Archivo de marzo de 2013

Introducción

La escuela es la    institución responsable por conducir el proceso educativo formal, es    el contexto en el que la cultura actúa como mediadora del desarrollo    socio-cognitivo. En este espacio se desarrolla el proceso de formación    de la persona sobre bases éticas: la educación. “El proceso educativo    es un proceso de construcción de subjetividad, porque se trata de un    proceso en el cual se introduce al sujeto en la cultura, y se lo hace desde    una peculiar cultura: la escolar”(1).

Cada momento histórico    imprime su impronta particular respecto de cuál será la orientación    de los perfiles más adecuados para esta integración, lo que caracteriza    al proceso de socialización en una determinada dirección y con    ciertos contenidos curriculares, considerados valiosos para el logro de los    objetivos. Queda claro que, lo que nunca se abandona, es el marco axiológico;    sin embargo, la educación, desde el punto de vista escolar, es hoy el    objeto de un debate tan intenso como cotidiano. Las certezas respecto del mensaje    que la escuela debe transmitir a las jóvenes generaciones para su socialización,    se encuentran hoy cuestionadas y, esta situación, genera un estado de    crítica, de incertidumbre y desorientación que dificultan el cumplimiento    de su función. A este estado de situación agregase que, además    del cuestionamiento y asociado al mismo, la escuela debe dar respuesta a problemáticas    que tales como la de violencia escolar y el consumo de sustancias, particularmente    ilícitas, han ingresado al ámbito escolar y demandan una postura    y acciones concretas de sus actores. Transitamos una etapa crítica en    la que se experimenta la sensación de desprotección y vulnerabilidad    frente al presente y, de incertidumbre respecto del porvenir, “hay que preocuparse    por las formas que podría tomar la desesperanza de hombres y mujeres,    si sintiesen desde su edad más temprana que, no teniendo nada que ganar,    no tendrían, tampoco, nada que perder”(2).

La realidad de    hoy impone ciertas exigencias que deben ser consideradas a la hora de pensar    en diseños curriculares valiosos ya que, el desarrollo del potencial    de cada ser en particular exige, que los educadores piensen en herramientas    que facilitarán una inserción eficaz en este entramado social    cada vez más demandante y competitivo. La mirada hacia el futuro se ha    limitado en sus alcances; hoy los jóvenes miran el presente buscando,    en la mayoría de los casos, la gratificación inmediata y, así,    la problemática del consumo de sustancias, se presenta como un tema de    urgente solución en la agenda educativa. Este facto remite al concepto    de “intervención eficaz”, como abordaje orientado al logro de objetivos    de salud en el que se puede considerar distintos niveles: desde la toma de conciencia    hasta la decisión de evitar el consumo de sustancias y, el logro máximo,    la recuperación.

La escolarización    de los jóvenes sigue siendo el principal canal para la incorporación    cultural de la población, así como un espacio propicio para trabajar    sobre la problemática social de urgente tratamiento: el consumo de drogas    lícitas e ilícitas.

A partir de la    información obtenida inicialmente de entrevistas informales, investigaciones,    lectura de artículos periodísticos, textos especializados y observaciones    en el terreno, surgió la inquietud respecto de cuáles son las    reales posibilidades con que cuenta la escuela para implementar un modelo de    prevención de la drogodependencia. En este panorama, aparece la figura    del personal directivo de las escuelas como una pieza clave a la hora de brindar    direcciones para la acción educadora.

Así, el    objetivo que orientó este trabajo de investigación fue el de analizar    la concepción de los directivos de escuelas secundarias sobre la disponibilidad    de espacios físicos y psicológicos para la acción preventiva    con respecto al consumo de drogas.

 

Métodos

Seleccionamos a    un grupo – que aceptó contestar el cuestionario – de 15 directores de    escuelas de Nivel Medio pertenecientes al Sistema Educativo Formal, de las jurisdicciones    de provincia de Buenos Aires y Ciudad Autónoma de Buenos Aires, tanto    de gestión pública como privada, como población destinataria    de la indagación sobre el tema, para lo cual respondieron a una encuesta    semi-estructurada que fue remitida y respondida vía e-mail.

Elegimos a la escuela    de nivel medio (secundaria según la Ley de Educación Nacional)    porque en este nivel del sistema educativo nacional asiste la franja de población    comprendida entre los 13 y los 17 años, adolescentes menores de edad    desde la legislación argentina considerada población de riesgo.    Se seleccionó una muestra de directivos porque son ellos quienes posibilitarán    e impulsarán desde su gestión este accionar frente a la problemática    del consumo y, en caso de advertirse dificultades para su implementación,    serán quienes asumirán la responsabilidad de identificar los obstáculos    y buscar las estrategias más adecuadas para la superación de los    mismos. Se considera que el directivo, desde su rol formal, es el responsable    de orientar y gestionar procesos dentro del ámbito escolar; por tal razón,    se trabajó con este sector a fin de evaluar – desde su percepción    – cuál es la posibilidad con que cuenta la escuela (tanto desde la concepción    acerca de la prevención como de la viabilidad de su implementación)    para vincularse con la población de riesgo desde un modelo preventivo.    “Las variables y nuevos escenarios sociales requieren que los roles que tienen    contacto e influencia directa sobre terceros desarrollen competencias para las    que ni originalmente ni curricularmente fueron preparados. Por un lado, están    las ‘nuevas competencias’, que se entrecruzan con las barreras y temores que    hay que atravesar para romper con estereotipos de modos de intervención,    algunos muy rígidos. Por ellos se hace cada vez más importante    para la supervivencia, en un complejo y turbulento panorama social, desarrollar    identidades profesionales flexibles, que se abran al campo de la prevención    de jóvenes en situación de riesgo. No se trata de formar ‘expertos    en drogas o violencia’, sino obtener ‘agentes facilitadores’ que logren evitar    la miopía con la que se desaprovechan las oportunidades de practicar    la prevención, la contención y la derivación a otros servicios    por medio del trabajo en red“(3).

La reflexión    sobre sus respuestas está sustentada en el marco teórico que enriquece    la perspectiva para el análisis del significado de la prevención    en la gestión escolar desde la mirada de sus directivos. El concepto    de salud internacional, así como el de gestión escolar, el pensamiento    de la psicología social y la normativa legal vigente se constituyeron    en orientaciones valiosas a la hora de comprender cómo se percibe el    concepto de drogodependencia y la posibilidad de implementación de un    modelo de prevención en el ámbito escolar.

Este objetivo remite    a dos cuestiones básicas: la referencia a los espacios tanto físicos    como psicológicos disponibles en el ámbito de desempeño    del grupo mencionado; la capacitación sobre prevención de la drogodependencia    con que cuenten para el real aprovechamiento de los mismos. El “Espacio físico”    se refiere a una localización espacial que, para los fines de esta investigación,    debería reunir ciertas condiciones aptas y necesarias para la vinculación    orientada a la prevención entre los adultos responsables y la población    en riesgo, tales como amplitud, luminosidad y privacidad. El “Espacio psicológico”    se refiere a la representación individual que asigna a la confluencia    de espacio y tiempo institucional, la posibilidad de dar cabida a vínculos    adulto-adolescente, orientados a la prevención y que implica contar con    el aval de las autoridades, normativa, saberes legitimados, consenso de la comunidad,    adecuada formación y expectativas favorables respecto al logro de los    objetivos.

El tipo de vinculación    por indagar es aquel orientado al desarrollo de la persona en sus potencialidades,    desde un marco ético, generador de confianza, que busca aportar herramientas    para el crecimiento personal y acompañar ese proceso. El adulto que se    vincula de manera positiva con la franja adolescente, puede convertirse en una    figura de referencia y actuar como promotor de determinados estilos de vida    alternativos al consumo de sustancias. Este hace posible que la prevención    adopte su dimensión comunitaria, esto es, recoge la preocupación    social por el problema de las drogas y actúa con las personas susceptibles    de consumo, consiguiendo dinamizar a la comunidad próxima y a la sociedad    de modo que sea posible la transformación de valores y actitudes positivas    hacia la salud en general y de la prevención de la drogodependencia en    particular.

En este trabajo    de indagación, se remite a un plano jurídico ya que, a la hora    de pensar en la posibilidad de constitución de “espacios físicos    y psicológicos” de prevención de la drogodependencia, el instrumento    legal vigente es una herramienta orientadora del margen de intervención(4-5).    Debido a que se está investigando en el ámbito escolar en Argentina,    la Ley de Educación Nacional N° 26.206, en el Capítulo II,    a la hora de establecer los Fines y Objetivos de la Política Educativa    Nacional, sostiene que es responsabilidad del Estado Nacional, entre otras:    “(…) Promover valores y actitudes que fortalezcan las capacidades de las personas    para prevenir las adicciones y el uso indebido de drogas.”(6), lo    que no limita la posibilidad de consultar a las leyes asociadas por la temática    común que podrían ser incorporadas al análisis. Sin embargo,    en el contexto de este trabajo de investigación, se considera a la legislación    propia del campo educativo, esto es, la referida Ley de Educación Nacional(6).

Se espera que cada    escuela diseñe su Proyecto Educativo y se organice de acuerdo con ciertas    pautas que el Estado Nacional, a través de los organismos pertinentes,    prescribe. Así, en el artículo referido a la responsabilidad del    Consejo Federal de Educación (reunión de ministros de educación    de todas las jurisdicciones), se establece que el mencionado organismo fijará    las disposiciones necesarias para que las instituciones educativas, en consonancia    con lo que dispongan las distintas jurisdicciones, definan su proyecto educativo    con la participación de todos sus integrantes(7).

El marco normativo    vinculado con la temática incluye otras leyes, tales como la Ley 23.358    y su modificatoria, la Ley 25.895 que establecen la inclusión en los    planes de estudio de los niveles de enseñanza primaria y secundaria de    los contenidos necesarios con el fin de establecer una adecuada prevención    de la drogadicción y el rol que cumplirá, al respecto, la Secretaría    para la Prevención de las adicciones(6).

La dimensión    institucional transcurre en las representaciones de las necesidades reales de    las personas que configuran una situación determinada. Así, la    problemática de las drogas emerge como una situación que hay que    incorporar a la escena institucional. Cada espacio resolverá, desde su    matriz de aprendizaje, desde sus representaciones, desde el mandato institucional    y sus mecanismos de elaboración individuales, grupales e institucionales,    de qué manera abordará la situación.

Entonces, “una    concepción de salud como proceso social de construcción que implica    niveles progresivos de conciencia, visualización y resolución    de contradicciones, aprendizaje (…) nos sitúa ante la complejidad de    la problemática de la salud en tanto desoculta la multiplicidad de sus    determinantes económicos, políticos, sociales, institucionales,    culturales”(8).

Desde esta concepción,    el sujeto aparece como una síntesis de sus relaciones sociales y productor    del universo simbólico y material al que se integra y, desde el cual,    se busca comprender las condiciones concretas de existencia, en sus aspectos    explícitos e implícitos. “Pensar en prevención, para quienes    suponen que es la forma de evitar que los hechos sucedan, es hallar las causas    de la enfermedad. Esto sería simple para quienes estiman que dichas causas    son solamente determinantes individuales. Hoy tendemos, sin embargo, a pensar    que una persona se enferma siendo parte de la comunidad donde vive (…). Una    comunidad es parte de la aparición, desarrollo y término del padecer    de una persona, del enfermar y del curar”(8).

 

Resultados

La reflexión    sobre las respuestas obtenidas de los directivos encuestados permite afirmar    que, todos ellos, asumen que la escuela es responsable, junto con otras instituciones,    de colaborar en la prevención de la drogodependencia. Esta respuesta    se completa a la hora de brindar su opinión respecto de la factibilidad    de su implementación, en la que 9 directivos respondieron de modo afirmativo,    explicitando, 3 de ellos, algún tipo de condición.

Existe una concepción    generalizada, entre los directivos encuestados, respecto a la importancia de    contar con personal especializado. En la pregunta relacionada con las condiciones    que deberían darse en la escuela y sus docentes para constituirse en    un ámbito de prevención, del listado de condiciones ofrecido para    su jerarquización, dos Directivos ubicaron en primer lugar de importancia    el “Contar con un equipo de profesionales”, cuatro de ellos ubicaron    esta condición en segundo lugar, uno en tercer lugar y tres en cuarto    lugar. Significa esta información que los directivos asignan a la asistencia    del especialista un lugar de relevancia en la implementación de la prevención    de la drogodependencia en sus escuelas.

La pregunta planteada    acerca de las condiciones necesarias para la implementación de la prevención    de la drogodependencia parecería desvincular a los docentes de su intervención    debido a que se sostiene la necesidad de contar con especialistas. Sin embargo,    si relacionamos esta pregunta con aquella referida a las condiciones personales    y profesionales con que debería contar el educador para participar desde    su rol en la prevención de la drogodependencia, las respuestas obtenidas    conducen a pensar que, efectivamente, existe en los directivos una postura de    involucramiento del educador en esta tarea, desde el nivel de aspiración    mediada por una adecuada capacitación. Sin embargo, se advierte cierta    dispersión en la definición de prioridades de capacitación    que nos lleva a pensar que, aún cuando los directivos consideran que    la capacitación y el acceso a la información son condiciones necesarias    para que la escuela se constituya en un ámbito de prevención,    no se advierte una línea de pensamiento que oriente la gestión    a diseñar una propuesta de trabajo para el colectivo docente. Este aspecto    de la realidad relevada constituye un dato por considerar en la definición    de planes y programas que se prevea la coordinación enunciada en la Ley    de Educación.

Existe una conceptualización    respecto de qué es la droga y cuáles son las consecuencias sobre    el organismo de la persona que consume. Coinciden, además, en la importancia    de conocer los diferentes tipos de droga y sus síntomas, en tanto es    un conocimiento posibilitador de abordajes. Expresan, asimismo, una predisposición    y disponibilidad para el vínculo efectivo con el alumno.

Indagando con más    profundidad en el concepto de espacio psicológico, se advirte que, este    reconocimiento de la importancia del tratamiento de esta problemática    en el ámbito escolar, está incorporado al Proyecto Educativo,    como expectativa en el área de promoción de la salud, en diferentes    niveles de involucramiento. En algunos casos, la preocupación por la    drogodependencia se manifiesta como un objetivo con escasa presencia en su enunciación    como expectativa en el área de la salud en el Proyecto Educativo (cinco    Directivos), mientras que, en otros (cuatro), aparece incorporada en acciones    más concretas tales como su planteó en reuniones de personal (cuatro)    y de padres (cuatro), lo que conduce a reflexionar acerca de los “espacios psicológicos”    que se manifiestan en la posibilidad de convocatoria a la participación.

En la pregunta    referida al conocimiento de algún marco normativo que legisle sobre esta    problemática, del total de directivos encuestados, siete de ellos afirmaron    desconocer si existe alguna, dos respondieron que sí existe normativa    pero la desconocen y solamente uno respondió en forma afirmativa pero    sin aclarar los términos.

Los Directivos    encuestados reconocen, en su definición, condiciones personales y profesionales    con las que los educadores deberían contar para participar en prevención.    Respecto de condiciones personales, priorizan la “Calidez“, “Empatía“    y “Amplitud de criterio“; mientras que, como condiciones profesionales,    destacan los conocimientos de las áreas de “Salud“, “Psicología“,    “Dinámica de Grupos” y “Sociología“.

 

Discusión

Al iniciar este    trabajo se afirmaba que la gestión escolar se había vuelto compleja    y, con ello, la tarea del directivo. La multiplicidad de aspectos que, desde    el Proyecto Educativo, deben ser incorporados exige una sólida capacitación    y criterios adecuados que permitan discernir caminos para conducir a la institución.    Pensar en términos de disponibilidad de espacios escolares para la implementación    de la prevención en drogodependencia implica considerar recursos de toda    índole, comenzando por la capacitación de los recursos humanos    como las estrategias de vinculación con la comunidad educativa que favorezcan    la articulación de esfuerzos en un proceso de comunicación eficaz.

Se observa que,    en todos los casos, los directivos asumen que la problemática de la drogodependencia    debe ser trabajada desde la escuela, en colaboración con otras instituciones.    Del análisis de respuestas realizado, los directivos, en su mayoría    afirman la responsabilidad de la escuela en la implementación de un programa    de prevención de la drogodependencia y destacan la importancia de contar    con especialistas en el tema. El interés por incorporar el tratamiento    de la problemática en las instituciones escolares, con el acompañamiento    de la familia y una adecuada capacitación implica generar las condiciones    y estrategias dirigidas a promover un desarrollo profesional capaz de reflexionar    sobre problemáticas comunes.

Aún cuando    no se observa un conocimiento amplio acerca de la normativa legal vigente, desde    este marco, estarían dadas las condiciones para implementar un proyecto    de prevención en el interior del Proyecto Educativo, lo que estaría    implicando la necesidad de establecer articulaciones con otros organismos y    la participación activa de otros actores escolares en el Proyecto Educativo.    Trabajar en equipo facilitaría la construcción de una propuesta    de formación más completa, con capacidad de respuesta a las demandas    de la comunidad, desde una modalidad de organización flexible y preparada    para intervenir en múltiples direcciones.

Los directivos    advierten el avance de la problemática del consumo al interior de las    escuelas. Sin embargo, aún cuando el tema está, en un 50% de la    muestra, incorporado al Proyecto Educativo, parecería que se aguarda    la asistencia de especialistas para iniciar el proceso.

Desde la Ley de    Educación Nacional se enuncia claramente como tendencia de política    educativa, la prevención de la drogodependencia y, desde otros artículos,    se expresa la orientación hacia una formación integral que atienda    las necesidades de la población destinataria, así como una intervención    pertinente en áreas que lo demanden. Las leyes que rigen el tema en el    ámbito escolar brindarían herramientas para el diseño de    propuestas de trabajo en articulación con otros organismos. No obstante,    a la hora de jerarquizar “saberes”, aparece claramente como opción, aquellos    relacionados con las áreas de salud, psicología, dinámica    de grupos y sociología y enfatizadas como condiciones personales, la    empatía, calidez y amplitud de criterio en la vinculación con    la población escolar.

 

CONCLUSIONES

Estas respuestas    conducen a postular que las escuelas dispondrían de espacios psicológicos    adecuados, en los cuales se destacaría la importancia de los vínculos    y la disponibilidad para el aprendizaje.

El fenómeno    de las drogas es una problemática que debe ser abordada en forma interdisciplinar;    exige, además, una cooperación técnica y financiera importante    entre los países; incluye factores legales, éticos, políticos,    económicos, culturales, religiosos, tecnológicos y sociales que    deben ser considerados desde una actitud de apertura, libre de prejuicios. Se    entiende, desde la psicología social, que la pertenencia a una red social    es una forma de promoción de la salud. Si las personas se sienten parte    de un “entramado” constituido por diversos grupos, estarán menos expuestas    a la posibilidad de enfermarse o, con mayores alternativas de control y superación    de los factores de riesgo.

Resta entonces    asumir que, la complejidad de los tiempos actuales, exigen del directivo una    visión amplia sobre la multiplicidad de situaciones problemáticas    que el vínculo con la población adolescente pone de manifiesto,    así como una sólida formación y criterios adecuados para    la toma de decisiones en su gestión.

 

Agradecimientos

Agradecemos a la    Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas/CICAD de    la Secretaria de Seguridad Multidimensional/SSM de la Organización de    los Estados Americanos/OEA, la Secretaria Nacional de Políticas sobre    Drogas/SENAD do Gabinete de Seguridad Institucional/Brasil, la Escuela de Enfermería    de Ribeirao Preto de la Universidad de Sao Paulo y Centro Colaborador de la    Organización Mundial de la Salud para el Desarrollo de la Investigación    en Enfermería, la población representada en los estudios de investigación,    bien como a las autoridades de las universidades representadas por los participantes    del Programa En-Line de Especialización en Investigación sobre    el Fenómeno de las Drogas, periodos 2006, 2007, 2008 y 2009.

 

Referencias

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2. De Maisonneuve E. La metamorfosis de la violencia. Ensayo sobre la guerra moderna. Buenos Aires: Grupo Editor Latinoamericano; 1998. 268 p. Links  ]

3. Souza C. Cuatro    pilares en la lucha contra la droga. Buenos Aires: La Nacion, 11 de febrero    de 2005. p. 2        [ Links ]

4 º. Smith J, B Brands, Adlaf E, N Giesbrecht, L Simich, Wright MGM, et al. Familiares y conocidos de los consumidores de drogas ilícitas: recorte opiniones sobre leyes y políticas públicas de una comunidad de la Zona Oeste de Río de Janeiro, Brasil. Rev. Latino Am. Enfermería. 2009, 17 (no.spe): 803-9. Links  ]

5. Acaso CAA, Brands B, Adlaf E, Giesbrecht N, Simich L, Wright MGM et al. Políticas e Leis sobre drogas ilícitas no Brasil ea perspectiva de familiar e pessoas proximas a usuarios de drogas: ESTUDI na Cidade de Ribeirão Preto, São Paulo, Brasil. Rev. Latino-Am. Enfermagem. 2009; 17 (no.spe) :810-6. Links  ]

6. Argentina. Ley Nacional de Educación 26.206. Arte N º 11. Pub BO 31062 (Dic. 28, 2006)         [  Links  ]

7. Argentina. Ley Nacional de Educación 26.206. - Título X, Cap. V, Art. N º 123. Pub BO 31062 (Dic. 28, 2006)         [  Links  ]

8. Videla M. Prevención.    Intervención psicológica en salud comunitaria. Buenos Aires: Ediciones    Cinco; 1991.            [ Links ]

Dependencia de las drogas y el alcohol a menudo van de la mano. Las investigaciones demuestran que las personas que son dependientes del alcohol son mucho más propensos que la población en general a utilizar drogas, y personas con dependencia de drogas son mucho más propensos a beber alcohol (1). Por ejemplo, Staines y sus colegas (2) encontró que, de 248 alcohólicos que buscan tratamiento, el 64 por ciento cumplió con los criterios de un trastorno por consumo de drogas en algún momento de su vida.

Los pacientes con co-produciendo alcohol y otros trastornos por consumo de drogas también es probable que tengan más graves relacionadas con problemas de dependencia que aquellos sin trastornos combinados, es decir, se encuentran con un mayor número de criterios diagnósticos para cada trastorno (tres de los siete criterios son necesarios para que el diagnóstico de dependencia) (3). Las personas con desórdenes concurrentes de alcohol y otros trastornos por consumo de drogas son más propensos a tener trastornos psiquiátricos como la personalidad, estado de ánimo y trastornos de ansiedad, son más propensos a intentar suicidarse y sufrir problemas de salud (3). Las personas que consumen alcohol y drogas también corren el riesgo de interacciones peligrosas entre estas sustancias. Por ejemplo, una persona que consume alcohol con benzodiacepinas, si estos medicamentos son prescritos o tomados ilegalmente, se incrementa el riesgo de intoxicación mortal (3).

Esta Alerta de Alcohol cuenta con las últimas investigaciones sobre el alcohol y otros trastornos por consumo de drogas, el examen de la frecuencia con la que estos trastornos se producen y se superponen, la evidencia de factores de riesgo genéticos comunes, y cómo desórdenes concurrentes pueden ser más eficazmente diagnosticados y tratados.

EPIDEMIOLOGÍA: ¿Es común la adicción al alcohol y otras drogas?

¿Qué tan común es el alcohol y otras drogas, y con qué frecuencia los trastornos de uso de alcohol y drogas co-ocurrir? Para responder a estas preguntas, el Instituto Nacional sobre el Abuso de Alcohol y Alcoholismo (NIAAA) llevó a cabo la Encuesta Epidemiológica Nacional sobre Alcohol y Condiciones Relacionadas (NESARC), uno de los mayores estudios de su tipo jamás realizado. Se examinó la prevalencia de consumo de alcohol y otras drogas y el abuso en los Estados Unidos. Según NESARC, el 8,5 por ciento de los adultos en los Estados Unidos cumplieron con los criterios de un trastorno por consumo de alcohol, mientras que el 2 por ciento cumplió con los criterios de un trastorno por consumo de drogas y el 1,1 por ciento reunía los criterios para ambos. Las personas que son dependientes de las drogas tienen más probabilidades de tener un trastorno por consumo de alcohol que las personas con alcoholismo son tener un trastorno por consumo de drogas. Jóvenes 18-24 años tenían las tasas más altas de co-ocurrencia alcohol y otros trastornos por consumo de drogas (ver figura). Los hombres eran más propensos que las mujeres a tener problemas con el alcohol, las drogas, o las dos sustancias combinadas (1).

Debido a que muchas personas sufren de alcohol y dependencia de las drogas, los científicos especulan que estos trastornos pueden tener algunas de las causas comunes y los factores de riesgo, como se describe a continuación.

LA GENÉTICA DE ALCOHOL Y DROGAS OTROS TRASTORNOS compartida factores de riesgo?

La investigación ha demostrado que algunos de los riesgos para la adicción a las drogas y el alcohol se hereda. Los hijos de alcohólicos tienen un 50 a 60 por ciento más propensas a desarrollar trastornos por consumo de alcohol que las personas en la población general (4). Del mismo modo, los hijos de padres que abusan de las drogas ilícitas pueden ser de 45 a 79 por ciento más probabilidades de hacerlo por sí mismos que el público en general (5-7). Esto sugiere que algunos de los factores de riesgo de alcohol y otras drogas tienen su origen en la genética, aunque los estudios de familias específicas no han demostrado ser una contribución genética.

Los investigadores creen que algunos de los mismos genes que aumentan el riesgo de una persona de los problemas con el alcohol también podría ponerlo o ella en un mayor riesgo para la dependencia de drogas. Por otra parte, esos mismos genes que podrían aumentar el riesgo de otros problemas psiquiátricos, como trastorno de la conducta y el comportamiento antisocial adulto (es decir, los comportamientos externalizantes) (8).

Gran parte de la evidencia más convincente de esta aparente relación genética se basa en estudios de gemelos y de adopción. 1 Por ejemplo, en 2003, Kendler y cols (9) analizaron los datos del Registro de Virginia Twin. Los investigadores compararon las tasas de alcohol, drogas y otros trastornos externalizantes en gemelos idénticos y fraternos. Encontraron que, en los gemelos idénticos, cuando uno de los gemelos era dependiente del alcohol o de las drogas, el segundo gemelo era mucho más probable (que un hermano gemelo segundos) para tener un problema con las drogas o el alcohol o tener un trastorno de la externalización. El estudio sugiere que ciertos genes poner a las personas en riesgo de alcohol y otros trastornos por consumo de drogas, así como los trastornos de externalización, mientras que otros genes poner a las personas en riesgo de contraer ciertos tipos de trastornos. Estos genes específicos trastorno a menudo están vinculados a la forma en que el cuerpo descompone (metaboliza o) fármacos específicos y el alcohol (8).


1 Los estudios de adopción comparar el riesgo de alcoholismo en los familiares biológicos con el riesgo en los familiares adoptivos de alcohólicos (por ejemplo, un niño adoptado de despedida de un padre alcohólico). Los estudios de gemelos comparar el riesgo de alcoholismo en pares de gemelos criados en el mismo ambiente, el examen de los dos gemelos idénticos (es decir, los gemelos que comparten el 100 por ciento de sus genes) y los gemelos fraternos (es decir, los gemelos que comparten, en promedio, sólo el 50 por ciento de sus genes).


Diagnóstico de los trastornos por consumo de sustancias: Obstáculos y Desafíos

Un diagnóstico preciso es el primer paso hacia el tratamiento y la recuperación. Sin embargo, las personas con diagnóstico de problemas de drogas y alcohol puede ser complicado, especialmente cuando estos trastornos se producen al mismo tiempo. Existen barreras para el diagnóstico: Por ejemplo, los pacientes pueden no estar dispuestos a hablar de su adicción, y los médicos pueden no ser conscientes de los signos y síntomas de abuso y dependencia.

Los médicos deben evaluar a los pacientes para el alcohol y otros trastornos por consumo de drogas de una manera sistemática, paso a paso. Un recurso que puede ayudar es la publicación de NIAAA Ayudar a Pacientes que Beben en Exceso:. Guía de un Médico de La Guía toma médicos a través de una serie de pasos, que indica de qué preguntas hacer los pacientes. Presenta información, tales como la definición de una bebida estándar y el consumo recomendado diario y semanal límites-que puede ayudar a los médicos y pacientes a identificar problemas con el alcohol, comportamientos. (Para obtener más información sobre la Guía , consulte la sección de recursos de esta alerta. )

Los médicos también pueden evaluar a los pacientes por problemas de drogas utilizando instrumentos como la prueba de detección de drogas de abuso (DAST) o el CAGE adaptado para incluir drogas (CAGE-AID), o mediante una prueba de orina de drogas (3). Los médicos deben tener una historia completa de cualquier paciente sospechoso de tener un problema con las drogas, preguntando, por ejemplo, sobre los medicamentos que se utilizan, la edad de inicio del consumo, el patrón de uso, las consecuencias del consumo, los intentos de dejar de fumar, y el historial de tratamiento. También es crucial para evaluar a los pacientes para detectar signos de intoxicación o abstinencia. Los médicos deben evaluar la historia psiquiátrica del paciente, su historia clínica, antecedentes familiares y la historia social y de desarrollo. Con esta información, los médicos estarán en mejores condiciones para determinar si el paciente se adapta el DSM-IV-TR, dos criterios de abuso o dependencia de sustancias (3).

A pesar de un cuidadoso análisis, sin embargo, algunos trastornos por uso de sustancias no se detectan. Los pacientes a menudo informan correctamente de su consumo de sustancias debido al estigma asociado con un alcohol o el consumo de drogas otro diagnóstico trastorno, o pueden temer represalias legales. Para hacer frente a estos temores, los médicos deben asegurarse de que los pacientes conozcan el alcance de la confidencialidad exigida por la ley. Los médicos también deben hacer un esfuerzo para ser empático, aceptar, y sin prejuicios, para hacer preguntas de una manera directa y sencilla, y para hacer frente a su propia incomodidad con respecto al uso de drogas a fin de no comunicar su inquietud a sus pacientes (3).

Aunque no es tan común, algunos pacientes exagerar el consumo de sustancias. Por ejemplo, un paciente que sufre de dolor no tratada o tratada inadecuadamente pueden exagerar su uso de los opiáceos con el fin de obtener la metadona o la buprenorfina (medicamentos utilizados para tratar la adicción a los opioides) para aliviar ese dolor. Estos pacientes se beneficiarían del tratamiento por un especialista en dolor (3). 

“. Consumidores de sustancias típicas” Además, los médicos pueden no reconocer los trastornos por uso de sustancias, ya que no suelen detectar el uso de sustancias, especialmente en los pacientes que no se parecen Según los datos de entrevistas del sondeo NESARC, no hay ningún usuario sustancia típica; problemático de alcohol y drogas uso se da en personas de todo género, la edad-grupos y orígenes étnicos (3). Es importante que los médicos evaluar todos los pacientes para los trastornos por uso de sustancias.

La terminología de la Adicción

En (APA) de la American Psychiatric Association última revisión del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-IV-TR), los trastornos por uso de sustancias se dividen en dos categorías: el abuso de sustanciasla dependencia de sustancias . Una persona puede ser diagnosticada con el abuso sólo si él o ella no se ajusta a los criterios para la dependencia, y una persona que cumpla con los criterios tanto para el abuso y la dependencia es diagnosticada con la dependencia. Según la APA, una persona dependiente no puede controlar el uso de su sustancia, la dependencia de sustancias es “un grupo de síntomas cognitivos, conductuales y fisiológicos que indican que el individuo continúa el uso de la sustancia a pesar de importantes problemas relacionados con las drogas” (23).

Algunos científicos creen que, en lugar de pensar en el abuso y la dependencia como fenómenos distintos, podría ser más útil considerar un concepto más amplio de “adicción”. En un estudio reciente, Saha y sus colaboradores (24) encontraron que los problemas de alcohol se producen en un continuo en lugar de caer en las categorías de abuso y dependencia. Ellos sugieren que tener dos categorías de diagnóstico puede ser engañoso.

Además, O’Brien y sus colegas (25) argumentan que el término “dependencia” se podría crear confusión, ya que tiene más de un significado. En el DSM-IV-TR, la dependencia de drogas y alcohol implican crónica con recaídas y el consumo de sustancias compulsivo asociado con la adicción. Sin embargo, la dependencia a largo plazo simplemente puede referirse a cambios en el cuerpo y el cerebro que provocan signos de abstinencia, pero que no están necesariamente asociados con la adicción-cambios que podrían, por ejemplo, se producen en pacientes que están tomando medicamentos para el dolor o antidepresivos como su médico legítimo razones médicas. Debido a esta ambigüedad, los médicos pueden ser reacios a recetar sustancias como medicamentos para el dolor que pueden llevar a la dependencia física (23).

El término “adicción” también tiene sus desventajas, sin embargo. Como se ha señalado por los Dres. Henry Kranzler y T.-K. Li en la revista NIAAA Investigación sobre Alcohol y Salud (23), la adicción conlleva un estigma que puede hacer que los médicos menos propensos a usar este término por temor a alienar a sus pacientes. Además, al igual que el término “alcoholismo”, la adicción es tan ampliamente utilizado en contextos tan diferentes que su significado es impreciso y poco claro (23).

Los médicos también pueden tener problemas de interpretación de los criterios del DSM-IV-TR, por lo que es difícil de diagnosticar con precisión los trastornos por uso de sustancias. Como se describe en la barra lateral de acompañamiento, el DSM-IV-TR utiliza terminología puede ser confusa. Algunos clínicos confundir dependencia física de una sustancia (es decir, experimentar síndrome de abstinencia) con el diagnóstico DSM-IV-TR de la dependencia de sustancias. De hecho, la gran mayoría de las personas que cumplen con los criterios para la dependencia del alcohol no experimentan síntomas de abstinencia cuando deje de beber abruptamente. Además, algunos pacientes cuyo consumo de sustancias es peligroso o nocivo no puede cumplir los criterios para el abuso de sustancias (3). Estos pacientes aún deben ser evaluados y considerados para una intervención dirigida a reducir su consumo de alcohol o de otra manera modificar su comportamiento.


2 Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, Cuarta Edición, Revisión de Texto. American Psychiatric Association, 2000.


TRATAMIENTO

Las terapias conductuales

Para la mayoría de los pacientes, los métodos de tratamiento más efectivas combinan tratamientos conductuales (por ejemplo, la terapia de motivación mejora [MET] y terapia cognitivo-conductual [TCC]) y tratamientos farmacológicos. MET pretende motivar a los pacientes que son resistentes al tratamiento, y la CBT da a la gente las habilidades para reducir su consumo de alcohol o dejar de beber. Intervenciones de manejo de contingencias son otra herramienta. Estas intervenciones se centran en el comportamiento positivo gratificante. La terapia de comportamiento también es una herramienta importante para ayudar a los pacientes cumplan con los regímenes de medicación (10). Para obtener más información sobre las terapias de comportamiento, consulte el Volumen 1 del Proyecto Combine serie de monografías, que figuran en la sección de recursos de esta Alerta .

Farmacoterapias

Además de la terapia conductual, farmacoterapia pueden ayudar a los pacientes a reducir su uso de alcohol y otras drogas. Esta sección explora los medicamentos tradicionales y nuevos disponibles para el tratamiento de la dependencia del alcohol y las drogas. Volumen 2 del Proyecto Combine   serie de monografías proporciona información adicional sobre la administración de medicamentos (ver la sección de recursos de esta Alerta ).

Disulfiram . El disulfiram interfiere con el desglose de alcohol. Cuando una persona toma bebidas disulfiram alcohol, que causa una acumulación de acetaldehído , un subproducto tóxico de alcohol en el cuerpo. Esto provoca una serie de efectos desagradables, como enrojecimiento o inflamación de la cara y el cuello, náuseas y nerviosismo. Los EE.UU. Food and Drug Administration (FDA) aprobó en 1949 el disulfiram para el tratamiento de los trastornos por consumo de alcohol (10). En un estudio de 600 hombres veteranos, en general, el disulfiram no tuvo efecto sobre abstinencia a largo plazo (11). Entre los individuos que bebían, sin embargo, la dosis activa del medicamento (250 mg / día) redujo el número de días los sujetos pasaron potable. Disulfiram puede causar efectos potencialmente serios cuando se combina con alcohol, por lo que el objetivo de la paciente debe ser la abstinencia (10). Los pacientes que responden bien al disulfiram tienden a ser de mayor edad, con una mayor estabilidad social y la motivación para la recuperación, sino que tienden a tener una historia de beber más, asistir a reuniones de Alcohólicos Anónimos, y estar libre de alcohol relacionados con la demencia y otros problemas cognitivos (12,13 ).

Disulfiram puede ser útil en el tratamiento de adicción a la cocaína, tanto mediante la producción de una reacción adversa similar a la producida con el alcohol y por la reducción de la euforia asociada a la droga (10). El éxito del tratamiento con disulfiram exige el cumplimiento estricto de los medicamentos régimen-los pacientes que toman disulfiram deben estar altamente motivados para continuar el tratamiento.

La naltrexona . La naltrexona bloquea la actividad de una clase de moléculas (es decir, los receptores de opiáceos). Estas moléculas están implicadas en la retransmisión de mensajes químicos en el cerebro que están involucrados en la adicción. Además de una forma oral, la FDA ha aprobado una acción prolongada, forma inyectable de naltrexona para el tratamiento de la dependencia del alcohol (10). Las investigaciones demuestran que la naltrexona reduce el riesgo de recaída en los grandes bebedores, sin embargo, hay menos evidencia de que reduzca el número de días de consumo o que ayuda a los pacientes a mantener la abstinencia total (14,15).

Los estudios también han demostrado que la naltrexona puede ser útil en el tratamiento de trastornos de uso de drogas, incluyendo la dependencia de opiáceos y la cocaína (16). La naltrexona se ha aprobado por la FDA para el tratamiento de la dependencia de opiáceos, sin embargo, debido a que puede causar síntomas de abstinencia aguda de opiáceos (potencialmente hacer que el paciente se siente muy enfermo), los pacientes deben ser libre de drogas durante al menos 7 días antes de comenzar el tratamiento. Además, los pacientes deben ser advertidos de que si vuelven a usar opiáceos en gran medida, se corre el riesgo de muerte debido a la naltrexona reduce su tolerancia a los opiáceos y los puso en riesgo de sobredosis (10).

Acamprosate . Acamprosate afecta también a ciertos mensajeros químicos (es decir, neurotransmisores) en el cerebro (10). Aunque la FDA aprobó el acamprosato para el tratamiento de la dependencia del alcohol, la investigación con este medicamento ha producido resultados mixtos. Estudios europeos (17-19) han demostrado que el acamprosato no sólo reduce el riesgo de beber en exceso, pero casi duplica la probabilidad de que los pacientes lograr la abstinencia. Estos estudios sugieren que el acamprosato es más útil en pacientes que desarrollan la dependencia del alcohol más tarde en la vida, que no tienen una historia familiar de dependencia al alcohol, y que muestran la dependencia física y los niveles más altos de lo normal de ansiedad (20). Es importante notar que otros estudios muestran que el acamprosato no es más eficaz que el placebo (21,22).

Los medicamentos anticonvulsivos . Topirimate ha demostrado ser un tratamiento eficaz para la dependencia de alcohol y pueden ser beneficiosos para el tratamiento de la dependencia de cocaína. Otros anticonvulsivos, como carbamazepina y valproato, también han demostrado cierta eficacia en el tratamiento de los trastornos por consumo de alcohol, y pueden ser especialmente útiles en pacientes con dependencia al alcohol concurrente y el trastorno bipolar (10).

Medicamentos serotoninérgicos y otros . Aunque los estudios son escasos, algunos estudios han demostrado que los medicamentos que se dirigen a otros mecanismos en el cerebro (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina [ISRS], medicamentos antipsicóticos atípicos o de litio) pueden ser útiles en el tratamiento de los trastornos por uso de sustancias. Los medicamentos parecen ser particularmente útiles para tratar ciertos subgrupos de pacientes dependientes de alcohol, basado en la edad de aparición de problemas con el alcohol (10).

CONCLUSIÓN

Trastornos Adictivos representan un importante problema de salud tanto en los Estados Unidos y en todo el mundo. Debido a la dependencia del alcohol y las drogas es probable que co-ocurren, explorando cómo la adicción al alcohol puede relacionarse e interactuar con otras adicciones es importante. La investigación actual está estudiando las causas subyacentes de la adicción, y por qué el alcohol y otros trastornos por consumo de drogas co-ocurren con tanta frecuencia, así como la forma en terapias de comportamiento y drogas puede tratar mejor estos trastornos. No hay una “bala mágica” para el tratamiento de la adicción sin tratamiento que funcione para todos en cualquier situación. Se necesita más investigación para identificar los tratamientos eficaces para las diferentes poblaciones, especialmente los jóvenes, los ancianos y los pacientes con co-ocurren trastornos psiquiátricos. Este tipo de investigación es vital para comprender mejor los mecanismos y el curso de la adicción, así como su diagnóstico y tratamiento.

REFERENCIAS

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Advertir  los síntomas del uso de drogas y alcohol requiere estar muy alertas. A veces  resulta difícil establecer la diferencia entre el comportamiento normal de los chicos  y el comportamiento causado por las drogas. Prejuicios acerca de los hábitos de  las nuevas generaciones pueden llevar a los padres a hacer evaluaciones  equivocadas. Por  eso, para saber si tu hijo o hija está consumiendo drogas proponemos un Test  cuyo resultado es objetivo, es decir, no depende de sospechas o impresiones que  pueden ser infundadas.

Además  de observar el comportamiento de tu hijo, es útil saber que la marihuana es una hierba de color verde  con matices de marrón. Cuando se fuma despide un olor dulce. La cocaína es un polvo de color blanco de  gusto generalmente amargo, que adormece la lengua con el contacto. Puede ser  usada por inhalación, fumada o por vía endovenosa.

También  hay una serie de síntomas que se repiten en casi todos los casos, de una manera  u otra. Quizás no todos los datos que daremos aparecen en la conducta de tu  hijo/a pero si varios de ellos. Hay que tener en cuenta que cualquiera de estos  puntos clave se conjuga con la personalidad del joven con problema de drogas.

Algunos de los síntomas son:

  • Los chicos comienzan a dejar de hacer las cosas que  hacían habitualmente.
  • Se duermen en clase.
  • Están mareados, somnolientos y suelen tener la marcha  inestable.
  • Excitación y charlas desmedidas o irritabilidad sin  causa.
  • Cambian los habitos y empiezan por la vestimenta: se compran  ropas de acuerdo con la tribu a la que pertenecen.
  • Descuidan su aseo personal.
  • Episodios de violencia o de agresiones.
  • Hay cambios en lo social: se van de su grupo a otro donde  los bancan.
  • Repiten el discurso del traficante: “Fumar marihuana  no hace nada”.

También  es muy importante que cada persona que se relacione con el chico o la chica con  problema de adicciones, ya sea su mamá, papá, sus demás familiares o maestros,  tengan en cuenta estos ítems para poder detectar más fácilmente la situación de  alerta y de esa forma actuar lo más rápido posible.

Síntomas

Algunos de ellos son que los chicos  cambian sus hábitos y de grupos sociales, están mareados o somnolientos,  descuidan su aseo y son protagonistas de episodios de violencia.

Con  los padres

Si bien suelen descreer que sus hijos beben o se drogan, los maestros apuntan a  que los adultos no estigmaticen ni castiguen a los jóvenes.

Para  los maestros

Aunque tienden a angustiarse en un primer momento, lo ideal es hablar con los  alumnos fuera del aula. La prevención y el diálogo son esenciales.

Una  vez que haya logrado repasar todos estos síntomas, usted puede realizar el  siguiente test, teniendo conocimiento de la problemática y de las actitudes de  su hijo/a.

Considere  y conteste “sí” o “no” las siguientes preguntas:

1) ¿Su hijo parece retraído,  deprimido, cansado y descuidado en su aspecto personal?

2) ¿Lo nota hostil y falto  de cooperación?

3) ¿Se han deteriorado las  relaciones de su hijo con otros miembros de la familia?

4) ¿Ha dejado a sus antiguos  amigos?

5) ¿No le va bien en la  escuela? ¿Ha empeorado las notas o la asistencia es irregular?

6) ¿Ha perdido interés por  los pasatiempos, los deportes u otras actividades?

7) ¿Han cambiado sus hábitos  de comer o de dormir?

8) ¿Usa desodorantes o  perfumes para tapar algún olor?

9) ¿Tiene actitudes  beligerantes ante sus preguntas o reclamos?

10) ¿Tiene las pupilas  dilatadas? ¿Tiene los ojos colorados?

11) ¿Tiene conversaciones  telefónicas o encuentros con desconocidos?

12) ¿En su casa faltan  objetos de valor? ¿Tiene su hijo una necesidad creciente de dinero?

13) ¿Está más pálido de lo  habitual? ¿Se dejó el pelo descuidado?

14) ¿Encuentra usted cajitas  de fósforos agujereadas en el centro del lomo del envase o cualquier otro  artefacto (biromes, llaves o tubitos) que servirían para fumar la colilla de un  cigarrillo sin filtro hasta el final sin quemarse?

15) ¿Tiene su hijo papel  para armar cigarrillos (en cajita o sueltos)?

16) ¿Utiliza colirios?

17) ¿Tiene manchas de  cigarrillos en los dedos?

18) ¿Tiene feo olor, incluso  en la vestimenta y en las sábanas?

19) ¿Tiene elementos que  permitan picar la droga como, por ejemplo, hojas de afeitar, tarjetas duras o  cuchillos?

20) ¿Tiene elementos que  permitan aspirar la droga como, por ejemplo, bolígrafos sin tapas ni tanque,  tubitos, pajitas o billetes enrollados?

21) Si su hijo se estuviera  inyectando posiblemente se detecten cigarrillos de tabaco desarmados dado que  se utilizan el filtro, jeringas y algún recipiente pequeño, como cucharas o  tapitas de bebidas, para preparar la droga.

22) ¿La nariz le sangra o  gotea a menudo?

23) ¿Tiene dificultad para  hablar?

24) ¿Tiene marcas de  pinchazos en brazos o piernas?

Atención: Debe tenerse en cuenta que algunos de  estos síntomas pueden aparecer en jóvenes que no se droguen. No por usar un  arito o dejarse el cabello largo, un joven utiliza drogas. Se trata de síntomas  a tener en cuenta que deben sumarse a los otros según la siguiente tabla:

De  0 a 3 respuestas positivas: No hay problema a la vista.

De  3 a 10 respuestas positivas: Alerta, esté atento a la conducta de su hijo y  controle sus pertenencias. Consulte si cree necesario con un centro  especializado.

De  10 a 14: Consulte con un centro especializado. Es probable que su hijo necesite  ayuda.

15  o más respuestas positivas: Seguramente su hijo tiene un problema con las  drogas y necesita un tratamiento.           Esté  alerta a indicios de uso de drogas y a la presencia de los artefactos  utilizados para ingerirlas como papeles para armar cigarrillos, balanzas,  biromes sin tapita y sin tanque, cucharitas, jeringas, tubitos que puedan  servir de inhalador, tarjetas o billetes con un sabor amargo y anestesiante,  espejos. Estos elementos pueden ser indicios del uso de drogas y cuanto antes  detecte el problema, más fácil será ayudar a su hijo.

No  enfrente a un joven que se halle bajo los efectos del alcohol o de las drogas.  Espere a que esté sobrio para hablar con él. Entonces explíquele sus sospechas  con calma y objetividad, y busque la ayuda de otros miembros de la familia para  respaldar sus observaciones.

Generalmente,  los jóvenes que se drogan no son honestos y niegan la adicción. Si usted cree  que su hijo no está diciendo la verdad, y las pruebas de que padece una  adicción son evidentes, hágalo evaluar por un profesional especializado. Muchas  veces el adicto termina aceptando que se droga y para conformar a los padres  promete no volver a hacerlo. Pero en un altísimo porcentaje de jóvenes adictos  esta promesa sólo queda en el intento y la persona continúa drogándose  solapadamente.

Si su hijo está tomando  drogas, no se eche culpas ni pierda tiempo esperando que el problema se  solucione por sí solo. Lleve de inmediato a su hijo a una consulta con  profesionales especializados y en caso de que él se niegue, concurra usted y  pida asesoramiento.

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