¿Es divertido consumir? ¿Es divertido ir de fiesta y beber? ¿Qué pasa por fumar un par de porros? ¿Y si un día tengo una fiesta y me tomo un par de rayas? Incluso si un día voy un poco colocado y nos echamos unas risas. ¿Qué pasa?

Estos planteamientos que pueden hacerse algunas personas que usan drogas, incluido el alcohol, que, a pesar de algunos, también es una droga, son más excusas que realidades para justificar una conducta. A veces incluso el recurso son los demás: Si todo el mundo lo hace, solo tienes que salir un día y verás…

Incluso la sociedad es permisiva en muchas de estas conductas, especialmente en cuanto al alcohol, también al cannabis y a la cocaína (por un día no pasa nada…) Pero claro, todo esto hasta que aparecen problemas, discusiones, alteraciones del carácter, gritos, quebranto económico, enfermedades orgánicas o psíquicas. Ah!, entonces la cosa cambia, la familia procura que nadie se entere de que el chico tiene problemas, que nos grita, que nos insulta. Que nadie sepa que el papá viene bebido. Y se hace un silencio cómplice, que lo único que hace es agravar la situación.

Miedo y vergüenza, bueno, como si no fuese ya notorio que las cosas no van bien, que los gritos no se oyen, que las visitas a urgencias no asustan, que las multas no molestan, casi nada. Pero seguimos ocultando.

Hasta que en un momento determinado se precisa ayuda, ¿dónde vamos? ¿ a quién preguntamos? Que no nos vean…

Pero la realidad es que el que precisa tratamiento para estos problemas debe acudir a un servicio adecuado. Al que sea, al médico de atención primaria en primera instancia, a una Unidad específica de Adicciones, a un grupo de ayuda mutua, donde sea pero que acuda. Y si él / ella no acude, que vaya un familiar, que se oriente, que pregunte, que actúe.

La vergüenza no consiste en buscar una solución, la vergüenza es cerrar los ojos.

Ahora bien, la sociedad en general permite, consiente y aplaude que alguien pueda en un momento determinado consumir algo y que sea el gracioso, el divertido, el… luego el problema no lo va a ver ni lo va a sufrir, pero sí que lo sufre la familia, los amigos…

Y es que toleramos el consumo y repudiamos la adicción, el “borracho” el Cocainómano” el “colgado ese…”.

Y claro llega el momento de la atención, de la necesidad de ayuda y nos extrañamos del rechazo que sufren estas personas en determinados estamentos. ¿De qué nos extrañamos? Acabamos de ver como nosotros mismos provocamos ese rechazo.

Luego los sistemas asistenciales ponen en algunos casos un parche, ayudas económicas, ¿para qué? para que se lo beba…

Al final nos encontramos ante una sociedad que es permisiva con el consumo de tabaco, ahora menos, pero que cobra impuestos sobre el consumo del mismo que no revierten en el tratamiento de las enfermedades que provoca. Recordemos que el tratamiento para el tabaquismo, desde el punto de vista farmacológico no está financiado por el sistema público de salud.

Se hacen campañas de prevención sobre el consumo de alcohol, pero el estado también ingresa pingües beneficios por estas ventas y a pesar que dependiendo de cada Comunidad Autónoma tiene un sistema de atención, ni se cubre todo ni hay homogeneidad. ¿Dónde hay clínicas para desintoxicación y deshabituación de los pacientes alcohólicos?

¿Hay recursos suficientes para tratar las otras adicciones? ¿Los equipos son homogéneos? ¿Hay un acceso equiparable en cada CC. AA. a los distintos fármacos? ¿hay trabas para poder recetar ciertos fármacos?

Efectivamente nada de esto está resuelto. Y claro si por un lado se tiende a esconder y por otra a solucionar a medias, a no ser valientes aplicando medidas legislativas y terapéuticas y establecer el derecho de igualdad entre las personas, especialmente las enfermas.

Hay que reivindicar el derecho a la atención, hay que perder el miedo a reconocerse enfermo

Porque, supongo que tenemos claro que los adictos son enfermos y como tales precisan atención digna y equitativa, es decir que tengan el mismo derecho a ser tratados independientemente de la enfermedad que presenten.

Pues hay camino por recorrer, hay que reivindicar el derecho a la atención, hay que perder el miedo a reconocerse enfermo, hay que poner soluciones. Cuando los profesionales estamos ante nuestros pacientes no olvidamos que podría ser un familiar nuestro, más o menos allegado, y que por lo tanto se merece lo mejor, la mejor atención, la mejor orientación, la mejor salida.

Solo cuando administración, grupos de afectados, profesionales, industria farmacéutica, industria alcoholera, educadores, etc… hagamos frente común, entendamos el problema, trasmitamos a la sociedad el concepto enfermedad, como desequilibrio bio – psico – social. Cuando todos tengamos una información básica, cuando los profesionales tengan conocimientos, instrumentos y facilidad de abordaje, dejaremos de ver a estos pacientes como personas de segunda y, en ese momento, solo en ese momento habremos empezado a romper el lienzo del estigma que nos separa de la realidad de pacientes y familias, que precisan, comprensión apoyo y recursos adecuados a su problema.

 

Posteado por Francisco Pascual Pastor.

 

Dos nuevos estudios muestran las primeras imágenes de los efectos que produce esta sustancia en el cerebro y desvelan cómo se origina esta experiencia denominada pérdida del ego. Según los investigadores, esta droga constituiría un tratamiento efectivo contra algunos trastornos psiquiátricos y neurológicos.

Agencia SINC
El LSD, una droga psicodélica semisintética, conocida por sus efectos psicológicos, puede provocar experiencias psicodélicas en estado de semiconsciencia a los que la consumen. Aunque cada ‘viaje’ es único, hay efectos y características comunes: confusiones sensoriales –que pueden convertir los olores en colores–, distorsión temporal y disolución del ego, con la que los individuos sienten una pérdida de los límites físicos que separan su cuerpo del resto del universo, pudiendo llegar a experimentar una percepción extrasensorial.

“Observamos cambios en el cerebro bajo efectos del LSD que sugieren que los voluntarios pueden ver con los ojos cerrados”, indica el científico.
Dos estudios, realizados por los mismos investigadores, han analizado por primera vez con imágenes obtenidas por resonancia magnética funcional cómo actúa el LSD en el cerebro. El más amplio, realizado con 20 voluntarios sanos que recibieron tanto LSD como placebo, revela lo que le ocurre al cerebro cuando las personas experimentan alucinaciones visuales con la toma de esta sustancia.

En condiciones normales, la información que reciben nuestros ojos es procesada en la parte trasera del cráneo llamado corteza visual. Sin embargo, en los individuos bajo los efectos de esta droga contribuyen más áreas cerebrales a este proceso visual. “Observamos cambios en el cerebro bajo efectos del LSD que sugieren que los voluntarios pueden ver con los ojos cerrados”, indica Robin Carhart-Harris, científico en el Imperial College London (Reino Unido) y coordinador de la investigación.

El trabajo, publicado en la revista PNAS,, también arroja luz sobre los cambios del cerebro que subyacen a la profunda alteración del estado de conciencia que la droga produce. “Normalmente nuestro cerebro se constituye de redes independientes que realizan funciones especializadas por separado, como la visión, los movimientos, la audición y la atención, entre otras. Pero con el LSD esa separación de las funciones se descompone y en su lugar se ve un cerebro más unificado e integrado”, aclara Carhart-Harris que asocia esta alteración del estado de conciencia a uno de los efectos que experimentan los consumidores de la droga: la disolución del ego.

“En este sentido, la percepción de uno mismo se desvanece y es reemplazada por una reconexión con los demás y el mundo que le rodea. Esta experiencia encuentra en ocasiones una vía hacia la religión y la espiritualidad, y muestra mejoras en el bienestar una vez que los efectos de la droga han pasado”, añade el investigador.

Lo que las imágenes muestran de la pérdida del ego

El segundo estudio, publicado hoy en Current Biology, se centra en este último efecto, la pérdida del ego, y desvela qué ocurre en el cerebro de aquellos que sienten no tener cuerpo. Para ello, los científicos analizaron neuroimágenes de los cerebros de 15 personas –experimentadas en el consumo de psicodélicos– bajo los efectos del LSD.

“El LSD fortalece el intercambio de información entre regiones cerebrales y diluye los límites que marcan nuestra percepción como individuo”, comenta
Los resultados indican que la disolución del ego ocurre debido a un incremento de la conectividad entre diferentes regiones del cerebro. “Sabemos que existe un pico de unas dos horas después de haber suministrado la dosis. Ese es el momento en que adquirimos las neuroimágenes”, explica a Sinc Enzo Tagliazucchi, investigador en el Instituto Holandés de Neurociencia, y uno de los autores de este estudio.

Las regiones cerebrales que presentaron mayor conectividad fueron las encargadas de las funciones superiores, responsables de la consciencia, la capacidad intelectual y el estado emocional, entre otras.

En particular, los investigadores encontraron un aumento de las conexiones entre las áreas sensoriales encargadas de recibir información acerca del mundo exterior, los lóbulos frontal y parietal –asociados a la conciencia del ‘yo’–, y el tálamo, el encargado de mandar lo estímulos sensoriales al córtex.

“Esto puede significar que el LSD fortalece el intercambio de información entre regiones cerebrales, refuerza el vínculo entre el sentido del ego y del entorno, y diluye los límites que marcan nuestra percepción como individuo”, comenta Tagliazucchi.

El trabajo también revela cambios en la funcionalidad del lóbulo anterior del córtex que puede estar vinculado con la sensación de no tener cuerpo que experimentan muchos individuos bajo el efecto del LSD.

Al contrario que los alucinógenos, el LSD no hace perder la noción de qué es real y qué no. “Las personas que experimentan cambios sensoriales bajo los efectos de este psicodélico tienen plena conciencia de que han consumido una sustancia que es la responsable de esos cambios”, indica a Sinc el experto.

“Existen enfermedades para las cuales el LSD podría ser un tratamiento efectivo”, indica uno de los autores
Tratamiento para trastornos psiquiátricos y neurológicos

La literatura científica ya había demostrado la capacidad de las drogas psicodélicas para reducir o eliminar la sensación de uno mismo, una experiencia que también ocurre con ciertos desórdenes psiquiátricos y neuronales.

El LSD fue sintetizado por primera vez por el químico Albert Hofmann en 1938, quien descubrió sus efectos psicológicos por un accidente en el laboratorio. En los años 50 y 60, muchos psiquiatras y psicoanalistas vieron en el LSD un fármaco terapéutico prometedor. Sin embargo, su uso como droga ocasionó un diluvio de críticas por parte de la opinión pública que desembocó en la prohibición de la sustancia, tanto en tratamientos medicinales como recreativos.

Pero los científicos siguen viendo en el LSD un posible tratamiento contra trastornos psiquiátricos y neurológicos. “Existen enfermedades para las cuales esta droga podría ser un tratamiento efectivo. Cierto tipo de jaquecas muy fuertes –migrañas clúster o en racimo–, o enfermedades como la depresión o el trastorno de ansiedad generalizada, pueden verse aliviadas por el consumo de LSD”, concluye el investigador.

Tagliazucchi tiene previsto continuar usando la neuroimagen para explorar varios estados de consciencia como los que experimentamos cuando dormimos, cuando estamos bajo el efecto de la anestesia o en el coma.

Referencias bibliográficas:

Robin Carhart-Harris et al.: “Neural correlates of the LSD experience revealed by multimodal neuroimaging”. PNAS doi: 10.1073/pnas.151837711

Tagliazucchi et al.: “Increased Global Functional Connectivity Correlates with LSD-Induced Ego Dissolution”. Current Biology (2016)

El cerebro adicto.

Lo que las neurociencias han contribuido a nuestro entendimiento del comportamiento humano es verdaderamente extraordinario y portentoso. Hoy nos resulta familiar el espectáculo de seres humanos yaciendo cómodamente en el laboratorio, mientras electrodos en sus cabezas, conectados a escáneres, registran las actividades eléctricas de sus pensamientos más íntimos, revelando con precisión las áreas del cerebro que median la acción.

Cerebro adicto
Las contribuciones de los neurocientíficos adquirieron su mayor impulso durante la última década del siglo pasado y principios de éste, expandiendo su campo de interés a la investigación de fenómenos para los cuales, a veces, no estarían ni preparados para entenderlos, ni suficientemente equipados para sondearlos.
Podemos tomar como un ejemplo, el más conspicuo de todos los enigmas que nos inquietan, la definición de la consciencia y la localización del sitio específico donde los mecanismos responsables por este fenómeno residen.
Al respecto, hay más que nos queda por entender. Especialmente, las actividades neurotransmisoras que — presentes en toda actividad cerebral — acompañan, especialmente, a este fenómeno inédito.
Por su fallo a responder a esta cuestión y muchas otras que abundan, un gran número de científicos están descontentos con el status quo de auto-suficiencia que por algún tiempo se ha arraigado en el campo de las ciencias del cerebro
¿Status quo? ¿Cuál status quo?
Muchos intelectuales— como es el caso con James Le Fanu y Oliver Sacks — creen que, a pesar de haberse descifrado el genoma humano y de todos haber sido testigos de los avances y logros de la neurociencia contemporánea, estos avances aún fallan en suministrar explicaciones sólidas acerca de lo que constituye en esencia la naturaleza humana.
Porque, aun siendo cierto que el Proyecto del Genoma Humano y los avances recientes de la neurociencia han transformado de manera vasta nuestro propio entendimiento, lo que no han logrado es, necesariamente, hacerlo del modo anticipado.

El relojero ciego: Producto de la imaginación creativa
Expresándolo de una manera más profunda, nuestro sentido de quiénes somos y la experiencia — tan íntima y personal — de vivir nuestras vidas, como experiencia privada, son más que la suma de nuestros genes o de lo que puede ser trazado — como si fuera un mapa — en un MRI escáner.
Hasta ahora, los filósofos de las neurociencias y de la mente, encabezados por Daniel C. Dennett creen habernos suministrado explicaciones satisfactorias acerca de la naturaleza de la consciencia, por medio de la aplicación de una modalidad materialista y científica. Metodología, esta última, que falla en todos sus propósitos, ya que no explica cómo la acción, eléctrica y monótona, de circuitos neurales activados puede dar nacimiento a las diferentes experiencias cualitativas que resultan de oler una rosa o de escuchar una fuga de Bach.
Dennett nos diría que el progreso incontenible de la marcha de la ciencia descifrará el código secreto que resolverá este enigma, y que, todo, a su tiempo debido, resultará claro. Pero, otro filósofo de la neurociencia, autor del Nuevo Misterianismo, Colin McGinn — no estando del todo de acuerdo con estas ideas — respondería que la naturaleza misma de la consciencia, impide que la ciencia— en principio y para siempre — pueda explicarla, ya que descripciones objetivas no pueden encapsular estados subjetivos.

Avances científicos en la prevención y el tratamiento del trastorno por consumo de sustancias y sus acontecimientos conexos en la política pública.

Autor: Dan L. Longo, M.D. Fuente: N Engl J Med 2016; 374:363-371January 28, 2016 DOI: 10.1056/NEJMra1511480 Neurobiologic Advances from the Brain Disease Model of Addiction.

Introducción

“La adicción es una enfermedad del cerebro”

Este artículo revisa los avances científicos en la prevención y el tratamiento del trastorno por consumo de sustancias y sus acontecimientos conexos en la política pública. En las últimas dos décadas, la investigación ha apoyado cada vez más la opinión de que la adicción es una enfermedad del cerebro. Aunque el modelo de enfermedad cerebral de la adicción ha producido medidas eficaces de prevención, las intervenciones de tratamiento y las políticas de salud pública para hacer frente a los trastornos por consumo de sustancias, el concepto subyacente de abuso de sustancias como una enfermedad cerebral sigue siendo cuestionado, tal vez porque los comportamientos impulsivos y compulsivos que son características de la adicción no han sido claramente vinculados a la neurobiología.

En este artículo revisamos los últimos avances en la neurobiología de la adicción para aclarar la relación entre la adicción y la función cerebral y ampliar la comprensión de la adicción como una enfermedad cerebral. Revisamos los hallazgos en la desensibilización de los circuitos de recompensa, lo que amortigua la capacidad de sentir placer y la motivación para realizar actividades cotidianas; la creciente fortaleza de las respuestas condicionadas y la reactividad al estrés, lo que se traduce en un aumento de los antojos (ansia) de alcohol y de otras drogas y las emociones negativas cuando estos deseos no se satisfacen. Se analiza el debilitamiento de las regiones del cerebro implicadas en las funciones ejecutivas, como la toma de decisiones, el control inhibitorio, y la auto-regulación lo que lleva a la recaída repetida. También revisamos las formas en que los entornos sociales, las etapas de desarrollo y la genética están íntimamente vinculados y su influencia en la vulnerabilidad y en la recuperación.

Llegamos a la conclusión de que la neurociencia continúa apoyando el modelo de enfermedad cerebral de la adicción. La investigación en neurociencias en esta área no sólo ofrece nuevas oportunidades para la prevención y el tratamiento de las adicciones a sustancias y adicciones conductuales relacionadas (por ejemplo: a la comida, el sexo y los juegos de azar), sino que también puede mejorar nuestra comprensión de los procesos biológicos fundamentales que intervienen en el control del comportamiento voluntario.

En los Estados Unidos, del 8 al 10% de las personas de 12 años de edad o más, o 20 a 22 millones de personas, son adictos al alcohol u otros medicamentos.(1) El abuso del tabaco, alcohol y drogas ilícitas en Estados Unidos exige más de $ 700 mil millones anuales en costos relacionados con la delincuencia, la productividad del trabajo perdido, y la asistencia en salud.(2-4) Después de siglos de esfuerzos para reducir la adicción y sus costos relacionados a través de castigar las conductas adictivas no se pudo producir resultados adecuados.

La reciente investigación básica y clínica ha proporcionado clara evidencia de que la adicción podría ser mejor considerada y tratada como una enfermedad adquirida del cerebro. La investigación guiada por el modelo de enfermedad cerebral de la adicción ha llevado al desarrollo de los métodos más eficaces de prevención y tratamiento y de las políticas de salud pública más informadas. Los ejemplos notables incluyen la Paridad de Salud Mental y la Ley de Equidad de Adicción de 2008, que exigen que los planes de seguro médico proporcionen la misma cobertura para los trastornos por consumo de sustancias y otras enfermedades mentales que se proporciona para otras enfermedades,(5) y la propuesta de legislación del Senado bipartidista que reduciría las penas de prisión para algunos delincuentes no violentos consumidores de drogas,(6) lo cual es un cambio sustancial en la política alimentada en parte por la creciente toma de conciencia entre los líderes de las fuerzas del orden de que “la reducción de la encarcelación mejorará la seguridad pública y a las personas que necesitan tratamiento por problemas de drogas y alcohol o problemas de salud mental sería más probable que mejoren y se reintegren a la sociedad si reciben atención constante.(7)

“El concepto de la adicción como una enfermedad del cerebro desafía valores profundamente arraigados sobre la autodeterminación y la responsabilidad personal”

Sin embargo, a pesar de la evidencia científica, los avances en el tratamiento y los cambios en las políticas resultantes, el concepto de la adicción como una enfermedad del cerebro todavía está siendo cuestionado. El concepto de la adicción como una enfermedad del cerebro desafía valores profundamente arraigados sobre la autodeterminación y la responsabilidad personal que el uso de drogas señaló como un acto hedonista voluntario. En este punto de vista, la adicción resulta de la repetición de conductas voluntarias. ¿Cómo, entonces, podría ser el resultado de un proceso de enfermedad?

El concepto de la adicción como una enfermedad del cerebro tiene implicaciones incluso más desconcertantes para las actitudes públicas y para las políticas hacia el adicto. Este concepto de adicción parece cierto para excusar la irresponsabilidad personal y de los actos criminales en lugar de castigar comportamientos nocivos y a menudo ilegales. Las críticas adicionales del concepto de la adicción como una enfermedad del cerebro incluyen el fracaso de este modelo para identificar aberraciones genéticas o anomalías cerebrales que se aplican sistemáticamente a las personas con adicción y el fracaso para explicar los muchos casos en que se produce la recuperación sin tratamiento.

Los avances en neurobiología han comenzado a esclarecer los mecanismos que subyacen a las profundas alteraciones en la capacidad de toma de decisiones y en el equilibrio emocional mostrado por las personas con adicción a las drogas. Estos avances también proporcionan información sobre las formas en que los procesos biológicos fundamentales, cuando se interrumpen, pueden alterar el control del comportamiento voluntario, no solo en la adicción a las drogas, sino también en otros trastornos relacionados de la autorregulación, como la obesidad y el juego patológico y video-juegos – las llamados adicciones conductuales. Aunque estos trastornos también manifiestan comportamientos compulsivos, con alteración de la autorregulación, el concepto de la adicción conductual es aún controversial, sobre todo en lo relacionado con la obesidad.

Esta investigación también ha comenzado a mostrar cómo y por qué el uso voluntario y temprano de drogas puede interactuar con factores ambientales y genéticos para dar lugar a la adicción en algunas personas pero no en otras.

ETAPAS DE LA ADICCIÓN
Para propósitos heurísticos, hemos dividido la adicción en tres etapas que se repiten:

Atracones e intoxicación
Abstinencia y afecto negativo
Preocupación y anticipación (o deseo) (10)
Cada etapa se asocia con la activación de circuitos neurobiológicos específicos y con características clínicas y de comportamiento consecuentes

Etapas del Ciclo de Adicción

Los atracones e intoxicación
Todas las drogas adictivas conocidas activan regiones de recompensa en el cerebro causando un fuerte aumento en la liberación de dopamina.(11-13) A nivel del receptor, estos aumentos provocan una señal de recompensa que desencadena el aprendizaje asociativo o condicionamiento. En este tipo de aprendizaje pavloviano, las repetidas experiencias de recompensa son asociadas con los estímulos ambientales que las preceden.

Con la exposición repetida a la misma recompensa, las células dejan de disparar dopamina en respuesta a la propia recompensa y, en lugar de ello, disparan una respuesta anticipada a los estímulos condicionados (referidos como “señales”) que en un sentido pueden predecir el suministro de la recompensa.(14) Este proceso implica los mismos mecanismos moleculares que fortalecen las conexiones sinápticas durante la formación del aprendizaje y la memoria. De esta manera, los estímulos ambientales que están vinculados en varias ocasiones con el uso de drogas – incluyendo entornos en los que se ha tomado una droga, personas con las que se ha tomado, y el estado mental de una persona antes de que fuera tomada – pueden llegar a provocar una respuesta condicionada con oleadas rápidas de liberación de dopamina que desencadenan ansia por la droga(20) que motivan conductas de búsqueda de drogas, y conducen a los “atracones” pesados de la droga.(21-23) Estas respuestas condicionadas se vuelven profundamente arraigadas y pueden desencadenar antojos (ansia) fuertes de una sustancia mucho tiempo después de que su uso se haya detenido (por ejemplo, debido a la encarcelación o al tratamiento) e incluso frente a las sanciones contra su uso.

Como ocurre con otros tipos de aprendizaje por motivación, cuanto mayor es el atributo de motivación asociado con una recompensa (por ejemplo un medicamento), mayor será el esfuerzo que una persona esté dispuesta a ejercer y mayores serán las consecuencias negativas que él o ella estarán dispuestos a soportar con el fin de obtenerlo.(24,25) Sin embargo, mientras que las células de dopamina dejan de disparar el consumo después de repetidas “recompensas naturales” (por ejemplo, la comida o el sexo) saciando el impulso para proseguir, las drogas adictivas pueden eludir la saciedad natural y continúan aumentando directamente los niveles de dopamina,(11,26) un factor que ayuda a explicar por qué los comportamientos compulsivos son más propensos a surgir cuando la gente usa drogas que cuando persiguen una recompensa natural.

Abstinencia y afecto negativo
Un resultado importante de los procesos fisiológicos condicionados involucrados en la adicción a las drogas es que las recompensas saludables normales y naturales pierden su antigua potencia motivacional. En una persona con adicción, los sistemas de recompensa y motivación se transforman reorientándose -a través del condicionamiento- a centrarse en la respuesta más potente de la dopamina producida por la droga y sus señales. El escenario de la persona con adicción se restringe a una de las señales y desencadena el consumo de drogas. Sin embargo, esta es sólo una de las formas en que la adicción cambia la motivación y el comportamiento.

Durante muchos años se creyó que con el tiempo las personas con adicción podrían ser más sensibles a los efectos gratificantes de las drogas y que este aumento de la sensibilidad se reflejaría en los niveles más altos de dopamina en los circuitos cerebrales del proceso de recompensa (incluyendo el núcleo accumbens y el estriado dorsal) que los niveles en las personas que nunca han tenido una adicción a las drogas. Aunque esta teoría parecía tener sentido (plausibilidad), la investigación ha demostrado que es incorrecta.

De hecho, estudios clínicos y preclínicos han demostrado que el consumo de drogas provoca aumentos mucho menores en los niveles de dopamina en presencia de la adicción (tanto en animales como en seres humanos) que en su ausencia (es decir, en personas que nunca han usado drogas).(22,23 , 27,28) Esta versión atenuada de dopamina hace al sistema de recompensa del cerebro mucho menos sensible a la estimulación y por tanto a las recompensas(29-31) no relacionadas con las drogas y, como resultado, las personas con adicción ya no experimentan el mismo grado de euforia con una sustancia que el que tuvieron cuando empezaron a usarlo. Es por esta misma razón que las personas con adicción a menudo se convierten en menos motivadas por los estímulos cotidianos (por ejemplo, las relaciones y actividades) que habían encontrado previamente motivadoras y gratificantes. De nuevo, es importante tener en cuenta que estos cambios se convierten en profundamente arraigados y que no se pueden revertir de inmediato a través de la simple terminación del consumo de drogas (por ejemplo, la desintoxicación).

Además de reconfigurar el sistema de recompensa del cerebro, la exposición repetida a los efectos reforzadores de la dopamina de la mayoría de las drogas lleva a adaptaciones en los circuitos de la amígdala extendidos al prosencéfalo basal. Estas adaptaciones dan como resultado aumentos en la reactividad de una persona para destacar y dar lugar a la aparición de emociones negativas.(32,33) Este sistema “anti-recompensa” está alimentado por los neurotransmisores involucrados en la respuesta al estrés, como el factor liberador de corticotropina y la dinorfina, que ordinariamente ayudan a mantener la homeostasis. Sin embargo, en el cerebro adicto, el sistema anti-recompensa se vuelve hiperactivo, dando lugar a la fase altamente disfórica de la adicción a las drogas que se produce cuando los efectos directos de la droga desaparecen o la sustancia se suspende.(34)

Por lo tanto, además de la atracción directa y condicionada a las “recompensas” del consumo de drogas, hay una correspondencia intensa que los empuja mediante la motivación para escapar de las molestias asociadas con los efectos secundarios de su uso. Como resultado de estos cambios, la persona sufre transiciones de adicción a tomar drogas simplemente para sentir placer, a “drogarse” para obtener un alivio transitorio de disforia.

Las personas con adicción a menudo no pueden entender por qué se siguen tomando la sustancia cuando ya no les parece agradable. Muchos afirman que continúan para escapar de la angustia que sienten cuando no están en estado de embriaguez. Por desgracia, aunque los efectos de acción corta del aumento de los niveles de dopamina provocada por la administración de las drogas alivian temporalmente esta angustia, el resultado de los atracones repetidos es profundizar la disforia durante la retirada, lo que produce un círculo vicioso.

Preocupación y Anticipación
Los cambios que se producen en los circuitos de recompensa y emocionales del cerebro están acompañados por cambios en la función de las regiones corticales prefrontales, que están involucradas en los procesos de ejecutivos. En concreto, la baja regulación de la señalización de la dopamina que embota la sensibilidad de los circuitos de recompensa al placer también se produce en las regiones cerebrales prefrontales y en sus circuitos asociados, perjudicando seriamente los procesos ejecutivos, entre las que destacan(36):

Capacidad de autorregulación
Toma de decisiones
Flexibilidad en el la selección y el inicio de la acción
Atribución de relevancia (la asignación de valor relativo)
Seguimiento de error
La modulación de los circuitos de recompensa y emocionales de las regiones prefrontales se interrumpe adicionalmente por cambios neuroplásticos en la señalización glutamaérgica.(37) En las personas con adicción, la señalización alterada de la dopamina y el glutamato en las regiones prefrontales del cerebro debilita su capacidad de resistir los impulsos fuertes o de dar seguimiento a las decisiones de abandonar el consumo. Estos efectos explican por qué las personas con adicción pueden ser sinceros en su deseo e intención de dejar de usar una sustancia y, sin embargo, al mismo tiempo ser impulsivos e incapaces de seguir adelante con su decisión.

Por lo tanto, la señalización alterada en los circuitos de regulación prefrontal, junto con los cambios en los circuitos involucrados en la recompensa y en la respuesta emocional, crean un desequilibrio que es crucial tanto para el desarrollo gradual del comportamiento compulsivo en el estado de la enfermedad en adictos como en la incapacidad asociada de reducir voluntariamente el consumo de drogas teniendo un comportamiento reiterado a pesar de las consecuencias potencialmente catastróficas.

Factores biológicos y sociales que intervienen en la adicción
Sólo una minoría de las personas que usan drogas en última instancia pueden convertirse en adictos – al igual que no todo el mundo tiene el mismo riesgo para el desarrollo de otras enfermedades crónicas. La susceptibilidad es diferente porque las personas difieren en su vulnerabilidad a diversos factores genéticos, ambientales y de desarrollo. Muchos factores genéticos, ambientales y sociales contribuyen a la determinación de la susceptibilidad única de una persona para el uso de drogas, para sostener el consumo de drogas, y para someterse a los cambios progresivos en el cerebro que lo caracterizan.(38,39)

Los factores que aumentan la vulnerabilidad a la adicción incluyen:

Antecedentes familiares (presumiblemente a través de la heredabilidad y las prácticas de crianza de los hijos).

Exposición temprana al consumo de drogas (la adolescencia es uno de los períodos de mayor vulnerabilidad).

Exposición a entornos de alto riesgo (por lo general los entornos sociales estresantes con mala relación familiar y apoyos sociales, restringidas alternativas de comportamiento, entornos en los que hay fácil acceso a las drogas, las actitudes permisivas hacia el consumo de drogas, y ciertas enfermedades mentales (por ejemplo, los trastornos del estado de ánimo, trastorno por déficit de atención con hiperactividad, psicosis y trastornos de ansiedad) .(40,41)
Se estima que las características fenotípicas más graves de la adicción se desarrollan en aproximadamente el 10% de las personas expuestas a ellas.(42) Por lo tanto, aunque la exposición a largo plazo a las drogas es una condición necesaria para el desarrollo de la adicción, de ningún modo es una condición suficiente. Sin embargo, para aquellos en los que hay un progreso a la adicción, los cambios neurobiológicos son distintos y profundos.

IMPLICACIONES DEL MODELO DE ENFERMEDAD DEL CEREBRO DE ADICCIÓN DE PREVENCIÓN Y TRATAMIENTO

Como es el caso de otras condiciones médicas en las cuales los comportamientos poco saludables voluntarios contribuyen a la progresión de la enfermedad (por ejemplo, enfermedades del corazón, diabetes, dolor crónico, y el cáncer de pulmón), las intervenciones basadas en la evidencia orientadas a la prevención, junto con las políticas de salud pública apropiadas, son las formas más eficaces de cambio de los resultados.

Una comprensión más completa del modelo de enfermedad cerebral de la adicción puede ayudar a moderar algo del juicio moral unido a las conductas adictivas y promover enfoques más científicos de salud pública orientada a la prevención y al tratamiento.

Las intervenciones conductuales y médicas
Los hallazgos de la investigación neurobiológica muestran que la adicción es una enfermedad que surge poco a poco y que tiene su inicio predominantemente durante un período de riesgo en particular: la adolescencia. La adolescencia es un momento en que el cerebro, aún en desarrollo, es particularmente sensible a los efectos de las drogas, un factor que contribuye a una mayor vulnerabilidad de los adolescentes a la experimentación con drogas y a la adicción. La adolescencia es también un período de aumento de la neuroplasticidad en el que las redes neuronales subdesarrolladas necesarias para el juicio a nivel de adultos (las regiones corticales prefrontales) aún no pueden regular adecuadamente la emoción.

Los estudios también han demostrado que los niños y adolescentes con evidencia de cambios estructurales o funcionales en regiones corticales frontales o con rasgos de búsqueda de la novedad o de impulsividad están en mayor riesgo de padecer un desorden por abuso de sustancias.(43-45)

La identificación de los factores de riesgo individuales y sociales y de los signos de los primeros problemas de consumo de sustancias hacen posible adaptar las estrategias de prevención para el paciente. De acuerdo con la investigación relacionada con el modelo de enfermedad cerebral de la adicción, las intervenciones preventivas deben ser diseñadas para mejorar las habilidades sociales y mejorar la autorregulación. También son importantes la detección temprana y la intervención para la presentación prodrómica de la enfermedad mental y la provisión de oportunidades sociales para el desarrollo educativo y emocional personal.(46-49)

Cuando la prevención ha fallado y se necesita un tratamiento, la investigación basada en el modelo de la enfermedad cerebral de la adicción ha demostrado que el tratamiento médico puede ayudar a restaurar la función saludable en el circuito cerebral afectado y conducir a mejoras en el comportamiento. El sistema de salud ya tiene a su disposición varias intervenciones terapéuticas basadas en la evidencia que podrían mejorar los resultados clínicos en pacientes con trastornos por consumo de sustancias si se aplican correctamente y de forma global. Durante el tratamiento, los medicamentos pueden ayudar en la prevención de recaídas, mientras que el cerebro está sanando y las capacidades emocionales y de toma de decisiones normales están siendo restauradas.

Para los pacientes con trastorno por el uso de opioides, la terapia de mantenimiento con agonistas o agonistas parciales como la metadona o buprenorfina puede ser esencial para ayudar a controlar los síntomas de la abstinencia de opioides.(50) Los antagonistas de los opioides como la naltrexona de liberación prolongada puede ser usada para prevenir la intoxicación por opioides.(51) La naltrexona y el acamprosato han sido eficaces en el tratamiento de los trastornos por consumo de alcohol, y otros medicamentos pueden ayudar en la recuperación de la adicción a la nicotina.(27)

El modelo de enfermedad cerebral de la adicción también ha fomentado el desarrollo de las intervenciones conductuales para ayudar a restablecer el equilibrio en los circuitos del cerebro que ha sido afectada por las sustancias.(52) Por ejemplo, las estrategias para mejorar la relevancia de las recompensas naturales saludables, tales como el contacto social o el ejercicio podría permitirle a esas recompensas competir con las propiedades motivadoras directas y adquiridas de las drogas.

Las estrategias para mitigar la reactividad al estrés y los estados emocionales negativos de una persona podrían ayudar a controlar los impulsos fuertes que engendran, y las estrategias para mejorar la función ejecutiva y la autorregulación podrían ayudar a la recuperación de los pacientes para planificar el futuro con el fin de evitar situaciones en las que son particularmente vulnerables a tomar fármacos.

Por último, las estrategias para ayudar a los pacientes que se recuperan de la adicción a cambiar su círculo de amigos y para evitar señales ambientales asociadas con las drogas puede reducir la probabilidad de que el ansia condicionada dé lugar a una recaída.

Política de Salud Pública

“El cerebro de los adolescentes es mucho menos capaz de modular cognitivamente los deseos y las emociones fuertes”

Un argumento de peso para el valor de traslación del modelo de enfermedad cerebral de la adicción es el conocimiento de que el circuito prefrontal y otras redes corticales que son tan importantes para el juicio y la autorregulación no están completamente maduras hasta que las personas alcanzan los 21 a 25 años de edad.(53) En consecuencia, el cerebro de los adolescentes es mucho menos capaz de modular cognitivamente los deseos y las emociones fuertes.

Esta observación es particularmente relevante para el establecimiento de 21 años como la edad legal para beber en los Estados Unidos, un fallo que se cuestiona a menudo a pesar de la reducción drástica de muertes en las carreteras que siguió su promulgación.(54) Se podría argumentar que el estudio de la neurobiología de la adicción proporciona un argumento convincente para establecer la edad para beber a los 21 años y para el aumento de la edad legal para fumar a los 21 años, momento en que las redes cerebrales que subyacen a la capacidad de autorregulación están más completamente formadas.

El modelo de enfermedad cerebral de la adicción también ha informado a las políticas públicas que se aprovechan de la infraestructura de la atención primaria de la salud para hacer frente a los trastornos por consumo de sustancias y para proporcionar un modelo de pago por ello. Aunque todavía es demasiado pronto para evaluar los efectos de estas políticas en la nación (EE.UU.), un examen inicial en tres estados mostró un aumento de la matrícula y de la atención entre los pacientes con trastornos por consumo de sustancias y una reducción global del gasto en visitas a urgencias y estadías hospitalarias.(55)

Del mismo modo, existen los primeros indicios de que la integración de la atención primaria y especializada de atención de salud mental puede mejorar sustancialmente el manejo de los trastornos por consumo de sustancias y el tratamiento de muchas condiciones médicas relacionados con la adicción, incluyendo el virus de la inmunodeficiencia humana, el virus de la hepatitis C, el cáncer, cirrosis y trauma.(57,58)

A pesar de los informes de los beneficios para el público de las prácticas y políticas generadas por la investigación basadas en el modelo de la enfermedad cerebral de la adicción, la movilización de apoyo a la investigación adicional requerirá al público estar mejor educados sobre las susceptibilidades relacionadas con la edad y las ambientales y genéticas para la adicción (se refieren a los cambios estructurales y funcionales en el cerebro). Si el uso temprano voluntario de drogas no se detecta y se controla, los cambios resultantes en el cerebro en última instancia, pueden erosionar la capacidad de una persona para controlar el impulso de tomar drogas adictivas.

Recuadro 1

Definiciones

En este artículo, los términos se aplican al uso de alcohol, tabaco y nicotina, medicamentos recetados y a las drogas ilegales.

Trastorno por el uso de sustancias: Un término diagnóstico de la quinta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) que hace referencia al uso recurrente de alcohol u otras drogas que causa deterioro clínico y funcional significativo, tales como problemas de salud, discapacidad, y el fracaso para cumplir con importantes responsabilidades en el trabajo, la escuela o el hogar. Dependiendo del nivel de gravedad, este trastorno se clasifica en leve, moderado o severo.

Adicción: Término utilizado para indicar la etapa más severa, crónica, del trastorno por uso de sustancias en el que se produce una pérdida sustancial de auto-control, manifestado por el ansia compulsiva de tomar drogas a pesar del deseo de dejar de tomarlas. En el DSM-5, el término adicción es sinónimo de la clasificación de trastorno grave de uso de sustancias.

Recuadro 2

Neuroplasticidad inducida por drogas

La liberación de dopamina inducida por las sustancias provoca neuroplasticidad (cambios sistemáticos en la señalización sináptica, o en la comunicación entre las neuronas en diferentes regiones de recompensa del cerebro).(15,16) Estos cambios neuroplásticos son fundamentales para el aprendizaje y la memoria.

Dependiendo de la experiencia de aprendizaje (tales como la que ocurre en episodios repetidos de uso de drogas) pueden invocar tanto la potenciación a largo plazo, en el que la transmisión de señales entre las neuronas aumenta, como la depresión a largo plazo, en el que la transmisión de señal disminuye.

La potencia sináptica es controlada por la inserción o extracción de los receptores que son estimulados por el neurotransmisor excitatorio glutamato (que actúa principalmente a través de α-amino-3-hidroxi-5-metil-4-isoxazolpropiónico [AMPA] y N-metil-D- aspartato [] NMDA receptores) y por los cambios en la composición de las subunidades de estos receptores. Específicamente, la inserción de una subunidad del receptor de AMPA que es altamente permeable al calcio, los receptores de glutamato 2 (GluR2), mejoran la eficiencia de la transmisión y se ha demostrado que contribuyen a la potenciación a largo plazo de la adicción en estudios con animales.(17) Los cambios en la potenciación a largo plazo y la depresión a largo plazo son a su vez asociados con las sinapsis más grandes o más pequeñas, respectivamente, y con las diferencias en las formas de las espinas dendríticas en el sitio receptivo de la neurona receptora.(18)

La regulación de los receptores AMPA que son altamente permeables al calcio aumenta la capacidad de respuesta del núcleo accumbens al glutamato que es liberado por terminales corticales y límbicas cuando están expuestos a las drogas.(17)

Los cambios neuroplásticos provocados por las drogas se han descubierto no solo en el núcleo accumbens (una región fundamental del sistema de recompensa del cerebro), sino también en el cuerpo estriado dorsal (una región implicada en la codificación de los hábitos y rutinas), en la amígdala (una región implicada en las emociones, el estrés, y los deseos), en el hipocampo (una región involucrada en la memoria), y en la corteza prefrontal (una región implicada en la autorregulación y la atribución de relevancia [la asignación de valor relativo]). Todas estas regiones del cerebro participan en las diversas etapas de la adicción, incluyendo el condicionamiento y el ansia. Estas regiones 12705454_1103852806302192_336406771780374995_n también regulan el disparo de las células y la liberación de dopamina.

 

Existen diferentes definiciones del concepto de droga, debidas, básicamente, a su evolución a lo largo del tiempo. Para simplificar la exposición, nos ajustaremos a los criterios  de la Organización mundial de la Salud, que son comúnmente aceptados en todo el mundo.

Para la OMS, droga es toda sustancia química que, introducida voluntariamente en el organismo de un sujeto, posee la propiedad de modificar las condiciones físicas y/o químicas de este.

  • Breve historia

 

 

 

El problema de la droga es una realidad tan antigua como la Humanidad misma por más cruzadas que se pongan en marcha contra ella, y aunque los poderes establecidos declaren la guerra sistemática contra la droga. En Europa, en España en particular, desde finales de los años 70 y durante la década de los 80, se ha vivido, leído e interpretado la cuestión de las drogas a partir del cliché del heroinómano, que genera inseguridad pública, que se degrada como persona y que acaba muriendo víctima de sobredosis. La década de los 90 ha comenzado a vivir bajo el prisma del desenfreno enloquecedor de una vida a base de rayas de cocaína. Cuando todavía la sociedad se estaba adaptando a los nuevos tiempos, la realidad, especialmente la de los adolescentes se fue salpicando de pastillas prometedoras de éxtasis de bienestar.

Antes hubo épocas en las que el análisis del azote de la Humanidad partía del alcoholismo. También hubo periodos en los que se consideró a la droga como componente revolucionario alterador del orden y el poder a base de bocanadas de humo de marihuana. Es un hecho innegable que los usos de estupefacientes aparecen en todas las clases sociales, pero según a qué grupo pertenezca la persona que las consume se habla de ellas de una u otra manera.

En el mundo occidental, en los últimos 50 años la cuestión de las drogas y la política con la que se ha pretendido erradicarla se ha basado en dos posturas ideológicas que poco han ayudado a hacerlo. La distinción quebrada y diáfana entre drogas legales e ilegales considera a las primeras como no problemáticas (o en todo caso como causante de daños asumibles socialmente) y a atribuye a las últimas un conjunto de daños intelectuales intolerables desde el punto de vista de protección de la sociedad.

Existe la convicción profunda de que el único medio eficaz para luchar contra los daños producidos por las drogas ilegales es la represión penal, o un proceso de ilegalización y de criminalización toda vez mayor de cualquier conducta relacionada con ellas arguyendo que esto evita el contacto de los potenciales toxicómanos con las drogas.

 

 

 

 

  • Drogas ilegales en la actualidad, composición y efectos en el organismo

 

 

 

La ilegalidad de las drogas varía según las leyes de cada país. Entre todas destacan las siguientes: Marihuana, LSD, Cocaína, Heroína, Opio y P.C.P.

  • La Marihuana

Es una mezcla de hojas, tallos y flores de la planta del cáñamo índico o Cannabis sativa. Esta droga se fuma o se mastica.

Drogas
Drogas

Composición:

El ingrediente psicoactivo de la marihuana, el tetrahidrocannabinol (THC), se concentra en el centro de las flores.

  • El Hachís proviene del extracto de la resina de la planta, tiene una concentración de THC ocho veces superior a la marihuana. Ésta crece en las regiones templadas, obteniéndose las mejores variedades en las zonas secas, altas y calientes.

Efectos en el organismo:

Entre algunos efectos físicos inmediatos de la marihuana figuran los siguientes: aceleración de los latidos del corazón y del pulso, enrojecimiento de los ojos y sequedad de boca y garganta.

Los fumadores de esta planta sufren frecuentemente dolores de cabeza, de palpitaciones y ansiedad intensa capaz de convertirse en temor a la muerte. Además padecen de trastornos en la secreción salival, náuseas, vómitos y molestias abdominales.

La risa inmotivada y frecuente prolongada en los consumidores de esta droga es producto de las alteraciones del humor que dan lugar una especie de euforia vacía.

  • LSD

 

La Dietilamida del ácido lisérgico ( LSD ) es un fármaco alucinógeno potente, también llamado compuesto psicodélico o psicofármaco, sintetizado por primera vez en Suiza en 1938 a partir del ácido lisérgico.

Drogas

Composición:

El ácido lisérgico es un componente del moho del cornezuelo del centeno, un hongo que crece sobre el grano del centeno. Es la droga alucinógena sintética más fuerte que se conoce. Tienen nombres más comunes para reconocerlas como: ácido, ajo, ajito, bicho, lenteja, trip, tripi. Variedades: bruja, buda, californiano, conan, cono, corazón, dragón, estrella, estrellita, gota, horóscopo, … Se suministran en dosis llamadas tripi.

Efectos en el organismo

Tan pronto como se ingiere, causa vértigo, agitación, dificultades en la concentración, trastornos visuales y excesos de risa.

Esta droga dilata las pupilas; además, disminuye el ritmo de la respiración y de los latidos del corazón, produce hipo, lagrimeo, sudoración, náuseas, vómitos y hay sensación de “ piel de gallina “ . Todo esto, como puerta de entrada de las alucinaciones de todo tipo, pero principalmente ópticas.

  • Cocaína

Es otras de las drogas estimulantes del sistema nervioso. Es un polvo blanco extraído de las hojas de la coca, arbusto que crece en América del Sur, sobre todo en las regiones andinas, así como en Indonesia. Este arbusto tiene unos tres metros y medio de altura, sus ramas son delgadas y sus hojas ovaladas de color pardo rojizo. La “coca” designa a la especie de arbustos del género Erytroxilon Coca.

Drogas
Drogas

Composición:

Usualmente se presenta como un polvo blanco fino. Se suele mezclar con substancias tales como talco, maicena, anfetaminas, quinina, ácido básico, estricnina, detergentes, formol, etc. De ahí que su pureza fluctúe entre un 5% y un 50%.

  • El Crack es un derivado de la cocaína. Se obtiene calentando el hidrocloruro de cocaína con éter, amonia o bicarbonato de soda (baking soda). El nombre proviene del sonido que hace la mezcla al calentarse. Se presenta en forma de rocas blancas.

Efectos en el organismo

Cuando la cocaína se introduce por la nariz, los efectos comienzan a sentirse en cuestión de unos minutos, alcanzan el punto máximo de un intervalo de 15 a 20 minutos y desaparecen en el lapso de una hora. Estos efectos son, entre otros, dilatación de las pupilas y aumento de la presión sanguínea, del ritmo de pulsaciones del corazón y de la respiración del cuerpo. El adicto puede experimentar un sentimiento de bienestar y sentirse más enérgico o alerta y con menos apetito.

  • Heroína

Es un derivado de la morfina, obtenido por acetilación.

La heroína es una droga prohibida en casi todos los países y sus posibles acciones terapéuticas han sido sustituidas por otros analgésicos menos peligrosos.

Drogas
Drogas

Composición:

La heroína se procesa de la morfina que es el ingrediente activo primario del opio.

Efectos en el organismo

Los consumidores regulares de la heroína de la adormidera, pronto se vuelven psicológicamente dependientes de la droga. La dependencia psicológica causa un ansia incontrolable de sentir los efectos de la droga, la dependencia física se presenta cuando el cuerpo necesita la droga para quitar el malestar de su supresión.

  • El Opio

El opio (del griego “opión” , “opos” , que significa “ jugos” ) se obtiene de una variedad de la amapola.

Drogas
Drogas

Composición:

Está formado por el jugo lechoso del fruto no maduro de una planta cuyo nombre científico es “papaver somniferum” . Es una droga natural que no tiene entre nosotros demasiados adictos. Contiene alcaloides (morfina, codeína, tebaina, narcotina, etc. ) que producen dependencia.

Efectos en el organismo

Los síntomas más importantes son los que se enumeran a continuación:

- Disminución de la apreciación de las impresiones externas. Un estímulo puede desencadenar una respuesta normal o exagerada.

- Las facultades de concentración y juicios están perturbadas.

- En oportunidades se pueden provocar sensaciones de calor, dolor y prurito.

- A dosis tóxicas provoca intensas convulsiones.

- Actúa sobre las pupilas provocando “miosis” bastante característico, lo cual permite orientar el conocimiento, en los cuadros de intoxicación.

- Sobre el aparato circulatorio es capaz de provocar descenso de la tensión arterial y trastornos del ritmo cardíaco.

- Acción sobre la piel: provoca diaporesis, eritema y congestión.

- Sobre el tracto digestivo ocasiona: náuseas, vómitos, anorexia y estreñimiento.

- A nivel del aparato urinario: puede provocar disminución de la diuresis y espasmos del esfínter vesical.

  • P.C.P

La PCP ( fencicleidina ) se llama más frecuentemente “ polvo de ángeles “ fue desarrollada inicialmente como anestésico en la década de 1950. Sin embargo, se retiró del mercado para consumo humano debido a que a veces ocasionaba alucinaciones.

Drogas

Composición:

Existen numerosas formas de PCP. Puede ser un polvo puro, blanco, en forma de cristales o un comprimido o cápsula. Puede ingerirse, fumarse, aspirarse por la nariz o inyectarse. La PCP se rocía a veces en la marihuana o “ perejil ” y se consume fumándola.

La composición varia mucho al ser fácil de fabricar e ilegal. Por tanto los consumidores nunca pueden estar seguros de lo que compran.

Efectos en el organismo

Los efectos dependen de la cantidad consumida, de la forma en que se tome y del individuo. Entre los efectos de la droga figuran un aumento de los latidos del corazón y la presión sanguínea, acaloramiento, sudores, mareos y entumecimiento. Cuando se toman en dosis grandes, los efectos incluyen somnolencia, convulsiones y coma. Las dosis grandes del PCP pueden producir la muerte por convulsiones repetidas, fallo cardíaco y pulmonar o rotura de los vasos sanguíneos en el cerebro.

  • ¿Por qué se droga la gente?

 

 

 

La gente se droga entre otras cosas por problemas familiares, la curiosidad y los amigos. Entre otros factores:

El proveniente del adicto: siempre se encuentran algunas áreas de personalidad que pueden estar alteradas tales como: características depresivas con su carga de minusvalización o baja autoestima, mal manejo de la agresión, elementos de inmadurez de personalidad, con su carga de inmediatismo y búsqueda constante de placer sin medir consecuencias a largo o a mediano plazo.

Estas y muchas otras son algunas de las causas del adicto que se hacen conocer e investigar en el tratamiento.

5. ¿Qué es el dopaje? ¿Es igual que drogarse?

  • ¿Qué es el dopaje?

 

El dopaje es toda medida farmacológica tendente a lograr un incremento no fisiológico de la capacidad de rendimiento mental o físico de un jugador, así como todo acto tendente a eliminar, sin justificación médica, una enfermedad o lesión con la finalidad de poder participar en una competición deportiva; por lo tanto, está prohibida la utilización (ingestión, inyección) o la administración, respectivamente suministración, de toda sustancia de dopaje prohibida, tanto por el deportista mismo como por una persona auxiliar (jefe de equipo, entrenador, asesor, médico, fisioterapeuta, masajista), ya sea antes o durante una competición deportiva. Esta prohibición se aplica también a los esteroides anabólicos y las hormonas peptídicas, así como a cualquier agente de acción similar, fuera del periodo de competiciones deportivas. Están igualmente clasificados como dopaje otros métodos prohibidos (p.ej., el dopaje sanguíneo o la manipulación de las muestras de dopaje).

El dopaje infringe el mandamiento deportivo de una igualdad de oportunidades y puede afectar la salud del jugador de manera aguda o crónica e incluso llegar a poner en peligro su vida.

  • ¿Es igual que drogarse?

Es igual en el sentido que tanto drogarse y doparse se suministran determinadas sustancias que son perjudiciales para la salud, incluso si están en exceso pueden provocar la muerte.

Se diferencian en que al drogarse lo que se busca es un momento de diversión, placer,…y en el dopaje la intención es que mediante esas sustancias el rendimiento físico o mental aumente. Principalmente para lograr un nivel superior rápidamente sin necesidad de entrenar o con el entrenamiento no se hubiera logrado.

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Internacional.- Muchas de estas drogas son difíciles de conseguir, son altamente caras pero principalmente, son inevitablemente mortales. Algunas de ellas tiene el poder de darte amnesia, mientras que otras literalmente te pueden dejar mentalmente inestable. Lo poco que se conocen de ellas es suficiente para percatarnos del grave daño que provocan, las secuelas irreversibles y el paso inminente a la muerte. Estas son las siete drogas “desconocidas” (más por su desconocimiento científico y médico) más letales que se tienen conocimiento.

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Este artículo es meramente informativo, con la finalidad de compartir la información que los médicos y expertos han emitido sobre las consecuencias y efectos de estas sustancias consideras como las más letales que se tengan conocimiento. Una vez que pones una sustancia ilegal dentro de tu cuerpo, el daño es irreversible.

1. Scopolamine

– Es usada por los narcos Colombianos debido a sus excepcionales propiedades.
– Causa amnesia y sugestionabilidad.
– El tomar esta droga, provoca un trance.
– La droga se sopla en la cara de la víctima.

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2. Bromo Dragon Fly

– Uno de los alucinógenos más potentes
– Crea profundos episodios alucinógenos que pueden durar hasta 3 días.
– Provoca pesadillas terribles y vomitas sangre.
– Esta droga es muy parecida a cualquier otra, por lo que es fácilmente pasa desapercibida.
– El exceso de dosis provoca la muerte.

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3. Yage

– Es una mezcla de vino de Ayahuasca y una planta llamada Chacruna.
– Uno de los más potentes alucinógenos que se ha usado por siglos para viajes espirituales entre los líderes shamanes.
– Se usa en rituales espirituales ya que esta droga posée la capacidad de tener episodios de alucinaciones vívidas.
– Es tan extrema que se puede perder la mente volviéndote loco.
– Uno de los efectos secundarios es vómito y diarrea.

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4. Krokodil

– Esta droga se usó con fines de curar dolor.
– En 1932 se prohibió su venta al observar las gravísimas repercusiones que tenía en el cuerpo.
– Se le puso así debido al crítico estado en el que pone a la piel dejándolos como un reptil.
– Es cinco veces más potente que la morfina.

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5. Jenkem

– Es una droga alucinógena hecha de deshechos humanos fermentados.
– Es muy común en ciudades pobres como Zambia.
– Produce viajes alucinógenos y evidentemente es muy barato hacerla.

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6. Freon

– Es un gas común hallado en las unidades de aire acondicionado y refrigeradores.
– Muchos lo usan para inhalarlo y tener alucinaciones con efectos secundarios como mareo, inconsciencia.
– El mayor peligro es que puede llegar a afectar al cerebro y dejarte con daño cerebral.
– Este gas se ha ido decontinuando del mercado debido al daño que provoca al ambiente.

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7. Etorfina

– Es una droga 500 veces más fuerte que la heroína.
– Un solo gramo puede noquear a un elefante de 300 kilos.
– Esta droga jamás ha sido usada en humanos debido a su potencia.
– Un miligramo de esta sustancia puede causar la muerte.

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IMÁGENES: Shutterstock

Una actividad frenética invade plazas, zonas verdes y aparcamientos de toda España durante las madrugadas del fin de semana. Centenares de jóvenes se reúnen en torno a una multitud de bebidas y refrescos en una ceremonia de alcohol y desenfreno. En los “botellones” cada vez se bebe más y a edades más tempranas. Y los adolescentes desconocen sus efectos.

Éstas son algunas de las conclusiones del estudio que científicos de tres universidades (la Universitat de València, la Jaume I de Castellón y la Miguel Hernández de Elche) han desarrollado desde hace cinco años y en el que establecen un perfil de los consumidores.
El artículo, publicado por The Spanish Journal of Psychology, concluye que los adolescentes entre 14 y 18 años beben tanto como los universitarios a pesar de que la venta de bebidas alcohólicas a menores de edad está prohibida.
Con la colaboración de centros educativos y universidades, los científicos han recogido datos de 6.009 jóvenes de 14 a 25 años en tres ciudades españolas (Valencia, Castellón y Alicante). “El 73% reconocía que hacía “botellón” pero para este trabajo seleccionamos únicamente aquellos con episodios de consumo intensivo, alrededor de un 30%, explica Begoña Espejo, investigadora principal de este estudio en la Universitat de València.
El 40% quiere emborracharse
¿Pero qué se entiende por un consumo intensivo? “En los hombres, alrededor de 60 miligramos de alcohol (tres cubatas), 40 mg para las mujeres, en el plazo de dos horas. Lógicamente siempre que se realice con cierta regularidad: una o dos veces por semana, de forma constante durante meses”, apunta Espejo.
La investigación arroja que el 40% de los jóvenes encuestados busca conscientemente la borrachera. Es decir, quiere perder el control. Y en este grupo, quienes todavía acuden al instituto no son, precisamente, una excepción.
“Hemos observado que los universitarios han tenido una progresión de menos a más. Cuando eran adolescentes bebían menor cantidad y en la universidad aumentan el consumo. Sin embargo, los adolescentes de hoy consumen al mismo nivel que los universitarios», subraya esta psicóloga valenciana.
Tras alcanzar la mayoría de edad tampoco se moderan sus hábitos. Según Espejo, se observa en algunos casos una cierta caída en los niveles de alcohol que coincide con el primer año de universidad, justo cuando se establecen los nuevos vínculos de amistad entre compañeros. A partir del segundo curso, sin embargo, se recupera el consumo en el “botellón”.
Daños neuronales
La precocidad de los jóvenes hace prever una mayor incidencia de los efectos negativos del alcohol sobre el organismo. Porque mientras los adolescentes que consumen “se iniciaron hacia los 13 o 14 años con bebidas de alta graduación y en grandes dosis, los universitarios comenzaron en su momento entre los 14 y los 15 años, con un consumo relativamente bajo y con fermentados como la cerveza”.
La experta advierte de que otros en otros estudios han detectado preocupantes consecuencias a medio y largo plazo: “Se ha observado que el alcohol en cantidades elevadas produce un deterioro neuronal en el desarrollo del cerebro, que es un proceso que continúa hasta los 21 años.
Esto puede derivar en problemas de retención de memoria y de concentración, que dificultan el aprendizaje. Es decir, probablemente se vea alterado su rendimiento en el instituto, en el trabajo, y/o afecte a sus relaciones personales y economía”.
Los jóvenes, sin embargo, ignoran por completo estas secuelas. Ni siquiera los universitarios reparan en ello. Según el estudio, tan sólo perciben aquellas consecuencias que aparecen reiteradamente en los medios de comunicación, como el riesgo de accidentes; los problemas relativos a peleas y agresiones o las molestias para los vecinos Y, por supuesto, las cuestiones físicas, como mareos, dolor de cabeza, vómitos, resaca…
Tolerancia al alcohol
A pesar de que sí existe un consumo intensivo, el fenómeno del “botellón” no parece generar dependencia de forma directa. No obstante, según precisa la doctora Espejo, alrededor de un 10% de los encuestados presenta uno de los tres indicadores de la adicción (deben concurrir todos ellos para considerar a alguien lo es): “Este grupo necesita consumir cada vez más alcohol para sentir sus efectos, como la desinhibición, los mareos o la euforia.
Espejo pone el acento en los pretextos que los jóvenes ofrecen para beber de forma intensiva: “La inmensa mayoría, cerca del 80%, lo hacen exclusivamente para divertirse. Beber es el objeto. En todas las franjas de edad se asocia a la diversión.”.
A años luz aparecen otras razones, como la economía (afirman que el “botellón” es más barato) o lo que se conoce como control del ocio (por ejemplo, escoger qué música suena o a qué volumen), motivos más habituales entre los de mayor edad.
Los adolescentes, en cambio, alegan aspectos personales para justificar su consumo. “Dicen beber para desconectar, para evadirse, para relacionarse, para atreverse a hacer algo o simplemente porque lo hacen sus amigos”, añade la experta.
Cultura en las raíces
A su juicio, la clave de este auge se halla en la cultura del alcohol, muy enraizada en España. “Socialmente beber no está mal visto. Es más, tanto el ocio como las celebraciones se vinculan a su consumo. En un bautizo, en una comunión, todo el mundo bebe delante de los niños. Desde el mismo punto de vista, el éxito de una fiesta universitaria depende de su barra libre”, apunta.
Esta investigadora y docente lamenta que muchos padres resten importancia a que sus hijos menores de edad beban en las calles: “A menudo quitan hierro al asunto alegando que ya lo hacían cuando eran jóvenes. Sin embargo, no sólo ignoran las consecuencias de ingerir grandes dosis de alcohol, sino que olvidan que, por ley, ni siquiera deberían tener acceso a estas bebidas”.
Los autores del estudio apuestan por una estrategia diferenciada con el fin de reducir el consumo entre adolescentes y universitarios. Para los primeros proponen campañas enfocadas en aspectos como la autoestima y el manejo de las relaciones interpersonales. A los segundos, en cambio, ofrecen alternativas de ocio. Aunque para Begoña Espejo ambos puntos no son suficientes por sí mismos: “Sólo se cambiará el patrón si toda la sociedad se implica de verdad en ello”

El libro ‘Subculturcide’ intenta explicar y dar rostro a los nuevos movimientos juveniles que han aparecido en España durante los últimos años y que se encuentran en cambio constante.

Foto: Así son las tribus urbanas del siglo XXI

Así son las tribus urbanas del siglo XXI

A finales de los años setenta, y de mano del deshielo cultural que trajo el fin del franquismo, las tribus urbanas empezaron a definir sus rasgos en las calles españolas. Ser heavy, mod, rocker, o nada de ello era una cuestión identitaria, de tal manera que hoy en día se recuerdan todos aquellos grupos entre la ternura y la nostalgia, al mismo tiempo que se menosprecian las nuevas subculturas juveniles.

El proyecto y libro fotográfico Subculturcide. Amar y vivir en el Madrid de los 2010 intenta poner rostro, cuerpo y discurso a la experiencia de los jóvenes de la capital. La editora del volumen, Andrea Ferrer, a la sazón directora de la revista de cultura femenina Ponytale, nos explica las particularidades de una cultura que se define por su liquidez, creatividad y vertiginosa evolución y nos ayuda a entender lo que ocurre en las calles (y móviles) donde viven los jóvenes. Toda la información del proyecto puede consultarse en su página y página de Facebook.

PREGUNTA. Es frecuente que en determinadas conversaciones se oiga la tesis de que ya no existen tribus urbanas, quizá porque no hay grupos tan claros como heavies, punks, mods, etc.  ¿Pero es así o, simplemente, se han transformado en otra cosa? ¿En qué?

RESPUESTA. La tribu urbana como grupo estético sigue existiendo como tal, simplemente los valores que cimentaban la cultura juvenil han dejado de existir. Las tribus urbanas han sufrido una asimilación dentro de la cultura popular. La escenaunderground ha sido absorbida por el coolismo de la industria cultural dentro de su maquinaria de mercantilización. Ahora casi todos los jóvenes sonfashionables, las subculturas han dejado de lado su origen ligado a las clases trabajadoras para convertirse en un estado burgués. Hay que empezar a interpretar a las subculturas ya no como algo contracultural, sino como una construcción estética de la cultura popular y mainstream.

Creo que la verdadera conciencia de las subculturas reside en los suburbios de las ciudades, donde los inmigrantes y los chicos de clase humilde luchan por una supervivencia social y estética, convirtiéndose sin saberlo en verdaderos creadores de las nuevas subculturas.

P. Una de las cualidades de las nuevas expresiones culturales es su cambio perpetuo. Frente a las culturas identitarias del pasado, ¿vivimos en una era de tribus que ya no se distinguen por proporcionar identidades sólidas y de pertenencia, sino que ofrecen una visión más carnavalesca de la vida?

R. Como ya dijo el filósofo Zygmunt Bauman en La Modernidad líquida, “vivimos en una sociedad donde todo se transforma, fluye y cambia constantemente”. No creo que eso sea malo, estamos viviendo una cultura de la performance, centrada en el nuevo yo, en donde todo se hace a corto plazo. El individualismo es lo que impera. La calle se ha convertido en una pasarela donde la gente desea ver y ser vista.

La gentrificación se ha cargado el entorno de las tribus de siempre pero la apropiación de estos espacios por parte de las nuevas está siendo clave

P. Me resulta interesante tu explicación acerca del tipo que se pone unas zapatillas para el trabajo, otras para salir de fiesta y otras para quedar con los amigos, lo que hace que forme parte de culturas muy diferentes en un mismo día. ¿Vivimos en una especie de supermercado de subculturas?

R. Yo no lo llamaría de esa manera, aunque es un poco así tal y como comentas. Estamos ante la “sociedad moda”. La capacidad de las personas reside en saber adoptar el look apropiado en el momento justo, la flexibilidad para cambiar rápidamente de estilo según el orden de las preferencias personales. Para trabajar me pongo el traje y por la noche cuando salgo a tomar unas copas me pongo una gorra New Era con una camiseta de basket.

P. ¿Se han trasladado las subculturas del centro de las ciudades a la periferia y al extrarradio? ¿Es producto de la gentrificación, o de algo más?

R. No creo que se hayan trasladado como tal, lo que ha pasado es que esos grupos, debido a problemas asociados al paro, la crisis y la subida de los alquileres se han visto obligados a desplazarse a los barrios periféricos de las capitales. La gentrificación es la despersonalización que está sufriendo el centro de algunas ciudades. Los pequeños negocios de toda la vida han tenido que cerrar por esta nueva ola global que pretende convertir las ciudades en parques temáticos.

P. ¿De qué manera los barrios obreros, como Carabanchel, se situaron en la vanguardia de las subculturas en los 70 y los 80, y ahora lo hacen las ciudades de extrarradio, como Móstoles? ¿Por qué ahí y no en el centro de las capitales, donde en teoría hay un mayor acceso a la oferta cultural?.

R. Carabanchel sigue siendo vanguardia, al igual que Móstoles. A pesar de que algunas tribus se han originado en ciudades del extrarradio, son muchos los grupos de jóvenes que eligen como espacios de ocio algunas zonas de la parte gentrificada. Por ejemplo, el sitio de quedada de la nueva tribu Swagger es la tienda Apple Store de Plaza Cataluña de Barcelona.

La gentrificación se ha cargado el entorno inmediato de las tribus de siempre como mods, indies o rockers pero creo que la apropiación de estos espacios por parte de las nuevas está siendo un elemento clave para su desarrollo.

P. Las redes sociales lo han cambiado todo. Dices que internet es una pasarela. ¿Pero no es una prolongación de lo que siempre ha ocurrido en las calles, o más bien una sustitución?

R. Internet y las redes sociales son un altavoz para los jóvenes. No podríamos hablar de cultura juvenil sin nombrar internet y a la generación 2.0. La manera de sociabilizarse ha cambiado por completo, no creo que haya que plantearlo como “lo que ha ocurrido siempre”. Esta generación, la 2.0, es nativa de la era digital, por lo tanto las TIC representan un instrumento más de sociabilización en su vida cotidiana, no es algo de lo que se puedan desprender porque sin quererlo forma parte de la cultura con la que han crecido.

Kim Kardashian se ha convertido en el ideal de una sociedad que busca iconos capaces de adquirir sin cesar nuevas conductas

P. Tendemos a infravalorar u olvidar el papel de los inmigrantes que, sin embargo, están jugando un rol muy dinamizador. ¿De qué manera están cambiando la cultura juvenil sin que nos demos cuenta?

R. Los inmigrantes son los precursores de la nueva contracultura contemporánea. Tendemos a pensar que los inmigrantes o los chavales de las zonas periféricas son gente alienada sin expectativas de vida pero son más bien todo lo contrario, son muy conscientes de su capacidad creativa. Son chavales que quieren ser vistos, necesitan captar la atención de los que les rodean, para ellos la estética es una cuestión de supervivencia social en sus barrios de origen.

P. Dice en el libro Miguel Roig, director creativo de Saatchi and Saatchi, que “los jóvenes saben que su desarrollo sólo descansa en la capacidad que tengan para generar tantos personajes como les reclame el sistema”. ¿Nos hemos terminado convirtiendo todos en estrellas del rock como David Bowie o Madonna, al vernos obligados a reinventarnos continuamente?

R. Las celebrities representan un acelerador de experiencias. Para mí la persona que mejor expresa esto actualmente es Kim Kardashian, de estrella de la telerrealidad a musa del arte contemporáneo. Ella representa muy bien la cultura de la performance actual. Esta chica sabe cómo ingeniárselas para trazar experiencias y cambiar de rol constantemente. Se ha convertido en el ideal de una sociedad que busca iconos capaces de adquirir sin cesar nuevas conductas.

Consumo de marihuana (análisis basado en evidencias)

Repaso de los efectos adversos sobre la salud que produce el consumo de marihuana. Los adolescentes son el grupo etario con mayor probabilidad de sufrir consecuencias perjudiciales debido a que su cerebro aún está en desarrollo.
 Introducción:

El panorama acerca de la legalización de la marihuana para fines médicos y recreativos está cambiando rápidamente y por ello es probable que los pacientes pregunten acerca de sus efectos adversos y beneficiosos sobre la salud.

El concepto popular parece ser que la marihuana es un placer inocuo, y el acceso a ella no se debe reglamentar ni considerar ilegal. En la actualidad, la marihuana es la droga “ilegal” más usada en los EEUU, donde alrededor del 12% de las personas de 12 años o más refieren su consumo durante el año anterior con altas cifras entre los jóvenes.

La vía de administración más frecuente es por inhalación. Las hojas y las flores trituradas de la planta Cannabis sativa se fuman (junto con los tallos y las semillas) en cigarrillos, cigarros, pipas, pipas de agua o enrolladas en la envoltura de un cigarro de tabaco (“blunts”).

El hashish es un producto creado a partir de la resina de las flores de marihuana y en general se fuma (solo o mezclado con tabaco) pero se puede consumir por vía oral. La marihuana también se puede usar para preparar té, y su extracto a base de aceite se puede mezclar con productos alimenticios.

El uso habitual de marihuana durante la adolescencia es especialmente preocupante porque en este grupo etario se asocia con mayor probabilidad de consecuencias perjudiciales (véase tabla). Numerosos estudios informaron sobre sus efectos adversos, aunque otros los niegan y la cuestión sobre los daños provocados por la marihuana es un tema de debates acalorados. En este artículo se repasa la información científica actual relacionada con los efectos adversos para la salud del uso recreativo de la marihuana.

Tabla. Efectos adversos del consumo durante poco tiempo, prolongado o intenso de marihuanaEfectos del consumo durante poco tiempo

  • Disminución de la memoria a corto plazo- dificulta el aprendizaje y la retención de información.
  • Alteración de la coordinación motora- interfiere con la conducción de vehículos y aumenta el riesgo de lesiones:
  • Alteración del juicio-  aumenta el riesgo de conductas sexuales que facilitan la transmisión de enfermedades de transmisión sexual.
  • En dosis altas, paranoia y psicosis

Efectos del consumo prolongado o intenso

  • Adicción (en alrededor del 9% de los consumidores, 17% de los que comienzan en la adolescencia y 25 – 50% de los que consumen diariamente*
  • Alteración del desarrollo cerebral*
  • Mal desempeño escolar, mayor probabilidad de deserción escolar*
  • Disminución cognitiva con cociente intelectual más bajo entre los consumidores frecuentes durante la adolescencia*
  • Disminución de la satisfacción vital y los logros (determinada sobre la base de mediciones subjetivas y objetivas y en relación con las mismas mediciones en la población general)*
  • Síntomas de bronquitis crónica
  • Mayor riesgo de trastornos psicóticos crónicos (entre ellos esquizofrenia) en personas con predisposición a ellos.

*El efecto se asocia fuertemente con el consumo inicial de marihuana en la adolescencia temprana.


EFECTOS ADVERSOS
Riesgo de adicción

La evidencia indica claramente que el empleo prolongado de marihuana puede generar adicción. Incluso aproximadamente el 9% de aquéllos que experimentan con marihuana se volverán adictos (según los criterios para dependencia del Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, 4a edición [DSM-IV]). La cifra aumenta a 1 en 6 entre los que comienzan a usar marihuana en la adolescencia y al 25 – 50% entre los que fuman marihuana diariamente. También se reconoce el síndrome de abstinencia de cannabis (irritabilidad, dificultades del sueño, disforia, ansia de consumir y ansiedad).

El empleo de marihuana en los adolescentes es especialmente problemático. Su mayor vulnerabilidad a efectos adversos alejados, probablemente se relaciona con el hecho de que el cerebro, incluido el sistema endocanabinoide, está en desarrollo activo durante la adolescencia.

El empleo precoz y regular de marihuana es un factor pronóstico de mayor riesgo de adicción, que a su vez indica mayor riesgo de empleo de otras drogas ilegales. Las personas que comienzan a consumir marihuana en la adolescencia son de 2 a 4 veces más proclives que las que comienzan en la edad adulta a sufrir síntomas de dependencia de cannabis dentro de los 2 años de comenzar a consumir.


Efectos sobre el desarrollo cerebral

El cerebro continúa en desarrollo activo, orientado por la experiencia, desde el período prenatal hasta aproximadamente los 21 años. Durante este período de desarrollo es intrínsecamente más vulnerable que el cerebro maduro a los efectos adversos alejados de las agresiones ambientales, como la exposición al tetrahidrocannabinol (THC), el principal ingrediente activo de la marihuana.

Esta opinión recibió considerable apoyo de estudios en animales, que mostraron que la exposición prenatal o adolescente al THC puede recalibrar la sensibilidad al sistema de recompensa a otras drogas y que la exposición prenatal interfiere con las dinámicas citoesqueléticas, que son esenciales para establecer conexiones axónicas entre las neuronas.

En relación con controles no expuestos, adultos que fumaron regularmente marihuana durante su adolescencia tienen deterioro de la conectividad neuronal (menos fibras) en zonas específicas del cerebro, como el precúneo, que participa en funciones que exigen un alto grado de integración (e.g., vigilia y consciencia de sí mismo) y la fimbria, zona del hipocampo importante para el aprendizaje y la memoria.

También se informó disminución de la conectividad funcional en las redes prefrontales responsables de la función ejecutiva (incluido el control inhibitorio) y las redes subcorticales, que procesan hábitos y rutinas. Asimismo, estudios por imágenes en usuarios de cannabis revelaron disminución de la actividad en las regiones prefrontales y volúmenes reducidos en el hipocampo.

Así, ciertas regiones cerebrales pueden ser más vulnerables que otras a los efectos a largo plazo de la marihuana. Un estudio mostró que el descenso selectivo de los receptores de cannabinoide-1 (CB1) en varias regiones cerebrales corticales en los fumadores crónicos de marihuana se asociaba con años de fumar cannabis y era reversible tras 4 semanas de abstinencia.

El efecto negativo del consumo de marihuana sobre la conectividad funcional cerebral es especialmente notable si el consumo comienza en la adolescencia o en la adultez temprana. Esto contribuiría a explicar la asociación entre el consumo frecuente de marihuana desde la adolescencia y la disminución significativa del cociente intelectual. Las alteraciones de la conectividad cerebral asociadas con la exposición a la marihuana en la adolescencia coinciden con datos que indican que el sistema canabinoide es importante para la formación de sinapsis durante el desarrollo cerebral.


Posible importancia como droga de entrada

Datos epidemiológicos y preclínicos sugieren que el consumo de marihuana en la adolescencia podría influir sobre numerosas conductas adictivas en la adultez. En roedores expuestos a cannabinoides durante su adolescencia, disminuye la reactividad de las neuronas dopaminérgicas que regulan las regiones de recompensa del cerebro.

Si la consecuencia de la exposición temprana a la marihuana es la disminución de la reactividad en las regiones cerebrales de recompensa, este efecto podría contribuir a explicar la mayor susceptibilidad al abuso de drogas y la adicción a varias drogas más adelante, lo que se comunicó en la mayoría de los estudios epidemiológicos.

Otra explicación es que es más probable que las personas que son más susceptibles a consumir drogas comiencen con marihuana debido a su accesibilidad y que sus interacciones sociales ulteriores con otros usuarios de drogas aumenten la probabilidad de que prueben otras drogas.


Relación con las enfermedades mentales

El consumo regular de marihuana se asocia con mayor riesgo de ansiedad y depresión, sin que se haya establecido causalidad. La marihuana también se asocia con psicosis (entre otras, la esquizofrenia), especialmente en personas con vulnerabilidad genética previa y agrava el curso de la enfermedad en pacientes con esquizofrenia.

Cuanto mayores sean el consumo y la potencia de la droga y más precoz la exposición, más se afectará la trayectoria de la enfermedad (e.g., adelantando el primer episodio psicótico en 2 a 6 años).
Sin embargo, es difícil establecer la causalidad en estos tipos de estudios, por lo que no se puede atribuir fiablemente el mayor riesgo de enfermedad mental al consumo de marihuana.


Efecto sobre el desempeño escolar y los logros en la vida

En un relevamiento de 2013 estudiantes secundarios en los EEUU, el 6,5% perteneciente a los últimos años comunicaron el consumo diario o casi diario de marihuana. Puesto que el empleo de marihuana disminuye las funciones cognitivas esenciales, no sólo durante la intoxicación aguda sino durante los días posteriores, muchos estudiantes podrían estar funcionando a un nivel cognitivo inferior a su capacidad natural. Aunque los efectos agudos pueden disminuir después que el THC se elimina del cerebro, cabe esperar graves riesgos para la salud con el consumo prolongado o intenso.

La evidencia sugiere que este consumo produce deficiencias cognitivas medibles y duraderas, especialmente cuando comienza desde la adolescencia temprana. Además, las dificultades de aprendizaje, incluso durante períodos breves o esporádicos (un efecto secundario de la intoxicación aguda), interferirá con la capacidad ulterior de lograr objetivos educativos cada vez más exigentes, dato que también puede explicar la asociación entre el consumo regular de marihuana y las bajas notas.

Es probable que la relación entre el consumo de cannabis en la juventud y el daño psicosocial sea multifacética, lo que explicaría las contradicciones entre los estudios. Por ejemplo, algunos estudios sugieren que las deficiencias alejadas pueden ser reversibles y son sutiles y no incapacitantes una vez que cesa el uso. Otros estudios muestran que el empleo prolongado e intenso de marihuana produce alteraciones de la memoria y la atención que persisten y se agravan a medida que aumentan los años de consumo y también cuando el hábito comienza en la adolescencia. El consumo intenso de marihuana se vinculó con menores ingresos, mayor necesidad de asistencia socioeconómica, desempleo, conductas delictivas y menor satisfacción vital.


Riesgo de accidentes con vehículos de motor

La marihuana es la droga ilegal involucrada con mayor frecuencia en conexión con trastornos para conducir vehículos y accidentes que pueden ser mortales. Hay relación entre la concentración sanguínea de THC y la eficacia para conducir en estudios controlados de simulación de conducción vehicular, que son un buen factor pronóstico de la capacidad para conducir en el mundo real.

El consumo reciente de marihuana y las cifras de THC en sangre de 2 – 5 ng por mililitro se asocian con considerable alteración de la habilidad para conducir. Según un metanálisis, el riesgo de accidente se duplica cuando una persona maneja enseguida después de consumir marihuana.

En un análisis de culpabilidad en accidentes, las personas positivas para THC (nivel mínimo de detección, 1 ng por mililitro) y sobre todo los que tenían cifras mayores, fueron de 3 a 7 veces más proclives a ser responsables de un accidente vehicular que aquéllos que no habían consumido drogas o alcohol antes de conducir. El riesgo asociado con el consumo de alcohol además de marihuana parece ser mayor que el asociado con el consumo de cada droga sola.


Riesgo de cáncer y otros efectos sobre la salud

Los efectos de fumar marihuana durante mucho tiempo sobre el riesgo de cáncer de pulmón no son claros. Por ejemplo, el consumo de marihuana durante el equivalente de 30 o más años-“porro” (siendo 1 año-porro de consumo igual a fumar 1 cigarrillo [porro] de marihuana por día durante un año) se asoció con mayor incidencia de cáncer de pulmón y varios tumores del aparato aerodigestivo superior; la asociación desapareció tras ajustar para posibles factores de confusión, como el tabaquismo. Aunque se puede descartar la posible asociación entre fumar marihuana y cáncer, la evidencia sugiere que el riesgo es menor con la marihuana que con el tabaco.

Fumar marihuana también se asocia con inflamación de las vías respiratorias, aumento de su resistencia y distensión pulmonar, asociaciones compatibles con el hecho de que los fumadores de marihuana son más proclives a referir síntomas de bronquitis crónica que los no fumadores; sin embargo, el efecto alejado de bajos niveles de exposición a la marihuana no parece ser significativo. La competencia inmunitaria del sistema respiratorio en los fumadores de marihuana puede estar también afectada, como lo indican las cifras aumentadas de infecciones respiratorias y neumonía.

El consumo de marihuana también se asoció con problemas vasculares que aumentan los riesgos de infarto de miocardio, accidente cerebrovascular y accidentes isquémicos transitorios durante la intoxicación con marihuana.

Los efectos directos de los cannabinoides sobre diversos receptores blanco (i.e., receptores CB1 en las arterias) y los efectos indirectos sobre compuestos vasoactivos pueden contribuir a explicar los efectos perjudiciales de la marihuana sobre la resistencia vascular y la microcirculación coronaria.


Limitaciones de la evidencia y lagunas del conocimiento

La mayoría de los efectos a largo plazo de la marihuana que se resumen aquí se observaron entre consumidores de grandes cantidades o durante mucho tiempo, pero numerosos factores de confusión perjudican nuestra capacidad de establecer causalidad (incluido el empleo frecuente de marihuana junto con otras drogas). Estos factores también complican nuestra habilidad para evaluar el verdadero efecto de la exposición intrauterina a la marihuana.

El contenido de THC o la potencia de la marihuana, detectados en muestras confiscadas, vienen en aumento desde el 3% en la década de 1980 hasta el 12% en 2012. Este aumento del contenido de THC hace pensar que las consecuencias del consumo de marihuana podrían ser peores ahora que en el pasado. Asimismo plantea interrogantes acerca de la importancia actual de los datos de estudios anteriores sobre los efectos del consumo de marihuana, especialmente los estudios que evaluaban los efectos alejados.

También es necesario saber cómo aprovechar los posibles beneficios médicos de la marihuana sin exponer a los pacientes a sus riesgos intrínsecos. El acreditado informe del Institute of Medicine sobre marihuana y medicina reconoce la utilidad de fumar marihuana para estimular el apetito, especialmente en pacientes con SIDA y para combatir las náuseas y vómitos inducidos por la quimioterapia, así como el dolor intenso y algunas formas de espasticidad. El informe también señala alguna evidencia de la utilidad de la marihuana para disminuir la presión intraocular en el tratamiento del glaucoma. No obstante, subraya la importancia de centrar las investigaciones sobre el potencial terapéutico de los cannabinoides sintéticos o farmacéuticamente puros.

Algunos médicos recetan marihuana para ciertos problemas médicos a pesar de la evidencia limitada de su utilidad. Esta práctica genera inquietud sobre el consumo prolongado por poblaciones vulnerables. Por ejemplo, hay cierta evidencia que sugiere que en pacientes con SIDA el consumo de marihuana puede empeorar las deficiencias cognitivas asociadas con el VIH. Asimismo son necesarias más investigaciones para conocer los efectos del empleo de marihuana para la disminución cognitiva relacionada con la edad en general y sobre la disminución de la memoria en especial.

Es necesario investigar las maneras en que las políticas públicas sobre la marihuana afectan la salud pública. Los conocimientos sobre los efectos de las políticas sobre las fuerzas del mercado son bastante limitados, así como también nuestro conocimiento de las variables interrelacionadas de las percepciones sobre el consumo, los tipos de consumo y los resultados.

Históricamente, ha habido una relación inversa entre el consumo de marihuana y la percepción de sus riesgos entre los adolescentes. Si presumimos que esta relación inversa es causal, ¿la mayor permisividad podría aumentar el número de jóvenes expuestos regularmente a cannabis?

Entre los estudiantes secundarios de los últimos años, la frecuencia del consumo regular de marihuana ha aumentado continuamente en años recientes. También necesitamos información sobre los efectos de la exposición pasiva al humo del cannabis y los cannabinoides. Estudios en estados de los EEUU (e.g., Colorado, California y Washington) y en países (e.g., Uruguay, Portugal y los Países Bajos) donde las políticas sociales y legales están cambiando pueden proporcionar datos importantes para políticas a futuro.


CONCLUSIONES

El consumo de marihuana se asocia con efectos adversos considerables. (véase tabla). La marihuana, como otras drogas, puede producir adicción. Durante la intoxicación aguda, la marihuana puede interferir con la función cognitiva (e.g., memoria y percepción del tiempo) y la función motora (e.g., coordinación) y estos efectos pueden tener consecuencias perjudiciales (e.g., accidentes vehiculares).

El consumo repetido de marihuana durante la adolescencia puede producir cambios duraderos de la función cerebral que ponen en peligro los logros educativos, profesionales y sociales. No obstante, los efectos de una droga (legal o ilegal) sobre la salud son determinados no sólo por sus propiedades farmacológicas, sino también por su disponibilidad y su aceptabilidad social.

Al respecto, las drogas legales (alcohol y tabaco) ofrecen una perspectiva aleccionadora. Son responsables de la mayor carga de enfermedad asociada con drogas, no porque sean más peligrosas que las drogas ilegales, sino porque al ser legales permiten un consumo más extendido. A medida que las políticas se inclinan hacia la legalización de la marihuana, es razonable y probablemente prudente suponer que su consumo aumentará y por lo tanto aumentará también el número de personas que experimentarán consecuencias negativas para su salud.

 Ante el horror de las drogas, hoy destruyendo a millones, lo oficial no parece muy alarmado, como sí hace con mensajes de la maldad humana ante el planeta. Pero si hay una mundo de terror: las drogas. Porque si solo son limonada para inciados, ¿ para qué tanto misterio ? Vi atrapadas a personas de gran valor, incluido algún amor verdadero. Pensemos que las drogas, pese a mentiras de inductores, no son producto natural, sino un invento muy datable del s. XIX. Invento de laboratorio, es un intento de dominar absolutamente la gente por dentro, convirtiéndolos en material y cosa. La droga es un negocio con dos elementos. Uno, poder adictivo más que el tabaco. Y dos, lleva a un sitio que es exactamente lo que Junger, escritor sobre la demencia de la I Guerra Mundial, llamó la ” segunda conciencia. “ Es lugar donde no se siente dolor pero tampoco sentimiento ni realidad alguna.
 Si las personas atrapadas se resignan a degeneración física y moral es por estar sometido a descargas en el cerebro que colocan en esa conciencia en el vacío. La droga la venden los vendedores totalitarios de paraísos: ” compra esto y no sufrirás dolor, aunque no conocerás más alegrías “. El adicto vive como material esperando la próxima prueba, o sea, la próxima descarga que le explota sustituyendo la conciencia por el vacío. Así, se ve a sí mismo desde fuera. Cuando sufre sobredosis no reacciona con temor. Habla como si tuviera un mal día. Es porque no lo vive desde la conciencia. Es típico que se junten las personas más elevadas con psicópatas envidiosos. Los guardianes psicópatas que saben de la incapacidad de defenderse de los nobles y estos de escapar.
 En mi libro ” Droga: la industria del inquisidor “, reconstruí la implantaron el narcotráfico nazi en Latinoamérica. La droga es totalitarismo de laboratorio. Leo Lowenthal describió el campo totalitario de modo idéntico al submundo de la droga. El terror es lo común. ” En una sociedad de terror, todo está planificado. Ni memoria ni voluntad sirven, el individuo se queda en un montón de reacciones a calculadas conmociones, por lo que de nada sirve comunicarse. ” Y B. Bettelheim dijo que ” el interno ni ama ni odia. No hay pasiones vitales. Se siente material para ser procesado, sea usado o eliminado. ” El atrapado en droga ni siente fuerte ni confía en la comunicación y además la droga le trata como material en el que generar reacciones calculadas, usándolo antes de la destrucción al final. Saberlo, vacuna vital.
Destacado: ” Ya ni ama no odia. No hay pasiones vitales “
Alfons Martí   escritor

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