Archivo de octubre de 2015

Una actividad frenética invade plazas, zonas verdes y aparcamientos de toda España durante las madrugadas del fin de semana. Centenares de jóvenes se reúnen en torno a una multitud de bebidas y refrescos en una ceremonia de alcohol y desenfreno. En los “botellones” cada vez se bebe más y a edades más tempranas. Y los adolescentes desconocen sus efectos.

Éstas son algunas de las conclusiones del estudio que científicos de tres universidades (la Universitat de València, la Jaume I de Castellón y la Miguel Hernández de Elche) han desarrollado desde hace cinco años y en el que establecen un perfil de los consumidores.
El artículo, publicado por The Spanish Journal of Psychology, concluye que los adolescentes entre 14 y 18 años beben tanto como los universitarios a pesar de que la venta de bebidas alcohólicas a menores de edad está prohibida.
Con la colaboración de centros educativos y universidades, los científicos han recogido datos de 6.009 jóvenes de 14 a 25 años en tres ciudades españolas (Valencia, Castellón y Alicante). “El 73% reconocía que hacía “botellón” pero para este trabajo seleccionamos únicamente aquellos con episodios de consumo intensivo, alrededor de un 30%, explica Begoña Espejo, investigadora principal de este estudio en la Universitat de València.
El 40% quiere emborracharse
¿Pero qué se entiende por un consumo intensivo? “En los hombres, alrededor de 60 miligramos de alcohol (tres cubatas), 40 mg para las mujeres, en el plazo de dos horas. Lógicamente siempre que se realice con cierta regularidad: una o dos veces por semana, de forma constante durante meses”, apunta Espejo.
La investigación arroja que el 40% de los jóvenes encuestados busca conscientemente la borrachera. Es decir, quiere perder el control. Y en este grupo, quienes todavía acuden al instituto no son, precisamente, una excepción.
“Hemos observado que los universitarios han tenido una progresión de menos a más. Cuando eran adolescentes bebían menor cantidad y en la universidad aumentan el consumo. Sin embargo, los adolescentes de hoy consumen al mismo nivel que los universitarios», subraya esta psicóloga valenciana.
Tras alcanzar la mayoría de edad tampoco se moderan sus hábitos. Según Espejo, se observa en algunos casos una cierta caída en los niveles de alcohol que coincide con el primer año de universidad, justo cuando se establecen los nuevos vínculos de amistad entre compañeros. A partir del segundo curso, sin embargo, se recupera el consumo en el “botellón”.
Daños neuronales
La precocidad de los jóvenes hace prever una mayor incidencia de los efectos negativos del alcohol sobre el organismo. Porque mientras los adolescentes que consumen “se iniciaron hacia los 13 o 14 años con bebidas de alta graduación y en grandes dosis, los universitarios comenzaron en su momento entre los 14 y los 15 años, con un consumo relativamente bajo y con fermentados como la cerveza”.
La experta advierte de que otros en otros estudios han detectado preocupantes consecuencias a medio y largo plazo: “Se ha observado que el alcohol en cantidades elevadas produce un deterioro neuronal en el desarrollo del cerebro, que es un proceso que continúa hasta los 21 años.
Esto puede derivar en problemas de retención de memoria y de concentración, que dificultan el aprendizaje. Es decir, probablemente se vea alterado su rendimiento en el instituto, en el trabajo, y/o afecte a sus relaciones personales y economía”.
Los jóvenes, sin embargo, ignoran por completo estas secuelas. Ni siquiera los universitarios reparan en ello. Según el estudio, tan sólo perciben aquellas consecuencias que aparecen reiteradamente en los medios de comunicación, como el riesgo de accidentes; los problemas relativos a peleas y agresiones o las molestias para los vecinos Y, por supuesto, las cuestiones físicas, como mareos, dolor de cabeza, vómitos, resaca…
Tolerancia al alcohol
A pesar de que sí existe un consumo intensivo, el fenómeno del “botellón” no parece generar dependencia de forma directa. No obstante, según precisa la doctora Espejo, alrededor de un 10% de los encuestados presenta uno de los tres indicadores de la adicción (deben concurrir todos ellos para considerar a alguien lo es): “Este grupo necesita consumir cada vez más alcohol para sentir sus efectos, como la desinhibición, los mareos o la euforia.
Espejo pone el acento en los pretextos que los jóvenes ofrecen para beber de forma intensiva: “La inmensa mayoría, cerca del 80%, lo hacen exclusivamente para divertirse. Beber es el objeto. En todas las franjas de edad se asocia a la diversión.”.
A años luz aparecen otras razones, como la economía (afirman que el “botellón” es más barato) o lo que se conoce como control del ocio (por ejemplo, escoger qué música suena o a qué volumen), motivos más habituales entre los de mayor edad.
Los adolescentes, en cambio, alegan aspectos personales para justificar su consumo. “Dicen beber para desconectar, para evadirse, para relacionarse, para atreverse a hacer algo o simplemente porque lo hacen sus amigos”, añade la experta.
Cultura en las raíces
A su juicio, la clave de este auge se halla en la cultura del alcohol, muy enraizada en España. “Socialmente beber no está mal visto. Es más, tanto el ocio como las celebraciones se vinculan a su consumo. En un bautizo, en una comunión, todo el mundo bebe delante de los niños. Desde el mismo punto de vista, el éxito de una fiesta universitaria depende de su barra libre”, apunta.
Esta investigadora y docente lamenta que muchos padres resten importancia a que sus hijos menores de edad beban en las calles: “A menudo quitan hierro al asunto alegando que ya lo hacían cuando eran jóvenes. Sin embargo, no sólo ignoran las consecuencias de ingerir grandes dosis de alcohol, sino que olvidan que, por ley, ni siquiera deberían tener acceso a estas bebidas”.
Los autores del estudio apuestan por una estrategia diferenciada con el fin de reducir el consumo entre adolescentes y universitarios. Para los primeros proponen campañas enfocadas en aspectos como la autoestima y el manejo de las relaciones interpersonales. A los segundos, en cambio, ofrecen alternativas de ocio. Aunque para Begoña Espejo ambos puntos no son suficientes por sí mismos: “Sólo se cambiará el patrón si toda la sociedad se implica de verdad en ello”

El libro ‘Subculturcide’ intenta explicar y dar rostro a los nuevos movimientos juveniles que han aparecido en España durante los últimos años y que se encuentran en cambio constante.

Foto: Así son las tribus urbanas del siglo XXI

Así son las tribus urbanas del siglo XXI

A finales de los años setenta, y de mano del deshielo cultural que trajo el fin del franquismo, las tribus urbanas empezaron a definir sus rasgos en las calles españolas. Ser heavy, mod, rocker, o nada de ello era una cuestión identitaria, de tal manera que hoy en día se recuerdan todos aquellos grupos entre la ternura y la nostalgia, al mismo tiempo que se menosprecian las nuevas subculturas juveniles.

El proyecto y libro fotográfico Subculturcide. Amar y vivir en el Madrid de los 2010 intenta poner rostro, cuerpo y discurso a la experiencia de los jóvenes de la capital. La editora del volumen, Andrea Ferrer, a la sazón directora de la revista de cultura femenina Ponytale, nos explica las particularidades de una cultura que se define por su liquidez, creatividad y vertiginosa evolución y nos ayuda a entender lo que ocurre en las calles (y móviles) donde viven los jóvenes. Toda la información del proyecto puede consultarse en su página y página de Facebook.

PREGUNTA. Es frecuente que en determinadas conversaciones se oiga la tesis de que ya no existen tribus urbanas, quizá porque no hay grupos tan claros como heavies, punks, mods, etc.  ¿Pero es así o, simplemente, se han transformado en otra cosa? ¿En qué?

RESPUESTA. La tribu urbana como grupo estético sigue existiendo como tal, simplemente los valores que cimentaban la cultura juvenil han dejado de existir. Las tribus urbanas han sufrido una asimilación dentro de la cultura popular. La escenaunderground ha sido absorbida por el coolismo de la industria cultural dentro de su maquinaria de mercantilización. Ahora casi todos los jóvenes sonfashionables, las subculturas han dejado de lado su origen ligado a las clases trabajadoras para convertirse en un estado burgués. Hay que empezar a interpretar a las subculturas ya no como algo contracultural, sino como una construcción estética de la cultura popular y mainstream.

Creo que la verdadera conciencia de las subculturas reside en los suburbios de las ciudades, donde los inmigrantes y los chicos de clase humilde luchan por una supervivencia social y estética, convirtiéndose sin saberlo en verdaderos creadores de las nuevas subculturas.

P. Una de las cualidades de las nuevas expresiones culturales es su cambio perpetuo. Frente a las culturas identitarias del pasado, ¿vivimos en una era de tribus que ya no se distinguen por proporcionar identidades sólidas y de pertenencia, sino que ofrecen una visión más carnavalesca de la vida?

R. Como ya dijo el filósofo Zygmunt Bauman en La Modernidad líquida, “vivimos en una sociedad donde todo se transforma, fluye y cambia constantemente”. No creo que eso sea malo, estamos viviendo una cultura de la performance, centrada en el nuevo yo, en donde todo se hace a corto plazo. El individualismo es lo que impera. La calle se ha convertido en una pasarela donde la gente desea ver y ser vista.

La gentrificación se ha cargado el entorno de las tribus de siempre pero la apropiación de estos espacios por parte de las nuevas está siendo clave

P. Me resulta interesante tu explicación acerca del tipo que se pone unas zapatillas para el trabajo, otras para salir de fiesta y otras para quedar con los amigos, lo que hace que forme parte de culturas muy diferentes en un mismo día. ¿Vivimos en una especie de supermercado de subculturas?

R. Yo no lo llamaría de esa manera, aunque es un poco así tal y como comentas. Estamos ante la “sociedad moda”. La capacidad de las personas reside en saber adoptar el look apropiado en el momento justo, la flexibilidad para cambiar rápidamente de estilo según el orden de las preferencias personales. Para trabajar me pongo el traje y por la noche cuando salgo a tomar unas copas me pongo una gorra New Era con una camiseta de basket.

P. ¿Se han trasladado las subculturas del centro de las ciudades a la periferia y al extrarradio? ¿Es producto de la gentrificación, o de algo más?

R. No creo que se hayan trasladado como tal, lo que ha pasado es que esos grupos, debido a problemas asociados al paro, la crisis y la subida de los alquileres se han visto obligados a desplazarse a los barrios periféricos de las capitales. La gentrificación es la despersonalización que está sufriendo el centro de algunas ciudades. Los pequeños negocios de toda la vida han tenido que cerrar por esta nueva ola global que pretende convertir las ciudades en parques temáticos.

P. ¿De qué manera los barrios obreros, como Carabanchel, se situaron en la vanguardia de las subculturas en los 70 y los 80, y ahora lo hacen las ciudades de extrarradio, como Móstoles? ¿Por qué ahí y no en el centro de las capitales, donde en teoría hay un mayor acceso a la oferta cultural?.

R. Carabanchel sigue siendo vanguardia, al igual que Móstoles. A pesar de que algunas tribus se han originado en ciudades del extrarradio, son muchos los grupos de jóvenes que eligen como espacios de ocio algunas zonas de la parte gentrificada. Por ejemplo, el sitio de quedada de la nueva tribu Swagger es la tienda Apple Store de Plaza Cataluña de Barcelona.

La gentrificación se ha cargado el entorno inmediato de las tribus de siempre como mods, indies o rockers pero creo que la apropiación de estos espacios por parte de las nuevas está siendo un elemento clave para su desarrollo.

P. Las redes sociales lo han cambiado todo. Dices que internet es una pasarela. ¿Pero no es una prolongación de lo que siempre ha ocurrido en las calles, o más bien una sustitución?

R. Internet y las redes sociales son un altavoz para los jóvenes. No podríamos hablar de cultura juvenil sin nombrar internet y a la generación 2.0. La manera de sociabilizarse ha cambiado por completo, no creo que haya que plantearlo como “lo que ha ocurrido siempre”. Esta generación, la 2.0, es nativa de la era digital, por lo tanto las TIC representan un instrumento más de sociabilización en su vida cotidiana, no es algo de lo que se puedan desprender porque sin quererlo forma parte de la cultura con la que han crecido.

Kim Kardashian se ha convertido en el ideal de una sociedad que busca iconos capaces de adquirir sin cesar nuevas conductas

P. Tendemos a infravalorar u olvidar el papel de los inmigrantes que, sin embargo, están jugando un rol muy dinamizador. ¿De qué manera están cambiando la cultura juvenil sin que nos demos cuenta?

R. Los inmigrantes son los precursores de la nueva contracultura contemporánea. Tendemos a pensar que los inmigrantes o los chavales de las zonas periféricas son gente alienada sin expectativas de vida pero son más bien todo lo contrario, son muy conscientes de su capacidad creativa. Son chavales que quieren ser vistos, necesitan captar la atención de los que les rodean, para ellos la estética es una cuestión de supervivencia social en sus barrios de origen.

P. Dice en el libro Miguel Roig, director creativo de Saatchi and Saatchi, que “los jóvenes saben que su desarrollo sólo descansa en la capacidad que tengan para generar tantos personajes como les reclame el sistema”. ¿Nos hemos terminado convirtiendo todos en estrellas del rock como David Bowie o Madonna, al vernos obligados a reinventarnos continuamente?

R. Las celebrities representan un acelerador de experiencias. Para mí la persona que mejor expresa esto actualmente es Kim Kardashian, de estrella de la telerrealidad a musa del arte contemporáneo. Ella representa muy bien la cultura de la performance actual. Esta chica sabe cómo ingeniárselas para trazar experiencias y cambiar de rol constantemente. Se ha convertido en el ideal de una sociedad que busca iconos capaces de adquirir sin cesar nuevas conductas.

Consumo de marihuana (análisis basado en evidencias)

Repaso de los efectos adversos sobre la salud que produce el consumo de marihuana. Los adolescentes son el grupo etario con mayor probabilidad de sufrir consecuencias perjudiciales debido a que su cerebro aún está en desarrollo.
 Introducción:

El panorama acerca de la legalización de la marihuana para fines médicos y recreativos está cambiando rápidamente y por ello es probable que los pacientes pregunten acerca de sus efectos adversos y beneficiosos sobre la salud.

El concepto popular parece ser que la marihuana es un placer inocuo, y el acceso a ella no se debe reglamentar ni considerar ilegal. En la actualidad, la marihuana es la droga “ilegal” más usada en los EEUU, donde alrededor del 12% de las personas de 12 años o más refieren su consumo durante el año anterior con altas cifras entre los jóvenes.

La vía de administración más frecuente es por inhalación. Las hojas y las flores trituradas de la planta Cannabis sativa se fuman (junto con los tallos y las semillas) en cigarrillos, cigarros, pipas, pipas de agua o enrolladas en la envoltura de un cigarro de tabaco (“blunts”).

El hashish es un producto creado a partir de la resina de las flores de marihuana y en general se fuma (solo o mezclado con tabaco) pero se puede consumir por vía oral. La marihuana también se puede usar para preparar té, y su extracto a base de aceite se puede mezclar con productos alimenticios.

El uso habitual de marihuana durante la adolescencia es especialmente preocupante porque en este grupo etario se asocia con mayor probabilidad de consecuencias perjudiciales (véase tabla). Numerosos estudios informaron sobre sus efectos adversos, aunque otros los niegan y la cuestión sobre los daños provocados por la marihuana es un tema de debates acalorados. En este artículo se repasa la información científica actual relacionada con los efectos adversos para la salud del uso recreativo de la marihuana.

Tabla. Efectos adversos del consumo durante poco tiempo, prolongado o intenso de marihuanaEfectos del consumo durante poco tiempo

  • Disminución de la memoria a corto plazo- dificulta el aprendizaje y la retención de información.
  • Alteración de la coordinación motora- interfiere con la conducción de vehículos y aumenta el riesgo de lesiones:
  • Alteración del juicio-  aumenta el riesgo de conductas sexuales que facilitan la transmisión de enfermedades de transmisión sexual.
  • En dosis altas, paranoia y psicosis

Efectos del consumo prolongado o intenso

  • Adicción (en alrededor del 9% de los consumidores, 17% de los que comienzan en la adolescencia y 25 – 50% de los que consumen diariamente*
  • Alteración del desarrollo cerebral*
  • Mal desempeño escolar, mayor probabilidad de deserción escolar*
  • Disminución cognitiva con cociente intelectual más bajo entre los consumidores frecuentes durante la adolescencia*
  • Disminución de la satisfacción vital y los logros (determinada sobre la base de mediciones subjetivas y objetivas y en relación con las mismas mediciones en la población general)*
  • Síntomas de bronquitis crónica
  • Mayor riesgo de trastornos psicóticos crónicos (entre ellos esquizofrenia) en personas con predisposición a ellos.

*El efecto se asocia fuertemente con el consumo inicial de marihuana en la adolescencia temprana.


EFECTOS ADVERSOS
Riesgo de adicción

La evidencia indica claramente que el empleo prolongado de marihuana puede generar adicción. Incluso aproximadamente el 9% de aquéllos que experimentan con marihuana se volverán adictos (según los criterios para dependencia del Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, 4a edición [DSM-IV]). La cifra aumenta a 1 en 6 entre los que comienzan a usar marihuana en la adolescencia y al 25 – 50% entre los que fuman marihuana diariamente. También se reconoce el síndrome de abstinencia de cannabis (irritabilidad, dificultades del sueño, disforia, ansia de consumir y ansiedad).

El empleo de marihuana en los adolescentes es especialmente problemático. Su mayor vulnerabilidad a efectos adversos alejados, probablemente se relaciona con el hecho de que el cerebro, incluido el sistema endocanabinoide, está en desarrollo activo durante la adolescencia.

El empleo precoz y regular de marihuana es un factor pronóstico de mayor riesgo de adicción, que a su vez indica mayor riesgo de empleo de otras drogas ilegales. Las personas que comienzan a consumir marihuana en la adolescencia son de 2 a 4 veces más proclives que las que comienzan en la edad adulta a sufrir síntomas de dependencia de cannabis dentro de los 2 años de comenzar a consumir.


Efectos sobre el desarrollo cerebral

El cerebro continúa en desarrollo activo, orientado por la experiencia, desde el período prenatal hasta aproximadamente los 21 años. Durante este período de desarrollo es intrínsecamente más vulnerable que el cerebro maduro a los efectos adversos alejados de las agresiones ambientales, como la exposición al tetrahidrocannabinol (THC), el principal ingrediente activo de la marihuana.

Esta opinión recibió considerable apoyo de estudios en animales, que mostraron que la exposición prenatal o adolescente al THC puede recalibrar la sensibilidad al sistema de recompensa a otras drogas y que la exposición prenatal interfiere con las dinámicas citoesqueléticas, que son esenciales para establecer conexiones axónicas entre las neuronas.

En relación con controles no expuestos, adultos que fumaron regularmente marihuana durante su adolescencia tienen deterioro de la conectividad neuronal (menos fibras) en zonas específicas del cerebro, como el precúneo, que participa en funciones que exigen un alto grado de integración (e.g., vigilia y consciencia de sí mismo) y la fimbria, zona del hipocampo importante para el aprendizaje y la memoria.

También se informó disminución de la conectividad funcional en las redes prefrontales responsables de la función ejecutiva (incluido el control inhibitorio) y las redes subcorticales, que procesan hábitos y rutinas. Asimismo, estudios por imágenes en usuarios de cannabis revelaron disminución de la actividad en las regiones prefrontales y volúmenes reducidos en el hipocampo.

Así, ciertas regiones cerebrales pueden ser más vulnerables que otras a los efectos a largo plazo de la marihuana. Un estudio mostró que el descenso selectivo de los receptores de cannabinoide-1 (CB1) en varias regiones cerebrales corticales en los fumadores crónicos de marihuana se asociaba con años de fumar cannabis y era reversible tras 4 semanas de abstinencia.

El efecto negativo del consumo de marihuana sobre la conectividad funcional cerebral es especialmente notable si el consumo comienza en la adolescencia o en la adultez temprana. Esto contribuiría a explicar la asociación entre el consumo frecuente de marihuana desde la adolescencia y la disminución significativa del cociente intelectual. Las alteraciones de la conectividad cerebral asociadas con la exposición a la marihuana en la adolescencia coinciden con datos que indican que el sistema canabinoide es importante para la formación de sinapsis durante el desarrollo cerebral.


Posible importancia como droga de entrada

Datos epidemiológicos y preclínicos sugieren que el consumo de marihuana en la adolescencia podría influir sobre numerosas conductas adictivas en la adultez. En roedores expuestos a cannabinoides durante su adolescencia, disminuye la reactividad de las neuronas dopaminérgicas que regulan las regiones de recompensa del cerebro.

Si la consecuencia de la exposición temprana a la marihuana es la disminución de la reactividad en las regiones cerebrales de recompensa, este efecto podría contribuir a explicar la mayor susceptibilidad al abuso de drogas y la adicción a varias drogas más adelante, lo que se comunicó en la mayoría de los estudios epidemiológicos.

Otra explicación es que es más probable que las personas que son más susceptibles a consumir drogas comiencen con marihuana debido a su accesibilidad y que sus interacciones sociales ulteriores con otros usuarios de drogas aumenten la probabilidad de que prueben otras drogas.


Relación con las enfermedades mentales

El consumo regular de marihuana se asocia con mayor riesgo de ansiedad y depresión, sin que se haya establecido causalidad. La marihuana también se asocia con psicosis (entre otras, la esquizofrenia), especialmente en personas con vulnerabilidad genética previa y agrava el curso de la enfermedad en pacientes con esquizofrenia.

Cuanto mayores sean el consumo y la potencia de la droga y más precoz la exposición, más se afectará la trayectoria de la enfermedad (e.g., adelantando el primer episodio psicótico en 2 a 6 años).
Sin embargo, es difícil establecer la causalidad en estos tipos de estudios, por lo que no se puede atribuir fiablemente el mayor riesgo de enfermedad mental al consumo de marihuana.


Efecto sobre el desempeño escolar y los logros en la vida

En un relevamiento de 2013 estudiantes secundarios en los EEUU, el 6,5% perteneciente a los últimos años comunicaron el consumo diario o casi diario de marihuana. Puesto que el empleo de marihuana disminuye las funciones cognitivas esenciales, no sólo durante la intoxicación aguda sino durante los días posteriores, muchos estudiantes podrían estar funcionando a un nivel cognitivo inferior a su capacidad natural. Aunque los efectos agudos pueden disminuir después que el THC se elimina del cerebro, cabe esperar graves riesgos para la salud con el consumo prolongado o intenso.

La evidencia sugiere que este consumo produce deficiencias cognitivas medibles y duraderas, especialmente cuando comienza desde la adolescencia temprana. Además, las dificultades de aprendizaje, incluso durante períodos breves o esporádicos (un efecto secundario de la intoxicación aguda), interferirá con la capacidad ulterior de lograr objetivos educativos cada vez más exigentes, dato que también puede explicar la asociación entre el consumo regular de marihuana y las bajas notas.

Es probable que la relación entre el consumo de cannabis en la juventud y el daño psicosocial sea multifacética, lo que explicaría las contradicciones entre los estudios. Por ejemplo, algunos estudios sugieren que las deficiencias alejadas pueden ser reversibles y son sutiles y no incapacitantes una vez que cesa el uso. Otros estudios muestran que el empleo prolongado e intenso de marihuana produce alteraciones de la memoria y la atención que persisten y se agravan a medida que aumentan los años de consumo y también cuando el hábito comienza en la adolescencia. El consumo intenso de marihuana se vinculó con menores ingresos, mayor necesidad de asistencia socioeconómica, desempleo, conductas delictivas y menor satisfacción vital.


Riesgo de accidentes con vehículos de motor

La marihuana es la droga ilegal involucrada con mayor frecuencia en conexión con trastornos para conducir vehículos y accidentes que pueden ser mortales. Hay relación entre la concentración sanguínea de THC y la eficacia para conducir en estudios controlados de simulación de conducción vehicular, que son un buen factor pronóstico de la capacidad para conducir en el mundo real.

El consumo reciente de marihuana y las cifras de THC en sangre de 2 – 5 ng por mililitro se asocian con considerable alteración de la habilidad para conducir. Según un metanálisis, el riesgo de accidente se duplica cuando una persona maneja enseguida después de consumir marihuana.

En un análisis de culpabilidad en accidentes, las personas positivas para THC (nivel mínimo de detección, 1 ng por mililitro) y sobre todo los que tenían cifras mayores, fueron de 3 a 7 veces más proclives a ser responsables de un accidente vehicular que aquéllos que no habían consumido drogas o alcohol antes de conducir. El riesgo asociado con el consumo de alcohol además de marihuana parece ser mayor que el asociado con el consumo de cada droga sola.


Riesgo de cáncer y otros efectos sobre la salud

Los efectos de fumar marihuana durante mucho tiempo sobre el riesgo de cáncer de pulmón no son claros. Por ejemplo, el consumo de marihuana durante el equivalente de 30 o más años-“porro” (siendo 1 año-porro de consumo igual a fumar 1 cigarrillo [porro] de marihuana por día durante un año) se asoció con mayor incidencia de cáncer de pulmón y varios tumores del aparato aerodigestivo superior; la asociación desapareció tras ajustar para posibles factores de confusión, como el tabaquismo. Aunque se puede descartar la posible asociación entre fumar marihuana y cáncer, la evidencia sugiere que el riesgo es menor con la marihuana que con el tabaco.

Fumar marihuana también se asocia con inflamación de las vías respiratorias, aumento de su resistencia y distensión pulmonar, asociaciones compatibles con el hecho de que los fumadores de marihuana son más proclives a referir síntomas de bronquitis crónica que los no fumadores; sin embargo, el efecto alejado de bajos niveles de exposición a la marihuana no parece ser significativo. La competencia inmunitaria del sistema respiratorio en los fumadores de marihuana puede estar también afectada, como lo indican las cifras aumentadas de infecciones respiratorias y neumonía.

El consumo de marihuana también se asoció con problemas vasculares que aumentan los riesgos de infarto de miocardio, accidente cerebrovascular y accidentes isquémicos transitorios durante la intoxicación con marihuana.

Los efectos directos de los cannabinoides sobre diversos receptores blanco (i.e., receptores CB1 en las arterias) y los efectos indirectos sobre compuestos vasoactivos pueden contribuir a explicar los efectos perjudiciales de la marihuana sobre la resistencia vascular y la microcirculación coronaria.


Limitaciones de la evidencia y lagunas del conocimiento

La mayoría de los efectos a largo plazo de la marihuana que se resumen aquí se observaron entre consumidores de grandes cantidades o durante mucho tiempo, pero numerosos factores de confusión perjudican nuestra capacidad de establecer causalidad (incluido el empleo frecuente de marihuana junto con otras drogas). Estos factores también complican nuestra habilidad para evaluar el verdadero efecto de la exposición intrauterina a la marihuana.

El contenido de THC o la potencia de la marihuana, detectados en muestras confiscadas, vienen en aumento desde el 3% en la década de 1980 hasta el 12% en 2012. Este aumento del contenido de THC hace pensar que las consecuencias del consumo de marihuana podrían ser peores ahora que en el pasado. Asimismo plantea interrogantes acerca de la importancia actual de los datos de estudios anteriores sobre los efectos del consumo de marihuana, especialmente los estudios que evaluaban los efectos alejados.

También es necesario saber cómo aprovechar los posibles beneficios médicos de la marihuana sin exponer a los pacientes a sus riesgos intrínsecos. El acreditado informe del Institute of Medicine sobre marihuana y medicina reconoce la utilidad de fumar marihuana para estimular el apetito, especialmente en pacientes con SIDA y para combatir las náuseas y vómitos inducidos por la quimioterapia, así como el dolor intenso y algunas formas de espasticidad. El informe también señala alguna evidencia de la utilidad de la marihuana para disminuir la presión intraocular en el tratamiento del glaucoma. No obstante, subraya la importancia de centrar las investigaciones sobre el potencial terapéutico de los cannabinoides sintéticos o farmacéuticamente puros.

Algunos médicos recetan marihuana para ciertos problemas médicos a pesar de la evidencia limitada de su utilidad. Esta práctica genera inquietud sobre el consumo prolongado por poblaciones vulnerables. Por ejemplo, hay cierta evidencia que sugiere que en pacientes con SIDA el consumo de marihuana puede empeorar las deficiencias cognitivas asociadas con el VIH. Asimismo son necesarias más investigaciones para conocer los efectos del empleo de marihuana para la disminución cognitiva relacionada con la edad en general y sobre la disminución de la memoria en especial.

Es necesario investigar las maneras en que las políticas públicas sobre la marihuana afectan la salud pública. Los conocimientos sobre los efectos de las políticas sobre las fuerzas del mercado son bastante limitados, así como también nuestro conocimiento de las variables interrelacionadas de las percepciones sobre el consumo, los tipos de consumo y los resultados.

Históricamente, ha habido una relación inversa entre el consumo de marihuana y la percepción de sus riesgos entre los adolescentes. Si presumimos que esta relación inversa es causal, ¿la mayor permisividad podría aumentar el número de jóvenes expuestos regularmente a cannabis?

Entre los estudiantes secundarios de los últimos años, la frecuencia del consumo regular de marihuana ha aumentado continuamente en años recientes. También necesitamos información sobre los efectos de la exposición pasiva al humo del cannabis y los cannabinoides. Estudios en estados de los EEUU (e.g., Colorado, California y Washington) y en países (e.g., Uruguay, Portugal y los Países Bajos) donde las políticas sociales y legales están cambiando pueden proporcionar datos importantes para políticas a futuro.


CONCLUSIONES

El consumo de marihuana se asocia con efectos adversos considerables. (véase tabla). La marihuana, como otras drogas, puede producir adicción. Durante la intoxicación aguda, la marihuana puede interferir con la función cognitiva (e.g., memoria y percepción del tiempo) y la función motora (e.g., coordinación) y estos efectos pueden tener consecuencias perjudiciales (e.g., accidentes vehiculares).

El consumo repetido de marihuana durante la adolescencia puede producir cambios duraderos de la función cerebral que ponen en peligro los logros educativos, profesionales y sociales. No obstante, los efectos de una droga (legal o ilegal) sobre la salud son determinados no sólo por sus propiedades farmacológicas, sino también por su disponibilidad y su aceptabilidad social.

Al respecto, las drogas legales (alcohol y tabaco) ofrecen una perspectiva aleccionadora. Son responsables de la mayor carga de enfermedad asociada con drogas, no porque sean más peligrosas que las drogas ilegales, sino porque al ser legales permiten un consumo más extendido. A medida que las políticas se inclinan hacia la legalización de la marihuana, es razonable y probablemente prudente suponer que su consumo aumentará y por lo tanto aumentará también el número de personas que experimentarán consecuencias negativas para su salud.

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