas, creyendo que sólo van a ingerir una vez la sustancia, pero en realidad se genera la costumbre o la adicción, esto ocasiona que los problemas familiares aumenten, ya que la droga consumida es más fuerte, y al no querer o poder dejarla, a veces los adolescentes optan por abandonar el hogar, convirtiéndose en niños de la calle, en la que se exponen a riesgos de gran magnitud como contraer enfermedades, ser golpeados, soportar abusos, explotación, hambre y abandono.

El tiempo que persista el efecto de la droga en su organismo, es equivalente al del abandono de sus problemas, después, todo vuelve a la realidad, las situaciones preocupantes siguen ahí e incluso aumentan por la adicción generada.

Influencias sociales

También recurren a las drogas cuando se presentan problemas en su alrededor. Por ejemplo: Al no ser aceptado por los amigos o una condición para ingresar a cierto grupo es el ingerir droga, ser como ellos, imitarlos, hacerles creer que “los viajes” son lo máximo, o lo peor, caer en la influencia social. Los adictos pueden hacer los comentarios que quieran sobre la persona que no está dispuesta a entrar en las drogas; los adolescentes deben ser muy conscientes de sí mismos y mantener su postura de decir NO.

Los jóvenes que no quieren consumir la sustancia, deben saber cuidarse de las amistades que manifiestan insistencia, pues su obsesión puede ser tan grande que estarán buscando el momento adecuado para inducirlos, por ejemplo, pueden disolver la droga en su bebida o en sus alimentos. Éstos esperarán el momento en que haga efecto la droga para poder dañarlos. Nunca deben aceptar estas cosas por parte de personas adictas y lo más conveniente es alejarse de ese tipo de grupos, que suelen llamarse “amigos”.

Ser problemático puede ser causa de la influencia de los compañeros, como hacerlos caer en la delincuencia. Ya que los robos que son realizados por adictos, no son primordialmente por cuestiones de hambre, sino por la necesidad de seguir drogándose. Esto ocasiona tener problemas con las autoridades y posteriormente ser sometidos a las cárceles.

Cuando los adictos aún están es sus casas, presentan depresión y aislamiento mental, lo que provoca bajo rendimiento o ausentismo escolar y mala comunicación familiar.

 

Curiosidad

En ocasiones los jóvenes con una curiosidad insana, por observar que algunos adolescentes de su edad imitan el acto de probar y sentir el uso de cualquier droga. Además algunas drogas como los inhalantes, son de fácil acceso para ellos, son autorizadas y vendidas a bajo costo en cualquier abastecimiento, lo que ocasiona ventaja de consumo.

Al aceptar el organismo la tranquilidad y relajación del efecto de la droga, ocasiona que éste exija el consumo nuevamente, pero con la misma dosis ya resulta insuficiente, lo que hace aumentar cada vez más la cantidad para sentir los mismos efectos, dando paso a la adicción. Algunos jóvenes que experimentan el sentir de bienestar o el simple hecho de “andar en un viaje” y que al consumir la droga su organismo los rechaza de una forma brusca, por lo general éstas personas no vuelven a intentarlo

Problemas emocionales

Cuando surgen los problemas en la vida de algunos adolescentes (regaños, golpes, desconfianza, incomprensión, conflictos económicos en la familia, padres adictos o divorciados, dificultad de aprendizaje escolar, etc.), reflejan una gran depresión emocional, en la que pueden sentirse llenos de rencor, ira y vergüenza, por el comportamiento de los padres, amigos o conocidos. Estos jóvenes buscan la manera

de que no les afecte gravemente en su estado emocional y utilizan una forma de salir de ellos con ayuda de una adición.

Los problemas generalmente ocasionan en los adolescentes depresión, sentimiento de culpa, autoestima baja, evasión de la realidad, desamparo y prepotencia, ellos piensan que son los causantes del daño y posteriormente con el uso de las drogas (incluyendo alcohol y tabaco) creen librarse de las dificultades, aunque no siempre recurren a las drogas, sino también se presenta en otro tipo de adicciones como:

- Comer demasiado
- Pasar mucho tiempo en los videojuegos
- Escuchar música
- Jugar y apostar
- Bailar
- Ver televisión
- Realizar colecciones de manera obsesiva, entre otros.

Estos últimos, generan una adicción por el uso frecuente en que recurren a ellos; aunque no son tan dañinos para la salud, son tomados para salir de las broncas, como una forma de tranquilizar su cólera.

La neurobiología ratifica que el consumo prolongado de drogas causa daños cerebrales duraderos

La drogadicción debe ser considerada a todos los efectos como una enfermedad crónica. Esta afirmación no es ya sólo una iniciativa de política sanitaria o un diagnóstico avalado por la Organización Mundial de la Salud y la Asociación Americana de Psiquiatría, sino una sentencia científica. La acumulación de investigaciones sobre la biología de la adicción ha ratificado que el uso prolongado de drogas causa alteraciones cerebrales y cognitivas duraderas y que, por tanto, la drogadicción debe ser abordada como una enfermedad, con las mismas estrategias que la diabetes, el asma o cualquier otra patología crónica.

Una de las conclusiones más relevantes de las recientes investigaciones es que todas las sustancias adictivas, desde el tabaco a la heroína, pasando por la cocaína, el alcohol, la marihuana y las anfetaminas, activan los mismos circuitos cerebrales. Y ahí parece estar la clave del conocimiento y el tratamiento de las adicciones. “La dependencia a las distintas drogas, aunque se manifiesta con comportamientos diferentes, tiene mecanismos biológicos comunes que nos explican muy bien qué sucede en el cerebro”, apunta el farmacólogo Jordi Camí, coautor junto con el también farmacólogo Magí Farré de una larga revisión científica sobre la drogadicción que se publica en el último número de The New England Journal of Medicine, la revista médica más citada en todo el mundo.

El uso prolongado de drogas afecta a los circuitos cognitivos y de recompensa

La identificación de las bases neuronales de la adicción ha sido uno de los grandes avances. “La exposición prolongada a las drogas de abuso produce efectos en los circuitos cognitivos y de recompensa”, escriben Camí y Farré en su trabajó, sustentado en un centenar de estudios y artículos recientes. “Por esta razón”, añaden, “la adicción debería ser considerada una enfermedad médica crónica.
El uso continuado de drogas causa cambios adaptativos en el cerebro que explican la tolerancia (necesidad creciente de una dosis mayor para conseguir el mismo efecto), la dependencia fisica, el consumo compulsivo, la activación de los mecanismos cerebrales de recompensa, la necesidad irresistible (craving) de la droga y otras características de las adicciones, cuyas bases biológicas empiezan a ser bien comprendidas.

¿Por qué algunas personas se hacen adictas? ¿Por qué tantos millones de personas en el mundo, a pesar de conocer sus efectos negativos, continúan fumando, bebiendo en exceso o consumiendo drogas? ¿Cómo se produce esta relación de servidumbre involuntaria con las sustancias adictivas? La respuesta está en el cerebro: todas las drogas estimulan los mecanismos relacionados con el refuerzo positivo (facilita las conductas que llevan a sensaciones agradables, como la euforia) y algunas además reducen o eliminan las sensaciones desagradables.

Lo que tienen en común todas las drogas, ya sean los euforizantes y sedantes derivados del opio, la estimulante y relajante nicotina, las energizantes anfetaminas y cocaína, el estimulante y desinhibidor alcohol, los relajantes y apaciguadores cannabinoides, y las demás sustancias adictivas naturales o de diseño, es que estimulan la liberación de dopamina en una zona del cerebro (el núcleo accumbens) que desempeña un papel importante en el refuerzo de la conducta.

El aumento de los niveles de dopamina es además el nexo común entre eventos placenteros tan diversos como un beso o ganar un partido de tenis y la llegada al cerebro a través de la sangre
de un aluvión de moléculas de nicotina, heroína o cocaína. Las recompensas naturales como el sexo, la comida y la bebida, al igual que las drogas adictivas, estimulan la liberación de dopamina de las neuronas del área ventral tegmental en el núcleo accunbens, provocando euforia y el refuerzo de la conducta que ha desencadenado el estímulo.

Las recientes investigaciones con modelos animales y las modernas técnicas de neuroimagen no sólo han identificando las áreas cerebrales y los circuitos neuronales implicados en la adicción a las principales drogas, sino que han “reafirmado el liderazgo dopaminérgico”, en palabras de Camí. El papel central de este neurotransmisor en la drogadicción tiene que ver además con su implicación en los procesos de aprendizaje y memoria.

Los cambios bioquímicos y eléctricos que ocurren en el cerebro con la llegada de la droga se convierten a la larga en cambios estructurales duraderos y quizá definitivos. El cerebro se transforma de tal modo que, para los adictos, “los efectos inmediatos de las drogas son más potentes que el hecho de darse cuenta de sus consecuencias negativas a largo plazo”, explica el estadounidense Neil Carlson, una autoridad en las bases biológicas de la conducta.

La ciencia ha comprobado que el consumo prolongado produce “alteraciones en cl cerebro que aumentan la vulnerabilidad a la recaída y facilitan la búsqueda irresistible de droga incluso meses o años después de’ la desintoxicación”, escriben Camí y Farré. Los condicionantes ambientales son asimismo un factor clave en la aparición y el mantenimiento de la drogadicción.

Las múltiples dimensiones que tiene el problema de la drogadicción es lo que hace tan complejo su abordaje. “Tenemos la tecnología farmacológica para paliar y gestionar la sintomatología de estas enfermedades crónicas”, afirma Cami, pero “seguimos pendientes de que se desarrollen más y mejores estrategias a largo plazo no sólo en el área de la farmacología, sino también en la psicosocial”.

Para la mayoría de los adictos, resulta casi imposible detener la espiral adictiva por sí mismos, sin ayuda terapúutica. Uno de los principios básicos del tratamiento, propuesto por el Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas (NIDA) de EE UU, es que el abordaje debe hacerse de forma integral, atendiendo las múltiples necesidades del paciente. Además, los tratamientos deben ser individualizados, porque no hay ninguna receta universal. Otro de los principios es que la terapia debe durar al menos 90 días para que pueda ser efectiva.

Estas consideraciones son válidas también para la adicción a la nicotina. “El tabaquismo es una enfermedad crónica exactamente igual que el alcoholismo”, afirma rotundamente Cami. La drogadicción “no es ningún pecado”, añade, aunque “hay quien está más o menos predispuesto genéticamente y más o menos expuesto ambientalmente” Y esto es precisamente lo que se debe aclarar en los próximos años.

La personalidad adictiva

Por qué unas personas tienen más riesgo que otras de hacerse adictos? La pregunta es un desafio mayúsculo para los neurobiólogos de la adicción. Todo apunta a que los genes que determinan los distintos efectos de una misma diuga en unas personas y otras contribuyen al riesgo de adicción. Se sabe, por ejemplo, que los hijos de alcohólicos adoptados por familias no alcohólicas tienen más riesgo de hacerse adictos a la bebida. En los últimos años se han descubierto numerosos genes relacionados con variaciones en el metabolismo de la nicotina, el alcohol, la hemina y otras drogas que se traducen en una mayor o menor tolerancia individual y en un distinto riesgo de adicción. Todos estos descubrimientos derivados del mejor conocimiento del genoma humano han generado más expectativas que realidades, según Jordi Camí, catedrático de Farmacología de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, pero no son suficientes para conocer la susceptibilidad individual a la adicción. Con todo, “en los próximos años, con la utilización de microarrays-fbiochips], obtendremos mucha información sobre la predisposición individual a las drogas”, añade. Aunque hay pruebas de que ciertos rasgos de la personalidad (por ejemplo, el gusto por el riesgo o la búsqueda de novedades) favorecen la drogadicción, la existencia de una personalidad adictiva no está bien demostrada, según Camí. Lo que sí está comprobado es que las personas adictas a una droga. tienen más posibilidades de ser adictas a otras.

Otro hecho bien comprobado es que las enfermedades mentales (la esquizofrenia, la depresión, el trastorno bipolar) se relacionan con un mayor riesgo de adicción. “De momento, “sólo está bien demostrada una mayor vulnerabilidad a la adicción en las personas con trastornos psiquiátricos”, explica Cami. Y añade:
“Cuando una persona tiene los dos problemas [enfermedad mental y drogadicción es mucho más difícil de manejar desde el punto de vista médico”, y el pronóstico es más desfavorable.

Para comprender la diferencias individuales en la drogadicción sólo hay, en definitiva, dos explicaciones: la herencia y el ambiente. De la primera parece que habrá avances concretos en los próximos años; el estudio de los condicionantes ambientales se antoja, en cambio, más complicado.

Recuerda:

Si vés a un adolescente que se droga, AYÙDALO.

Si conoces a un vendedor de drogas, DENÚNCIALO.

“NI DROGAS NI TRAFICANTES”.

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