El consumo de alcohol y de otras drogas forma parte de nuestra cultura. Como adultos tenemos opiniones formadas sobre el alcohol y otras drogas, y sobre los que lo consumen. Incluso los estudiantes más pequeños tienen opiniones formadas. Estas opiniones están basadas en actitudes, creencias, valores y la propia experiencia con las substancias. Es importante tomar conciencia del papel que juegan nuestras propias actitudes, creencias, valores y experiencias a la hora de impartir educación sobre drogas, dado que la forma en que enseñamos afecta al resultado en los estudiantes.

A continuación hay algunas formulaciones de las creencias más comunes en la educación sobre drogas y el consumo de las mismas por los estudiantes. Puede que usted haya oído, o esté de acuerdo, con algunas de ellas. La mayoría son mitos, esto es, creencias erróneas, aunque algunas contienen algo de verdad. Cada una de las creencias se discute en los párrafos siguientes. Cuando las esté leyendo piense cómo puede influir el hecho de sostenerla en la forma de plantear la educación sobre drogas.

Creencia número uno

Sólo los especialistas pueden impartir educación sobre drogas

¡Falso! La educación sobre drogas no es algo misterioso, ni difícil de enseñar. De hecho, la mayoría de los profesores tienen las habilidades básicas que se necesitan para facilitar el aprendizaje sobre el alcohol y otras drogas, y ayudar a aquellos que puedan tener problemas. La educación sobre drogas es una de las muchas estrategias a usar dentro de un programa de prevención global, destinado a prevenir y reducir los problemas relacionados con las substancias, mantener y promover conductas saludables, y finalmente mejorar la salud de los estudiantes. Debe centrarse en el desarrollo de distintas habilidades para la vida (asertividad, resolución de problemas, establecimiento de objetivos, y manejo del estrés), así como promover el desarrollo de capacidades personales y sociales de los estudiantes.

Creencia número dos

La educación sobre drogas aumentará la curiosidad de los estudiantes por probar substancias

La investigación ha demostrado que algunos programas pueden haber aumentado el consumo de ciertas substancias por parte de los estudiantes. Para disminuir la probabilidad de que aumente la curiosidad y el riesgo de consumo de drogas, los programas actuales destacan los riesgos y las consecuencias inmediatas del consumo de drogas, y pretenden que los jóvenes tomen conciencia de su propia susceptibilidad personal. Solo las drogas que ya son conocidas y con las que probablemente puedan llegar a tener contacto, deben explicarse en detalle. Se deben introducir en el curriculum en una etapa anterior al momento en que se podrían encontrar con ella en la vida real.

Creencia número tres

Las personas más apropiadas para hablar de los peligros del alcohol u otras drogas a los estudiantes son ex-alcohólicos o ex-drogadictos

¡Falso! Las personas que han tenido problemas con el alcohol u otras drogas, pueden ser unos conferenciantes muy impactantes para hablar de drogas, y proporcionar una experiencia de aprendizaje fuera de lo común. Los estudiantes mayores parecen especialmente interesados en escuchar experiencias personales de aquellos que han tenido problemas serios con el alcohol o con cualquier otra droga. Sin embargo hay que ser consciente de que los estudiantes pueden recibir un mensaje que no pretendemos, por ejemplo, “si el que habla ha sido capaz de superar sus problemas con las drogas, yo también podría hacerlo”. Además, generalmente tenemos poco control sobre lo que hacen o dicen los conferenciantes invitados.

Creencia número cuatro

Los únicos que deben ayudar a los estudiantes con problemas con el alcohol u otras drogas son los especialistas en adicciones

¡Falso! Personas con distintos niveles de preparación pueden dar diferentes niveles de “ayuda”. Los profesores ven a los alumnos regularmente, y durante largos períodos de tiempo, y están en buena posición para detectar los problemas en los primeros estadios. Cuanto antes detectemos que puede existir un problema y antes empecemos a actuar sobre él, mayor será la probabilidad de reducirlo o de revertirlo. Los profesores pueden ser la “primera línea de contacto” para los estudiantes con problemas con las drogas y ayudarlos a conectar con otros recursos.

Creencia número cinco

Los estudiantes son demasiado jóvenes para “engancharse”, se necesitan años para convertirse en adicto

La combinación de determinados factores puede generar dependencia en muchachos de tan solo 10 u 11 años, si bien ésto es relativamente raro. El desarrollo de la adicción depende de:

  • La propia naturaleza de la droga.
  • Las pautas de consumo.
  • La disponibilidad de la droga.
  • Las características y situación personal del consumidor.
  • Las influencias ambientales.

Por ejemplo, un consumo frecuente y predecible es un indicador de dependencia. Un estudio de la ARF de 1989 sobre estudiantes de Ontario mostró que algo más de un 1% de los estudiantes de entre 13 y 19 años fumó más de 20 cigarrillos al día el año anterior. Un 0,4% (de 3.500 estudiantes de Ontario) declaró consumir cannabis diariamente en los 12 meses anteriores al estudio.

Creencia número seis

No se puede ayudar a los consumidores abusivos de alcohol u otras drogas hasta que “toquen fondo”

¡Falso! Hay una cierta visión del consumo abusivo de alcohol u otras drogas que asegura que el consumidor excesivo debe sufrir perdidas personales significativas antes de estar motivado para abandonar el consumo. Algunos terapeutas que trabajan en adicciones interpretan esto como que su ayuda no es efectiva hasta que el consumidor “toca fondo”.

La mayoría de la gente joven que consume excesivamente drogas no toca fondo en absoluto, más bien lo que les presiona a cambiar son las consecuencias negativas que surgen de su consumo de drogas. Éstas podrían ser relativamente menores (por ejemplo, una confrontación abierta con un orientador), o mayores como tener problemas legales o sanciones en la escuela. Generalmente cuando las consecuencias negativas del consumo de drogas empiezan a pesar más las positivas, el joven consumidor busca ayuda.

Creencia número siete

Mientras un niño use solo “drogas blandas”, como la marihuana, o solamente alcohol y tabaco, es muy difícil que llegue a ser adicto, y por lo tanto no necesitará ningún tipo de intervención

¡Falso! Si bien es verdad que la mayoría de los jóvenes que experimentan con las drogas no llegan a desarrollar dependencia, el uso de las llamadas “drogas blandas” puede presentar otros problemas serios. Consumir substancias como alcohol, tabaco o marihuana, puede traer problemas con los padres, con los amigos, con la escuela, problemas legales, económicos o de salud. Hay también evidencias de que el alcohol, el tabaco y el cannabis pueden actuar como “drogas puente” para algunos estudiantes hacia las llamadas “drogas duras” como la heroína o la cocaína. La identificación precoz y el tratamiento pueden ayudar a evitar esta evolución. Tanto en la literatura de investigación como en la práctica clínica se sugiere que cuanto menor sea la historia de consumo de drogas y la intensidad de su consumo mejores serán las posibilidades de obtener un resultado terapéutico positivo.

Creencia número ocho

Lo que hacen los niños fuera de clase no es asunto de la escuela

Aunque la mayor parte del consumo de drogas ocurre fuera de las horas de clase y fuera de la escuela, muchos de los problemas relacionados con el consumo de alcohol u otras drogas repercuten en la vida escolar de los jóvenes. Por una parte puede traer problemas como delincuencia, llegar tarde a clase, caídas bruscas del rendimiento escolar, bajo rendimiento y absentismo. Por otro lado, el consumo de drogas puede precipitarse o exacerbarse por otras conductas problemáticas, como conductas antisociales y desviadas, o bajo rendimiento académico. Por este motivo, la prevención del consumo excesivo de drogas es una oportunidad real para evitar muchos de los problemas de la escuela asociados al consumo de drogas.

Creencia número nueve

Es mejor beber alcohol que consumir drogas

¡Falso! Comparaciones como esta son erróneas e inapropiadas. Ninguna droga, incluido el alcohol, está libre de riesgos. El riesgo depende de la forma en que se consuma, de quién la consuma y bajo qué circunstancias. La creencia de que el alcohol es relativamente inofensivo está muy extendida en la sociedad, a pesar de su importante implicación en multitud de problemas sanitarios, sociales, legales, etc. Por ejemplo, el alcohol está presente en el 50 % de los accidentes de tráfico, especialmente entre los jóvenes.

Creencia número diez

Si beber o fumar es aceptable para los adultos, debería serlo también para los niños

¡Falso! Las actitudes hacia el fumar han cambiado drásticamente durante los últimos 20 años. Últimamente, la proporción de adultos que fuma ha bajado mucho. Fumar está siendo cada vez peor considerado. Es más fácil no empezar a fumar que dejarlo. De la población adulta que fuma, a una gran parte le gustaría dejarlo. Con la bebida, no hay evidencia de que un consumo moderado en circunstancias apropiadas sea perjudicial para la salud de los adultos. Hay evidencia, sin embargo, de que cuanto menor es la edad de inicio en el consumo de alcohol mayor es el riesgo de desarrollar problemas con la bebida. Además, los efectos del alcohol aumentan con el bajo peso corporal y con el contenido de agua del cuerpo. Puesto que la mayoría de los estudiantes están creciendo, su peso tiende a ser relativamente bajo en comparación con el de un adulto. Por esta razón los efectos del alcohol son mayores en los jóvenes que en los adultos. Las mujeres y las chicas sentirán mas fácilmente los efectos del alcohol ya que su cuerpo tiene menor proporción de agua que el de los varones de su mismo peso.

Creencia número once

La educación sobre drogas es responsabilidad de la familia

¡Verdad! Sin embargo, todos los sectores de la sociedad deben implicarse activamente en la creación del cambio social necesario para reducir el consumo abusivo de drogas. Las escuelas son la principal institución de la sociedad para la socialización de los jóvenes. Los profesores, desde su papel de ayudar a los jóvenes a prepararse para la vida adulta, están en una situación adecuada para facilitar la adquisición de las habilidades y los conocimientos necesarios para que puedan tomar decisiones inteligentes sobre el alcohol u otras drogas. Además de esto, los profesores pueden actuar como modelos positivos y dar elementos de estabilidad a la vida de los estudiantes con familias disfuncionales.

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